además de esclarecer por qué la
globalización consiste en la transnacionalización de los capitales, la
producción y los consumos, con la consiguiente desnacionalización de las
economías y las culturas, hemos abordado la apasionante cuestión del surgimiento
de una clase social global que decide los destinos de la humanidad desde todas y
ninguna partes.
Esta clase está compuesta por
inversionistas corporativos, reyezuelos del petróleo, capos del crimen
organizado y miembros ricos de las noblezas. Su patria es el capital. Y un
conjunto de castas oligárquicas, político-militares y religiosas, locales, cuida
de sus intereses a buen sueldo. A menudo, los propietarios de los capitales
transnacionales se meten a políticos para hacer avanzar sus agendas. Es el caso
de la familia Bush, que tomó por asalto la Casa Blanca en las pasadas
elecciones.
Los intereses de esta clase global exigen la promoción de guerras en todo el
mundo, así como el estímulo de las migraciones y el narcotráfico (porque las
finanzas mundiales no dan un paso sin los narcodólares y la mano de obra
descalificada es necesaria como resorte de las insuficiencias del régimen),
contra todo lo cual simulan luchar haciendo crecer la industria armamentista y
energética, y facilitando la expansión de las fuerzas de seguridad e
inteligencia globales, las cuales actúan por encima del derecho internacional.
Cuando los mismos individuos
coinciden en la clase social y la casta política globales, el resultado es un
desinterés y una disminución en el bienestar de sus ciudadanías, y un aumento en
los índices de lucro de las corporaciones transnacionales.
Como la tendencia de esta clase global desnacionalizada va hacia el monopolio
mundial de la producción, la distribución y el consumo de mercancías, no le
interesa el progreso de la grande, pequeña y mediana empresa locales si no forma
parte de sus corporaciones, y por eso tampoco ve con simpatía a las oligarquías
nacionales.
Pero en tanto que son éstas las
que tienen el control político de sus países, es con ellas que la clase global
negocia para que sus monopolios entren a las naciones en venta, a cambio de lo
cual las oligarquías sólo piden ser socias minoritarias de sus amos globales.
Los enemigos de la clase global y de las oligarquías locales no son, pues, los
obreros ni los campesinos ni los pobres, a los que han integrado a los consumos
globales (telefonía móvil, cable, videojuegos) mediante ofertas segmentadas que
llegan hasta la venta de desechos (como en el caso de los móviles usados), sino
los empresarios independientes, grandes, medianos y pequeños.
Es decir, aquellos que, imbuidos
del espíritu del liberalismo, trabajan por una economía libre con igualdad de
oportunidades, buscando la expansión de la propiedad privada y el lucro hacia
cada vez más y más ciudadanos como medio para alcanzar el desarrollo económico y
social.
La nueva clase global quiere el monopolio de la generación de riqueza en el
mundo para ella sola. Las oligarquías sueñan con integrar esa elite, pero se
contentan con ser parte del anillo que la rodea, representando y defendiendo sus
intereses en cada país, para lo cual sus cuadros universitarios impulsan
políticas privatizadoras y antiestatales bajo la bandera del liberalismo.
También, reformas educativas
intelicidas para formar cuadros técnicos sin capacidad crítica, es decir, sin la
habilidad de realizar análisis, síntesis y conclusiones acerca de problemas
concretos, sino sólo capacitados para deglutir verdades prefabricadas envueltas
en razonamientos formales y creencias teológicas intolerantes.
La clase global representa lo opuesto al ideario liberal y a su meta de
construir sociedades prósperas mediante la expansión de empresariados libres y
competitivos, y capas medias crecientes. Sus agentes locales son los oligarcas y
los neoliberales de clase media.
En lo local, procede oponerles
partidos liberales con cuadros capaces de promover la libertad económica de
todos frente al monopolismo de unos cuantos, forjando así una digna y creativa
respuesta "glocal" y no un cobarde seguidismo imitativo global.