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(IAR-Noticias) 17-Feb-05 Informe especial
La
semana pasada, la Casa Blanca anunció que Karl Rove, el
"arquitecto” de
la victoria electoral de 2004 (para
muchos el hacedor de toda la carrera política de Bush) se
convertiría en jefe adjunto del equipo de la Casa Blanca, manteniéndose como consejero principal y asesor del Presidente.
Esto implica, como señalaron
algunos funcionarios a la prensa,
que Rove “coordinará la
política dentro de los diversos consejos” de la Casa Blanca
-incluida la
seguridad nacional y la seguridad interna- mientras “continúa vigilando la
estrategia para hacer avanzar” el programa de gobierno de Bush.
La confirmación descalificó las versiones de algunos
funcionarios que anticipaban que Andy Card -un crítico de
Rove en el entorno presidencial-
permanecería como jefe del equipo de la Casa Blanca
por lo menos durante todo 2006.
También quebró la profecía de quienes
vaticinaban que el llamado
"cerebro de Bush"
bajaría escalones en la
formulación de la política de Washington, y que sería
excluido en temas difíciles como el Pentágono, inteligencia y "antiterrorismo", y
que no estaría en la Oficina Oval durante la ultrasecreta reunión matutina de
información del Presidente sobre inteligencia.
Karl Rove es uno de los que está presente cuando Frances
Townsend, Asesora de Seguridad Interna del Presidente
y jefa de operaciones antiterroristas del personal de Seguridad Nacional, le alcanza a Bush lo que
se conoce como el Informe Diario de Amenazas del
Presidente (PDTR en inglés), o, en lenguaje
burocrático, el "Palo de Golf".
Esa información confidencial es tan secreta que sólo una media docena de
miembros del gobierno de EEUU puede verlo. Cuando la información es delicada,
tiene una raya roja en un costado.
De esa reunión también suelen participar el vicepresidente
Dick Cheney -el jefe político de los halcones-, la
actual secretaria de Estado, Condoleezza Rice, y el jefe del Pentágono y
"alma mater" del lobby judío, Donald Rumsfeld.
El hombre que tiene "un
plan"
Esto grafica en parte el papel
clave que desempeña Karl Rove en el entorno de Bush, quien
se dirige a él
llamándolo por el apodo de "Chico Genial", y cuando lo describe
en público lo señala
como el "hombre que tiene un plan".
Para unos Rove es una
reencarnación de Maquiavelo, para otros simplemente es un rufián político sin
escrúpulos que no conoce los límites en el ejercicio de la acción
psicológica y de las intrigas políticas contra sus
enemigos y los del Presidente.
En los extramuros de Washington
Karl Rove es señalado como el "cerebro de Bush", en
cuyo historial se mezclan, la derecha
fundamentalista, los negocios y el crimen político.
"El hombre detrás de la cortina", "el rey Karl", "el inventor de un Presidente",
"el cerebro de Bush", de todas esas formas se le llama a este consejero, de
quien se dice que tiene una influencia en el entorno presidencial sólo
comparable a la que ejercen Condoleezza Rice o el propio vicepresidente Dick Cheney, el socio y compañero de andanzas del padre de Bush.
Pero lo que nadie discute es que
Karl Rove no sólo ha sido el creador de todas
las campañas políticas de George W. Bush, sino también el hombre que
construyó la imagen pública y los discursos del actual presidente de
EEUU, incluido el de la asunción del segundo mandato, el 22 de
enero, cuando el presidente norteamericano situó al
combate contra las "tiranías" como
el complemento de la
"guerra contraterrorista".
Medios norteamericanos sostienen que
Rove se está mudando a un despacho a
la vuelta de la esquina de la Oficina Oval. “En cierto modo, el nombramiento
sólo confirma la realidad”, dice Charlie Black, consultor republicano
para quien Rove está ahora oficialmente en el lugar en que siempre debió estar.
Karl Rove es el hombre que con sus estrategias
electorales lo llevó a W. Bush a ocupar la gobernación de Texas, a su
reelección como gobernador, y luego a ocupar el sillón de la Casa Blanca,
la máxima jerarquía política en el estado imperial norteamericano.
De Rove, un especialista en
acción psicológica y en inteligencia política, se dice que es el "constructor" electoral de Bush, a quien condujo
desde que comenzara su carrera en la gobernación de Texas.
Halcones
En realidad, Bush y Rove,
con pocos años de diferencia entre ellos, se "construyeron juntos", a
partir de una larga carrera política que comenzó en el año 1973 cuando ambos se
conocieron en el entorno de Bush padre, el verdadero cerebro "en las sombras"
que se proyecta en todas las decisiones presidenciales de su hijo W.
Rove cultiva una relación privilegiada
con el "clan Bush", en particular con el padre del presidente a quien suele
consultar en los temas claves de política exterior que incluye en su vasta
agenda de asesoramiento político a George W. Bush.
El otro "flanco fuerte" de Rove es su
coincidencia político-ideológica con el grupo de asesores y funcionarios
neoconservadores conocido como el
lobby judío,
entre quienes figuran el subsecretario (viceministro) de Defensa,
Paul
Wolfowitz, el subsecretario de Defensa para Asuntos Políticos, Douglas Feith, y
el hasta el año pasado presidente de la Junta de Políticas de Defensa (el
principal cuerpo de asesores civiles del Pentágono), Richard Perle.
