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(IAR-Noticias) 05-May-05
La organización especializada Freedom House,
destaca que a pesar de que cierta leyenda convencional indica que los medios
estadounidenses son los "más libres del mundo", la libertad de prensa en este país ha sufrido
”destacables
retrocesos” en la materia.
Jeff Gannon, el falso reportero de la Casa Blanca
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A su vez, medios de comunicación,
analistas y activistas estadounidenses advierten que la libertad de prensa cotiza
en baja en EEUU sumergida por una ola gubernamental de secretismo y propaganda,
En marzo pasado más de
50 organizaciones periodísticas de EEUU se sumaron a la "Semana de la Luz",
una campaña cuyo objetivo es
luchar contra el "secretismo informativo" de la administración republicana
de George W. Bush.
"El secretismo que ha rodeado a los prisioneros de Guantánamo -base militar
estadounidense en Cuba- y los problemas para documentar los abusos en Abu Graib
-prisión en Irak-" ejemplifican, segúún Theresa Medoff, presidenta de la
Asociación de la Prensa de Delaware, los nuevos tiempos que corren.
Los periodistas estadounidenses, a
trtavés de sus asociaciones, se quejan de que el acceso a la información gubernamental, se ha convertido en una carrera
cada vez más llena de obstáculos.
Tehresa
Medoff de la APD ha explicado que la política de acceso informativo de EEUU sufrió un
lamentable giro tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.
"Antes del 11-S, la información gubernamental era accesible, a menos que
existiese un buen motivo para mantenerla en secreto", apuntó Medoff, a lo que
añadió que "ahora la información gubernamental es secreta, a menos que se
demuestre lo contrario".
La gravedad de la situación ha llevado a Tom Curley, presidente de la agencia de
noticias Associated Press, a afirmar que "el Gobierno Bush ha revocado el
espíritu de libertad de información en EEUU".
"Con la excusa de la seguridad y la amenaza terrorista cada vez hay menos
información disponible", señaló Michelle Rea, directora de la Asociación de
la Prensa de Nueva York.
Lidiar con el secretismo en boga exige unos nervios de hierro, según Dave Warner,
quien fracasó en su intento de obtener información sobre las actividades del
vicepresidente Dick Cheney al frente del Grupo Nacional de Trabajo sobre
Política Energética.
Según un informe de los profesores Bill Chamberlin y Joel Campbell
de la Universidad de Florida, el secretismo ha impregnado los distintos estratos
públicos.
El estudio indica que Carolina del Norte, Florida, Michigan e Indiana son los
estados que hacen la vida más fácil a los ciudadanos en busca de información
gubernamental. En el otro extremo se sitúan Alaska, Dakota del Sur, Arizona y
Wyoming, los estados que han salido peor parados en el informe.
En general, el estudio demuestra que "los estados están haciendo menos de lo que
podrían a la hora de facilitar el acceso a la información", ha afirmado
Chamberlin.
El informe de Freedom House
Freedom House, institución con sede en Nueva York, indicó,
divulgó su informe anual en
vísperas del Día Internacional de la Libertad de Prensa, que se celebró el
martes, en el que se señala los periodistas que en 2004 trabajaron con menos
trabas a la información fueron
los de Finlandia, Islandia y Suecia.
En cambio, las peores restricciones se registraron en Corea del Norte, Birmania,
Cuba y Turkmenistán.
Estados Unidos se posicionó, junto con Barbados, Canadá, Dominica, Estonia y
Letonia, en el lugar 25 entre los 194 países analizados en el informe.
Los países -según la organización- fueron calificados de acuerdo con la observación de tres parámetros:
el ámbito legal en que operan los medios, las influencias políticas sobre el
reportaje periodístico y el acceso a la información, y las presiones económicas
para determinar el contenido y la divulgación de noticias.
Freedom House consideró que la calificación de Estados Unidos cayó, en parte,
debido a ”varios casos legales en que los fiscales procuraron obligar a los
periodistas a revelar sus fuentes o entregar sus notas u otros materiales
recogidos por ellos en el curso de investigaciones”.
Se señala el caso de Judith Miller, de The New York Times, y Matthew Cooper, de la revista
Time, quienes se han arriesgado a condenas de prisión por negarse a
identificar a sus fuentes de reportajes que derivaron en la identificación
pública de una agente secreta de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
Ni Miller ni Cooper escribieron informes para sus publicaciones por el caso,
pero el columnista Robert Novak identificó a la agente. De todos modos,
Los fiscales exigieron a esos dos periodistas que entregaran toda la información
que poseían.
