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El "efecto Katrina" y la muerte del pensamiento

El nuevo mito: la "ayuda" a la superpotencia en crisis

Mentiras, falacias, manipulaciones mediáticas, guerras por el poder entre la banda "ultraderechista internacional" y la banda del "progresismo internacional", alienación, infracultura, consumismo individualista ideologizado y nivelado para todo el planeta, dobles discursos, parábolas siniestras del nuevo "poder" capitalista por "derecha" y por "izquierda", y en el medio, el huracán Katrina, un fenómeno esclarecedor del pensamiento humano  sin "infantilismo revolucionario".

(IAR-Noticias)  03-Sept-05     

Nota Editorial                                            

La falacia salió primero del gobierno de Hugo Chávez (enemigo simulado de EEUU) quien ofreció petróleo accesible a los estados "pobres" de EEUU  ante la emergencia de la catástrofe.

Siguió por Fidel Castro (un ex revolucionario anciano, sólo preocupado por conservar el poder en "su isla"), quien ofreció "ayuda" médica a su enemigo imperialista desde hace 45 años.

La "gran estrategia", tanto de Chávez como de Fidel Castro, consiste en decir que no ofrecen "ayuda" al gobierno de Bush,  sino al "pueblo" norteamericano, una parte mayoritaria del cual vota a Bush y a los halcones para terminar con la "carrera política" de ambos líderes "comunistas".

Otros países, con gobiernos sometidos a Washington (que votan sin chistar en la ONU o la OEA lo que les pone por delante el Departamento de Estado, y que tienen sus economías atadas de por vida al FMI controlado por el Tesoro norteamericano) también ofrecieron "ayuda" a la poderosa superpotencia afectada por el huracán.

Si no se supiera que hay una gigantesca campaña de prensa internacional (manejada por las grandes cadenas mediáticas "anti-Bush", los demócratas estadounidenses, y los gobiernos y sectores del establishment europeo que quieren terminar con el reinado de los halcones), se podría llegar a pensar que el mundo está atrapado en una rueda esquizofrénica sin salida.

Es para llegar a pensar que el planeta capitalista está sumido en una decadencia donde lo más destacable es la demencia y la alienación que ha convertido (según una metáfora) a los cerebros humanos en simples terminales del sistema operativo de Microsoft, manejado desde EEUU.

Pero no hay nada de eso. Si bien a las mayorías niveladas por el consumismo les cabe la alienación y la estupidez  masificada, los sectores y gobiernos capitalistas que comparten (en calidad de socios menores) el poder imperial con EEUU utilizan estos recursos de la falacia, la mentira, y el "doble discurso" para terminar con los neocons y tomar -o influenciar- el control de la Casa Blanca en sustitución de Bush y los halcones.

Los Chirac, los Schroeder, los Zapatero, junto con los demócratas norteamericanos quieren hacer con la prensa internacional lo que no pueden realizar en la ONU, en la OTAN, o en cualquier foro u organismo internacional, donde siempre juegan de "furgón de cola" de las decisiones de Washington, el Pentágono o el Departamento de Estado.

La lucha por el poder político entre "demócratas" y "halcones" se sale del ámbito norteamericano, sustituye a la guerra por aéreas de influencia entre la URSS y EEUU, y se proyecta, a través de la información unidireccionada, como una divisoria de aguas ideológicas a todo el planeta.

Lo que antes era una lucha entre el comunismo y el capitalismo (entre imperios diferentes), hoy se ha convertido en una guerra entre la ultraderecha internacional (representada por los halcones) y el "progresismo" internacional (representado por los demócratas norteamericanos) y los gobiernos y poderes que aprovechan demagógicamente  la mitología del capitalismo de "rostro humanizado", como es el caso de Francia, Alemania, España, cuyas corporaciones lucran con las invasiones militares y conquistas de mercado ejecutadas por  los halcones.

A diferencia de la antigua guerra externa entre comunismo y capitalismo, hoy las contradicciones y las peleas se resuelven en el seno de un "Imperio único", y ya no se pelea militarmente sino por medios políticos y mediáticos.

Lo que hoy se llama "izquierda" (sin vocación, ideología, u organización para la "toma del poder real"), se asimila (conciente o inconscientemente) al polo del "progresismo internacional" representado por la Europa "progresista" y los demócratas estadounidenses que, por distintas redes y vasos comunicantes, controlan el "paquete "mayoritario" de la prensa internacional.

De tal manera, que cuando el "progresismo internacional" lanza sus campañas mediáticas internacionales contra Bush y los halcones (la "ultraderecha internacional") la "izquierda internacional", vaciada de discurso propio y de contenido revolucionario, las toma como suyas.

