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(IAR-Noticias) 09-May-05
El autor del libro,
Norman G. Finkelstein, no oculta su indignación por el modo en el que el
genocidio nazi ha sido explotado y convertido en una "industria".

Considera que extraer dinero en el
nombre de las victimas judías del Holocausto, reduce su martirio a una especie
de casino de Montecarlo. Finkelstein es un judío, nacido en Brooklyn, Nueva York.
Sus padres fueron los únicos miembros
de la familia que sobrevivieron al guetto de Varsovia y a los campos nazis. Su
interés en el holocausto judío es, pues, próximo.
Finkelstein se muestra también indignado por el modo en que el holocausto "ha
sido utilizado para justificar las criminales políticas de Israel y el apoyo de
EEUU a tales políticas".
Es interesante comprobar como
de ser "un tema tabú" para las elites judías norteamericanas hasta finales de
los años cincuenta, la Solución Final se convirtió en una industria a mediados
de los años sesenta cuando el holocausto nazi fue "descubierto" por dichas
elites y convertido en el Holocausto (con letra mayúscula). En su libro.
Finkelstein habla acerca de aquella notable transformación.
En 1957, 12 años después de finalizar la Segunda Guerra Mundial, el sociólogo
Nathan Glazer llevó a cabo una encuesta y averiguó que "la Solución Final
nazi había tenido efectos poco notables en la vida interior de la comunidad
judía norteamericana".
Esta situación se mantuvo en 1961, cuando un simposio sobre conciencia judía
ignoró completamente este tema. Las principales organizaciones judías se oponían
en aquel entonces al recuerdo del holocausto nazi, ya que el hurgar en el pasado
podía suponer complicaciones.
En ese tiempo las elites judías de
EEUU estaban intentando ganar influencia y poder dentro del sistema.
De este modo "se adhirieron
estrechamente a la política oficial norteamericana". Alemania Occidental era
entonces un estrecho aliado de EE.UU. en guerra fría y el liderazgo judío
norteamericano escogió olvidar el holocausto.
Mas aún, el Congreso Mundial Judío y
la Liga Anti-difamación ayudaron a contener la "ola anti-alemana" que imperaba
entre los judíos norteamericanos. Así, aunque una minoría de judíos de izquierda
hablaban acerca de la persecución nazi, las principales organizaciones judías
ignoraron estas afirmaciones, que eran consideradas "propias de la causa
comunista", y buscaron distanciarse de ellas.
Por el contrario, estas
organizaciones dirigieron sus criticas contra Rusia y denunciaron el
"tradicional antisemitismo ruso". Los lideres judíos deseaban congraciarse con
la política oficial estadounidense y probar que eran norteamericanos leales y
anticomunistas.
Durante la crisis de Suez de 1956, cuando el entonces presidente
Eisenhower obligó a Israel a retirarse del Sinaí, "la actitud de los lideres
judíos de EE.UU. fue la de aconsejar a Israel que se plegara a los deseos de
Eisenhower". EE.UU. era el líder y los judíos norteamericanos sus leales
seguidores.
Todo comenzó a cambiar tras la guerra de junio de 1967. Impresionado por la
victoria Israelí "EEUU decidió incorporar a Israel a su esquema estratégico". De
repente, los judíos norteamericanos "descubrieron a Israel" y "recordaron el
holocausto".

La industria que surgió en junio de
1967 creció tras la guerra de Octubre de 1973, no solo a causa del revés
Israelí, sino también por la certidumbre de que la devolución de las tierras
egipcias capturadas en 1967 no podría ser evitada.
"El poder judío en EE.UU. alcanzó su punto mas álgido en aquellos años", según
Filkenstein. El novelista judío norteamericano Philip Roth afirmó entonces que
los niños judíos no heredaban "un cuerpo de leyes, un idioma o una religión",
sino "un estado psicológico que podía resumirse en una frase: los judíos son
mejores".
Para estos "mejores" judíos, el Holocausto sirvió como una excusa para
"deslegitimar cualquier critica contra los judíos" y para "respaldar la
pretensión de los judíos de ser un pueblo elegido". Una vez que esto se logro,
la industria del Holocausto comenzó a buscar fines económicos y a recaudar
dinero. ¿Como se logro hacer esto? Los suizos fueron "puestos de rodillas"
mediante "una desvergonzada campana de vilipendio".
Después le tocó el turno a Alemania. Las empresas privadas alemanas hicieron
frente a varias acciones legales en agosto de 1998 y hacia finales de ese año,
los alemanes habían accedido a constituir un fondo de 5.100 millones de dólares
Para atender a las demandas de los "trabajadores esclavos" de la era nazi.
Las empresas alemanas decidieron
capitular tras comprobar "cuan irresistible podía ser una pretensión que
utilizara el Holocausto como fundamento". La industria del Holocausto tiene
en la actualidad en su punto de mira a otros países como Austria u otros del
antigua bloque soviético (que dicho sea de paso fueron también victimas de la
agresión nazi). Los responsables políticos polacos temen que una reclamación de
este tipo "podría poner al país en una situación de bancarrota”.