Miller y Cooper perdieron sus casos en los tribunales de primera instancia en
que se trató el tema, y ahora elevarán sus alegatos a la Corte Suprema de
Justicia.
Desinformación y manipulación

A esta cada vez mayor restricción
a las fuentes y a la libertad de informar que vienen padeciendo los periodistas
estadounidenses, se suma la cada vez mayor desinformación y manipulación de
noticias oficiales que realiza la Casa Blanca.
A fines de marzo varias organizaciones de
Prensa denunciaron que en la Casa Blanca existe un sistema
organizado de desinformación y manipulación de noticias
financiado con fondos públicos de EEUU.
Los
periodistas y
sus organizaciones comenzaron a desentrañar una trama
de "divulgadores de noticias oficiales" cuyas redes se
integran con medios y columnistas conocidos que cobran
altas cifras en dólares para difundir masivamente la "cara
positiva" del gobierno de Bush.
Por otra parte, las dudas sobre la influencia gubernamental sobre los medios
se multiplicaron cuando se supo que el gobierno de George W. Bush pagaba a periodistas
para que respaldaran desde sus espacios posiciones oficiales sin aclarar que
eran empleados encubiertos de Washington.
En
febrero pasado un escándalo promovido por un falso
reportero excesivamente "condescendiente" con el
presidente puso al
descubierto un sistema de corrupción imperante en la Casa
Blanca, donde periodistas y medios son sobornados para favorecer a
las políticas de Bush.
A mitad de marzo más de
50 organizaciones periodísticas de EEUU se sumaron a
una campaña cuyo objetivo era luchar contra el
"secretismo informativo" de la administración republicana
de George W. Bush.
Esos mismos periodistas y
organizaciones denunciaron que la Casa Blanca utiliza fondos
públicos para producir ”noticias” falsas
o manipuladas, y distribuirlas entre los medios de comunicación, a pesar
de las crecientes críticas de organizaciones de defensa de la libertad de
prensa.
Luego se descubrió el gobierno de George W. Bush le pagó 240.000 dólares a un
columnista negro, Armstrong Williams, para que promoviera un plan educativo
oficial en su programa de televisión, difundido en todo el país, y en su columna
publicada en una cadena de periódicos.
Williams, que pidió disculpas públicamente por no haber advertido el conflicto
de intereses, también tuvo la misión de convencer a otros periodistas negros de
participar en su cruzada.
Otros dos periodistas famosos, Maggie Gallagher y Michael
McManus, también admitieron haber aceptado miles de dólares para manifestar
desde sus tribunas su adhesión a diversos programas gubernamentales.
Otros comunicadores conocidos masivamente en todo el país confesaron haber aceptado miles de
dólares para mostrar su complacencia con los programas de gobierno.
Steven Aftergood, del Proyecto sobre Secretismo Gubernamental de la Federación
de Científicos de Estados Unidos, consideró que el ”apoyo clandestino de
comentaristas” y la difusión de paquetes de noticias en vídeo ”refuerza las
sospechas en que lo que hoy pasa por noticia es, en realidad, comprado y
pagado”.
Periodistas, activistas y expertos se han
rebelado contra lo que consideran la
"propagación encubierta de propaganda" por
parte de agencias gubernamentales o de usinas privadas que pasan
por "medios independientes".
La piedra del
escándalo había saltado en enero con el llamado "periodista topo de Bush",
Jeff
Gannon, quien era un periodista "afortunado" que en
repetidas ocasiones conseguía el privilegio de preguntar en la Casa Blanca
(pasando por sobre
el resto de sus colegas) y que en repetidas
ocasiones desvió preguntas incómodas dirigidas al presidente.
A esa metodología desinformativa se suma
el retaceo de acceso a la
información a los medios y
periodistas que no integran la troyka de divulgadores de "noticias oficiales"
rentados de la Casa Blanca.
Por otra parte, más de 20 diferentes agencias federales emplearon fondos
fiscales para producir segmentos televisivos en que se promocionó las políticas
del gobierno de Bush.
Esos vídeos han sido emitidos por cientos de emisoras locales que no revelaron
sus fuentes, lo que alienta a los televidentes a creer que presencian noticias
genuinas, según Freedom House.
La Contraloría General de Estados Unidos, agencia que opera de manera
independiente dentro del Poder Legislativo, consideró que los denominados
”paquetes de noticias” producidos por organismos del gobierno constituían
”propaganda encubierta”.
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