Eso explica la actitud de Chávez y de Castro, políticos del "progresismo internacional", reaccionando al unísono con el "polo europeo" y los demócratas en un aprovechamiento político explícito de la catástrofe y del costo político y social dejado por el huracán Katrina.

Y hay que agregar un dato: ni Castro, ni Chávez, ni Chirac, ni Zapatero, quieren cambiar el mundo, sólo quieren conservar el poder político en sus respectivos feudos, lo mismo que quieren Bush y los halcones, que hoy controlan la Casa Blanca.

Esta estrategia consiste principalmente en mostrar a los EEUU (gobernado por Bush y los halcones) convertido en un país del "tercer mundo" con pobreza parecida a la de Haití, Bolivia, o cualquier país de las áreas subdesarrolladas llevados a esa condición por el capitalismo explotador, tanto de Washington como de Europa.

Esta maniobra responde a una táctica demócrata para voltear al gobierno de los halcones proyectada al plano internacional  y que consiste en presentarlo a Bush como un "incapaz" de conducir las riendas de EEUU.

Y Bush es mucho más que un "incapaz" o un alienado religioso, es el gerente de turno de un Imperio capitalista asesino, la misma función que cumplieron y  van a cumplir los demócratas el día que se hagan cargo nuevamente de la Casa Blanca.

Las denuncias y las campañas contra Bush y los halcones tendrían sentido, serían razonables y justas, si al mismo se denunciara y se atacara las maniobras de los demócratas (la "otra cara" del Imperio) que utilizan las campañas contra Bush para tratar de encaramarse en el sillón de la Casa Blanca.

La llamada "izquierda" y el "progresismo internacional" critican y atacan celosamente al "Imperio de la ultraderecha con Bush", pero se cuidan celosamente de atacar al "Imperio de los demócratas", del cual en verdad forman parte y están asimilados.

Su Biblia periodística de cabecera es The New York Times: no atacan al Imperio capitalista norteamericano como totalidad funcional, no atacan a los bancos y trasnacionales del Imperio o a la prensa imperialista internacional, atacan a Bush, un gerente eventual del Imperio que impide que un demócrata esté sentado en la Casa Blanca.

Chávez y Castro, por ejemplo, atacan con ferocidad al "Imperio" de Bush (no al Imperio capitalista, sino al "Imperio de Bush), protegiendo celosamente a los demócratas, familia de la cual forman parte por "izquierda".

Entonces, y según el costado de la zanja donde se esté parado, la CIA es "mala" si está manejada por los halcones, pero es "buena" si está al servicio de las continuas campañas de los demócratas contra la administración Bush.

Chávez, después de ser atacado por un pastor demente de "ultraderecha" que pidió su muerte, fue "consolado" por un pastor "progresista" demócrata, Jesse Jackson, a quien recibió en Caracas como si fuera un jefe de Estado.

Ni Chávez, ni Castro, ni la banda del "progresismo internacional" luchan contra el Imperio capitalista estadounidense, luchan contra la cara "ultraderechista del Imperio" representada por Bush.

El huracán Katrina sirvió de marco ideal para el inicio de una campaña demoledora de la prensa imperialista demócrata contra Bush, cuyo eje vertebrador está centrado en los diarios The New York Times y The Washington Post.

Estos diarios, cuyos consorcios propietarios pertenecen a la más rancia oligarquía financiera de Wall Street,  son tomados como "fuentes confiables" por la izquierda y el "progresismo internacional".

Desde el "aparato progresista" de la prensa internacional se empezaron a lanzar consignas y titulares de que las regiones afectadas por el el Katrina se parecían a "Haití", o a cualquier región del "tercer mundo".

Y entonces comenzó la campaña internacional para ofrecerle "ayuda" a la superpotencia en "crisis" por culpa de Bush, casi en una réplica de una campaña electoral burguesa, donde la oposición demuele la credibilidad del presidente de turno para quedarse con el poder.

Esta falacia, conducida a niveles extremos, llevó a que el gobierno de Sri Lanka (uno de los países con más pobreza del universo) le ofreciera "ayuda" a EEUU para paliar la catástrofe dejada por Katrina, y sin que nadie internara a su presidente (títere de Washington) en un manicomio.

Veamos a grandes rasgos cual es el país "tercermundista", la "potencia en crisis", a la cual Castro, Chávez y el "progresismo" ofrecen "ayuda" para descolocar políticamente a Bush.

EEUU: ¿Potencia del "tercer mundo"?

Estados Unidos es el dueño de la moneda patrón del mundo: el dólar (el 80% de las transacciones internacionales se efectúan en esa moneda).

