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NORTEAMERICA  

Tuesday, 08 de February de 2005

Hegemonía del Pentágono

Los planes para reemplazar a la CIA por la inteligencia militar

Bush y el Pentágono han consolidado el control sobre las corporaciones de inteligencia, y ahora intentan sustituir a la CIA con fuerzas militares especiales en el campo de las operaciones encubiertas. La misión de los comandos del Pentágono que ya están actuando en Irán -al igual que la que tuvieron los grupos operativos de la CIA en Irak- consiste en preparar el terreno y las condiciones para la invasión militar. Sólo que esta vez no es Tenet, sino que son Rumsfeld y Cheney quienes controlan y supervisan las operaciones.

(IAR-Noticias) 08-Feb-05   Informe especial

La administración Bush -fortalecida por el triunfo electoral de noviembre- decidió  meter "mano dura" en  la CIA con la intención de extirpar a los bolsones "opositores" que han colaborado y proporcionado información confidencial a la campaña de Kerry, sobre todo en lo relativo a la ocupación de Irak.

George W Bush y  Porter Gross, actual director de la CIA.

La Casa Blanca resolvió iniciar su segunda gestión con el camino despejado de los espías que supuestamente en la CIA colaboraron con las campañas mediáticas contra Bush, alimentando las denuncias sobre las torturas en Irak y la inexistencia de armas de destrucción masiva, con lo cual se crearon los argumentos que sostenían que el Presidente "había mentido" para lanzar la invasión a ese país.

George Tenet dejó la jefatura de la CIA en julio, en pleno escándalo por los resultados de la comisión del 11-S que imputaba a la CIA "irregularidades" en el manejo de información sobre Irak y los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York.

Después de que ex altos funcionarios de la CIA vinculados a la campaña de Kerry resolvieran revelar las mentiras sobre las ADM de Saddam, Bush y los halcones tomaron la decisión de relevar a Tenet y terminar con la estructura que le respondía en la Agencia. 

El control de la CIA

Posteriormente, esperaron el segundo mandato de Bush, para poner en marcha su proyecto de reemplazar a la CIA por comandos y agentes secretos militares en las operaciones encubiertas en el exterior.

En medios vinculados a los halcones se señalaba que, durante la gestión de Tenet, altos funcionarios de la Agencia  y miembros retirados de la misma estuvieron vinculados a todas las denuncias motorizadas por los demócratas y por los medios vinculados a la campaña de Kerry, caso de The New York Times y The Washington Post, quienes fueron punta de lanza de todas las acusaciones contra la administración Bush.

Tanto el ex director de la CIA, George Tenet como el secretario de Estado Colin Powell (que también fue "renunciado" por el Presidente) fueron acusados en extramuros de "boicotear" la campaña de Bush en alianza con los republicanos "moderados", que preferían a Kerry, antes que al actual presidente en la Casa Blanca.

Bush designó a Porter Goss como sucesor de Tenet, congresista republicano de Florida. Pat Roberts, que preside el Comité de Inteligencia del Senado, propuso  un "plan de reorganización global del aparato de inteligencia", con el nombramiento de un superdirector de Inteligencia.

Oficial estadounidense.El plan implicaba la reestructuración de la Agencia con despido masivo de personal jerárquico, lo que generó una polémica con Rumsfeld y los halcones a quienes se los sindicaba como los articuladores de la maniobra con el objetivo de controlar la Agencia por medio de Porter Goss, leal a Cheney y al secretario de Defensa.

Los primeros movimientos de la dirección  de la CIA bajo las órdenes de Porter Goss, el sucesor de Tenet, han desatado diversas acusaciones que dicen que los halcones y la Casa Blanca estuvieron detrás de las purgas desatadas en el organismo.

Porter Goss, que presidía el Comité de Inteligencia de la Cámara, incorporó a la agencia a cuatro miembros de su antiguo equipo que fueron recibidos como "extraños" en el organismo de inteligencia.

En varios departamentos de la CIA se desató una especie de "rebelión" larvada a lo que consideraban una "purga" y una ingerencia de la inteligencia del Pentágono en sus asuntos internos.  Esta polémica dura hasta hoy.

El director adjunto de la Agencia, John McLaughlin y Stephen Kappes, subdirector de operaciones, y Michael Sulick, su número dos, fueron obligados a dimitir por directa presión de la Casa Blanca, que colocó en las áreas claves a gente de su total confianza.

El control de la estructura de inteligencia

En julio del año pasado, el Congreso de EEUU -controlado mayoritariamente por los republicanos- alcanzó un acuerdo para aplicar las recomendaciones de la comisión del 11-S para reformar la CIA y los servicios de la llamada "comunidad de inteligencia" estadounidense.

La nueva  legislación, basada  en las recomendaciones de la Comisión del 11-S, creaba un nuevo cargo de director de inteligencia nacional, con amplios poderes sobre el resto de las agencias de inteligencia, incluida la CIA, y con control sobre los gastos de inteligencia.

Esa situación afectaba el poder de Rumsfeld y de los halcones del  Pentágono, quienes controlan el 80% de los 40.000 millones de dólares anuales dedicados a inteligencia en EEUU.

Después de una intensa presión de la Casa Blanca y del Pentágono, el Congreso aprobó finalmente un proyecto que redujo el poder del nuevo director, aduciendo facultades del Secretario de Defensa para mantener sus  "responsabilidades estatutarias". Esto es, mantuvo vigente el control del 80% del presupuesto al Pentágono.

