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(IAR-Noticias)
04-En-06
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Embajador de EEUU en Bolivia,
David Greenlee. |
Informe especial
E l
comunicado de prensa del MAS fue escueto:
"Este
martes, el
presidente electo de Bolivia, Evo Morales, conversó sobre la "política contra el
narcotráfico" durante su primera reunión con el embajador de Estados Unidos en La
Paz, David Greenlee".
El Movimiento al Socialismo (MAS)
dijo que la cita con David Greenlee se produjo en la residencia del embajador
"en los marcos de la mayor cordialidad y respeto".
Y llamó la atención a los expertos
que la reunión se hubiera "filtrado" a la prensa, cuando
habitualmente esos encuentros de "Mister" Greenlee con la dirigencia vernácula (incluído
Morales) nunca trascienden a la opinión pública.
Tres días antes, Evo Morales, había
dicho que el jefe del Imperio al que representa "Mister" Greenlee, George W.
Bush, era el "peor asesino" y "terrorista" del mundo.
Apenas
horas antes la oligarquía boliviana, dueña de tierras y fiel aliada de las
petroleras extranjeras y de EEUU, aplaudió de pie a Morales, tras recibir
de éste el compromiso oficial para privatizar el yacimiento de hierro y
manganeso más rico del mundo, garantizar la autonomía regional y dar plena
seguridad a las inversiones y propiedades de empresarios y latifundistas.
"Que viva la coca, que mueran los
yanquis", exclamó el pasado 18 de diciembre, al finalizar el discurso que
pronunció horas después que concluyó la elección general que le dio la victoria
con el respaldo histórico del 53,7%.
Dos días después, en la primera
conferencia de prensa que ofreció en La Paz como Presidente electo, Morales
planteó a Estados Unidos un "pacto de lucha contra el narcotráfico" que
tome en cuenta a productores y consumidores", y reiteró que impulsará la
despenalización de la hoja de coca.
Luego, en una entrevista con la
cadena CNN, ironizó llamando "condolencia" a la secretaria de Estado de
EEUU, Condoleezza Rice,y durante una concentración en el Chapare, anunció el
entierro de los planes de "coca cero", que en algún momento fueron de
interés de Washington.
En marzo de 2003, cuando Mister Greenlee asumía por segunda vez en la embajada de Bolivia, el entonces
diputado Evo Morales comentaba en la publicación Narco News que
“Greenlee en persona dirigió varios operativos represivos en el Chapare, y
planificó algunos, como la masacre de Villa Tunari” el 27 de 1988, donde
hubo 12 personas asesinadas (incluso niños y mujeres) y más de veinte heridos.
Eso no fue impedimento para que,
según el MAS, Morales y su futuro vicepresidente Alvaro García estuvieran una
hora en la residencia de "Mister" Greenlee para una conversación "cordial" que
"giró alrededor de temas referidos a las relaciones diplomáticas y la
cooperación bilateral entre ambas naciones".
Horas después, Morales estaba en
Venezuela lanzando con Chávez lo que calificaron como una "lucha
(global) contra el imperialismo en América Latina".
Olvidado de su encuentro "cordial"
con el representante del imperio en Bolivia, Morales recibió de manos de Chávez
una réplica de la espada de Simón Bolívar, como "símbolo de compromiso, batalla y victoria".
Y hay un dato que no es menor:
"Mister" Greenle, el amable interlocutor de Morales (el indígena
"antiimperialista" convertido en presidente electo) es el delegado del Comando
Sur de los EEUU en la "lucha contra el terrorismo y el narcotráfico", y comanda
con mano de hierro la estación local de la CIA.
Desde el bunker de "Mister" Geengle
-según los expertos en Bolivia- se trabajjó la "opción democrática Morales" como
alternativa a la "opción terrorista" de la COB y los sectores combativos del El
Alto.
La ficha técnica de "Mister" Greenlee
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David Greenleee presenta sus
cartas credenciales como embajador de EEUU en Bolivia al ex presidente
Sanchez de Lozada. |
Según sus biógrafos y los que
conocen su historial: más que historial, el embajador "Mister" Greenlee tiene
prontuario.
Su curriculum oficial dice que
David N. Greenlee, nacido el 3 de junio de 1943 en White Plains, Nueva Yorkse,
se desempeña como Embajador de Estados Unidos en la República de Bolivia desde
enero de 2003.
