Informe
especial
En
los tiempos en que no hace "guerra mediática" contra Bush y el "imperialismo
yanqui" Hugo Chávez se dedica a pelearse con los administradores "neoliberales"
de Washington en la región, como es el caso del presidente de Perú, Alejandro
Toledo, quien responde a los ataques con los clásicos argumentos que utilizan el
Departamento de Estado y los "gusanos" de Miami para descalificar al presidente
de Venezuela.
En esa línea de
mediocridad y estupidez política aceptada como "normal" el
administrador de enclave peruano acusó al venezolano de
"desestabilizar" la región con sus petrodólares.
Justo lo que le hace
falta a Chávez: que ha construido su imagen mediática a
partir de los ataques que recibe de Bush y de los
"neoliberales", que le permitieron situarse en la
"izquierda" que es donde pesca los mejores aliados para su
proyecto político unipersonal en América Latina.
De esa manera Chávez,
quien antes del golpe de Estado de abril de 2001 era considerado
como un militar "nacionalista, demagogo y fascista" por
los sectores de la "nueva izquierda", tras la asonada contra su
gobierno se convirtió para esos mismos sectores en "líder del
socialismo en América Latina".
En términos
estratégicos, Chávez vive del ataque y la defensa, y nada
mejor que el ataque de sus mediocres enemigos para proyectarlo
ante la opinión como un líder que se enfrenta sin concesiones al
poder del imperio y sus asociados.
En base a sus
promocionadas peleas o a sus incontables denuncias de
"magnicidio" o de "desestabilización", Hugo Chávez, ha
conseguido un impacto mediático internacional fuera de serie
para un presidente de un país dependiente, a punto tal, que en
la cobertura de las tres mayores cadenas de EEUU -según un
estudio reciente- Chávez supera a toda Latinoamérica junta en
apariciones.

Ese es el negocio
político de Chávez: pelearse con Bush, denunciar al
"imperialismo" (no al capitalismo al que tiene instalado, y
cómodo, dentro de Venezuela), y ahora, en una especie de salto
cualitativo, le ha tomado el pulso mediático a sus peleas con
los socios "convencidos" de Bush, que de 34 presidentes
en la región, suman 29, según quedó demostrado con las
posiciones ante el ALCA.
Todos clonados
por Washington, con el mismo discurso y el mismo "programa
económico" a ejecutar por orden del Tesoro norteamericano, esta
treintena de "mandatarios" (Con Fox y Uribe a la cabeza)
conforman un clan "Si-Bush" de la peor factura cipaya y
oportunista que se tenga memoria.
En este escenario,
Chávez, gran escenógrafo y animador mediático, munido de
artillería verbal "antiimperialista" pesada, se presenta como la
"mosca en la leche" y se hace una fiesta con Bush y los "Sí-Bush"
que gerencian los intereses de los bancos y trasnacionales
en la región.
La nueva telenovela
de "enfrentamiento con el pusilánime presidente Toledo de Perú
-la anterior fue la de Chávez vs. Fox tras la Cumbre de
presidentes en Mar del Plata- fue porque Chávez opinó sobre los
candidatos presidenciales peruanos, y Toledo lo consideró
"intromisión".
En esa línea
"intelectual y filosófica" de sacarse los "trapitos al sol",
casi como una pelea de comadres de barrio, transcurren los
enfrentamientos entre Chávez y sus enemigos que los periodistas
y los medios -escasos de noticias y de imaginación- convierten
en "problemas de Estado".
En este contexto, el presidente peruano, Alejandro Toledo, acusó
a su par Hugo Chávez de "desestabilizar" a América latina con
sus "petrodólares", por opinar sobre los candidatos a la
presidencia peruana, y advirtió que no le permitirá
"intromisiones" en asuntos de su país.
En respuesta,
Venezuela calificó oficialmente de "fracaso" al gobierno de
Toledo.
"Que quede claro, Hugo Chávez es presidente de Venezuela, no
es presidente de América latina, y puede tener todos los
petrodólares que quiera pero eso no le permite desestabilizar a
la región", disparó Toledo en declaraciones a una radio limeña.
Para el presidente de Perú, Chávez "está cometiendo errores
graves que tienden a desestabilizar a Latinoamérica". Se
refería a que el venezolano se refirió dos veces en la última
semana a los comicios presidenciales que se realizarán el 9 de
abril en Perú.
Como era obvio,
Chávez atacó al proceso peruano para provocar una "respuesta"
y luego lanzar su artillería.
El martes, Chávez afirmó que la postulante de la derecha,
Lourdes Flores es la "candidata de la oligarquía" en
Perú. Y señaló que hace cinco años ella intervino en Caracas en
un foro opositor venezolano donde lo insultó y que por eso casi
fue expulsada por "extranjera indeseable".
Flores lidera las encuestas, seguida muy de cerca por el líder
nacionalista Ollanta Humala, un oficial retirado del
Ejército cuya imagen creció sorpresivamente en las últimas
semanas, según los sondeos.
Para los expertos,
sin embargo, el crecimiento de Humala no resulta "tan
sorpresivo", dado que, al igual que lo hicieron con Evo
Morales, son la CNN y las cadenas norteamericanas quienes
proyectan su figura mediante resultados de "encuestas" que le
otorgan un crecimiento desmesurado en las intenciones de voto.
A Humala el
Departamento de Estado y la CIA lo están "fabricando" por
las mismas razones que fabricaron a Evo Morales en Bolivia: la
dirigencia oligárquica de Perú, dividida, corrupta y decadente,
no le asegura a Washington y a las transnacionales ninguna
"gobernabilidad" en Perú.
