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(IAR-Noticias)
09-En-06
Informe especial
S egún esas confesiones, Joseph Ratzinger, cardenal alemán, accedió a la máxima posición en Roma
a través de una
campaña de presión ejercida por el Opus Dei valiéndose de un grupo influyente de
cardenales ultra conservadores pertenecientes a la red de poder de esa
organización.
Uno de los cuatro cardenales
brasileños que participaron al Cónclave que nombró Papa a Ratzinger, ex prefecto
de la Congregación para la Doctrina de la Fe, reveló a Cammarotti que el elegido
había hecho una campaña electoral a escala mundial con ayuda del Opus Dei.
En septiembre, pese a los
juramentos de silencio, otro cardenal dio anónimamente detalles de la
votación publicadas por la revista italiana Limes.
El cardenal brasileño pidió al periodista del diario O Globo, que
mantuviera su anonimato porque está castigado quebrantar los secretos de
un cónclave.
Los cuatro cardenales brasileños
que participaron en la elección papal fueron el arzobispo de San Pablo, Claudio
Hummes, que según dichas revelaciones había obtenido cinco votos; el arzobispo
de Río, Eusebio Oscar Sheid, simpatizante del Opus Dei; el arzobispo de Salvador
de Bahía, Geraldo Majella Agnelli, actual presidente de la Conferencia Episcopal
de Brasil, y el arzobispo emérito de Brasilia, José Freire Falçâo.
Según
dijo a O Globo el anónimo cardenal, Ratzinger había preparado una campaña electoral en toda regla para conseguir el
papado, con la ayuda fundamentalmente de los principales cardenales de la Curia
y de los grandes movimientos de la Iglesia de corte conservador, “principalmente
del Opus Dei”.
De esta manera, y según el periodista Camarotti, "Ratzinger entró al cónclave, el 18 de abril, prácticamente electo".
El ex custodio de la ortodoxia, hoy convertido en Papa, dio luz verde a algunos cardenales para que comenzaran a trabajar
en una campaña en su favor, en encuentros con sus colegas en conventos o casas
religiosas en los cuales "Ratzinger evitó aparecer personalmente".
Así, los movilizados por Ratzinger
trabajaron en todos los continentes para impulsar a los cardenales menos
progresistas para elegirlo. Tenían el mandato de Ratzinger para asegurar que
"aceptaba la candidatura”.
En Latinoamérica se movilizaron especialmente los cardenales Aloisio Trujillo,
de Colombia, y Jorge Arturo Medina, de Chile, ambos del Opus Dei. En Europa fue
muy activo el austríaco Christoph Schoenborn, a quien Ratzinger había colocado
en Viena para frenar los movimientos progresistas de la diócesis.
La campaña se hacía en cenas y encuentros en conventos e institutos religiosos.
El objetivo era llegar al cónclave con la idea de que Ratzinger era uno de los
favoritos y exaltar todas las cualidades del candidato. El mayor problema,
afirma la fuente cardenalicia brasileña a O Globo, fue convencer a los cardenales de que no era verdad
que Ratzinger rechazaba ser Papa por motivos de edad y de frágil salud, como
afirmaba la prensa.

"Cuando llegamos a Roma, había mucha duda e incertidumbre. Trujillo y Medina
organizaban encuentros, y ahí decían claramente que habían consultado a
Ratzinger y que garantizaban que el cardenal alemán aceptaría ser papa, y que
había dado luz verde para su campaña, señaló el anónimo cardenal al periodista
Camarotti.
El grupo de prelados que hacian lobby
para su elección enumeraban las cualidades de Ratzinger para ser el sucesor ideal de Juan Pablo II", dijo el purpurado
brasileño.
Según Camarotti, no fue fácil para Ratzinger llegar al cónclave como
favorito. No sólo porque en los medios comenzaba a trascender su pertenencia a
la Juventud Hitlerista sino, principalmente, porque algunas informaciones
indicaban que este teólogo, anciano y cansado, no quería ser papa.
