El marco de la nueva estrategia
En
todo su desarrollo un documento del Departamento de Estado, recientemente
difundido, explicita y deja en claro que la estrategia de EEUU en
2004 y 2005 "es de promoción de la democracia y los derechos humanos en el
mundo, así como las políticas y los programas concebidos con ese fin".
Pero para apreciar en toda su dimensión este
flagrante "doble discurso democrático" de una potencia imperialista
basada en la fuerza militar, es preciso contar con un marco referencial de la
nueva estrategia que Washington comenzó a implementar tras la derrota de los
movimientos revolucionarios armados en América Latina.
Con la desaparición de la
guerra por áreas de influencia con la URSS, las viejas consignas
"anticomunistas"
de las dictaduras militares formadas en la Escuela de las Américas fueron sustituídas
gradualmente por las banderas de la
lucha contra el terrorismo,
las drogas y el crimen organizado
con las que hoy EEUU justifica su injerencia intervencionista militar en la región
latinoamericana.
Ya desaparecido el "peligro rojo" con la
URSS, y sin movimientos armados abocados a la toma del poder en América Latina, la "guerra contraterrorista" sustituyó en el tiempo a la "guerra antisubversiva" aplicada
por las dictaduras militares de la década del setenta.
Las nuevas
hipótesis de conflicto regional
y las coordenadas de
control militar-estratégico
se trazaron a partir de la
"guerra contra el terrorismo",
que reemplaza en la lógica doctrinaria de dominio a la
"guerra
contra el comunismo"
de la década del setenta en Latinoamérica.
Paralelamente, y en el plano político, en la década del 80 los gobiernos
"democráticos" fueron sustituyendo a los viejos y gastados gobiernos
militares mediante elecciones, procesos constitucionales, y banderas de
defensa de los derechos humanos.
Por supuesto -y como está demostrado hasta el
hartazgo- que no se trata de una democracia entendida en el sentido histórico
del término, sino de una cáscara vacía con simulacro de participación popular,
donde las minorías siguen conservando el poder real y los accesos a cargos
ejecutivos y parlamentarios por medio de la financiación de los candidatos y
sus campañas.
En otras
palabras, la estrategia del control político y social por medios militares,
fue sustituida gradualmente por administraciones civiles, poderes
ejecutivos, parlamentos y cortes de justicia totalmente maleables a los
intereses y objetivos de Washington en la región.
En los 80, salvo en Colombia, los militares de la
"seguridad nacional" ya habían terminado con la resistencia armada en América
Latina, había desaparecido la URSS como punto de referencia logística y
organizativa de los movimientos revolucionarios, y Washington resolvió imponer un
orden regional basado en el pacifismo, la democracia y los derechos humanos.
El nuevo sistema de control político y social
se situaba en las antípodas del anterior (basado en gobiernos y dictaduras
represivas), y explotaba el consenso masivo que despertaba la apertura de
procesos constitucionales después de largos años de dictaduras militares con
supresión de elecciones y parlamentos.
Pero fuera del maquillaje democrático (del
formalismo del estado de derecho y del régimen electivo-parlamentario),
Washington siguió ejerciendo el control sobre los recursos estratégicos y el
sistema económico-productivo de los países mediante la asociación con las
elites de poder y las clases políticas locales, quienes se reservan para sí los
controles ejecutivos, parlamentarios y judiciales del Estado.
De tal manera, que del gerenciamiento militar
del dominio se pasó al gerenciamiento civil del mismo, sin alterar para
nada el proceso de control económico por medio del cual los bancos y
empresas transnacionales continuaron transfiriendo recursos y ganancias a EEUU y
a las metrópolis europeas.
En ese nuevo
escenario de poder geopolítico-estratégico, legitimado por gobiernos satélites
elegidos en elecciones populares, Washington consolidó su dominio regional
en un teatro latinoamericano sin lucha armada y sin estallidos
revolucionarios, y con las organizaciones populares y de izquierda
participando como "minorías" en los parlamentos dependientes.
En ese contexto (y más allá de la voluntad de las
facciones reaccionarias y conservadoras), desde hace más de veinte años la
estrategia de dominio de Washington y del Departamento de Estado en América
Latina consiste en impulsar los regímenes y gobiernos electos en las urnas,
más allá de que asuman o ganen elecciones con discursos de "izquierda",
"progresistas" o "neoliberales".
