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(IAR-Noticias) 22-En-05
George
W.Bush -como era de esperar- comenzó su discurso de asunción reafirmando la
doctrina de la "guerra preventiva" como la columna vertebral de su
segundo período al frente de la Casa Blanca.
Con
la promesa de "terminar con la tiranía" y llevar la libertad y la democracia
"hasta los rincones más recónditos del mundo", George W. Bush, asumió ayer su
segundo mandato como presidente de Estados Unidos.
Cuidando no mencionar a Irak ni la palabra
"terrorismo", en un discurso de marcado "tono imperial"
el jefe de la Casa Blanca dejó claro que en los próximos cuatro años, la
política exterior será su prioridad.
Sin embargo, y
para precisar el nuevo contexto, el
jefe de la Casa Blanca recordó, en su alocución,
los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, como
"un día de fuego", y añadió: "nuestro deber no está definido
por las palabras que uso, sino por la historia que hemos visto juntos".
"La mejor esperanza para la paz en nuestro mundo reside en la
expansión de la libertad en todo el Planeta", afirmó Bush
dejando en claro que la política exterior iniciada tras el 11-S (ahora
disfrazada de empresa "libertadora") seguirá inconmovible y con más fuerza con
la halcona negra, Condoleezza Rice, al frente de Departamento de Estado.
Para
los expertos en los temas
de Washington el nuevo discurso de la "lucha contra las
tiranías" se sitúa en la continuidad de la guerra contra el terrorismo.
Por
lo tanto -afirman- constituye la etapa superior de
la política iniciada tras el 11-S,
y el comienzo de la intervención militar y los ataques preventivos
contra países y gobiernos que no ejerciten la "democracia y las libertades"
como lo entienden Bush y el grupo de halcones que escribieron la doctrina de la
"guerra preventiva", con Condoleezza Rice a la cabeza.
Queda
claro para muchos que, en la nueva modalidad discursiva de Bush, el Imperio
estadounidense resolvió complementar la "guerra contraterrorista" con la
exportación de "democracia a todo el mundo", según el decálogo del Pentágono
y el manual aplicado de la "guerra preventiva".
Con su clásico "estilo directo" Bush dejó en claro que
EEUU no dudará en utilizar su poder militar para provocar cambios de
regímenes políticos en los países gobernados por "tiranías" que amenacen la
seguridad de su país.
Según
la particular visión de la nueva "doctrina Bush", la
libertad y la seguridad de EEUU están íntimamente ligadas a que haya libertad y
democracia en otros países, y si no la
hay
(al menos en los términos que entiende Washington) los marines, los tanques
Abrams y los misiles de última generación están para aplicarla donde sea
necesaria.
La
seguridad en este país "depende cada vez más del éxito de la libertad en
otras tierras", señaló presagiando las futuras
cruzadas contra las "tiranías" y el "eje del mal" que su
administración piensa llevar a cabo durante los próximos cuatro años.
El "presidente de la guerra" estadounidense no habló esta vez de
guerra "contraterrorista" sino de misión "moral"
contra países que alberguen regímenes "tiranos". "EE.UU. va a
clarificar continuamente ante cada gobernante y cada país la opción moral entre
opresión y libertad", señaló Bush.
El
"viejo plan" reciclado
No
faltaron los que descubrieron que las "nuevas ideas de Bush" se nutren de un
libro titulado
"La lucha
por la democracia: el poder de la libertad para superar la tiranía y el terror",
de Natan Sharansky, un disidente soviético que tras 9 años en las cárceles de la
URSS emigró a Israel y se convirtió al sionismo.
En su libro (uno de los favoritos de Bush) Sharansky argumenta que habrá paz
entre Israel y los palestinos sólo si la Autoridad Palestina
"se democratiza". Hasta
que eso no ocurra, Israel no tendría que hacer concesiones,
sostiene el autor.
Por
supuesto que Bush no fue a comparar el libro a ningún
quiosco, sino que el mismo (como todo su material de lectura sobre el Medio
Oriente) le llegó de manos de Cheney y del lobby judío que vigila la
"pureza doctrinaria del presidente norteamericano", para conservar la pureza de
sus negocios con las guerras del Pentágono.
Este grupo pro-israelí está integrado por funcionarios
de Defensa y de la Casa Blanca liderados por Dick
Cheney y Donald
Rumsfeld, y que integran entre otros, la asesora de Seguridad Nacional,
Condoleezza Rice; el segundo de Rumsfeld, Paúl Wolfowitz, el
Secretario Adjunto de Estado para Control de Armas John Bolton,
y Douglas Feith, que es actualmente el tercer
funcionario en importancia del Pentágono.
Para los expertos no hay duda que detrás del nuevo discurso de
Bush, de su obsesión por liberar a los países de las "tiranías", están la
estrategia y los negocios del
lobby judío, representado por el "cerebro" político de Bush,
Karl Rove, quien le escribe los discursos y le baja "línea doctrinaria"
al presidente estadounidense.
