Chávez -entre
otras cosas- aprovecha el "marketing terrorista"
para construir su imagen mediática a
partir de los ataques que recibe de Bush y de los
"neoliberales", que le permitieron situarse en la
"izquierda" que es donde pesca los mejores aliados para su
proyecto político unipersonal disfrazado de "socialismo" en América Latina.
De esa manera Chávez,
quien antes del golpe de Estado de abril de 2001 era considerado
como un militar "nacionalista, demagogo, y fascista" por
los sectores de la izquierda, tras la asonada contra su
gobierno se convirtió para esos mismos sectores en "líder del
socialismo en América Latina".
En realidad, los que, desde la
prensa alternativa o las tribunas de la izquierda, apologizan y
mitifican la figura "revolucionaria" de Chávez no tienen mucha
idea de donde encontrar pruebas y revelaciones concretas de las
"construcciones socialistas" del presidente venezolano.
Eso sí, hay pruebas estadísticas,
y números, para quien quiera investigar fondo, sobre
quien detenta el control estratégico los resortes
económicos-productivos, el sistema financiero, el comercio
exterior, los recursos naturales, las comunicaciones, de
Venezuela. Se van a encontrar con un montón de empresas
trasnacionales y bancos, todos con nombres y marcas en inglés.
Para quien quiera verificar el
"socialismo" de Chávez, en términos de estadísticas sociales, no
tiene nada más que escribir "pobreza", "desocupación", "hambre",
etc, etc, y agregar Venezuela en el buscador Google. Los
números cantan los siete años de "socialismo" de Chávez.
Para los que quieran perder la
ilusión, hay pensadores de la
izquierda, como James Petras, que sostienen que Chávez, más allá de su discurso
antiimperialista y de corte "socialista", no ha roto ningún eslabón de la cadena
de dependencia venezolana a las petroleras, los bancos y trasnacionales
norteamericanos que siguen controlando su sistema económico-productivo.
En la visión de Petras, Chávez está más cerca del "New
Deal" de Franklin D. Roosevelt que de la revolución socialista de Fidel Castro,
quien lo decretó su "heredero.
"Tras las tres crisis políticas –el fallido golpe militar, la derrota del lock-out
ejecutivo, y la derrota de la oposición en el referéndum– el presidente ha
ofrecido diálogo y ha propuesto alcanzar un consenso con los principales
"barones" de los medios de comunicación y los autócratas de las grandes empresas
y del Gobierno estadounidense, consenso basado en las actuales relaciones
de propiedad, la propiedad de los medios de comunicación y la ampliación de las
relaciones con Washington", señala el pensador.
Después del
golpe de abril de 2002,
las principales compañías petroleras y los bancos
estadounidenses y europeos han seguido manteniendo relaciones económicas
estables y provechosas con el Gobierno venezolano.
No obstante, Chávez, su vicepresidente, y los
principales funcionarios de su gobierno vienen denunciando, casi periódicamente,
que existe una conspiración de la CIA para terminar con su vida, cuyas
usinas y redes operativas se encuentran en Miami.
Las denuncias del posible asesinato
de Chávez, por efecto de la repetición, se han convertido en casi una "rutina
informativa" de la prensa internacional, y sus enemigos gusanos le reprochan que
nunca el gobierno bolivariano presentó "pruebas" fehacientes de los
planes y conspiraciones, que dice poseer.
Sin embargo, el marketing Chávez "comunista y
desestabilizador" (por el lado de los gusanos), y el marketing Chávez
"víctima del Imperio" (por el lado de sus seguidores), calan hondo, mitifican
y polemizan la figura del presidente venezolano.
Justo lo que necesitan Chávez y el Imperio
norteamericano, que canalizan, cada cual por su lado, los mitos demonizadores
y/o apologizadores que despiertan y construyen sus celebres peleas
mediáticas para el marketing.
En términos
político-estratégicos, Chávez vive del ataque y la defensa, y nada
mejor que el ataque de sus mediocres enemigos para proyectarlo
ante la opinión como un líder que se enfrenta sin concesiones al
poder del imperio y sus asociados.
