Bush hizo el anuncio
de su posible "pase" al BM en una rueda de prensa en la Casa Blanca. En
realidad no hizo una presentación, sino que respondía a una pregunta cuando
aseguró que "Paul (Wolfowitz) será un gran presidente del Banco Mundial".
"Es un hombre de mucha experiencia.
Ha manejado grandes organizaciones. El Departamento de Defensa es una gran
organización, el Banco Mundial es una gran organización", señaló
el jefe de la Casa Blanca.
Bush también habló del trabajo de
Wolfowitz como embajador en Indonesia (1986-1989).
"Es un hombre compasivo y decente,
muy comprometido con el tema del desarrollo y por eso lo propongo", afirmó Bush
ante los periodistas.
El BM tiene una
cartera de préstamos de unos US$ 20.000 millones
anuales, maneja una plantilla de 10.000 empleados distribuidos en
oficinas en más de 100 países.
Antes de ser confirmado, Wolfowitz
debería recibir el apoyo de los 184 países que integran la mayor organización
bancaria del mundo, un proceso que normalmente es sólo un trámite.
Tradicionalmente, EEUU nombra al jefe
del Banco Mundial, mientras que los europeos seleccionan al presidente del Fondo
Monetario Internacional.
Pero por la naturaleza del trabajo
que ha desarrollado desde el Pentágono, Wolfowitz es una figura polémica, y
según muchos observadores, no goza de buena imagen entre muchos países
europeos.
El cerebro del lobby judío
Desde
hace tres décadas, Paul Wolfowitz participa en
casi todos los gabinetes civiles del Pentágono. Discípulo
de Leo Strauss, comanda un grupo de expertos pro-israelíes
quienes justifican el uso de la guerra para
"extender la democracia de libre mercado"
a todo el planeta.
Se dice que de su cerebro
y de la pluma de Condoleezza Rice
ha salido, tras el 11-S, la doctrina de la "guerra preventiva" que
justifica las intervenciones militares y
la intimidación a los países considerados "dictatoriales" o
"terroristas", generalmente ricos en petróleo o en algún otro recurso
estratégico.
Convertido en una figura clave de los
neoconservadores, es reclutado por George W. Bush (hijo) en el otoño de 1998,
con el fin de servirle de asistente en las cuestiones de política
exterior, al lado de una personalidad muy cercana al entonces candidato
republicano, Condoleezza Rice.
Por entonces integra un
equipo especializado en relaciones
internacionales que está compuesto
además por ocho miembros: Rice y Wolfowitz, naturalmente, pero
también Richard Armitage, Richard Perle, Dov Zakheim , Stephen Hadley, Robert
Blackwill y Robert Zoellick.
Al mismo tiempo se crea un segundo equipo durante
la segunda campaña de George W. Bush (hijo), conducido por Rumsfeld, con el
objetivo de promover el proyecto del escudo antimisiles, en el que
participan Rice, Wolfowitz, Hadley y Perle, pero también otras
personalidades externas como George Schultz o Martin Anderson.
En la actualidad
Wolfowitz
lidera un grupo
de funcionarios y tecnócratas de la derecha fundamentalista, en cuyas manos está
el diseño y la ejecución de la política militar norteamericana.
La
mayoría
de estos expertos y tecnócratas que manejan las estructuras
estratégicas del Pentágono
provienen
principalmente del lobby sionista
de Israel, la derecha
cristiana, los think-tanks, las
fundaciones y los grandes consorcios mediáticos -diarios
y cadenas televisivas y radiales- que integran la logia
empresarial contratista del Complejo Militar Industrial.
El
lobby, dirigido políticamente desde la Casa Blanca
por el vicepresidente Dick Cheney, y liderado en la secretaría de Defensa
por su titular, Donald Rumsfeld, representa en esencia el interés
de las armamentistas, las petroleras
y los consorcios de servicios que operan
contratos millonarios con el Pentágono
estadounidense.
Las teorías
conspirativas sobre Bin Laden y el "terrorismo amenazante" que sirvieron
para justificar la invasión a Afganistán tras el 11-S, y luego la invasión a
Irak, fueron elaboradas por
Wolfowitz
y su equipo de tecnócrtas en la OSP,
en vinculación directa con el equipo conducido por la asesora en Seguridad
Nacional de Bush, Condoleezza Rice, que compone junto con Cheney y Powell
la primera línea de influencia en la Casa Blanca.
Desde allí el lobby construyó
las principales teorías legitimadoras de la nueva invasión a Irak en base a
informes falsos
como lo fue, por ejemplo, la información provista a Bush sobre las armas
químicas de Saddam, y sus presuntas vinculaciones con la organización Al Qaeda
de Bin Laden.
Experiencia que le valió
el
mote de "fabrica de
mentiras" con que
se conoce a esta oficina invisible del lobby en el Pentágono.
