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(IAR-Noticias) 08-Feb-05 Informe especial
La
administración Bush -fortalecida por el triunfo electoral
de noviembre-
decidió meter "mano dura" en la CIA con
la intención de extirpar a los bolsones "opositores"
que han colaborado y proporcionado información
confidencial a la campaña de Kerry, sobre todo en lo
relativo a la ocupación de Irak.
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George W Bush y
Porter Gross, actual director de la CIA. |
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La
Casa Blanca resolvió iniciar su segunda gestión con el camino despejado de los
espías que supuestamente en la CIA colaboraron con las campañas mediáticas contra Bush,
alimentando las denuncias sobre las torturas en Irak y la inexistencia de armas
de destrucción masiva, con lo cual se crearon los argumentos que sostenían que
el Presidente
"había mentido" para lanzar la invasión a ese país.
George Tenet dejó la jefatura de la CIA en julio, en pleno escándalo por
los resultados de la comisión del 11-S que imputaba a la CIA
"irregularidades" en el manejo de información sobre Irak y los atentados a
las Torres Gemelas de Nueva York.
Después de que
ex altos funcionarios de la CIA
vinculados a la campaña de Kerry resolvieran revelar las mentiras sobre las ADM de Saddam,
Bush y los halcones tomaron la decisión de relevar a Tenet y terminar con la
estructura que le respondía en la Agencia.
El control de la CIA
Posteriormente, esperaron el
segundo mandato de Bush, para poner en marcha su proyecto de
reemplazar a la CIA por comandos y agentes secretos militares
en las operaciones encubiertas en el exterior.
En medios vinculados
a los halcones se señalaba que, durante la gestión de Tenet, altos funcionarios
de la Agencia y miembros retirados de la misma estuvieron vinculados
a
todas las denuncias motorizadas por
los demócratas y por los medios vinculados a la campaña de Kerry, caso de
The New York Times y The Washington Post, quienes fueron punta de
lanza de todas las acusaciones contra la administración Bush.
Tanto el ex director de la CIA,
George Tenet como el secretario de Estado Colin Powell (que también fue
"renunciado" por el Presidente) fueron acusados en extramuros de "boicotear" la campaña de Bush en
alianza con los republicanos "moderados", que preferían a Kerry, antes que al
actual presidente en la Casa Blanca.
Bush designó a Porter Goss
como sucesor de Tenet, congresista republicano de Florida. Pat Roberts, que
preside el Comité de Inteligencia del Senado, propuso un "plan de
reorganización global del aparato de inteligencia", con el nombramiento de
un superdirector de Inteligencia.
El plan implicaba la
reestructuración de la Agencia con despido masivo de
personal jerárquico, lo que generó una polémica con Rumsfeld y los halcones a quienes se los sindicaba como los articuladores de la
maniobra con el objetivo de controlar la Agencia por
medio de Porter Goss, leal a Cheney y
al secretario de
Defensa.
Los primeros movimientos de la
dirección de la CIA bajo las órdenes de Porter Goss,
el sucesor de Tenet, han desatado diversas acusaciones
que dicen que los halcones y la Casa Blanca estuvieron
detrás de las purgas desatadas en el organismo.
Porter Goss, que presidía el Comité de Inteligencia de
la Cámara, incorporó a la agencia a cuatro miembros de su antiguo equipo que
fueron recibidos como "extraños" en el organismo de inteligencia.
En varios departamentos de la CIA
se desató una especie de "rebelión" larvada a lo que consideraban una "purga"
y una ingerencia de la inteligencia del Pentágono en sus asuntos
internos. Esta polémica dura hasta hoy.
El director adjunto de la Agencia,
John McLaughlin y Stephen Kappes, subdirector de operaciones, y Michael
Sulick, su número dos, fueron obligados a dimitir por directa presión de la
Casa Blanca, que colocó en las áreas claves a gente de su total
confianza.
El control de la estructura de
inteligencia
En julio del año
pasado, el Congreso
de EEUU -controlado mayoritariamente por los republicanos- alcanzó un acuerdo para aplicar las recomendaciones de la comisión del 11-S para
reformar la CIA y los servicios de la llamada "comunidad de inteligencia"
estadounidense.
La
nueva legislación, basada en las recomendaciones
de la Comisión del 11-S,
creaba un nuevo cargo
de director de inteligencia nacional,
con amplios
poderes sobre el resto de las agencias de inteligencia, incluida
la CIA,
y con control sobre los gastos de
inteligencia.
Esa situación afectaba el poder de
Rumsfeld
y de los halcones del Pentágono, quienes controlan el 80%
de los 40.000 millones de dólares anuales dedicados a inteligencia
en EEUU.
Después de una intensa presión de la Casa Blanca y del
Pentágono, el Congreso aprobó finalmente un
proyecto que redujo el poder del nuevo director,
aduciendo facultades del Secretario de Defensa para mantener sus
"responsabilidades estatutarias".
Esto es, mantuvo vigente el control del 80% del presupuesto al
Pentágono.
En esa dirección el
Presidente y sus consejeros de seguridad nacional han consolidado el control
sobre el resto de las corporaciones de inteligencia,
reafirmando la posición del grupo de
neoconservadores conocidos como el lobby
judío en el mando civil del Pentágono que tiene a
Paul Wolfowitz como vice-ministro de Defensa, y Douglas Feith como
Subsecretario para la Política.