Este grupo pro-israelí, al que se acopla funcionalmente Karl
Rove, está integrado por funcionarios
de Defensa y de la Casa Blanca liderados por Dick
Cheney y Donald
Rumsfeld, y que integra la secretaria de Estado,
Condoleezza Rice en carácter de
articuladora estratégica de la política exterior de la Casa Blanca.
La partida de Colin Powell
(jefe del ala "moderada") solidificó al grupo de halcones alrededor de
Condoleezza Rice, en cuya agenda, y a medida de los intereses del
lobby
proisraelí, la política hacia Irán y el Medio Oriente adquiere prioridad
esencial.
Para los expertos no hay duda que detrás del nuevo discurso de
Bush, de su obsesión por liberar a los países de las "tiranías", están la
estrategia y los negocios del
lobby judío, representado por el "cerebro" político de Bush,
Karl Rove, quien le escribe los discursos y le baja "línea doctrinaria"
al presidente estadounidense.
Este grupo de neoconservadores, ejecutor de la línea matriz de
la política exterior norteamericana desde el 11-S, defiende abiertamente
la intervención militar en todo el mapa de Medio Oriente para eliminar "la
amenaza árabe a Israel".
Detrás
de la nueva doctrina libertaria contra las "tiranías" que le
escribiera Rove a Bush, se esconde el viejo proyecto de "cambio
de
régimen" en Irán, Siria, Arabia Saudí y la Autoridad
Palestina, al que siempre consideraron un "imperativo
urgente" de la agenda de política exterior estadounidense.
Sus teóricos
sostienen que Israel y Turquía son los únicos verdaderos Estados-naciones de la
región y han estado pronosticando la desintegración de algunos Estados
árabes desde la primera Guerra del Golfo, hasta que
lograron sus propósitos de invadir y ocupar militarmente Irak
con
el hijo de George Bush, que dejó la obra inconclusa cuando era presidente de
EEUU.
Desde su
posición privilegiada con el Presidente y sus principales asesores, Karl
Rove también tuvo que ver con la
campaña de inteligencia preparatoria de la invasión a Irak.
Antes de la guerra, participó en forma
plena en el WHIG (Grupo de la Casa Blanca
sobre Irak, en inglés), que solía
reunirse en una sala a prueba de ruidos
del Consejo de Seguridad Nacional,
para seleccionar evidencia clasificada (la mayoría de la
cual ha sido desacreditada) destinada a alimentar los
argumentos justificatorios del derrocamiento del régimen de Saddam Hussein.
Rove
también ha participado en tramos decisivos del conflicto
israelí-palestino, y fue el autor,
en
el 2002, del discurso de Bush que declaró a Yaser Arafat persona no grata,
y acompañó al presidente en todos sus viajes por el Medio Oriente.
El 29
de julio, según el semanario Newsweek, el principal mediador saudita
ante Washington, Adel Al-Jubeir, se reunió con Karl Rove para, entre otras
cosas, “presentar un informe sobre el estado de los esfuerzos de reforma del
Reino y la guerra contra el terrorismo”.
La
reunión fue convocada por Tom Loeffler, ex diputado por Texas y recaudador de
fondos de las campañas de Bush, que había sido contratado como
portavoz por
parte de los sauditas.
Era la segunda vez que Al-Jubeir se reunía con Rove; la primera ocurrió tres
meses después
de los
ataques del 11-S.
El analista Wayne Madsen,
en septiembre de 2001, acusó a Rove de haber aprovechado los atentados contra las Torres Gemelas para
eliminar al político libanés Elie Hobeika, quien se encontraba
investigando evidencias que demostraban que el primer ministro israelí, Ariel Sharon, autorizó la
masacre de cientos de hombres, mujeres y niños palestinos, en los campos de Sabra y Shatila, en 1982.
En
su libro Cuba Confidencial: Amor y Venganza en Miami y La Habana, a fines
de 2001, Ann Loiuse Bardach dio a conocer el apoyo de Rove a los sectores
anticastristas de la mafia cubano americana, principalmente al sector liderado
por Otto Reich. Bardach señaló que Rove "ha pedido al presidente
que complazca a los de la "línea dura" como pago por su victoria electoral y por la de su hermano".
Del cerebro de Rove surgió la
idea de atacar a Chávez como "violador de derechos humanos" y
"narcoterrorista" y de amenazar con invasiones permanentes a
Cuba, como estrategia para conseguir el voto de los electores
cubano-americanos.
Según los que lo conocen,
y desde la posición privilegiada que hoy ocupa en la Casa
Blanca, Rove está convencido de que su “misión” más
importante todavía está por venir en su
relación de 32 años con George W. Bush.
Nadie todavía pudo averiguar de que se
trata esa misión con que sueña el hombre que "siempre tiene un plan".
Algunos sitúan esa misión "por venir" por el lado
de la "propagandización" de los ataques militares a Siria y a Irán.
En definitiva, Karl Rove siempre se encargó de
"vender al mundo" los sueños de Bush.
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