Este lobby de neoconservadores, ejecutor de la línea matriz de
la política exterior norteamericana desde el 11-S, defiende abiertamente
la intervención militar en todo el mapa de Medio Oriente para eliminar "la
amenaza árabe a Israel".
Detrás
de la nueva doctrina libertaria contra las "tiranías" expresada
por Bush, se esconde el viejo proyecto de "cambio
régimen" en Irán, Siria, Arabia Saudí y la Autoridad
Palestina, al que siempre consideraron un "imperativo
urgente" de la agenda de política exterior estadounidense.
Sus teóricos
sostienen que Israel y Turquía son los únicos verdaderos Estados-naciones de la
región y han estado pronosticando la desintegración de algunos Estados
árabes desde la primera Guerra del Golfo, hasta que
lograron sus propósitos de invadir y ocupar militarmente Irak
con
el hijo de George Bush, que dejó la obra inconclusa cuando era presidente de
EEUU.
Brian Whitaker, columnista de The Guardian, publicó un documento del año
1996 con el título "Un cambio nítido: una nueva estrategia para asegurar el
territorio nacional," escrito por el grupo JINSA para aconsejar al
entonces primer ministro entrante israelí Benjamin
Netanyahu.
Whitaker ubica en este documento las raíces de la "teoría de los bolos"
del Oriente Medio, según la cual un golpe dirigido contra Irak
podría derribar varios regímenes árabes del Medio
Oriente.
La misma teoría la repiten ahora poniendo en el centro a Siria y a Irán,
y con la mira puesta en el resto de los países agendados como
"blancos" del Pentágono, a los que acusan de proteger y entrenar
a
los grupos de la resistencia
que combaten a la ocupación militar de EEUU en Irak.
Durante
el discurso que pronunció durante la audiencia ante la Comisión de Relaciones
Exteriores del Senado, Condoleezza Rice, a punto de asumir como
nueva secretaria de Estado, presentó una lista de lo que llamó seis
"tiranías": Cuba, Bielorrusia, Irán, Myanmar (ex
Birmania), Corea del Norte y Zimbabwe, y,
curiosamente, no mencionó a Siria.
Para la mayoría de
los expertos, y a pesar de la avanzada política y diplomática contra Irán, el
objetivo militar inmediato de la Casa Blanca y el Pentágono es Siria, donde
la CIA
y el resto de la inteligencia norteamericana sitúan el centro logístico y
financiero de la resistencia armada iraquí.
La "omisión" de Siria
en la lista citada por la nominada secretaria de Estado, es posible que se
haya debido al escándalo político levantado por los más influyentes medios
norteamericanos como The New York Times, The Washington Post y
Newsweek, entre otros, quienes denunciaron que el Pentágono preparaba acciones
militares y "escuadrones de la muerte" con la misión de infiltrarse en Siria
para asesinar a jefes de la resistencia iraquí refugiados en ese país.
El "objetivo
Siria" es un proyecto que permanece agendado desde el mismo momento que las
tropas norteamericanas se apoderaron de Irak.
En enero de
2004,
cuando despuntaba el año electoral en EEUU,
el
Pentágono y su jefe, Donald Rumsfeld,
incrementaron
su presión sobre la Casa Blanca para que ordene acciones militares
puntuales contra Siria, según lo informado por fuentes
árabes y por el servicio de prensa para Oriente Próximo 'Al Bawaba', con sede en
Londres.
Diversos medios del
mundo árabe
difundieron y se hicieron eco de la
información que ponía
nuevamente a Siria en la mira
de
los halcones norteamericanos.
El informe se basaba en
un memorándum del Pentágono dirigido al Consejo
Nacional de Seguridad (NSC) en el que se insistía con los contactos entre el
Gobierno de Damasco y los grupos "terroristas" suníes
que operan en Irak, principalmente vinculados al ex régimen de
Saddam Hussein
En el documento
se aseguraba que los "terroristas", entre los que
se incluía a los miembros del movimiento Hezbolá, "siguen cruzando la
frontera desde Siria a Irak" para contactar con los grupos suníes que
luchan contra las fuerzas de ocupación de EEUU.
Finalmente el
documento solicitaba a Bush el lanzamiento de ataques aéreos
"preventivos"
e incursiones de fuerzas especiales en territorio sirio,
tal como se ejecutaron en Irak antes de la invasión militar en marzo de 2004.
Los
altos jefes de Defensa
sugirieron que la intervención militar contra el país árabe
se concretara mediante operaciones militares
preventivas
(tendientes a crear las condiciones para una invasión) y no en un ataque masivo
similar al lanzado sobre Irak.
No obstante, según las mismas fuentes árabes que revelaron el memorándum,
la operación quedó postergada por las elecciones y a la espera de que Bush
asumiera el nuevo mandato.
El jueves 20 de
Enero, en el discurso inaugural de su nuevo mandato, George W. Bush dió señales
claras de que el plan ya se puso en marcha.
Próximo objetivo: Siria, Irán
en agenda permanente.
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