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(IAR-Noticias) 17-Jun-05
Informe especial
Condoleezza
Rice, la secretaria de Estado estadounidense, durante su presentación en el
Senado antes de asumir en enero, fue preguntada por uno de los legisladores
sobre qué objetivo se proponía la administración Bush en Irak.
"Vamos a utilizar la estrategia
del éxito", respondió imperturbable la halcona negra de la Casa Blanca.

Para la jefa del Departamento de
Estado la "estrategia del éxito" está en las antípodas de la
"estrategia de salida" que proponen las organizaciones sociales y los sectores políticos opositores en
Estados Unidos, y consiste en que las tropas
norteamericanas se quedarán en Irak hasta que las fuerzas iraquíes (los
colaboracionistas militares y policiales) consigan por sí solas "controlar la
seguridad" de su país.
En
junio del año pasado la Casa Blanca y el Pentágono habían anunciado
"un plan" estratégico para Irak, en cuyo capítulo central se señalaba que
las fuerzas de seguridad iraquíes, formadas principalmente por chiíes y kurdos,
y entrenadas por oficiales de las fuerzas especiales estadounidenses, iban a
reemplazar en la represión y el combate contra los grupos rebeldes a las
unidades militares estadounidenses.
El
entrenamiento y la puesta en marcha de la operación demostró que las unidades
cipayas iraquíes, no obstante haber sustituido con eficiencia en tareas
"burocráticas" a las norteamericanas, habían fracasado en el combate militar
contra la resistencia iraquí.
El número de muertos de Estados
Unidos
revela que Bush y el Pentágono fracasaron estrepitosamente tanto con su
estrategia militar como con la "estrategia del éxito" consistente en sustituir a
sus tropas de combate por colaboradores iraquíes bajo el mando del ejército
norteamericano.
De acuerdo con los últimos conteos
realizados por la agencia Associated Press y otros medios
norteamericanos, actualmente la cifra de soldados de Estados Unidos que perdieron la vida
en Irak se aproxima a los
1.713
(estos números coinciden en general con el balance proporcionado por el
Pentágono).
A principios de enero, el Pentágono
reconocía la muerte de 1.350 soldados, lo que quiere decir que, solamente en lo
que va del año 2005, murieron más de 350 soldados de la potencia invasora en
Irak.

