Se argumenta que las inundaciones provocadas por el furioso huracán Katrina
podrían convertir a la ciudad en un foco infeccioso.
El Centro Nacional para el Control de
Enfermedades confirmó la muerte de al menos cinco personas por una
enfermedad bacteriana transmitida por el agua. Otras fuentes hablaban de diez
muertes por esta causa.
Pero hay otro objetivo oculto
-según información que está circulando por Internet y el algunos medios
norteamericanos- en el rastrillaje realizado por las fuerzas especiales en
la devastada ciudad de Nueva Orleáns.
En la ciudad se estarían ocultando
algunas de la pandillas de delincuentes marginales que inmediatamente después
del huracán, aprovecharon esa "tierra de nadie" para saquear y violar,
atacando, en algunos casos, a las brigadas de rescatistas y a la policía,
impidiendo la labor de salvataje.

Esta situación fue aprovechada
posteriormente por la administración Bush para tapar su incapacidad de dar
una "respuesta rápida" con los sistemas federales de evacuación y rescate a
las víctimas del Katrina.
Según coinciden muchos analistas y
medios estadounidenses, a tal punto se hizo un aprovechamiento político de la
presencia de estas pandillas en el escenario de la tragedia, que el Pentágono,
para tapar la incapacidad de la administración civil, realizó un despliegue de
tropas "tipo invasión" sobre la zona del desastre.
De esta manera, y aprovechando un
fenómeno real -la presencia de los lúmpenes drogados y armados- el Pentágono
lanzó una operación posterior para suplir con efectismo mediático a los equipos
de ayuda civil que tardaron en llegar.

James Petras señala en un artículo
que los medios de comunicación convirtieron a las propias víctimas que saqueaban
en bandidos, favoreciendo de esa manera la posterior militarización y
acordonamiento extremo de la zona realizada por unidades especiales del
ejército y la policía.
Según Petras, nada muestra mejor el
papel de los medios que el resaltamiento que hicieron de la orden
gubernamental de "disparar a matar contra los saqueadores". No hubo ni
una queja, ni una voz crítica: los medios convirtieron la ciudad desolada en una
zona de guerra: Nueva Orleáns pasó a ser Faluya.
Al margen de Petras, hay que
recordar, y sin negar la "invasión" militar que realizó luego el Pentágono, que
la versiones de lúmpenes armados y drogados saqueando y violando salió
primero de la Internet, de los testimonios en los bloggers, o en correos
electrónicos que llegaban a los medios.
IAR-Noticias recibió muchos mails y
enlaces a sitios donde se denunciaban que en las primeras horas -tras el paso
del huracán- pandillas drogadas asaltaban lo que encontraban y atacaban a la
policía desde posiciones de francotiradores.
El
propio alcalde de la ciudad; Ray Nagin -atacado por la administración Bush por
sus declaraciones-, al segundo día debió suspender las tareas de rescate
por el hostigamiento armado de esas bandas de lúmpenes que atacaban tanto a los
policías como a los rescatistas.
Otro punto destacado de la
información que circulaba por Internet, señalaba que Nueva Orleans, centro de
casinos y de diversión nocturna, es un caldo de cultivo para el consumo de
drogas y para la marginalidad delincuencial común, que es lo que habría detonado
al quedar la ciudad como "tierra de nadie".
Y es claro también, la delimitación
social y funcional que existe entre un "pobre" y un delincuente marginal
con el cerebro estallado por la droga, que no actúa por solidaridad
social sino por los estímulos violentos de la droga en su cerebro.
También por Internet salieron las
primeras informaciones de que los sectores medios y altos se armaron y se
atrincheraron en sus propiedades privadas para resistir a balazos a esos
delincuentes comunes, y que hubo casos de enfrentamientos con muertos y
heridos.
De cualquier manera, el
enfrentamiento con la policía y la intercepción de los rescates no fue realizada
por los que saqueaban para comer (que también los hubo) sino por
esas pandillas, cuyo peculiar desarrollo social se dio con mucha fuerza en Nueva
Orleans, una ciudad en la cual -antes del Katrina- contrastaban claramente la
"diversión nocturna" de los casinos, y la lacra social capitalista que deja esa
actividad: delincuencia, prostitución, droga y crímenes.
No se puede mitificar al lúmpen,
producto del capitalismo y carente de toda ideología solidaria, como el "pobre".
Primero, porque el lúmpen vive del "robo indiscriminado" y ejerce
violencia tanto contra las clases altas como contra los de su propio origen, y
segundo porque sólo utiliza a los asentamientos pobres para esconderse de la
policía.
Hay mucha bibliografía y testimonios
sobre la Cuba revolucionaria del 59, donde, tras tomar el poder, los
revolucionarios encabezados por Castro encontraron en los lúmpenes
desclasados dejados por los casinos norteamericanos, uno de los principales
escollos para el desarrollo de la revolución.
Algunas de esas bandas de lúmpenes
-generalmente dedicadas al trafico "t;hormiga" de drogas entre los sectores
bajos- se encuentran escondidas entre las ruinas de la ciudad de Nueva Orleáns.
Su presencia se explicaría por la
imposibilidad que tuvieron de "licuarse" entre los refugiados para huir del área
cuando comenzó el impresionante despliegue militar montado para tapar la
incapacidad del gobierno de Bush para resolver con prontitud una operación
de salvataje de las víctimas.
Están camouflados entre los que
quieren quedarse desafiando las órdenes de evacuación del alcalde Ray Nagin.
"Aquellos que no quieren que los encontremos, se esconden", dijo Gregg Brown, un
guardia de Carolina del Sur que trabajaba en la búsqueda.
La orden impartida por el mando
superior es la de "disparar a matar" contra todo el que se resista por la fuerza
a la patrullas militares y equipos de evacuación.
Algunas versiones hablan de
verdaderas "masacres de lúmpenes" ya realizadas por las fuerzas
especiales aprovechando la impunidad de una ciudad devastada y en ruinas donde
los cadáveres NN se cuentan por miles.
Esto no sería "casual", dado que en
EEUU ya está funcionando una política de "expulsión de pandillas" a sus
países de origen, desarrollada por el FBI, los servicios de inteligencia, y las
fuerzas especiales de "guerra contraterrorista" interna que ahora estarían
actuando en Nueva Orleáns.
Esto es, que en Nueva Orleans, y con
la justificación de la catástrofe dejada por el Katrina, se estaría realizando
un módulo experimental de exterminio de lúmpenes "sobrantes" -producidos, igual
que los pobres, por el capitalismo- que en otros países ya se empezaron a
realizar bajo el argumento del combate contra las drogas o de la "guerra
contra el terrorismo".