Los
jefes políticos de la operación de subordinación de la CIA y de la inteligencia
civil al Pentágono son el Vicepresidente Dick Cheney y el secretario
de Defensa Donald Rumnsfeld, jefes del grupo
neoconservador, quienes hicieron lobby
para que Bush firmara una serie de resoluciones y decretos presidenciales
que habilitan la participación de comandos militares
en operaciones
encubiertas.
De esta manera, y mediante decretos
presidenciales que pasan sobre disposiciones del Congreso,
grupos secretos de comandos y unidades de
fuerzas especiales comenzaron
a realizar operaciones encubiertas contra
objetivos sospechados de terroristas en no menos de diez naciones en el
Oriente Medio y Asia del Sur,
marginando de esa misiones a la
División de Operaciones Paramilitares de la
CIA.
Las operaciones
encubiertas
Hay que aclarar que en la operaciones
de
la CIA por el
mundo, históricamente todo fue
"irregular". Operaciones encubiertas, asesinatos, infiltración de
movimientos armados, complots para derrocar gobiernos, etc, etc, están -y
siempre estuvieron- dentro de la funciones de la Agencia para "ordenar el mundo"
de acuerdo a los intereses estratégicos de EEUU.
Esa, y no otra fue la misión que la
CIA desarrolló tanto con gobiernos demócratas como republicanos, en la búsqueda
para construir argumentos para invadir países, fomentar golpes de
Estado, o desestabilizar o asesinar presidentes, de acuerdo al plan de
conquista capitalista agendado por el Imperio norteamericano.
Una de la misiones esenciales de la
CIA tal cual como ocurrió en Irak, consiste en preparar, mediante operaciones
encubiertas, el terreno político y social para invasiones militares, y esa
tarea, para que sea efectiva, debe desarrollarse mediante la mentira, el
ocultamiento y la acción psicológica orientada a encubrir el verdadero
objetivo.
Los mismos espías contratados para
las campañas "anti-Bush" formaron parte de planes de operaciones
encubiertas de la CIA durante las administraciones demócratas o republicanas, y
hoy simplemente recitan un "libreto diferente" para complacer a sus mandantes:
el establishment de poder norteamericano que no quiere a Bush en la Casa Blanca.
Concretamente, y en función de las
necesidades electorales de Kerry, esos sectores trataron de imputar a Bush una
"manipulación de inteligencia" para justificar una invasión a Irak, lo que fue
común a todas las administraciones que lo precedieron, incluida la del demócrata
Bill Clinton, que construyó información falsa con la CIA para
invadir y bombardear Yugoslavia.
Las nuevas reglas
En noviembre y
diciembre pasado
Times, Newsweek yThe Washington Post,
entre los medios más influyentes, habían difundido información señalando
que Bush -influenciado por Cheney, Rumsfeld y el lobby judío- había
resuelto dar al Pentágono el control total sobre la estructura de
inteligencia, principalmente sobre la unidad paramilitar de la CIA que tuvo
a su cargo las operaciones encubiertas durante décadas.
La decisión, que fue tomada por Bush antes de las elecciones de
noviembre y se consolidó tras el triunfo electoral, permite a Rumsfeld
controlar las operaciones al margen de las normas y restricciones legales impuestas a la CIA
y a las otras agencias de la comunidad de inteligencia.
Conforme a la ley vigente todas las actividades
encubiertas de la CIA en el extranjero deben ser autorizadas a través de una
resolución presidencial, e informadas
oportunamente a los comités de inteligencia del Senado y de la Cámara de
Representantes para su evaluación.
Con la nuevas reglas
Rumsfeld y
el general Stephen Cambone, Subsecretario de Defensa para Inteligencia,
podrán enviar desde
el Pentágono a los llamados " equipos de
acción " en aquellos países señalados como
"terroristas", o como "protectores de terroristas", caso de Irán y de
Siria,
incluidos en la lista de países que Condoleezza Rice, la flamante
secretaria de Estado norteamericano, calificó como "tiranías" defensoras
del terrorismo, en la cual también incluyó
a Cuba, Bielorrusia, Irán, Myanmar (ex
Birmania), Corea del Norte y Zimbabwe.
Comandos en Irán
Información difundida en diciembre
por varias fuentes norteamericanas, entre ellas Newsweek, The New York Times y
The Washington Post, señalaban la presencia de comandos militares especiales en
Irán realizando operaciones
secretas de búsqueda de información sobre el programa nuclear y la
detección de blancos para un posible ataque militar a
ese país.
Miembros relevantes
de los comités de inteligencia del Senado
preguntados por la prensa sobre
las nuevas funciones que cumple el Departamento de Defensa en las operaciones encubiertas, aseguran
no tener bien delimitada esa información.
Esas operaciones controladas por el
Pentágono se asocian con un plan de trabajo
de asesores civiles del Departamento de Defensa, bajo el mando
directo de
Douglas Feith.
Estos
equipos, monitoreados por la subsecretaría de
Paul Wolfowitz,
han estado
elaborando con planificadores israelíes un proyecto para determinar con precisión el
potencial
nuclear, armas químicas y blancos de misiles dentro del
territorio iraní.
La misión de los
comandos militares y de inteligencia del Pentágono en Irán -al igual que la que
tuvieron los grupos operativos de la CIA en Irak- consiste en preparar el
terreno y las condiciones para la invasión militar.
Sólo que esta vez no es Tenet, sino
que son Rumsfeld
y Cheney quienes controlan y supervisan las operaciones.
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