Actualmente
Paul
Wolfowitz y
Donald
Rumsfeld,
ha incrementado su presión sobre la Casa Blanca para que
ordene acciones militares puntuales contra Siria, básicamente
bombardeos "selectivos" como los realizados en Irak antes de la invasión.
El lobby impulsa abiertamente la
intervención militar en todo el mapa de Medio Oriente para eliminar "la
amenaza árabe a Israel", y sostiene que Israel y
Turquía son los únicos verdaderos Estados-naciones de la región y han estado
pronosticando la desintegración de algunos Estados árabes desde la primera
Guerra del Golfo.
La desmembración de Siria e
Irak en regiones determinadas, en
base a criterios étnicos o religiosos, es un objetivo
prioritario para Israel, y la primera etapa de este
proceso pasa por la destrucción del poderío militar de dichos estados
y de los grupos de resistencia islámicos que hoy
desestabilizan la ocupación militar de Irak.
Su "biblia"
funcional se condensa en un documento del año1996 titulado "Un cambio nítido:
una nueva estrategia para asegurar el territorio nacional," escrito por
el
grupo JINSA para aconsejar al entonces primer ministro entrante israelí
Benjamin Netanyahu.
Este documento abreva en las raíces de la "teoría de los bolos" del
Oriente Medio, según la cual un golpe dirigido contra Irak podría derribar
varios regímenes árabes del Medio Oriente.
La misma teoría la repiten ahora poniendo en el centro a Siria y a las
organizaciones radicalizadas
árabes que combaten a la ocupación militar de EE.UU.
en Irak.
Las ideas
fuerza de "democratizar" a Irán y Siria "cierran" con
el plan madre del sionismo judeo-norteamericano de Washington fogoneado por la
troyka de expertos comandada por el segundo de Defensa,
Paúl Wolfowitz.
Después de planificar la
invasión a Afganistán (bajo el pretexto de destruir a la red "Al Qaeda"), y
de la ocupación militar de Irak (bajo el pretexto de terminar con las
armas de destrucción masiva de Saddam Hussein)
Wolfowitz y
los halcones norteamericanos,
fortificados por la reelección de Bush, y contando con la sumisión de Europa y
de Rusia a la "guerra contraterrorista", han puesto la mira en tres países
claves: Siria, Líbano e Irán.
El grupo de halcones militares y civiles pro-Israel
planificó la invasión a Irak a partir de un principio sustentado en la
"teoría de los bolos"
del Oriente Medio, según la cual un golpe dirigido
contra Irak
podría derribar varios regímenes árabes del Medio
Oriente.
Como
ese principio fracasó en Irak, la misma teoría la repiten ahora poniendo
en el centro a Siria,
y con la mira puesta en el resto de los países agendados
como "blancos" del Pentágono en el segundo mandato de
Bush, caso de Irán, el otro objetivo estratégico de gran
envergadura a conseguir por los halcones.
El plan, bautizado como proyecto de "remodelación
del Medio Oriente", fue
reafirmado por el presidente George W. Bush en su discurso de
asunción del segundo mandato,
el 20 de enero pasado.
Para
precisar el nuevo contexto, el
jefe de la Casa Blanca recordó, en su alocución,
los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, como
"un día de fuego", y añadió: "nuestro deber no está definido
por las palabras que uso, sino por la historia que hemos visto juntos".
"La mejor esperanza para la paz en nuestro mundo reside en la
expansión de la libertad en todo el Planeta", afirmó Bush
dejando en claro que la política exterior iniciada tras el 11-S seguirá inconmovible y con más fuerza con
la halcona negra, Condoleezza Rice, al frente del Departamento de Estado.
El discurso de Bush no hacia otra cosa que
"reciclar" con palabras
aggiornadas el
proyecto de
"remodelación
del Medio Oriente", ahora vestido de
cruzada libertadora contra el terrorismo y las "tiranías del mundo".
El gobierno sirio, según el decálogo
bushiano de la Casa Blanca, cumple acabadamente con el modelo: es un régimen
"dictatorial" que protege y promueve al "terrorismo".
La
Operación Siria, pieza maestra del plan, busca como objetivo
estratégico afianzar el control de las reservas
energéticas en el Medio Oriente y en los Estados del
Golfo, asegurar una base de control geopolítico-militar con
proyección al Asia, y seguir con las conquistas de
nuevos mercados, apoyándose en el poder
nuclear-militar de Israel a nivel regional.
El posible nombramiento de
Wolfowitz al frente del Banco Mundial, sorprendió a los
analistas. La mayoría coincide en qué difícilmente el lobby del Pentágono
y las empresas contratistas puedan prescindir de los servicios del cerebro del
grupo en las operaciones que se avecinan.
No obstante,
abren un
interrogante a la espera de la
decisión final de
Bush sobre el
destino de Wolfowitz.