¿Quien es un "superviviente del Holocausto"? Definidos como "aquellos que
sufrieron el trauma de los guetos judíos , los campos de concentración y los
campos de mano de obra esclava" el numero do judíos que sobrevivieron a la
guerra fue calculado en unos 100.000.
Sin embargo. dado que el gobierno
alemán pagaba dinero a los supervivientes, "muchos judíos fabricaron un
pasado falso" para recibir el dinero, según Filkenstein.
Stuart Eizenstat, jefe de la
delegación norteamericana en las negociaciones sobre el trabajo esclavo en
Alemania, en mayo de 1999, señalo el numero de judíos y no judíos supervivientes
era de "unos 70.000 a 90.000 personas".
Sin embargo, según la oficina del
primer ministro Israelí, "el numero de superviviente vivos del Holocausto se
acerca al millón". La definición ha sido ahora extendida para incluir también a
"los que lograron huir de los nazis". Así por ejemplo, mas de 100.000
judíos polacos que se refugiaron en la Unión Soviética, podrían incluirse aquí.
Estas cifras "revisadas" son útiles por dos razones. Por un lado, suponen
"nuevas reclamaciones masivas en demanda de reparaciones". Además, Filkenstein
dice en su libro que esto permite a las organizaciones encargadas de la
restitución conservar e invertir los fondos obtenidos, ya que la gran mayoría de
"supervivientes" es irreal.
La ironía de esto es que las
cifras de supervivientes del holocausto crece sin cesar en lugar de
disminuir. "Una forma de negar el holocausto", en palabras de Filkenstein.
Si el método de recolección de fondos fue bastante vulgar, no menos escandalosa
fue la distribución de los fondos obtenidos. Filkenstein da varios ejemplos de
ello. En diciembre de 1999, dos años después de que los suizos accedieran a la
entrega de 1.250 millones de dólares, menos de la mitad de los 200 millones del
Fondo Especial para las Victimas Necesitadas del Holocausto, establecido en
febrero de 1997, había sido distribuido entre las victimas.
Y mientras unos 7.000 millones de dólares destinados a las compensaciones
permanecían en poder del Congreso Mundial Judío, la Conferencia de Reclamaciones
estaba pidiendo que una gran parte del dinero fuera apartada para su propio
"fondo especial".
Por otro lado, el Rabino Israel Singer de la Organización de Restitución Mundial
Judía se opuso a entregar cantidad alguna a los supervivientes del holocausto y,
en su lugar, propuso que el dinero de las compensaciones fuera destinado a
"paliar las necesidades de todo el pueblo judío, y no las de aquellos judíos que
fueron lo bastante afortunados para sobrevivir al Holocausto y vivir hasta una
edad avanzada" (!).
El Congreso Mundial Judío quiere que casi la mitad del dinero entregado como
compensación por los suizos sea reservado para las organizaciones judías y la
"educación en el Holocausto".
El Centro Simón Weisenthal dice que si se da dinero a "algunas organizaciones
judías que sean merecedoras de ello", una parte de él "debería ir a los centros
educativos judíos". Del mismo modo, las organizaciones reformistas y ortodoxas
(dos ramas del judaísmo) afirman que "los millones de judíos muertos habrían
preferido que su rama del judaísmo fuera la beneficiaria financiera" .
Además, el personal de estas organizaciones. las celebridades implicadas y los
abogados están haciendo su propio agosto con estos temas. Así por ejemplo, el
secretario ejecutivo de la Conferencia de Reclamaciones, Saul Kagan, recibe un
salario anual de 105.000 dólares (unos 19 millones de pesetas).
El antiguo senador por Nueva York (y
uno de los autores de la ley que penaliza las inversiones extranjeras en Irán y
Libia), Alfonse D'Amato, que participó en las demandas contra bancos alemanes y
austriacos, recibió pluses de 350 dólares por hora. En los primeros seis meses
estos ingresos ascendieron a 103.000 dólares.
El antiguo secretario de Estado en la época del presidente George Bush, Lawrence
Eagleburger, que preside en la actualidad la Comisión Internacional de
Reclamaciones por el Holocausto, recibe un salario anual de 300.000 dólares
(unos 54 millones de pesetas).
El autor y Premio Nóbel Elie Wiesel recibe unos 25.000 dólares (unos 4, 5
millones de pesetas) por pronunciar conferencias acerca del Holocausto. Lo que
el dice acerca del Holocausto es, sin embargo, mas interesante que sus ingresos.
Según el, el Holocausto es un "misterio".