De manera tal, que hasta los golpes de Estado
ahora son "constitucionales y democráticos", como ya se demostró
claramente en la Argentina con el Cacerolazo que derrocó a De La Rúa, y
en Ecuador con el "golpe popular" que destituyó a Lucio Gutiérrez.
Como una extraña paradoja, esta estrategia está
claramente explicitada en un documento del Departamento de Estado
titulado: "Apoyo a los Derechos Humanos y la Democracia: Antecedentes de
Estados Unidos 2004-2005", divulgado el 28 de marzo, y que el lector puede
consultar en inglés en:
http://www.state.gov/g/drl/rls/shrd/2004
La promoción de gobiernos democráticos
En
todo su desarrollo el documento del Departamento de Estado explicita y deja
en claro que la estrategia de EEUU en 2004 y 2005 "es de
promoción de la democracia y los derechos humanos en el mundo, así como las
políticas y los programas concebidos con ese fin".
En el capítulo titulado Estrategia
estadounidense de derechos humanos y democracia, señala: "Los programas
sobre la democracia promueven el estado de derecho y los derechos humanos, las
elecciones transparentes y justas vinculadas a un proceso político competitivo,
un entorno abierto y libre para los medios informativos, una sociedad civil más
fuerte, mayor participación ciudadana en el gobierno y estructuras
gubernamentales eficaces, responsivas y responsables".
Y en otro tramo sostiene que Estados Unidos "podrá retirar el apoyo o
suspender su ayuda" a países que no hagan reformas en derechos humanos".
Estados Unidos dedica energía y recursos significativos a la promoción mundial
de la democracia. El Departamento de Estado asume el papel de líder en la
integración de nuestras iniciativas de promoción de la democracia en todos los
aspectos de nuestra política exterior".
En relación a la situación en América Latina, el informe dice que la
región "se ha transformado a sí misma durante las dos últimas décadas,
pasando de una región dominada por regímenes represivos y autoritarios a una en
la que 34 de los 35 países (el 35 es Cuba) tienen gobiernos
democráticamente elegidos y sociedades civiles cada vez mayores".
También afirma que "en las décadas recientes
América Latina ha experimentado una ola de democratización a medida que la
región se aleja de las dictaduras del pasado (gobiernos militares
sustituidos por gobiernos democráticos) . Sin embargo, el proceso
democrático sigue siendo frágil. Muchos ciudadanos en América Latina consideran
que los partidos políticos no están al corriente del pueblo, se dejan guiar por
los intereses de la élite, están plagados por la corrupción y son incapaces de
cumplir sus promesas o de demostrar liderazgo. Para contrarrestar estas
preocupaciones, el Instituto Nacional Democrático (NDI) ha emprendido un
proyecto cuyo propósito es rejuvenecer y fortalecer los partidos políticos en
Argentina, Bolivia y Perú".
En el Prefacio con la firma de Condoleezza
Rice, el documento señala que el "el año transcurrido ha experimentado lo que
esperamos sea un cambio espectacular en el panorama mundial. La participación
de palestinos, afganos e iraquíes en elecciones y la "Revolución Naranja" en
Ucrania han sido ejemplos de la aspiración universal de todos los pueblos para
hacerse oír y gobernarse por sí mismos".
Y agrega: "Hoy, más de cincuenta millones de personas que vivían bajo
regímenes brutales en Afganistán e Iraq están encaminados hacia la democracia".
Reafirma la ocupación militar de Afganistán señalando que "Luego de 23
años de conflicto e inestabilidad, el presidente afgano Hamid Karzai lleva hacia
delante su nación arrasada por la guerra".
En cuanto a Irak el informe sostiene que "ha dado pasos iniciales
para sumarse a la creciente comunidad de democracias del mundo. Vimos votar
a los ciudadanos de ese país, que se hicieron oír por primera vez en décadas
pese a la amenaza de la violencia terrorista. En otros lugares, los votantes
palestinos reemplazaron una dirigencia anticuada con otra que busca la paz con
sus vecinos, y celebraron sus primeras elecciones municipales desde el año
1976".
