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(IAR-Noticias) 14-En-05
IAR-Noticias
fue el único medio en adelantar, en noviembre pasado, que, en términos
políticos y sociales, y a corto plazo, el empantanamiento de las tropas
norteamericanas en el triángulo suní le iba a costar
a Bush y a su administración una reacción -de características todavía no
mensuradas- dentro de
Estados Unidos, donde la oposición y sectores de la sociedad que no
lo votaron esperan el momento oportuno para protestar por la muerte y
mutilación de soldados norteamericanos en Irak.
Habíamos señalado que, por más que Bush y su
administración salieron
fortalecidos con el triunfo electoral, los comicios, reñidos como nunca
históricamente, polarizaron a la sociedad
norteamericana como ninguna otra elección en su historia.

No bien terminó la contienda electoral que consagró la
reelección de Bush, el establisment de poder
norteamericano "anti_Bush" que (con los demócratas y la candidatura de
Kerry) no pudieron expulsar al actual presidente de la Casa Blanca
siguieron conspirando para derrocarlo o terminar con
su nuevo mandato antes de su finalización.
Advertimos que los sectores políticos y mediáticos "anti-Bush",
los grandes perdedores de la elección del 8 de noviembre, con The New
York Times y The Washington Post a la cabeza, retomarían las campañas
contra el presidente apuntando a su flanco más débil: la ocupación militar y
los muertos de Irak. (ver:
La nueva estrategia editorial de The New York Times)
Toda la política editorial, tanto de The New York Times
como de The Washington Post, se orientaron, tras los comicios,
a crear un "síndrome Vietnam" en consonancia con la
estrategia de los demócratas en el Congreso norteamericano, en una puja por el
poder con los halcones del Pentágono a quien no pudieron arrebatar por
vía electoral los negocios y el poder de la Casa Blanca.
Este viernes esa maniobra adquirió una evidencia clara cuando
16 representantes demócratas del Congreso
exigieron a Bush la retirada inmediata de las tropas de Estados Unidos de
Irak, según informó hoy el
diario San Francisco Chronicle.
El rotativo -también
enrolado en la campaña "anti-Bush- sostiene que la demanda ocurre en
momentos en que hasta los partidarios de la administración Bush
"cuestionan el curso de la guerra"
en el país árabe, donde hasta ahora han muerto
1360 soldados estadounidenses.
Encabezados por la representante Lynn
Woolsey, los congresistas pidieron al mandatario iniciar de inmediato el
retiro de los 150 mil efectivos estadounidenses, en una carta pública
enviada a la Casa Blanca.
Hay que recordar que
en los últimos días el jefe de la Casa Blanca decidió incrementar la
presencia militar en esa nación ocupada, a fin de intentar preservar la
seguridad en torno a las elecciones del 30 de enero próximo.
Además, Bush ha
ratificado que las tropas norteamericanas no se retirarán
hasta tanto las fuerzas iraquíes, armadas y entrenadas por Estados Unidos, sean
capaces de hacerse cargo de la situación.
La misiva de los legisladores
demócratas fue enviada a diversos sectores políticos de Washington, a fin de
"promover el debate" sobre
cómo Estados Unidos puede retirar sus unidades militares
de aquel país del Golfo Pérsico.
La carta a Bush se dio a conocer justo cuando Brent Scowcroft, ex secretario de
Seguridad Nacional bajo la presidencia de Bush padre, dijo en Washington que la
continuación de la insurrección trae a discusión el asunto de cuándo "nos
vamos a ir" de allí.
Woolsey y otros demócratas
"oportunistas" de la Cámara Baja, entre estos Sam Farr,
de Carmel, Pete Stark, Fremont, y Barbara Lee, Oakland, urgieron al mandatario a
sacar a los ocupantes.
La retirada es "el único camino
para ayudar realmente a nuestras tropas", afirman los congresistas en el
texto enviado a Bush.

Estos mismos
demócratas (tanto como Kerry que fue su candidato en la últimas elecciones)
apoyaron la invasión a Irak en el 2004 y suscribieron todos los presupuestos
militares solicitados por Bush en el marco de la ocupación de Irak como en el de
la "guerra contra el terrorismo".
Hoy, en su carta
pública, sostienen que la invasión ha provocado renovados
sentimientos antinorteamericanos entre la población iraquí y otros pueblos
árabes.
Consideran además que la agresión
hizo a Irak un país "menos
seguro", en franca contraposición con la postura de
la Casa Blanca. Afirman que la mejor manera de combatir a la insurgencia es
sacando a los militares del Pentágono.
En eso de que Irak es
un país "menos seguro", no se sabe bien que quieren decir estos legisladores
"insurrectos", ya que la invasión de 140.000 soldados y tanques norteamericanos,
que ellos avalaron y apoyaron, le quitaron la seguridad y la vida a 100.000
iraquíes, entre ellos niños, mujeres y ancianos.
La alevosa maniobra
de los demócratas (que cuando detentan el poder cometen los mismos genocidios
militares que los republicanos) se orienta a crear el debate "sobre los
muertos de Estados Unidos en Irak" que estaba previsto para el último tramo de la
campaña electoral de Kerry antes del 2 de noviembre, y que finalmente fue
desechado por su equipo de campaña.
Siempre se dijo por otra parte -todos los expertos en Estados Unidos así lo sostienen- que
el Talón de Aquiles de Bush en Irak eran los soldados estadounidenses muertos o
heridos que dejaría la ocupación.
El sentimiento "anti-Vietnam" es tan fuerte como el miedo al "terrorismo" en las
franjas mayoritarias de la sociedad estadounidense. Bush, así coinciden todos
los especialistas, ganó las elecciones con el "miedo al terrorismo".
La movida de los legisladores demócratas solo se trataría de la primera fase de una ofensiva para exigirle a
Bush que transparente la verdadera cifra de muertos y heridos
estadounidenses en las masacres del triángulo suní
y en todo Irak.
De esta manera tratan de que Bush, que contó hasta
ahora con el silencio y la complicidad de la opinión pública internacional
para ejecutar su genocidio militar en Irak, encuentre
su Waterloo político dentro de su propio Imperio.
El síndrome Vietnam, a medida que se suman los marines muertos y heridos
en el triángulo suní, se cierne con más certeza sobre la cabeza del gran
emperador moderno George W Bush.
La carta de los demócratas oportunistas es otro paso hacia ese
objetivo.
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