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(IAR-Noticias)
14-Oct-05
Informe
especial
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George W Bush y
Porter Gross, actual director de la CIA. |
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Según
trascendió el jueves en medios estadounidenses la Central de Inteligencia
estadounidense, CIA, encabezará una nueva instancia de la llamada "comunidad
de inteligencia" del Imperio: el Servicio Clandestino Nacional (SCN).
De esta manera la agencia, cuyo poder
se vio recortado con la creación de la Dirección Nacional de Inteligencia
conducida por John Negroponte, logra mantener bajo su control las
actividades de espionaje que realizan el Buró Federal de Investigaciones
(FBI) y el Departamento de Defensa, de acuerdo a la operatoria contenida en la
"Ley Patriota" que les confiere facultades especiales para perseguir y espiar a
sospechados de actividades "terroristas".
El SCN operará independiente de la agencia, pero reportará a su director, Porter
Goss, en una maniobra -según los analistas- que sitúa a la CIA como cabeza de
la "guerra contraterrorista", tanto en EEUU como en el resto del mundo.
El SCN coordinará el trabajo de las
diferentes instancias de inteligencia que buscan información en el mundo entero,
pero principalmente las que usan espías humanos en vez de sistemas de
satélites u otros medios tecnológicos.
La
devolución de las antiguas atribuciones de la Agencia llegan en una etapa en la
que
la administración republicana atraviesa por su peor momento desde que
Bush asumiera la presidencia.
Los últimos sondeos revelan que sólo un 39% de
los norteamericanos apoya la ocupación militar de Irak, cifra que contrasta
notablemente con el 64% de adhesiones que tenía el "presidente de la guerra"
antes del desastre del Huracán Katrina, a partir del cual la opinión pública
estadounidense se direccionó en su contra.
Con las nuevas facultades, el
director de la CIA, Porter Goss, un funcionario del círculo íntimo de Bush y los
halcones, será además Gerente Nacional de Humint, la instancia que
ejecuta y controla las operaciones encubiertas.
Humint es el término que se usa en el argot de los "espías" para hablar de los
agentes de inteligencia que actúan en las diferentes áreas de infiltración y
espionaje que la inteligencia norteamericana establece como objetivos.
En tiempos de la Guerra Fría, la CIA
coordinaba las operaciones encubiertas contra la desaparecida Unión Soviética,
pero tras los atentados del 11 de septiembre su accionar se orientó a la
"guerra contra el terrorismo" de acuerdo a los decálogos de la "guerra
preventiva" contenidos en la nueva doctrina de "seguridad nacional" impulsada
por los halcones.
Tras el escándalo de las pruebas
"fabricadas" sobre la falsa existencia de las ADM de Saddam Hussein (que
sirviera de justificativo para invadir Irak) su director de entonces, George
Tenet, debió renunciar y la Agencia fue cuestionada y entró en retroceso por el
peso de las denuncias en su contra acumuladas en el Congreso.
George Tenet dejó la jefatura de la
CIA en julio de 2004, en pleno escándalo por los resultados de la comisión del
11-S que imputaba a la CIA "irregularidades" en el manejo de
información sobre Irak y los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York.
Después
de que ex altos funcionarios
de la CIA vinculados a la campaña de Kerry
resolvieran revelar las mentiras
sobre las ADM de Saddam, Bush y los halcones tomaron la decisión de
relevar a Tenet y terminar con la estructura que le
respondía en la Agencia.
Por presión del Comité de
Inteligencia del Senado de EEUU se creó una comisión parlamentaria encargada de
investigar el proceso tras los atentados del 11-S, quien recomendó una
reestructuración de los servicios de inteligencia recortando facultades a la
CIA.
La nueva
legislación, basada en las recomendaciones de la Comisión del 11-S,
creaba un nuevo cargo
de director de inteligencia nacional,
con amplios
poderes sobre el resto de las agencias de inteligencia, incluida
la CIA,
y con control sobre los gastos de
inteligencia.
Esa situación afectaba el poder de
Rumsfeld
y de los halcones del Pentágono, quienes controlan
el 80% de los 40.000 millones de dólares anuales dedicados a inteligencia
en EEUU.
Después de una intensa presión de la Casa Blanca y del
Pentágono, el Congreso aprobó finalmente un proyecto que
redujo el poder del nuevo director, aduciendo
facultades del Secretario de Defensa para mantener sus
"responsabilidades estatutarias".
Esto es, mantuvo vigente el control del 80% del presupuesto al
Pentágono.
Finalmente se creó
la Dirección Nacional de Inteligencia que fue ocupada por el
ex super-embajador en Irak, John Negroponte (foto), un
funcionario señalado como responsable de matanzas y torturas
en su paso por Centroamérica, que goza de la íntima confianza
de Bush y su clan.
"Confío que con la creación del SCN
el gobierno estadounidense tendrá una capacidad de inteligencia humana más
cohesiva y realmente nacional", dijo Negroponte en un comunicado anunciando la
decisión de devolverle a la CIA su antiguo protagonismo.
"Es un paso positivo para crear una
comunidad de inteligencia más unida, coordinada y efectiva", remarcó el jefe
nacional de los espías.
Con la decadencia de la Agencia, en enero último,se reveló que una red de inteligencia del
Pentágono (SSB) había sido
organizada en forma
clandestina para
sustituir
a la CIA en las operaciones encubiertas en el exterior.
Su jefe designado
renunció luego de que el Congreso estadounidense iniciara una
investigación, y el caso reavivó la polémica en torno al control de los
servicios de inteligencia en EEUU.
Según The
Washington Post el jefe del servicio de
espionaje del Pentágono Rama de Apoyo Estratégico (SSB), renunció luego de
hacerse público que esa dependencia invadió un tradicional
terreno operacional de la Agencia
Central de Inteligencia (CIA).
La administración de
los halcones, abrumada por las denuncias y acusaciones en el Congreso
estadounidense, esperó el
segundo mandato de Bush, para poner en marcha su proyecto de
reemplazar a la CIA por comandos y agentes secretos militares
en las operaciones encubiertas en el exterior.
De esta manera, y mediante decretos
presidenciales que pasaban sobre disposiciones del Congreso,
grupos secretos de comandos y unidades de
fuerzas especiales comenzaron
a realizar operaciones encubiertas contra
objetivos sospechados de terroristas en no menos de diez naciones en el
Oriente Medio y Asia del Sur,
marginando de esas misiones a la
División de Operaciones Paramilitares de la
CIA.
Fuentes en Washington señalaron como jefes políticos de la operación de subordinación de la CIA y de la inteligencia
civil al Pentágono,
al Vicepresidente Dick Cheney y
al secretario
de Defensa Donald Rumnsfeld, jefes del grupo
neoconservador, quienes hicieron lobby
para que Bush firmara una serie de resoluciones y decretos presidenciales
que habilitan la participación de comandos militares
en operaciones
encubiertas.
Con la nuevas reglas,
Rumsfeld y
el general Stephen Cambone, Subsecretario de Defensa para Inteligencia,
podrían enviar desde
el Pentágono a los llamados " equipos de
acción " en aquellos países señalados como
"terroristas", o como "protectores de terroristas", caso de Irán y de
Siria,
incluidos en la lista de países que Condoleezza Rice, la flamante
secretaria de Estado norteamericano, calificó como "tiranías" defensoras
del terrorismo, en la cual también incluyó
a Cuba, Bielorrusia, Irán, Myanmar (ex
Birmania), Corea del Norte y Zimbabwe.
Con la creación del SCN la CIA
recupera su antiguo rol de baluarte del espionaje imperialista
estadounidense desplegado por el mundo.
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