Fue Embajador de Estados Unidos en
el Paraguay de julio de 2000 a enero de 2003. Previamente, ocupó varios cargos,
entre ellos: Coordinador Especial del Departamento de Estado para Haití (1997 a
1999); Delegado de EE.UU. (con rango de Embajador) y Jefe del Grupo de Monitoreo
Israel-Líbano (1996-97); Consejero Político del Comando del Ejército (1995-96);
y Ministro Consejero en las Embajadas de EE.UU. en Madrid, España (1992-95),
Santiago de Chile (1989-92), y La Paz, Bolivia (1987-89).
Pero, más allá de sus títulos
oficiales, "Mister" Greenlee es un servicial halcón de la CIA, especializado en
la "guerra contraterrorista" y en el "combate contra el narcotráfico",
según el decálogo regional establecido por el Pentágono y el Departamento de
Estado.
Los que lo conocen en el Departamento
de Estado aseguran que, pese a su fama de "duro", el CIA-embajador es un
"cerebral" capaz de planificar y ejecutar complejas operaciones encubiertas en
el terreno del combate contra las drogas, especialidad que lo llevó a Bolivia.
De acuerdo con la revista
El Juguete Rabioso, Greenlee aprovechó el nombramiento de embajador para
llevar adelante una política guerrerista, enfocando todo combate al narcotráfico
en un sólo enemigo: el movimiento cocalero.
Según escribía Wilson García Mérida en
Soberanía, en marzo de 2003, "David
Greenlee cree que ha llegado la hora del arribo de tropas
norteamericanas al Chapare, puesto que el Comando Sur (del que Greenlee fue
consejero político a mediados de los noventa) no participa en las operaciones
del Golfo Pérsico. Este Embajador es experto en
crear condiciones óptimas para facilitar la virtual invasión
militar estadounidense en nuestra zona de conflicto cocalero,
generando el indispensable clima de incertidumbre política e inestabilidad en
nuestra democracia, tal como ya lo hizo durante su gestión como jefe de la CIA y
embajador interino en Bolivia entre 1986 y 1989".
El presidente George Bush designó
a David Nicol Greenlee como embajador ante Bolivia en enero de 2003.
Anteriormente, a fines de los años ‘80, Greenlee había sido embajador en
carácter de interino en ese país, cuando la representación diplomática quedó
acéfala a causa de la crisis de Huanchaca, el mayor incidente de drogas en
Bolivia.
Bajo su primera gestión
diplomática (1987-1989) Bolivia vivió episodios de violencia de suma gravedad.
La llegada de tropas del Comando Sur al Chapare, región de producción de coca
ubicada en el departamento de Cochabamba, sirvió para un amplio despliegue
militar y para operaciones represivas contra el campesinado.
Greenlee promovió la incursión
ilimitada de asesores militares norteamericanos en el Chapare, que asumieron el
mando de las tropas nativas.
Esos mismos agentes
norteamericanos abrieron fuego desde sus helicópteros artillados el 27 junio de
1988 (apenas un año después de los hechos de Parotani), en la población
chapareña de Villa Tunari, acribillando a centenares de campesinos que se
oponían al uso de herbicidas para erradicar cocales, siendo Greenlee dueño y
señor de la embajada norteamericana en La Paz.
Según sus biógrafos, la relación
que une a este diplomático –que habla español, francés y guaraní– con Bolivia se
remonta a la década del ’60, cuando sirvió como voluntario del "Cuerpo de Paz",
de 1965 a 1967.
Antes había formado parte del
ejército estadounidense en Vietnam y se había especializado como experto en
operaciones encubiertas, en áreas controladas por la Central Estadounidense
de Inteligencia (CIA).
Matrimonio de conveniencia
Si bien el prontuario de "Mister"
Greenlee podría dar cabida a varios libros, el bajo perfil con que rodea su
figura hizo que su presencia en Bolivia forme parte del anecdotario y del
murmullo en el poder, antes que del conocimiento de sus andanzas a nivel
masivo.
Según cuentan los sectores combativos
en Bolivia, la participación de Greenlee fue decisiva para que -durante las
jornadas de violentas protestas sociales de mayo y junio de 2005- los
ultra conservadores Vaca Diez y Mario Cossío presentaran su renuncia a la sucesión constitucional y abrieran paso para que Eduardo Rodríguez,
el presidente de la Corte Suprema (y asesor jurídico de la Embajada) , fuera el
sucesor del renunciante Carlos Mesa.
