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(IAR-Noticias)
03-Jun-05
Después
de 32 años, finalmente se supo que Mark Felt, ex funcionario del FBI, era
la Garganta Profunda que “destapó” el escándalo Watergate bajo la presidencia de
Richard Nixon. John O’Connor, de la revista Vanity Fair, definió el caso
como “el más grande misterio sin resolver para el periodismo moderno”,
protagonizado por “la persona anónima más famosa en la historia de Estados
Unidos”.
Los nombres de Bob Woodward y
Carl Bernstein, los reporteros del Washington Post que en 1972 salieron
del anonimato, vuelven a ser noticia. En segundo plano, se menciona a Ben
Bradlee, director del diario entre 1968 y 1991. En un discreto tercer lugar,
reaparece el nombre de Katherine Graham, su propietaria, fallecida el 17
de julio de 2001.
Sin embargo, detrás de todo este
alboroto hay otra historia oculta mucho más antigua y compleja. Se trata
del vínculo de los dueños del Washington Post con uno de los más influyentes
grupos económicos internacionales, un poder en las sombras que algunos ya
definen como “gobierno global”.
Ante esto, el caso Watergate y
Garganta Profunda constituyen una anécdota.
Los Meyer
Graham
es el apellido de casada de Katherine Meyer. Era hija de Eugene Meyer, un
especulador que llegó a ser líder de los banqueros demócratas bajo el gobierno
de Franklin D. Roosevelt.
Meyer fue agente en Estados Unidos
del banco francés Lazard Frères, lo que le permitía estar en contacto con las
altas finanzas internacionales, como la banca Rothschild, Kuhn-Loeb
Company, Warburg Company, Lehman Brothers, Goldman Sachs, J.P. Morgan y la
familia Roosevelt.
Hoy, pocos recuerdan que Meyer fue el
primer presidente del Banco Mundial en 1947.
Katherine Meyer Graham también heredó
todos estos vínculos. En la década de los 60, ingresó al Club Bilderberg,
un aparentemente inofensivo grupo que oculta a una de las redes internacionales
más herméticas de control financiero por encima de fronteras, bancos
locales y gobiernos.
Misiones de "rescate"
Cuando Estados Unidos decide
participar en la Primera Guerra Mundial, debe movilizar la economía nacional a
su favor. El Departamento del Tesoro recomienda crear una agencia gubernamental
de préstamos. En abril de 1918, nace la Corporación de Finanzas de Guerra (CFG),
con autoridad para prestar hasta tres mil millones de dólares mediante la
emisión de bonos. Eugene Meyer es el director administrativo.
En los seis meses que opera, la CFG
presta cerca de 71 millones de dólares a empresas productoras de artículos de
consumo y firmas financieras que dan préstamos aprobados por el gobierno.
Cuando el conflicto termina, Meyer no
quiere que la corporación se disuelva. Aunque ya no existe su justificación
original, decide continuar con su misión de rescate financiero “todo propósito”
y propone usar a la CFG para subvencionar las exportaciones
estadounidenses a Europa. En marzo de 1919 impulsa en el Congreso una ley que
autoriza el gasto de mil millones con este propósito. Cuando un año después esa
ley llega a su fin, renuncia a la CFG.
Meyer regresa a finales de 1920,
apoyado por banqueros y empresarios preocupados por dificultades en la economía
agrícola. Gestiona en el Congreso el reflotamiento de la CFG y logra que el
Tesoro le suministre fondos.
En tiempo de paz, la Corporación de
Finanzas de Guerra otorga préstamos para solventar exportaciones. En esta etapa,
que dura hasta enero de 1925, presta unos 300 millones de dólares a cooperativas
agrícolas y bancos rurales
En octubre de 1929 estalla el
crack de la bolsa en Wall Street, que inicia la etapa conocida como Gran
Depresión. El Presidente Herbert Hoover llama a Meyer en enero de 1932 para
idear un plan de rescate para los bancos. Así nace la Comisión para la
Reconstrucción Financiera (CRF).
El presidente de la junta de
directores del nuevo organismo es Meyer.
El Tesoro suministra 500 millones de
dólares a la comisión y el Congreso la autoriza a endeudarse por mil 500
millones. A los seis meses, esa cantidad aumenta al doble.
Una década después, la RFC es “la
mayor corporación de los Estados Unidos y la organización bancaria más variada
del mundo”, según Jesse H. Jones, quien fue su presidente de 1933 a 1945.
Ante las quejas de corrupción y favoritismo político, la RFC fue disuelta en
1953.
Herencia macabra
Eugene
Meyer ya era millonario pero encuentra un tiempito libre para operar en favor
del banco Lazard Frères, de París, fundado en 1876.
A 129 años de su creación, esta casa
tiene filiales en Londres y Nueva York. Se especializa en fusiones y
adquisiciones, financiación de proyectos y privatizaciones. En los años 90,
efectuó más de 200 operaciones de reestructuración de deudas de empresas, por un
monto total de casi 300 mil millones de dólares.
Lazard Frères también tiene
experiencia en asesorar a gobiernos deudores. En 2003 se convierte en
consultora para la refinanciación de la deuda pública argentina (52 mil millones
de dólares). Por la “asistencia” en la renegociación con acreedores privados,
cobra 190 mil dólares mensuales.
En 1933, el magnate compra en una
subasta el Washington Post, un modesto periódico fundado en 1877 que estaba
en bancarrota a consecuencia de la Gran Depresión.
Cuando en marzo de 1946 nace el
Banco Mundial, Meyer es nombrado presidente. Renuncia menos de seis meses
después.
Ese año, el hombre de negocios coloca a su yerno Philip Graham como editor
general del Washington Post. El esposo de su hija Katherine era un encantador
abogado que cuando se casó no tenía un centavo.
Graham se suicida en 1963 y ella se
encuentra con la mayoría absoluta del capital del diario, de la revista
Newsweek y el 50 por ciento del International Herald Tribune.
Un Club Privado
En 1997,
Katherine Meyer Graham
publica Personal History, una autobiografía de más de 600 páginas, que al año
siguiente gana el Premio Pulitzer. En el libro se presenta como una ama de casa
rica y sin preocupaciones, madre de cuatro hijos, que a los 46 años se ve al
frente del Washington Post.
Katherine describe su evolución hasta
convertirse en una especie de “dama de hierro” del periodismo estadounidense. Lo
que nunca relata es cómo ingresa al poderoso Club Bilderberg, llamado así
en recuerdo de la localidad de Holanda donde se creó en 1954.
La Enciclopedia Británica dice que
las selectas reuniones anuales del grupo se efectúan en “una atmósfera de
estricto secretismo”. Los miembros replican que sólo integran “un club privado”,
al que asisten personalidades de todos los países, líderes de la política, la
economía, las finanzas y los medios de comunicacion, así como algunos
científicos y profesores universitarios.
Bilderberg tiene un “brazo político”:
la Comisión Trilateral. Su fundador es David Rockefeller, dueño del Chase
Manhattan Bank, quien participa de todas las reuniones del grupo desde 1954. El
1 de febrero de 1999, Rockefeller declaró a Newsweek International: “Algo
debe reemplazar a los gobiernos y el poder privado me parece la entidad adecuada
para hacerlo”.
Esta es la historia que nunca
“destapará” el Post.
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