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(IAR-Noticias) 15-Jul-05
Informe especial
La
"paz" forzosa sellada entre el Estado de Israel y la administración palestina de
Mahmud Abas corre serio
riesgo de caerse debido
a los enfrentamientos que suscita, tanto entre los israelíes como del
lado palestino donde las organizaciones armadas resisten a un acuerdo con los
ocupantes judíos.
La "tregua" entre Tel Aviv y la
Autoridad Palestina genera una situación ambivalente: por un lado Sharon reprime
las organizaciones combatientes que resisten a un acuerdo de entrega, y
por el otro Abas (un histórico doble agente de EEUU e Israel) manda reprimir con
la policía a los militantes armados que intentan expulsar al ejército sionista
de su país.
Esta situación pone a la resistencia
palestina entre "dos fuegos": por un lado los tanques y los aviones del
ejército ocupante de Sharon, y por otro las fuerzas represivas palestinas que se
han convertido en un virtual ejército "colaboracionista" del invasor en su
propio país, al más fiel estilo de lo que sucede con el gobierno títere de Irak.
Este cuadro ha generado en las
últimas horas que un ataque palestino con cohetes fuera respondido con un
bombardeo por parte de Israel, y a la vez la policía de Abas se enfrentara a los
militantes palestinos que realizaron el ataque contra los israelíes.
Helicópteros israelíes atacaron el viernes
objetivos en Gaza después de un ataque mortal palestino con un cohete que desató
serios enfrentamientos internos entre los combatientes anti-Israel y los
policías palestinos que intentan detener la ofensiva de los rebeldes.
Las incursiones aéreas de Israel, las más
intensas desde que se declarara un alto el fuego hace cinco meses, no
provocaron bajas, pero dos palestinos murieron en los combates entre los
policías cipayos de Abas y las facciones rebeldes.
El conflicto interno, que aumentó nuevamente los temores de una guerra civil
en los territorios ocupados, estalló el jueves después de que los combatientes
palestinos lanzaran cohetes contra Israel, matando a una mujer de 22 años.
La policía "colaboracionista" palestina posteriormente se enfrentó a los
rebeldes palestinos, en una réplica de lo que sucede en Irak con la resistencia
y el aparato de seguridad local que sirve a las fuerzas ocupantes
estadounidenses.
El gobierno de Sharon, en tanto, declaró el estado de emergencia en
Gaza, y el presidente títere Mahmud Abas, que se esfuerza para salvar su
"tregua" pactada con Israel, ordenó a las fuerzas de seguridad que impidan el
lanzamiento de los cohetes, a la vez que las autoridades israelíes amenazaban
con nuevas y duras represalias por los ataques.
La
escalada de la violencia también pone en riesgo el "plan" del primer ministro
israelí Ariel Sharon que apunta a retirar a todos los colonos judíos de Gaza
el próximo mes, una iniciativa que los mediadores internacionales ven como una
posible base para mantener "nuevas conversaciones de paz".
Tal como sucedió en Afganistán y en
Irak (territorios ocupados militarmente) la zaga imperial Bush-Sharon, tras la
muerte de Arafat, llamó a elecciones para "democratizar" el ocupado territorio
palestino, siguiendo la tendencia de colocar a gobiernos títeres
colaboradores de la ocupación, en este caso el de
Mahmud Abas.
En mayo de 2004, y en el marco de la
Operación Arco Iris, que los militares israelíes denominaron de
"limpieza", el ejército sionista de Sharon asesinó
a 70 palestinos
en tres días de incursión aérea y terrestre en la región de
Rafah, al sur de la franja de Gaza, según estimaciones palestinas.
Todos los
observadores coincidieron en
que se trató de uno de los más feroces
y sangrientos operativos que las fuerzas sionistas
realizaron en Gaza desde la ocupación de Israel en 1967.
