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(IAR-Noticias)
23-Dic-05
Los funcionarios públicos de la época soviética eran gente instruida,
laboriosa y patriótica, mientras los gobernantes de la Rusia contemporánea son
incompetentes, corruptos e indiferentes hacia las demandas del pueblo.
Los sociólogos
afirman que en realidad la gente encuestada por el Centro Nacional de Sondeo de
Opinión (VTSIOM)
casi no sabe nada de la élite actual y muestran descontento no con algunos
representantes suyos sino con la situación general en el país.
Leontiy Byzov, dirigente del departamento analítico del VTSIOM, comentó en estos
términos los resultados de la reciente encuesta hechos públicos ayer: “La
opinión pública cree que la élite soviética, pese a todas sus deficiencias,
trabajaba para el bien del Estado, mientras la actual, para el de su bolsillo”.
En opinión del 42% de encuestados, en comparación con la época soviética, la
élite gobernante ha cambiado a peor, y sólo el 17% se atienen a criterios
absolutamente distintos. Los demás o creen que el estrato
superior de la sociedad no ha cambiado o no han podido dar respuesta alguna.
“La corrupción se está propagando, mientras la burocracia criada por Putin no ha
llegado a ser un factor estabilizador de la sociedad. Los funcionarios siguen
ocupándose de sus tareas particulares, mientras los intereses de Rusia parece
que no le importan a nadie”, explica Leontiy Byzov el descontento de la sociedad
con los altos cargos oficiales.
“En opinión de los encuestados, han degenerado los representantes de cuatro de
los cinco grupos de la élite: políticos, dirigentes de la economía, altos cargos
de los Cuerpos Armados, científicos y artistas. Sólo los directores de los
principales medios de comunicación trabajan para el bien de la sociedad en mayor
medida que sus homólogos soviéticos.
La edad media de los miembros del Gobierno ruso es de 52 años; en el Politburó
de los tiempos de Brezhnev era de 65 años, afirma la politóloga Olga
Krystanovskaya, autora del libro “Anatomía de la élite rusa”. Según ella, “por
primera vez todas las personas que ocupan los máximos cargos públicos tienen
instrucción superior”. Pero la cuestión no radica en las características de
personas concretas.
“La gente no está
descontenta concretamente con Guerman Gref (ministro de Desarrollo Económico) o
con Mijaíl Zurabov (ministro de Salud Pública) sino con la destrucción del
Estado de sensibilidad social”, opina la politóloga.
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