La
periodista de The New York Times,
Judith Miller,
fue llevada a prisión el 6 de julio pasado por negarse a prestar
testimonio ante un jurado investigador en el caso de la filtración de la
identidad de una agente encubierta de la CIA, Valerie Plame.
"Ella bromeó que ese húmedo,
pantanoso aire de Washington huele muy dulce", en el par de ocasiones en que se
le permitió salir a exteriores en el Centro de Detención de Alexandria, dijo
Jill Abramson, directora gerente del periódico, que visitó a Miller la semana
pasada.
Miller, del diario The New York
Times, y Matthew Cooper, del semanario Time, habían llegado a la máxima
instancia por negarse a revelar sus fuentes confidenciales que
en 2003 filtraron a la prensa el nombre de la espía de la CIA, Valerie Plame.
Los fiscales exigieron a esos dos periodistas que entregaran toda la información
que poseían, y Miller y Cooper perdieron sus casos en los tribunales de primera instancia en
que se trató el tema. Luego elevaron sus alegatos a la Corte Suprema de
Justicia.
Karl
Rove, asesor estratégico y llamado el "cerebro" de Bush, aparece en
varios emails como una de las fuentes que había revelado a la prensa la identidad de
la agente de la CIA en medio de una investigación muy crítica con el gobierno
republicano tras la invasión a Irak.
El origen del episodio se remonta a julio de 2003, cuando el nombre de la agente
de la CIA Valerie Plame apareció en una columna del periodista Robert Novak.
Fue ocho días después de que el marido de Plame,
el ex embajador Joseph Wilson, acusara públicamente al gobierno de Bush de
torcer la verdad para justificar la guerra en Irak.
Wilson había sido enviado por la Casa Blanca un
año antes a Niger para investigar si Saddam Hussein buscó comprar uranio en esa
nación africana para fabricar armas prohibidas. A su regreso, el diplomático
dijo que nada de lo que la Casa Blanca afirmaba sobre Saddam y Niger era cierto.
Después de que el nombre de su esposa apareciera en la prensa, Wilson dijo que
ese hecho ponía en riesgo su vida por tratarse de una agente de
inteligencia y acusó a Rove de haber revelado el nombre como venganza. Después,
Wilson se retractó.
Tanto Miller como su colega
Cooper se negaron a revelar sus fuentes en una historia sobre ese operativo
de la CIA.
Miller y Cooper invocaron el derecho al
secreto profesional que les permitiría
respetar el anonimato de sus fuentes, por lo que desafiaron la orden.
Finalmente La revista Time y Cooper accedieron a entregar e-mails y algunas notas. "Nosotros no estamos por encima de la ley", comentó Norman Pearlstine, el editor en jefe de esa publicación al anunciar que cooperarían con
la investigación.
Pero Miller se negó a revelar sus fuentes en protección a su secreto
profesional, afirmando que prefería ir a la cárcel antes
que revelar sus fuentes.
La
polémica sobre el "secretismo informativo" y la censura oficial cobró
nuevamente vigencia cuando
la Corte Suprema estadounidense
rechazóel recurso de la periodista que se negó a declarar sobre la
filtración de la identidad de la agente de la CIA.
Los informadores habían pedido al
Alto Tribunal que examinara una cuestión que se discutió hace más de 30 años: si
los reporteros pueden ser encarcelados por negarse a revelar sus fuentes.
En un comunicado, el director del
New York Times , Arthur Sulzberger, afirmó entonces que es
"increíble que Judy esté a punto de tener que cumplir una condena en la cárcel
por reunir de manera rutinaria informaciones sobre un caso público relevante (y)
mantener su palabra ante las fuentes.
Un total de 34 estados y varias organizaciones periodísticas pidieron la
intervención del Tribunal Supremo, indicando que la preservación de fuentes
confidenciales es importante en la recolección de noticias.
"Al tiempo que los medios luchan para recuperar la confianza del público tras
diversos escándalos mediáticos, los periodistas sufren la presión de no permitir
que sus principios dejen de lado la seguridad, en un momento en que el Gobierno
ha declarado la "guerra al terrorismo", señalaba la agencia
Reuters al conocerse
que Miller iría a la cárcel .
Hoy la periodista Miller es una de
475 personas detenidas en el Centro de Detención de Alexandria.
Entre ellas hay algunos de los más
famosos sospechosos de "espionaje y terrorismo".
Zacarias Moussaoui, la única persona acusada en vinculación con los ataques
del 11 de septiembre del 2001, ha estado en esa cárcel durante más de tres
años.
Se ha permitido al detenido que
utilice seis cuartos, para poder alojar una enorme cantidad de documentos que
piensa presentar en el 2006, cuando se inicie su proceso en una corte federal.
También en la cárcel de Alexandria está Ahmed Omar Abu Ali, acusado de ser
miembro de la red terrorista al-Qaida y de complotar para asesinar al presidente
George W. Bush.
Entre los previos detenidos se
hallaba el ex agente del FBI Robert Hanssen, que entregó secretos a los
soviéticos durante dos décadas, y el "talibán estadounidense" John Walker Lindh,
capturado en un campo de batalla en Afganistán en el 2001.
"Se les ha declarado la guerra a los periodistas y, por extensión, a la
información que el Gobierno no quiere que la gente conozca", expresó en su
editorial el diario The Seattle Times en relación a la prisión de Miller .
Lucy Dalglish, líder del Comité de Periodistas para la Libertad de Prensa,
manifestó que el poder judicial se ha vuelto más agresivo para solicitar
información a los periodistas desde los ataques del 11 de septiembre de 2001.
"Estamos viendo más citaciones en las cortes federales en los meses recientes de
las que tuvimos en los últimos 35 años. Estamos viendo más y más secretos
guardados por el Gobierno federal desde el 11 de septiembre", explicó
Dalglish.
El Comité de Protección de Periodistas (CPJ por su sigla en inglés) dijo que la
prisión para la periodista de The New York Times sienta un mal precedente
para los medios de los países con gobiernos represivos.
"El presidente George W. Bush planteó la necesidad de una mayor libertad de
prensa en Rusia, Oriente Medio y Asia, pero el mensaje de los fiscales y las
cortes de Estados Unidos es escuchado más claramente en las regiones del mundo
en las que hay represión", manifestó el CPJ.