En esa dirección el Presidente y sus consejeros de seguridad nacional han consolidado el control sobre el resto de  las corporaciones de inteligencia, reafirmando la posición del grupo de  neoconservadores conocidos como el lobby judío en el mando civil del Pentágono que tiene a Paul Wolfowitz como vice-ministro de Defensa, y Douglas Feith como Subsecretario para la Política.

Rumsfeld desconoce cuándo estarán preparadas las fuerzas iraquíes para garantizar la seguridad del paísLos jefes políticos de la operación de subordinación de la CIA y de la inteligencia civil al Pentágono son el Vicepresidente Dick Cheney y el secretario de Defensa Donald Rumnsfeld, jefes del grupo neoconservador, quienes hicieron lobby para que Bush firmara una serie de resoluciones y decretos presidenciales que habilitan la participación de  comandos militares en operaciones encubiertas.

De esta manera, y mediante decretos presidenciales que pasan sobre disposiciones del Congreso, grupos secretos de comandos y unidades de fuerzas especiales comenzaron a realizar operaciones encubiertas contra objetivos sospechados de terroristas en no menos de diez naciones en el Oriente Medio y Asia del Sur, marginando de esa misiones a la División de Operaciones Paramilitares de la CIA.

Las operaciones encubiertas

Hay que aclarar que en la operaciones de la CIA por el mundo, históricamente todo fue "irregular". Operaciones encubiertas, asesinatos, infiltración de movimientos armados, complots para derrocar gobiernos, etc, etc, están -y siempre estuvieron- dentro de la funciones de la Agencia para "ordenar el mundo" de acuerdo a los intereses estratégicos de EEUU.

Esa, y no otra fue la misión que la CIA desarrolló tanto con gobiernos demócratas como republicanos, en la búsqueda para construir argumentos para invadir países, fomentar golpes de Estado, o desestabilizar o asesinar presidentes, de acuerdo al plan de conquista capitalista agendado por el Imperio norteamericano.

Una de la misiones esenciales de la CIA  tal cual como ocurrió en Irak, consiste en preparar, mediante operaciones encubiertas, el terreno político y social para invasiones militares, y esa tarea, para que sea efectiva, debe desarrollarse mediante la mentira, el ocultamiento y la acción psicológica orientada a encubrir el verdadero objetivo.

Los mismos espías contratados para las campañas "anti-Bush" formaron parte de planes de operaciones encubiertas de la CIA durante las administraciones demócratas o republicanas, y hoy simplemente recitan un "libreto diferente" para complacer a sus mandantes: el establishment de poder norteamericano que no quiere a Bush en la Casa Blanca.

Concretamente, y en función de las necesidades electorales de Kerry, esos sectores trataron de imputar a Bush una "manipulación de inteligencia" para justificar una invasión a Irak, lo que fue común a todas las administraciones que lo precedieron, incluida la del demócrata Bill Clinton,  que construyó información falsa con la CIA para invadir y bombardear Yugoslavia.

Las nuevas reglas

En noviembre y diciembre pasado Times, Newsweek yThe Washington Post, entre los medios más influyentes, habían difundido información señalando que  Bush -influenciado por Cheney, Rumsfeld y el lobby judío- había resuelto dar al Pentágono el control total sobre la estructura de inteligencia, principalmente sobre la unidad paramilitar de la CIA que tuvo a su cargo las operaciones encubiertas durante décadas.

La decisión, que fue tomada por Bush antes de las elecciones de noviembre y se consolidó tras el triunfo electoral,  permite a Rumsfeld controlar las operaciones al margen de las normas y restricciones legales impuestas a la CIA y a las otras agencias de la comunidad de inteligencia.

Conforme a la ley vigente todas las actividades encubiertas de la CIA en el extranjero deben ser autorizadas a través de una resolución presidencial, e informadas oportunamente a los comités de inteligencia del Senado y de la Cámara de Representantes para su evaluación.

Con la  nuevas reglas Rumsfeld y el general Stephen Cambone, Subsecretario de Defensa para Inteligencia, podrán enviar desde el Pentágono a los llamados " equipos de acción " en aquellos países señalados como "terroristas", o como "protectores de terroristas", caso de Irán y de Siria,  incluidos en la lista de países que Condoleezza Rice, la flamante secretaria de Estado norteamericano, calificó como "tiranías" defensoras del terrorismo, en la cual también incluyó a Cuba, Bielorrusia, Irán, Myanmar (ex Birmania), Corea del Norte y Zimbabwe.

Comandos en Irán

Información difundida en diciembre por varias fuentes norteamericanas, entre ellas Newsweek, The New York Times y The Washington Post, señalaban la presencia de comandos militares especiales en Irán realizando operaciones secretas de búsqueda de información sobre el programa nuclear y la detección de blancos para un posible ataque militar a ese país.

Miembros relevantes de los comités de inteligencia del Senado preguntados por la prensa sobre las nuevas funciones que cumple el Departamento de Defensa en las operaciones encubiertas, aseguran no tener bien delimitada esa información.

Esas operaciones controladas por el Pentágono se asocian con un plan de trabajo de asesores civiles del Departamento de Defensa, bajo el mando directo de Douglas Feith.

Estos equipos, monitoreados por la subsecretaría de Paul Wolfowitz,  han estado elaborando con planificadores israelíes un proyecto para determinar con precisión el potencial nuclear, armas químicas y blancos de misiles dentro del territorio iraní.

La misión de los comandos militares y de inteligencia del Pentágono en Irán -al igual que la que tuvieron los grupos operativos de la CIA en Irak- consiste en preparar el terreno y las condiciones para la invasión militar.

Sólo que esta vez no es Tenet, sino  que son Rumsfeld y Cheney quienes controlan y supervisan las operaciones.


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