Cuando se abrió el cónclave, y
tras haber prohibido Ratzinger como decano a los cardenales hablar con los
medios de comunicación, existía ya la convicción entre el electorado de que el
purpurado alemán aceptaba el nombramiento. La campaña había funcionado y se
presentaba a Ratzinger como “el mejor teólogo del cónclave” y el mayor seguidor
del pontificado de Juan Pablo II.
El cardenal brasileño asegura que, cerradas las puertas del cónclave, continuó
discretamente la campaña a favor de Ratzinger durante comidas y cenas.
Según el cardenal testimoniante, "ellos
reafirmaban la plataforma de Ratzinger y resaltaban el hecho de que era
considerado el mayor teólogo de la Iglesia moderna y un intelectual brillante.
También destacaban su edad, ya que después de un pontificado largo como el de
Juan Pablo II, muchos cardenales preferían un papa de transición. Y recordaban
que había sido el purpurado más fiel de Juan Pablo II y el que había estado más
tiempo en la Curia, lo que garantizaría un wojtylismo sin Wojtyla".
Otro factor que pesó, según el cardenal brasileño, fue que había muchos
cardenales nuevos y con poca experiencia, y Ratzinger, decano del colegio
cardenalicio, era uno de los pocos que tenía contacto con todos ellos.
Otro
argumento utilizado en la campaña, era que el alemán iba a tener el coraje de
reformar la Curia, descentralizando un poco más el poder de Roma. "Los
cardenales aún esperan esa promesa de campaña", apuntó el periodista del
diario O Globo.
Si bien los medios informaron en su momento que hubo un fuerte lobby en favor de Ratzinger, lo nuevo del artículo de O Globo
sería la presunta participación del propio cardenal en la campaña. "No hay
evidencias de que Benedicto XVI haya participado activamente en eso. Lo que sí
es seguro es que Ratzinger, que sabía que había un grupo que auspiciaba su
candidatura, no hizo nada para detenerlo", señalaron algunos medios
brasileños tras conocerse el testimonio del supuesto cardenal.
En sus revelaciones
a O Globo, el cardenal elector
brasileño confirma algunas indiscreciones de la revista italiana Limes, como que Ratzinger fue finalmente elegido con
84 votos de los 115 cardenales presentes y
que su contrincante no había sido el cardenal jesuita Carlo María Martini, sino
el también jesuita arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, quien llegó
a tener en el tercer escrutinio 40 votos.
Martini había llegado sólo a
nueve. Según el cardenal brasileño, a Martini no le benefició el hecho de que
“caminaba con bastón” y que los amigos de Ratzinger habían hecho correr la voz
de que sufría de Parkinson.
Según informó O Globo
tras la publicación de las revelaciones del
cardenal, a algunos obispos brasileños consultados sobre el caso “no les extrañó
que hubiera cardenales que hicieran campaña electoral a favor de Ratzinger” y
recordaron que el cardenal alemán ya había afirmado en 1978 que “no es el
Espíritu Santo el que dicta a los cardenales el nombre del nuevo Papa”, como
solía defender la Iglesia.
La Conferencia Episcopal de Brasil (CNBB) ha reconocido en el diario la
importancia que tuvo el Opus Dei en la elección de Benedicto XVI, porque la Obra
“goza de gran prestigio en el Vaticano, principalmente entre los cardenales más
conservadores”.
Interrogada la Nunciatura en Brasilia sobre las revelaciones del cardenal,
dijo
que no iba a responder sobre el tema. Por su parte el presidente de la
Conferencia Episcopal, cardenal Majella, uno de los cuatro brasileños que
asistieron al cónclave dijo que no cree que un cardenal haya podido hacer tales
revelaciones.
Luigi Accattoli, vaticanista del Corriere della Sera, escribió que le parecía
"sorprendente" la versión de O Globo, según la cual Benedicto XVI orquestó una
campaña para ser electo.
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