En base a sus
promocionadas peleas o a sus incontables denuncias de
"magnicidio" o de "desestabilización", Hugo Chávez, ha
conseguido un impacto mediático internacional fuera de serie
para un presidente de un país dependiente, a punto tal, que en
la cobertura de las tres mayores cadenas de EEUU -según un
estudio reciente- Chávez supera a toda Latinoamérica junta en
apariciones.
Ese es el negocio
político de Chávez: pelearse con Bush, denunciar al
"imperialismo" (no al capitalismo al que tiene instalado, y
cómodo, dentro de Venezuela), y ahora, en una especie de salto
cualitativo, le ha tomado el pulso mediático a sus peleas con
los socios "convencidos" de Bush, que de 34 presidentes
en la región, suman 29, según quedó demostrado con las
posiciones ante el ALCA.
La pelea
con los "cachorros"
Todos clonados
por Washington, con el mismo discurso y el mismo "programa
económico" a ejecutar por orden del Tesoro norteamericano,
una
treintena de "mandatarios" (Con Fox y Uribe a la cabeza)
conforman un clan "Si-Bush" de la peor factura cipaya y
oportunista que se tenga memoria.
En este escenario,
Chávez, gran escenógrafo y animador mediático, munido de
artillería verbal "antiimperialista" pesada, se presenta como la
"mosca en la leche" y se hace una fiesta con Bush y los "Sí-Bush"
que gerencian los intereses de los bancos y trasnacionales
en la región (igual que Chávez).
Hace unas semanas, armó un nueva telenovela
de "enfrentamiento con el pusilánime presidente Toledo de Perú
-la anterior fue la de Chávez vs. Fox tras la Cumbre de
presidentes en Mar del Plata- fue porque Chávez opinó sobre los
candidatos presidenciales peruanos, y Toledo lo consideró
"intromisión".
En esa línea
"intelectual y filosófica" de sacarse los "trapitos al sol",
casi como una pelea de comadres de barrio, transcurren los
enfrentamientos entre Chávez y sus enemigos que los periodistas
y los medios -escasos de noticias y de imaginación- convierten
en "problemas de Estado".
En este contexto, el presidente peruano, Alejandro Toledo, acusó
a su par Hugo Chávez de "desestabilizar" a América latina con
sus "petrodólares", por opinar sobre los candidatos a la
presidencia peruana, y advirtió que no le permitirá
"intromisiones" en asuntos de su país.
En respuesta,
Venezuela calificó oficialmente de "fracaso" al gobierno de
Toledo.
"Que quede claro, Hugo Chávez es presidente de Venezuela, no
es presidente de América latina, y puede tener todos los
petrodólares que quiera pero eso no le permite desestabilizar a
la región", disparó Toledo en declaraciones a una radio limeña.
Como era obvio,
Chávez atacó al proceso peruano para provocar una "respuesta"
y luego lanzar su artillería.
No hace mucho, Chávez afirmó que la postulante de la derecha,
Lourdes Flores es la "candidata de la oligarquía" en
Perú. Y señaló que hace cinco años ella intervino en Caracas en
un foro opositor venezolano donde lo insultó y que por eso casi
fue expulsada por "extranjera indeseable".
Flores lidera las encuestas, seguida muy de cerca por el líder
nacionalista Ollanta Humala, un oficial retirado del
Ejército cuya imagen creció sorpresivamente en las últimas
semanas, según los sondeos.
Pero lo curioso, lo verdaderamente
sintomático, es que los "cachorros del Imperio" cuando lanzan
sus tanques contra Chávez repiten los mismos argumentos de los
funcionarios de Washington: "terrorismo", "desestabilización",
"insurgencia", aliado de Cuba, etc, etc.
O sea que Chávez resulta
beneficiario del "marketing terrorista" por doble vía: de
los "cachorros" y de su patrón yanqui.
Y Chávez, un experto en sacarle
jugo mediático hasta al desierto del Sahara, no deja pasar las
oportunidades.