Consigna
que "Al poner en
práctica su estrategia de derechos humanos y democracia, Estados Unidos emplea
una amplia gama de herramientas diplomáticas, informativas y económicas para
adelantar sus objetivos de política exterior. Los funcionarios estadounidenses
comprometen a gobiernos, instituciones multilaterales, organizaciones
internacionales, organizaciones no gubernamentales e individuos de todo el mundo
para alentar las prácticas mejoradas de derechos humanos y la transición a la
democracia".
Luego afirma que "Los
programas sobre democracia y gobernabilidad ofrecen ayuda técnica y otro tipo
de apoyo para fortalecer la capacidad de gobierno y desarrollar instituciones y
estados democráticos responsivos y responsables ante sus ciudadanos".
Y precisa: "El
presidente Bush anunció hace poco en sus discursos de toma de posesión y del
Estado de la Unión una política de ayuda a los movimientos democráticos de
cada país, cuyo objetivo final es acabar con la tiranía en nuestro mundo".
El emergente social
Para contar con una apreciación sobre
el emergente social que han producido estos movimientos y gobiernos
democráticos impulsados por Washington y el Departamento de Estado durante
más de dos décadas, basta con leer el último informe de la ONU sobre la
pobreza en América Latina.
En el mismo se consigna que en América Latina
hay
222
millones de personas (el 43% de
la población regional) en estado de pobreza,
96 millones de personas
(un 18,6 por ciento de la población) en estado de
indigencia, y cuyos ingresos no les alcanzan ni para
comer.
Y como se sabe (así lo demuestran
muchos estudios económicos) las causas estructurales de la pobreza en
los países dependientes de América Latina residen en la concentración de
riqueza y en la transferencia de recursos que realizan los bancos y
trasnacionales que controlan los recursos estratégicos y el sistema económico-productivo, queda en claro cuales son los verdaderos beneficiarios de
los procesos democráticos impulsados por el Departamento de Estado.
Desde Bolivia para adelante, ese
nuevo mecanismo de dominio, con los bancos y empresas transnacionales
controlando los recursos estratégicos y las economías, está estadísticamente
demostrado en toda la geografía de América latina.
Traducción
de algunos fragmentos del informe presentado por el Departamento de Estado:
Prefacio
El año transcurrido ha experimentado lo que esperamos sea un cambio espectacular
en el panorama mundial. La participación de palestinos, afganos e iraquíes en
elecciones y la "Revolución Naranja" en Ucrania han sido ejemplos de la
aspiración universal de todos los pueblos para hacerse oír y gobernarse por sí
mismos.
Hoy, más de cincuenta millones de personas que vivían bajo regímenes brutales en
Afganistán e Iraq están encaminados hacia la democracia.
Luego de 23 años de conflicto e inestabilidad, el presidente afgano Hamid Karzai
lleva hacia delante su nación arrasada por la guerra.
Iraq ha dado pasos iniciales para sumarse a la creciente comunidad de
democracias del mundo. Vimos votar a los ciudadanos de ese país, que se hicieron
oír por primera vez en décadas pese a la amenaza de la violencia terrorista. En
otros lugares, los votantes palestinos reemplazaron una dirigencia anticuada con
otra que busca la paz con sus vecinos, y celebraron sus primeras elecciones
municipales desde el año 1976.
En otra región del mundo los ucranianos demostraron que no aceptarían que una
elección fuera manipulada o robada. En última instancia, hubo una elección
presidencial que reflejó verdaderamente la voluntad del pueblo.
Estos dramáticos acontecimientos ilustran vivazmente que ciudadanos de todo el
mundo comparten el deseo de vivir en sociedades libres cimentadas en un profundo
compromiso con la dignidad de cada individuo y el respeto por los derechos
humanos. Aunque los regímenes autoritarios y corruptos pueden reprimir durante
un tiempo las libertades y los derechos individuales, la historia nos demuestra
que el avance hacia la democracia es inevitable y alienta nuestro apoyo a los
derechos inalienables de los pueblos que aman la libertad.