Los ultraconservadores planteaban como
salida al conflicto: un gobierno de "mano dura", estructurado con fuerte
respaldo militar (aunque sin romper el orden constitucional) y con una fuerte
política represiva para desactivar la protesta social, despejar las rutas,
imponer un estado de emergencia (estado de sitio) con encarcelamiento de los
dirigentes combativos.
Con este escenario los "moderados"
del establishment y los gerentes de las multinacionales comenzaron a temer un
"choque" de imprevisibles consecuencias con los manifestantes enardecidos en
las calles que dejaría a Bolivia (y a sus negocios) paralizada definitivamente.
Esta situación -según los combativos-
fue determinante para que Morales pasase a ocupar un rol gravitante en la
ruptura y división de la protesta social, fracturando al movimiento entre
"duros" (los que planteaban seguir la lucha) y "moderados" (los que proponían
las elecciones con Morales a la cabeza).
Con las medidas de "salida
democrática" alentadas desde la embajada de "Mister" Greenlee , los sectores
neoliberales y reformistas (conservadores y demócratas del establishment)
confiaban en que se pondría fin a la rebelión popular
que se extendía desde el altiplano hacia los valles en demanda de la
nacionalización del gas y el petróleo, y que ya comenzaba a levantar la
bandera de la insurrección popular.
Rodríguez –otro neoliberal avalado
por la Iglesia, por los sectores reformistas e indígenas del diputado cocalero
Evo Morales, y por las fracciones más "moderadas" del empresariado
oligárquico y de las clases medias- tenía la tarea de convocar a elecciones nacionales para fin
de año y así conformar el nuevo gobierno y remozar el Parlamento.
De esta manera, Evo Morales fue
consagrado presidente votado tanto por el campesinado y los indígenas como por
las clases altas y medias de Santa Cruz, el principal bastión del poder
oligárquico en Bolivia.
La presencia formal y protocolar de
Morales en la residencia de "Mister" Greenlee, el martes, fue solamente una
señal mediática para "calmar a los mercados", y no tuvo otro objetivo que el de
mostrar al poder internacional la sumisión del nuevo presidente boliviano a la
estrategia regional de EEUU .
Morales es un "viejo conocido"
de Mister Greenlee, y sus encuentros -como lo saben los expertos y la clase
política en Bolivia- son asiduos desde que el indígena comenzó a ser una
"alternativa democrática" para la continuidad del sistema en Bolivia.
Y las "necesidades mutuas" de ahora
en más, indican que las reuniones "cordiales" de ambos se intensificarán por dos
razones concretas:
1) EEUU necesita a Morales para
terminar de "pacificar" a Bolivia y acabar con los sectores combativos que, de
tanto en tanto, paralizan Bolivia reclamando la nacionalización de los
hidrocarburos y la expulsión de las multinacionales petroleras.
2) Evo Morales necesita a "Mister"
Greenlee y a la CIA para desactivar los reclamos y las protestas que preparan
la COB y los sectores combativos para exigirle al nuevo presidente que cumpla
con las promesas de nacionalizar los hidrocarburos y expropiar a las
multinacionales, cosa que -según el presidente electo- nunca va a ocurrir.
Los sectores combativos que confrontaron con
la posición del MAS sobre la nacionalización de los
hidrocarburos en las jornadas de mayo-junio de 2005, influenciados por el
secretario de la Central Obrera Boliviana (COB), Jaime Solares, dieron
antes de las elecciones nacionales un plazo de 90 días para que en
caso de que acceda al poder Evo Morales nacionalice los hidrocarburos.
Para esos sectores, está claro el rol
del nuevo presidente en la estrategia del Departamento de Estado y el Pentágono
para Bolivia, y el choque con su política se proyecta como de corto plazo.
Esta situación -y por obvias razones-
convierte a la relación del halcón diplomático de la CIA con el indígena
"antiimperialista" en un "matrimonio de conveniencia".
De esos que se dicen de todo en
público, y luego arreglan sus asuntos de dinero en la alcoba.
Y como es de uso, las futuras reuniones de Mister Greenlee con el indígena
"antiimperialista" (de ahora en más, el "gerente de enclave") estará enmarcada y
presidida por la solemne y democrática bandera de cincuenta estrellas, la que
impone "símbolo de compromiso, batalla y victoria" por todo el
planeta.
A los que se opongan a este "racionalismo pragmático" (ya convertido en
escuela por los progresistas del Cono Sur) se les tildará con el
calificativo de costumbre: izquierdistas infantiles.
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