Se sitúa "fuera, sino mas allá de la
Historia", "desafía el conocimiento y la descripción", "no puede ser explicado
ni visualizado", "no puede ser comprendido ni transmitido", "marca una
destrucción de la historia" y "una mutación a escala cósmica". En resumen,
"no es comunicable": "no podemos ni siquiera hablar acerca de el". De este
modo habla Elie Wiesel acerca del Holocausto.
No es sorprendente, pues, que el miembro de la Knesset israelí, Michael Kleiner
llamara a la Conferencia de Reclamaciones "una organización deshonesta, que se
conduce con secreto profesional y manchada por la corrupción moral".

"Es un cuerpo de oscuridad", añadió,
"que esta maltratando a los supervivientes del Holocausto judío y a sus
herederos, mientras que se asienta sobre una enorme cantidad de dinero que
pertenece a individuos privados. Sin embargo, esta haciendo todo para heredar el
dinero aunque ellos están todavía vivos".
El holocausto judío ha producido un considerable impacto en EE.UU.. Hasta
mediados de los años sesenta el holocausto judío apenas era mencionado en este
país, pero hoy muchos más norteamericanos han oído hablar del holocausto
mucho más que de Pearl Harbor o el lanzamiento de las bombas atómicas sobre
Hiroshima o Nagasaki.
Las universidades tienen cátedras
para el estudio del Holocausto y 17 estados requieren o recomiendan que las
escuelas desarrollen programas sobre él.
The New York Times raramente deja pasar un día sin publicar alguna
historia relacionada con el Holocausto y el numero de estudios referidos a este
tema se estiman en mas de 10.000.
Filkenstein contrasta esto con la
muerte de 10 millones de congoleños que perecieron entre los años 1891 y 1911
a manos de los colonialistas europeos, que deseaban apoderarse de los recursos
de marfil y caucho del Congo. El primer estudio acerca de este holocausto
congoleño apareció solo en 1998 y no recibió un gran eco informativo.
Mas contradicciones: Pocos presidentes norteamericanos dejan de mencionar la
maldad que supuso el Holocausto judío. Sin embargo, ellos olvidan su propio
pasado de genocidios contra los pueblos de Guatemala, Vietnam, Afganistán o
Irak, por poner solo algunos ejemplos.
Cuando se le preguntó a la
ex-secretaria de Estado Madeleine Albright acerca del sufrimiento del pueblo de
Irak a causa de las sanciones, ella manifestó que "la elección era dura, pero el
precio merecía la pena" con el fin de conseguir sus objetivo.
Del mismo modo, el presidente Jimmy Carter invocó el Holocausto cuando se
refirió al llamado boat People de Vietnam (es decir aquellos vietnamitas que
abandonaron Vietnam en barco para huir del régimen comunista), pero olvidó
mencionar al Holocausto para hablar del boat people haitiano, que huía de los
escuadrones de la muerte de su país.
El impacto mas significativo del holocausto nazi ha sido, sin embargo, la
cuestión Palestina. Los sionistas norteamericanos han explotado la
persecución nazi contra los judíos pare acallar cualquier critica contra
Israel y sus políticas moralmente indefendibles. Esta tesis pro-israelí ha
calado en las elites norteamericanas.
Esta alianza entre esta elite y lo, judíos sionistas se debe más al oportunismo
que al altruismo. Finkelstein cree que "cuando esta elites decidan que Israel es
una carga onerosa o que los judíos estadounidenses ya no son necesarios para sus
intereses, el lazo se romperá", “si Israel perdiera el favor de EE.UU., muchas
de estos lideres (judíos) qué ahora defienden tenazmente a Israel denunciarían
públicamente al Estado Israelí y a los judíos norteamericanos par haber
convertido a Israel en una religión.
Y si las elites norteamericanas
decidieran atacar a los judíos norteamericanos por convertir a Israel en una
religión, no deberíamos sorprendernos si los lideres judíos de este país
actuaran exactamente coma hicieron sus predecesores durante el holocausto nazi",
señala Filkenstein.
El menciona en concreto a Yithak
Zuckerman, uno de los organizadores de la insurrección del gueto de Varsovia en
1943, que afirmó: "Los judíos llevan a los judíos a la muerte".
Filkenstein afirma pretender
"restaurar el holocausto nazi coma un tema racional de investigación",
puesto que "solo así será posible aprender de él". En lo que se refiere a los
fallecidos, el más noble gesto seria, según el autor, "preservar su memoria,
aprender de su sufrimiento y dejarlos, finalmente, descansar en paz".
El libro de Filkenstein ha tenido una interesente acogida en EEUU: un silencio
casi total el EEUU (solo dos párrafos en The Chicago Sunday Times) y en el Reino
Unido ha habido una respuesta similar.
El gran valor de esta obra descansa,
sin embargo, en la separación que el autor establece entre el verdadero
holocausto judío, y la desvergonzada explotación que de él han hecho algunos
círculos sionistas.
Fuente: Musulmanes Andaluces (http://www.musulmanesandaluces.org) /
Palestina
Libre” (members.tripod.com/palestinalibre)
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