Este tomo esclarece nuestra estrategia en 2004 y 2005 de promoción de la
democracia y los derechos humanos en el mundo, así como las políticas y los
programas concebidos con ese fin. Los programas sobre democracia y
gobernabilidad ofrecen ayuda técnica y otro tipo de apoyo para fortalecer la
capacidad de gobierno y desarrollar instituciones y estados democráticos
responsivos y responsables ante sus ciudadanos. El presidente Bush anunció hace
poco en sus discursos de toma de posesión y del Estado de la Unión una política
de ayuda a los movimientos democráticos de cada país, cuyo objetivo final es
acabar con la tiranía en nuestro mundo.
Reconocemos que cada país tiene una historia única y tradiciones que conformarán
su propia búsqueda de la libertad. Sin embargo, sea cual fuere el camino o el
ritmo, Estados Unidos está dispuesto a alistarse junto a aquellos que buscan la
libertad para sí mismos y para sus conciudadanos.
La defensa de los derechos humanos es una responsabilidad universal. Todos
debemos ser defensores de los derechos humanos. Aprovecho esta oportunidad para
rendir homenaje a todos aquellos que luchan por la libertad individual,
dondequiera que estén. Cada uno de ustedes desempeña un papel importante en
construir un mundo que respete la dignidad de cada persona y la igualdad de
derechos inalienables para todos. Su labor nos inspira a todos.
Condoleezza Rice
Secretaria de Estado
Estrategia estadounidense de derechos humanos y democracia
Estados Unidos, bajo el liderato del presidente Bush y el Congreso, ha hecho de
la promoción de la libertad la base fundamental de su política exterior. La
perspectiva presidencial de un mundo en el que reine la libertad ha sido
formulada claramente a lo largo de su gobierno, pero nunca más vívidamente que
en su reciente discurso de toma de posesión y en el Mensaje al Congreso sobre el
Estado de la Unión. Esta misma perspectiva se refleja en la legislación sobre
asuntos exteriores, que nos da las herramientas necesarias para convertirla en
realidad.
La libertad y la dignidad humana son indivisibles. De ahí se desprende que
nuestras políticas estén dirigidas a ampliar las libertades. Nuestra política de
fomento de la democracia y los derechos humanos brota de los ideales
estadounidenses y de nuestro interés nacional. Seguimos esta política porque es
justa y porque se ocupa del miedo, el odio y la desigualdad que contribuyen a la
injusticia, al terrorismo, a la violencia y a la inestabilidad.
Estados Unidos dedica energía y recursos significativos a la promoción mundial
de la democracia. El Departamento de Estado asume el papel de líder en la
integración de nuestras iniciativas de promoción de la democracia en todos los
aspectos de nuestra política exterior.
Al poner en práctica su estrategia de derechos humanos y democracia, Estados
Unidos emplea una amplia gama de herramientas diplomáticas, informativas y
económicas para adelantar sus objetivos de política exterior. Los funcionarios
estadounidenses comprometen a gobiernos, instituciones multilaterales,
organizaciones internacionales, organizaciones no gubernamentales e individuos
de todo el mundo para alentar las prácticas mejoradas de derechos humanos y la
transición a la democracia.
Los Informes anuales por Países sobre Prácticas de Derechos Humanos, el Informe
anual sobre Libertad Religiosa Internacional y este informe son ejemplos del uso
de tales herramientas informativas. Estados Unidos ofrece también ayuda
económica, financiera y técnica a países y organizaciones que desean ayudar a
encarar los retos a los derechos humanos y la democracia, inclusive mediante
programas bilaterales y multilaterales, al igual que a través de instituciones
financieras internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario
Internacional.
Los programas sobre democracia y gobernabilidad ofrecen ayuda técnica y otro
tipo de apoyo para fortalecer la capacidad y desarrollar estados e instituciones
democráticas responsivos y responsables ante sus ciudadanos. Los programas se
organizan en torno a conceptos fundamentales que se consideran los elementos
básicos de construcción de la democracia. Los programas sobre la democracia
promueven el estado de derecho y los derechos humanos, las elecciones
transparentes y justas vinculadas a un proceso político competitivo, un entorno
abierto y libre para los medios informativos, una sociedad civil más fuerte,
mayor participación ciudadana en el gobierno y estructuras gubernamentales
eficaces, responsivas y responsables.