Se repite, en otra
escala, el fenómeno de Bolivia, donde la figura electoralista de
Evo Morales fue proyectada (por izquierda y por derecha) como
contrapartida de la decadencia del poder oligárquico y del
crecimiento de la protesta social liderada por sectores
combativos "duros" con pocas ganas de pactar con el
establishment.
Y hay un punto de "razonabilidad"
en la maniobra: es preferible controlarlo a Huamala y a
Chávez, a tener que lidiar y/o reprimir conflictos sociales
cuyo desenlace a corto tiempo se apresura por la división de los
establishment nativos y de sus clases políticas arrasadas por la
decadencia y las divisiones.
A esta situación hay
que agregar el creciente polvorín social latinoamericano
producido por los salvajes saqueos del capitalismo trasnacional
que ya han dejado 230 millones de pobres y marginados, y
que ante la menor chispa puede explotar en cadena rompiendo el
statu quo de dominio con elecciones y democracia.
La "legitimación
de nuevos liderazgos" en las urnas, aunque sea desde la
"nueva izquierda" (discursivamente "antiimperialista", pero
administradora "eficiente" de los intereses del poder
capitalista en la práctica) es la medicina que aconsejan los
estrategas del Departamento de Estado para evitar una explosión
incontrolable.
Además del apoyo de
la CNN y del Departamento de Estado, el peruano Humala, quien se
ha convertido al "chavismo", es una nueva pieza dentro del
tablero estratégico del presidente de Venezuela que apuesta a
instalarlo como un nuevo Evo Morales, pero desde el
"nacionalismo" en Perú.
Además de criticar a la candidata Flores, el presidente de
Venezuela reiteró su respaldo a Humala, a quien recibió durante
seis horas en Caracas la semana pasada.
Según Chávez, el ex
militar peruano -que se sublevó en el año 2000 contra el
gobierno de Alberto Fujimori- es "un nacionalista" preocupado
por "los indios del Perú, los olvidados y abandonados". Y
que por eso, "me interesa conocerlo, quiero oírlo y lo oí".
De cualquier forma, no está claro si Humala podrá presentarse a
los comicios, pues la justicia electoral peruana analiza dos
impugnaciones contra él.
Lo acusan de
inscribirse ilegalmente como candidato de Unión por el Perú (UPP),
sin la autorización del Partido Nacionalista Peruano (PNP), del
cual es fundador y afiliado.
Desde luego que todos
esos detalles son "formalidades" que se resuelven -si así lo
decide el Departamento de Estado- con una oportuna
"sugerencia" del embajador norteamericano en Perú a los
integrantes de la Corte Suprema de Justicia peruana que, en
última instancia, tendrán que decidir si Humala está
"habilitado" para ser candidato.
Como anecdotario para el chimento, los "cruces" entre Perú y
Venezuela comenzaron el miércoles 4 de enero, cuando Lima llamó
en consulta a su embajador en Caracas, Carlos Urrutia, en
protesta por el respaldo que ofreció Chávez a Humala.
Pero al día siguiente
la embajada venezolana en Lima declaró que no fue intención de
Chávez influir en la opinión pública peruana y Caracas dio por
superado el roce.
La pelea se reavivó el miércoles, cuando en un comunicado
difundido a la madrugada, la cancillería peruana acusó a Caracas
de "intromisión en asuntos internos" y llamó al gobierno
venezolano a "respetar el proceso electoral peruano".
Luego, el propio Toledo salió a reforzar esa idea. Calificó de
"inadmisible" la posición de su par venezolano. Y remarcó: "No
le voy a permitir entrometerse en asuntos internos de mi país".
Como se verá, el
derroche de materia cerebral en los "cruces" es sorprendente.
Toledo afirmó que respeta la política interna venezolana y
subrayó que es necesario "aclarar las cosas", sobre todo porque
se encontrará con el presidente venezolano el 22 de enero en La
Paz, cuando Evo Morales asuma la presidencia de Bolivia.
Y ese es el punto
central en la cuestión.
Todo indica que
Chávez -como lo hizo con el mediocre presidente de México,
Vicente Fox- está utilizando a Toledo de sparring "peso mosca"
para armar un escenario mediático desde donde proyectarse
cuando asuma Evo Morales, el 22 de enero, con todo el
aparato de la prensa internacional instalado en Bolivia.
Para Chávez, un "duro
entre los duros" en las guerras mediáticas, pegarle al insípido
Toledo es como un juego de niños.
De manera tal, que,
seguramente, si el conflicto diplomático entre comadres
continúa, el presidente del Perú va ser aplastado como si fuera
un "cachorrito del Imperio" por el guerrero venezolano.
El vicepresidente de Venezuela, José Vicente Rangel, una especie
de escudero deslucido y veterano de Chávez, dijo en un
comunicado que Toledo "avanza en un juicio temerario cuando
sostiene que el presidente Chávez está cometiendo errores que
tienden a desestabilizar a América Latina".
Según Rangel "el mandatario peruano carece de "sindéresis"
(capacidad de juicio) y sus opiniones políticas están veladas
por el inmenso fracaso que caracteriza su gestión" pues, dijo,
el respaldo popular a Toledo "no pasa del 7%". Y agregó que "el
gobierno venezolano no desestabiliza, más bien estabiliza la
región, cuando ataca los problemas sociales".
Luego, el jefe de Gabinete de Perú, Pedro Pablo Kuczynski,
respondió que "de ninguna manera" se puede tildar al
gobierno de Toledo como un fracaso.
Como se verá, para
liderar los combates políticos por el poder en América Latina no
se necesitan "muchas luces".
Justo a la medida de
Chávez, un especialista en sacarle jugo mediático hasta a
las piedras.