Esta estrategia de la
"opción militar" sin careta, aplicada al Medio Oriente, comenzó
tras el
asesinato de Yassin, el
líder espiritual de Hamas, después que Bush le diera
en Washington luz
verde a Sharon para iniciar
la "operación limpieza" proyectada desde Gaza
a todo el territorio palestino, y cuya ejecución debería servir de ejemplo y
escarmiento para los que -de ahora en más- se atrevan a enfrentarse
a la bota invasora del primer ministro de Israel.
A partir de ahí comenzó una escalada de asesinatos
militares desembozados, sin
precedentes en el conflicto Israel-Palestina, marcados sólo por la
fría lógica militar del
exterminio y sin ninguna contemplación del
"que dirán" en el plano internacional.
Se inició la era de los "asesinatos selectivos" (ejecutados sin contemplaciones por helicópteros
y misiles de última generación), la caza del
"tiro al
pichón" contra los dirigentes y militantes que se presentaban como blancos
visibles,
las demoliciones sistemáticas de viviendas en
Rafah,
masacres humanas sostenidas y diarias que hicieron exclamar al mundo.
Mientras tanto la prensa occidental y sus "analistas" se
preguntaban
¿qué
está pasando en Medio Oriente? ¿ Hasta dónde el terror? ¿Cuál es el límite
destructivo de Sharon y su ejército imperial de última generación?
Pero más allá de los planteos tácticos para
justificar un
genocidio imperialista sin
precedentes, detrás de Sharon y
sus misiles subyacía una concepción estratégica y geopolítica diametralmente opuesta a la que se venía aplicando hasta
entonces en los territorios ocupados.
A fines de 2003 el ejercito sionista decidió mostrarse "sin máscara",
sin negociaciones políticas de por medio, sin "plan hoja de ruta" ni pulseadas
diplomáticas molestas en la ONU. Pasó, sin más trámite, de la teoría de
la disuasión y la negociación a la acción militar orientada a "matar
al enemigo" allí donde se encuentre.
El ejército de Sharon (con
expresa autorización de Washington) decidió dejar
de lado la doctrina del "golpe por golpe" (a un
ataque de la resistencia palestina,
responder con un
ataque militar localizado) para
pasar a la
"ofensiva militar total"
sobre un blanco seleccionado
en el mapa.
Concretamente, y en términos estratégicos, se impulsaba una
"solución militar extrema" para luego establecer la "paz" con un
gobierno títere elegido en la urnas, tal como sucedió con la administración de
Abas.
Luego de terminar con la vida de
Arafat (todas las hipótesis y estudios médicos sugieren que fue envenenado) el
eje Washington Tel Aviv consiguió -mediante comicios- instalar a su conocido
doble agente,
Mahmud Abas, quién responde sumisamente al plan de "pacificación" impuesto tras
el exterminio militar.
La estrategia ahora consiste en
delegar la represión en la policía "colaboracionista" de Abas, en tanto el
ejército israelí -tal como lo hace el ejercito norteamericano en Irak- mantiene
su poderío invasor convertido, paradojalmente, en el custodio armado de la
"democracia" palestina.
El
general sionista, Ariel Sharon,
quien en 1982 ingresó con sus tanques a Beirut y
ayudó a las milicias cristianas a masacrar a los habitantes de los campamentos
de refugiados de la capital, Sabra y Chatila, es el gran
continuador de las tesis árabe-colonizadoras de Ben Gurión.
El plan de
exterminio de la resistencia árabe en Medio Oriente, objetivo central en esta
fase, requiere destruir sus bases logísticas y operativas
en Irak, Palestina, Siria y el Líbano, donde también la logia
sionista-estadounidense acaba de instalar su proceso "democratizador".
Hamás y otros grupos rebeldes, igual que la
resistencia en Irak, intentan seguir con su plan de expulsión de los
israelíes al margen de los pactos de Abas con Sharon, que dan marco a la nueva
estrategia de ocupación.
Las fuerzas de la resistencia palestina dijeron que el ataque mortal del
jueves, además de vengar la muerte de un combatiente en una incursión del
ejército israelí en la ciudad cisjordana de Naplusa, forma parte de una
ofensiva general contra el nuevo pacto de ocupación sellado entre Sharon y
Abas.
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