 

Es el propietario de la Reserva Federal, del Complejo Militar-Industrial más poderoso del planeta, del poder tecnológico-informático mundial situado en Silicon Valley, y del templo financiero de Wall Street (la Meca del capitalismo mundial).

 

Es el dueño real del FMI, de la ONU, de la OTAN y de todas las instituciones multilaterales de crédito. Su PBI anual es igual al de las nueve primeras potencias capitalistas juntas, y equivale a la producción anual de más de 180 países del área subdesarrollada del mundo.

 

Matemáticamente, su poder representa entre el  50 y el 60% de todo lo que hay en la tierra, y es el propietario del arsenal nuclear y militar más grande del planeta (capaz de destruir decenas de veces a la Tierra). 

 

Un informe del Financial Times de mayo de 2002, analiza que  casi un 48% de las mayores compañías y bancos en el mundo son de los EE.UU. y un 30% son de la Unión Europea, sólo 10% son japoneses.

 

En síntesis, casi 90% de las mayores corporaciones que dominan la industria, la banca, y los negocios son estadounidenses, europeas o japonesas. Africa y América Latina no figuran en la lista. 

 

Cinco de los 10 principales bancos, seis de las10 principales compañías farmacéuticas y / o biotecnológicas, cuatro de las 10 principales compañías de telecomunicaciones, siete de las principales compañías de tecnologías de la información, cuatro de las principales compañías de petróleo y gas, nueve de las 10 principales compañías de software, cuatro de las 10 principales compañías de seguros y nueve de las 10 principales compañías de comercio minorista, son estadounidenses.

Las estadísticas, los hechos diarios, indican que el desarrollo expansivo del capital transnacional (industrial, tecnológico o financiero) está atado al rol y al poder militar-guerrerista del Estado imperial norteamericano.

 

La expansión en el exterior de las corporaciones multinacionales se apoya en el arsenal nuclear y en la maquinaria militar de la potencia regente, por eso los gobiernos y los establishment dependientes del "tercer mundo" cuando tienen una crisis política o social no hablan con las embajadas de Europa, China o Rusia, sino que "hablan con la embajada norteamericana".

 

Y por si eso no bastara, EEUU es el dueño de Hollywood, y de las cadenas televisivas, editoriales y radiales más poderosas del planeta.

 

La cultura del consumismo, la ideología, la psicología social, la vestimenta, nivelados para todo el planeta por las cadenas mediáticas (más allá de razas e idiomas) es de factura "norteamericana" e impera por igual en los países europeos considerados ejemplos de la cultura "antiyanqui".

 

A esta potencia imperialista, fuerza motriz y nervio motor de la explotación del sistema capitalista, Chávez, Castro y la banda del "progresismo internacional" acusan de no "tener recursos" para paliar los efectos de un huracán (no del tsunami que desmanteló el sudeste asiático) que afectó a regiones de tres de sus Estados.

 

Su estrategia política (voltear a Bush y a la "ultraderecha" estadounidense), no pasa de ser una maniobra para que un presidente demócrata ocupe la Casa Blanca y continúe ejecutando las invasiones militares para que los patrones reales del poder estadounidense y europeo (bancos y corporaciones que cotizan en Wall Street) sigan apoderándose de mercados y multiplicando su tasa de rentabilidad capitalista.

 

La banda del "progresismo internacional" (incluido Chávez ) no son nada más que la "versión por izquierda" de los halcones "ultraderechistas": cuando suben al gobierno practican un solo juego: el sistema capitalista.

 

El tercer mundo, la tercera posición, los verdaderos representantes de los pobres, los que todavía piensan en tomar el poder para "cambiar el sistema", los que no comulgan con la demagogia "comunista" de Chávez y de Castro, lo que antes fue la izquierda revolucionaria, no tienen voz ni voto en esta cuestión.

 

Sus voces y su ideología (siempre distante de "progres" y "ultraderechistas")  no salen por la prensa internacional manejada por el sistema.

 

Y el día que salgan, será porque  tomaron el poder por medio de una revolución armada.

 

La misma que practicaron en su momento histórico la Unión Soviética y Fidel Castro (cuando todavía era revolucionario), y que ahora el poder del "progresismo internacional" asimilado al sistema capitalista descalifica como "izquierdismo infantil".

 

Para  los "terceristas revolucionarios" (tan "raros" como el Che Guevara muriendo solo y en combate en Bolivia) , después de mucha gimnasia histórica, esa es la única opción posible para terminar simultáneamente con la banda "ultraderechista" y con la banda "progresista" que han convertido a la humanidad en el paraíso de la mentira y la estupidez (además de servir como ideologías de turno al sistema capitalista).

 

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