A los gobiernos que han demostrado la voluntad de reformar, Estados Unidos les
ofrece ayuda financiera, técnica y política para sus esfuerzos. A los gobiernos
que carecen de la voluntad de reformar, Estados Unidos -- como uno de los
pilares más antiguos de su política exterior -- les puede retirar su apoyo o
suspender tal ayuda cuando un país deja de dar los pasos suficientes para lograr
progresar en sus prácticas de derechos humanos. En cualquier caso, Estados
Unidos colaborará y brindará ayuda a aquellos que, dentro de una sociedad,
trabajan pacíficamente en pro de los procesos democráticos.
La oportunidad y selección de los usos de estas herramientas se ajustan a cada
situación. Escogemos la herramienta o combinación de herramientas que creemos
adelantará mejor los objetivos de política exterior del presidente. En
www.state.gov/g/drl/rls/42314.htm puede encontrarse una lista, en inglés, de
algunas de las leyes significativas acerca de este tema.
Nuestra lucha por los derechos humanos continuará en tanto haya regímenes que
infrinjan la libertad de sus ciudadanos y hasta que los ciudadanos sean capaces
de crear instituciones democráticas fuertes, de su propia concepción, que sean
capaces de proteger esas libertades en el futuro. Aunque este reto es
formidable, nos hemos comprometido a sostener el elemento principal y la
práctica de la democracia. Colaborando como estadounidenses y con nuestros
amigos y aliados de la comunidad de democracias, podemos abrir un camino hacia
la libertad para todos los hombres del mundo.
La libertad y la dignidad humanas son inseparables.
Apoyo a los derechos humanos y la democracia
Historial estadounidense 2004-2005
Hemisferio Occidental
El Hemisferio Occidental se ha transformado a sí mismo durante las dos últimas
décadas, pasando de una región dominada por regímenes represivos y autoritarios
a una en la que 34 de los 35 países tienen gobiernos democráticamente elegidos y
sociedades civiles cada vez mayores. A pesar de esa tendencia favorable, muchos
de los países del hemisferio continúan esforzándose por consolidar las reformas
democráticas y asegurar el respeto por los derechos humanos fundamentales.
En el curso del año, Haití afrontó la agitación política y el conflicto interno.
Tras la renuncia y partida del ex presidente Aristide a fines de febrero, se
nombró un gobierno interino por mandato de la constitución (IGOH) el 17 de
marzo. Con ayuda de la comunidad internacional, el IGOH emprendió en el curso
del año medidas importantes para volver a construir la democracia y el imperio
de la ley.
En Bolivia, donde los
ciudadanos siguen sin confiar en la habilidad de su gobierno de ofrecer una
dirección responsable y sensible, la inquietud del público disminuyó en el 2004
comparada con años anteriores. En Cuba, la represión constante contra los
disidentes en pro de la democracia y los activistas de derechos humanos siguió
siendo un problema grave. Los ciudadanos de Venezuela, enfrentados a un régimen
de gobierno cada vez más autoritario, acudieron a las urnas en agosto en un
intento de resolver de forma pacífica y democrática el estancamiento político de
la dirigencia del país.
Reconociendo estos desafíos, Estados Unidos prosiguió en 2004 sus iniciativas
para fortalecer las instituciones democráticas, promover la buena gobernabilidad
y la transparencia, respaldar el imperio de la ley y fomentar un mayor respeto
por los derechos humanos. Los esfuerzos de Estados Unidos se centraron tanto en
el compromiso diplomático a altos niveles como el trabajo de base con las partes
interesadas de la sociedad civil.
Estados Unidos proporcionó asimismo apoyo a las instituciones democráticas
claves de la región, incluidos los partidos políticos y la sociedad civil. Las
iniciativas para partidos políticos se enfocaron en la democratización interna,
la extensión a grupos marginados, la sensibilidad a las necesidades de los
votantes y una mayor rendición de cuentas. La asistencia a civiles y la
capacitación promovieron una mayor inclusión en el proceso democrático. Como
resultado de los programas auspiciados por Estados Unidos, en muchos países los
ciudadanos estuvieron en condición de exigir una mayor transparencia y rendición
de cuentas en el gobierno.