A esta cifra hay que sumarle la
muerte
de
más de 2.000 iraquíes colaboracionistas (militares, policías y
civiles) por atentados y ataques de los rebeldes iraquíes, según un resumen de
la información oficial registrada a diario por la prensa.
Solamente en el mes de enero,
durante el proceso electoral, -según el mismo conteo
periodístico- murieron aproximadamente 110 soldados
norteamericanos y más de 400 colaboracionistas iraquíes ( entre policías y
soldados).
Por otra parte, en
septiembre de 2004, el
portavoz oficial de la Casa Blanca, Scott McClellan, anunció que las últimas
cifras mostraban que 997 militares norteamericanos habían muerto en Irak,
a 18 meses de la ocupación militar de ese país en marzo de 2003.
Si la cifra actual asciende a 1.713
muertos, esto implica que (desde el anuncio de
McClellan en septiembre pasado) en
sólo 9 meses, la potencia invasora perdió 716 soldados, a un promedio de
casi 80 soldados muertos por mes.
Estos números revelan, más que ningún
análisis, el fracaso de la estrategia militar norteamericana que no pudo detener
la escalada de ataques y atentados comenzada antes de las elecciones, y
que continua hasta el presente.
Y a su vez revela la magnitud del
accionar creciente y mortífero de la guerrilla iraquí, y nutre la argumentación
de la organizaciones que en Estados Unidos y en todo el mundos siguen preparando más
movilizaciones para reclamar que las tropas norteamericanas regresen a casa.
Avanza el "síndrome Vietnam" en
Estados Unidos
En noviembre, en pleno fervor electoral en
Estados Unidos, IAR_Noticias
señaló que a corto plazo, el empantanamiento de las tropas
norteamericanas en Irak le iba a costar a Bush y a su
administración una reacción -de características todavía no mensuradas- dentro de
Estados
Unidos.
Habíamos señalado
que, por más que Bush y su administración salieron
fortalecidos con el triunfo electoral, la oposición y sectores de la sociedad que no lo
votaron esperaban el momento oportuno para protestar por la muerte y
mutilación de soldados norteamericanos en Irak.
En enero pasado esa hipótesis
adquirió una evidencia clara cuando
16 representantes demócratas
del Congreso exigieron a Bush la
retirada inmediata de las tropas de Estados Unidos de Irak,
cuando oficialmente se anunciaba la muerte de 1360 soldados
estadounidenses.
El rotativo -también
enrolado en la campaña "anti-Bush- sostiene que la demanda ocurre en
momentos en que hasta los partidarios de la administración Bush
"cuestionan el curso de la guerra"
en el país árabe, donde hasta ahora han muerto
1360 soldados estadounidenses.
Encabezados por la representante Lynn
Woolsey, los congresistas pidieron al mandatario iniciar de inmediato el
retiro de los 150 mil efectivos estadounidenses, en una carta pública
enviada a la Casa Blanca.
La movida de los legisladores
demócratas sólo se trataría de la primera fase de una ofensiva
para exigirle a Bush que transparente la verdadera
cifra de muertos y heridos estadounidenses en
las masacres del triángulo suní y en todo Irak.
El sentimiento "anti-Vietnam" es tan
fuerte como el miedo al "terrorismo" en las franjas mayoritarias de la sociedad
estadounidense, y de esta manera Bush, así coinciden todos los especialistas,
ganó las elecciones con el "miedo al terrorismo" y con su política militar en
Irak.
Esa situación parece haberse
revertido, y en los últimos meses la sociedad norteamericana comenzó a
virar hacia un creciente rechazo a la ocupación militar de Irak.
Un sondeo realizado por el Centro de
Investigaciones Pew para el Pueblo y la Prensa, reveló esta semana que está
creciendo el apoyo de los norteamericanos a favor de una retirada de las tropas
de Estados Unidos en Irak.
De un 36 por ciento en octubre y un 42 por ciento en febrero, en la actualidad
dicho respaldo es de un 46 por ciento.

Con la esperanza de revertir esta
tendencia y devolver la tranquilidad al pueblo estadounidense, Bush recibirá el
24 de junio al primer ministro de Irak, Ibrahim al-Jaafari, en la Casa Blanca.
El 28 de junio pronunciará un discurso sobre la situación en Irak para
conmemorar el primer aniversario de la transferencia de la soberanía del país
árabe a los iraquíes.
Por su parte, este jueves un grupo
bipartidista de congresistas estadounidenses llamó a Bush a establecer antes de
fin de año un plan de retiro de las tropas de Irak, en tanto que altos oficiales del Pentágono se opusieron a fijar un cronograma de retirada.
El pronunciamiento se conoció cuando
las encuestas mostraron la erosión del apoyo público a la guerra en Irak,
y en un día que Bush rindió homenaje a los soldados hispanos que "dieron su vida
por la libertad" y se sacrificaron por "amor al prójimo".
Los representantes republicanos
Walter Jones, de Carolina del Norte, y Ron Paul, de Texas, y los demócratas Neil
Abercrombi, de Hawai, y Dennis Kucinich de Ohio, propusieron al Congreso que
solicite a Bush establecer antes de fin de año un plan para iniciar el retiro de
tropas de Irak en octubre de 2006.
Pero la iniciativa fue rechazada
tanto en el Pentágono como en la Casa Blanca.
"Creo que es justo hablar en nombre
de los comandantes y decir que probablemente no querrán una fecha de retirada
impuesta artificialmente", indicó el teniente general James Conway, director de
operaciones del Estado Mayor Conjunto. "Hay un plan. Es un plan de victoria. Y
las fuerzas se retirarán cuando se alcance el triunfo entre estadounidenses e
iraquíes", agregó Conway.
Los legisladores opositores a la
ocupación señalaron que esperan que los líderes del Congreso reciban con
frialdad su propuesta, pero aspiran a estimular un debate público sobre las
metas de Estados Unidos en Irak.
De cualquier
manera, estas movidas, a las que se suman las presiones y las marchas de las
organizaciones sociales, tratan de que Bush (que contó
hasta ahora con el silencio y la complicidad de la opinión pública internacional
para ejecutar su genocidio militar en Irak) encuentre
su Waterloo político dentro de su propio Imperio.
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