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(IAR-Noticias)
27-Dic-05 EFE
Cuando se cumple un año del maremoto ocurrido en el Océano Indico,
que acabó con la vida de más de 220.000 personas, comienzan a evaluarse los
efectos contraproducentes que tuvo el envío disperso y sin coordinación de la
ayuda internacional, obviando la vía multilateral de Naciones Unidas.
El primer aniversario de la tragedia ha originado que millones de personas en
todo el mundo rindan tributo a los fallecidos en la catástrofe. Mientras, la ONU
y distintas ONG han aprovechado este día para denunciar que la reconstrucción
continúa siendo lenta e "inadecuada".
El terremoto que originó el 'tsunami' del 26 de diciembre de 2004 —la catástrofe
natural que más fondos ha movilizado hasta la fecha— alcanzó la magnitud 9 en la
escala de Richter y afectó sobre todo a Indonesia, Sri Lanka, Maldivas, Myanmar,
Malasia, la India, Bangladesh, Somalia y Tailandia.
Respecto a la ayuda humanitaria, se calcula que el monto de la donación para los
países afectados alcanzó los 8.500 millones de dólares (unos 7.000
millones de euros), de los 11.000 millones prometidos por la comunidad
internacional, una cifra récord si se compara con la respuesta a otros desastres
graves, como el terremoto que en octubre pasado causó 88.000 muertos en Pakistán
y para el que la ONU tiene dificultades de financiación.
Sin embargo, la forma de canalizar esa ayuda ha sido puesta en entredicho. "Lo
que debemos comprender es la necesidad de que los donantes bilaterales (privados
o públicos) y multilaterales coordinen esfuerzos, pues la ayuda bilateral no es
eficiente cuando se trata de responder a un desastre", ha declarado Sálvano
Briceño, responsable de la Estrategia para la Reducción de Desastres (ERD) de la
ONU, al cumplirse el primer aniversario de la catástrofe.
Para el experto venezolano, el mejor canal para este tipo de contribuciones es
la ONU, a pesar de lo cual "fue mucho más el dinero que se canalizó
bilateralmente y de manera dispersa".
"Dar mayor importancia al canal multilateral no significa que se entregue
directamente el dinero a Naciones Unidas, pero sí que se coordine con la ONU
para que pueda indicar cuáles son las prioridades", recalcó Briceño.
También coincidiendo con esta fecha, un libro titulado 'Tsunami: La verdad
humanitaria', del periodista suizo Richard Werly, cuestiona duramente la
"precipitación" de la ayuda que llegó a las zonas devastadas y sus "efectos
perversos".
Werly, quien recorrió los litorales destruidos y estableció contacto con
víctimas, donantes y organizaciones de ayuda, relata haber sido testigo,
repetidas veces, de cómo cargamentos de ayuda debían regresar por donde
habían llegado por falta de lugares de almacenamiento o de la infraestructura
mínima para efectuar un desembarco.
Aunque reconoce que una operación de emergencia es, por definición, siempre
improvisada, critica que en Indonesia "mientras ciertas comunidades estaban
inundadas de ayuda, otras eran gravemente dejadas de lado", una situación en la
que también ha incidido el informe anual de la Federación de Sociedades de la
Cruz Roja y la Media Luna Roja, una de las entidades humanitarias más
reconocidas.
Según la investigación del periodista helvético, la abundancia de dinero
proveniente de donaciones privadas provocó que "organizaciones generalmente
marginales se ubicaran en el primer plano de la ayuda, con el riesgo de
congestionar aún más las ya limitadas vías para transportar la asistencia
humanitaria".
La labor de las ONG
"La competencia entre las
organizaciones de ayuda ha pasado a ser más importante que el reparto de la
ayuda en sí misma", según el PNUD
Una serie de consultas realizadas por el Programa de la ONU para el Desarrollo
(PNUD) en Sri Lanka, el segundo país más afectado por el maremoto, corroboran
esas críticas al señalar que muchos damnificados "observan la gran
discrepancia entre la ayuda internacional que fue recibida y lo que, en la
práctica, fue entregado a las personas afectadas".
La opinión de las poblaciones afectadas sobre la actuación de las organizaciones
no gubernamentales es diversa, de acuerdo con esas consultas, y va desde el
aprecio hacia su trabajo por ser rápido y eficiente, hasta la frustración por
lo que la gente percibe como falsas promesas.
Destaca de manera inquietante la "competencia entre las organizaciones de
ayuda, que ha pasado a ser más importante que el reparto de la ayuda en sí
misma", según el informe elaborado por el PNUD con el resultado de sus consultas
en Sri Lanka.
A pesar de este balance, para Briceño "las lecciones del 'tsunami' todavía
están por aprenderse", pues no está seguro de que, si una catástrofe de tal
magnitud volviera a ocurrir, la comunidad internacional reaccionaría de manera
diferente a como lo hizo hace un año.
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