En Jamaica, la asistencia de
Estados Unidos aumentó la habilidad de la sociedad civil para influir en el
gobierno, lo que resultó en políticas más enérgicas para combatir crímenes
violentos. En la República Dominicana, el sostén diplomático y programático
estadounidense fue decisivo en allanar el camino para las elecciones, que fueron
reconocidas internacionalmente como libres y justas. En preparación de las
elecciones nacionales y municipales en Haití, Estados Unidos proporcionó fondos
para la inscripción de votantes, el desarrollo de partidos políticos y la
educación de los votantes.
Estados Unidos apuntaló los esfuerzos regionales para resolver los conflictos
internos, fortalecer el imperio de la ley, proteger los derechos humanos y
promover los derechos de los trabajadores. El Programa estadounidense de Paz en
Colombia fue desarrollado en 2004 en respuesta a los esfuerzos del gobierno para
ampliar las negociaciones de paz con los grupos armados ilegales.
Estados Unidos estableció
centros de coexistencia pacífica en siete municipalidades colombianas plagadas
por el conflicto. Estados Unidos asistió también las gestiones del gobierno para
reformar los códigos y procedimientos judiciales en toda la región, lo que
resultó en mayor eficacia y acceso a la justicia.
Estados Unidos coordinó
proyectos en la región para fortalecer los sistemas y mercados laborales
mediante el fomento de la libertad de asociación, la negociación colectiva y la
protección de normas laborales esenciales. Al abordar la trata de personas, los
esfuerzos estadounidenses fueron a menudo regionales, reflejando el hecho de que
la trata de personas es un problema que por definición se extiende más allá de
las fronteras nacionales.
Las gestiones contra la trata
de personas financiadas por Estados Unidos fueron particularmente robustas en
Brasil, Perú, Guatemala, República Dominicana y Honduras. La lucha contra el
trabajo infantil muchas veces procede de acuerdo con la lucha contra la trata de
personas, puesto que los niños son frecuentemente víctimas de la explotación en
ambas situaciones. Con el fin de abordar esta amenaza conjunta, Estados Unidos
apoya proyectos concebidos para aumentar la conciencia y reducir los casos de
trata de personas y trabajo infantil en la región.
El fortalecimiento de los partidos políticos en
América Latina
En las décadas recientes América Latina ha experimentado una ola de
democratización a medida que la región se aleja de las dictaduras del pasado.
Sin embargo, el proceso democrático sigue siendo frágil. Muchos ciudadanos en
América Latina consideran que los partidos políticos no están al corriente del
pueblo, se dejan guiar por los intereses de la élite, están plagados por la
corrupción y son incapaces de cumplir sus promesas o de demostrar liderazgo.
Para contrarrestar estas preocupaciones, el Instituto Nacional Democrático (NDI)
ha emprendido un proyecto cuyo propósito es rejuvenecer y fortalecer los
partidos políticos en Argentina, Bolivia y Perú.
El NDI, utilizando una metodología interactiva y de participación que enseña
"mejores prácticas" para la gobernabilidad democrática, ofreció en febrero
talleres regionales en los que participaron 18 representantes de organizaciones
que se especializan en capacitar a partidos políticos. La iniciativa del NDI,
financiada por Estados Unidos, pidió a cada participante que elaborara y pusiera
en práctica un proyecto que mejorara entre sus clientes la democracia interna,
la transparencia y la divulgación al electorado. Si bien este proyecto enfrentó
objeciones en Bolivia -- lo cual alude a la necesidad de redoblar los esfuerzos
de revitalización de los partidos políticos en ese país -- la iniciativa tuvo un
éxito visible en Argentina y Perú.
Los participantes se tomaron el
modelo de "capacitación del capacitador" a pecho y adaptaron el programa del NDI
para uso local. En las sesiones del seminario el NDI proporcionó metodologías y
materiales de capacitación para ayudar a los participantes a llevar a cabo sus
proyectos, entre los que figuraron la instrucción sobre resolución de problemas
políticos, la provisión de recomendaciones acertadas sobre políticas y las
actividades de divulgación a la juventud. Como un recurso más para los
reformadores de partidos políticos, el NDI publicó en su sitio web una serie de
estudios de caso, en español, que representan mejores prácticas que han tenido
gran éxito.
Versión completa en inglés:
http://www.state.gov/g/drl/rls/shrd/2004