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(IAR-Noticias)
03-En-06
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Una ucraniana serrucha leña en
un poblado cerca de Kiev |
Los diarios e informativos de televisión que jugaron con el título "la
guerra del gas" para encuadrar la información sobre el conflicto entre Rusia y
Ucrania por la provisión de ese tipo de energía quizá se hayan acercado al
futuro más de lo que deseaban. Aunque Moscú insiste en que su disputa con Kiev
es sólo "comercial", todo hiede a política y su componente principal, la
energía, es como lo prueba la historia un poderoso incentivo para guerras
reales, no ya metafóricas.
Por Oscar Raúl Cardoso -
Clarín
El problema tiene una dimensión continental que actúa como un amplificador de la
crisis. Cuando Gazprom anunció una reducción drástica en el volumen de gas
natural que bombea hacia Ucrania puso en jaque inmediato a no menos de trece
naciones de Eurasia. Alemania, principal cliente del gas ruso, advirtió
inmediatamente que la decisión rusa echaba sombras sobre la credibilidad de
Moscú como socio comercial y proveedor energético.
Ucrania actúa como distribuidor de cerca del 25% del consumo de Europa, en un
momento en que el gas natural parece a punto de alcanzar un pico histórico de
demanda que reduciría, aunque todavía marginalmente, la demanda de petróleo del
mundo industrializado.
Baste ver lo que ha sucedido solo en el año que acaba de concluir. No se trata
ya de proyectos de gasoductos. Los crecientes precios del crudo han hecho que
grandes multinacionales —entre ellas Shell, Exxon-Mobil y Total— decidieran
invertir en Oriente Medio durante el 2005 en multimillonarios proyectos de
producción de gas líquido, que es el que suele transportarse en buques tanque.
Hasta no hace mucho los expertos consideraban que este tipo de energía era
económicamente poco viable —hay que transformarlo en líquido en origen y luego
volver a gasificarlo en destino— y de transporte inseguro, a pesar de que ya en
1959 un viejo carguero, "El Pionero de Metano", probó que el abastecimiento
podía realizarse a distancia.
En la dimensión comercial Rusia tiene un argumento sólido. Ucrania está pagando
a Rusia 50 dólares por metro cúbico de gas natural mientras que el valor de
mercado del producto es de alrededor de 230 dólares, que es lo que reclama
Moscú. Hasta la Organización Mundial de Comercio (OMC) —un foro al que tanto
Moscú como Kiev quieren sumarse— recomendó actualizar los valores de
intercambio.
Esto no explica, sin embargo, la razón por la cual Moscú opta por mantener
los precios bajos en casos como los de Bielorrusia —que sigue firme en la
órbita de influencia rusa— y Azerbaiján en el Cáucaso. En Kiev, gobierna un
antiguo banquero, Víctor Yushchenko, que está empeñado en inclinar su país hacia
Occidente.
Gazprom dio, por el momento, marcha atrás porque las reacciones adversas fueron
demasiadas, inmediatas y vinieron como ola de tsunami. Pero el problema no
desaparecerá tan rápido como se presentó y habrá que estar atento al plan
maestro de Vladimir Putin, quien desea emplear las reservas de energía de su
país como el pasaporte de regreso de Rusia hacia una condición de potencia
internacional.
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