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(IAR-Noticias)
29-Dic-05
Fueron
Shamil Basayev, Aslan Maskhadov, Magomet Khashiev y otros
jefes brutales de la guerrilla separatista quienes habían
controlado los preparativos del atentado terrorista que tuvo
lugar en Beslán, Osetia del Norte, los días 1-3 de septiembre
de 2004, según se desprende del informe preliminar de una
comisión parlamentaria encargada de esclarecer las
circunstancias de aquella invectiva que se saldó con 331
víctimas, entre ellas, 180 niños.
Agencia RIA
Novosti
Varios
ciudadanos extranjeros, en particular, el terrorista árabe Abu
Zeit, también participaron activamente en la preparación del
atentado, cuyo objetivo era desestabilizar la situación en
toda la zona del Cáucaso ruso, declaró el jefe de la comisión,
Alexander Torshin, al intervenir ante los diputados de ambas
Cámaras parlamentarias.
Los preparativos se habían iniciado
en agosto de 2004, con la formación de un grupo de 34 terroristas, entre ellos,
dos mujeres que llevaban cinturones de explosivos. “Lo coordinadas que eran las
acciones de los bandidos tras la toma del colegio es una demostración de que
tenían un guión bien ensayado” – afirmó Torshin.
Durante la liberación de los rehenes, los cuerpos de seguridad mataron a 31
terroristas, de los cuales 23 fueron identificados en el proceso de la
instrucción. Una parte de las armas automáticas requisadas en el lugar del
crimen habían sido robadas en junio de 2004, durante un ataque terrorista contra
varios edificios del Interior en Nazran, capital de la vecina república de
Ingushetia, dijo Torshin.
Los carros de combate rusos abrieron el fuego de puntería contra el colegio,
cuando ya no quedaban rehenes dentro. En cuanto a los francotiradores del
Servicio Federal de Seguridad (FSB, según la sigla en ruso), empezaron a
disparar inmediatamente después de que oyeran explosiones en el edificio,
gracias a lo cual fue posible confinar a los terroristas en el interior e
impedir que remataran a los rehenes, quienes abandonaban el colegio corriendo.
En su intervención, Torshin desmintió
las afirmaciones de que la mayor parte de los efectivos especiales del FSB se
encontraban en el polígono del 58º Ejército en el momento de las explosiones y
que no estaban preparados para esa evolución de los acontecimientos.
Al mismo tiempo, la Comisión Torshin no ha podido hasta la fecha determinar las
causas de los estampidos porque los resultados del peritaje técnico aún no están
disponibles.
Comentando el uso de los lanzallamas RPO-A por los agentes de seguridad
federales, Torshin señaló que no podían haber provocado un incendio en el
colegio de Beslán, no pertenecen a la categoría de armas incendiarias y su
aplicación contra los terroristas no está proscrita por las normativas del
Derecho Internacional.
Las autoridades rusas, según él,
tomaron todas las medidas para implicar en el proceso de negociaciones a las
personas capaces de influir en el comportamiento de los terroristas y contribuir
a la liberación de los rehenes.
Los criminales habían restringido todos los contactos con el mundo externo y se
resistieron a entablar negociaciones durante mucho tiempo, por lo cual fue
bastante difícil obtener la información acerca de lo que estaba pasando dentro
del edificio o cuáles eran las verdaderas intenciones del comando armado. Varios
peritajes realizados indican que los autores del atentado consumían
estupefacientes de efecto fuerte.
Al propio tiempo, la Comisión Torshin descubrió una serie de fallos y
deficiencias en lo que respecta a la implementación de la operación
antiterrorista en Beslán.
El Ministerio del Interior de Osetia del Norte, por ejemplo, rehusó cumplir
varias instrucciones explícitas del Centro federal, enviadas por telegrama el 21
y el 31 de agosto de 2004, en lo que concerniente a la necesidad de reforzar la
custodia de todos los establecimientos educacionales el 1 de septiembre, fecha
cuando en Rusia empieza el año escolar. “De haberse acatado, esas instrucciones
habrían podido prevenir el atentado o impedir su ejecución” – admitió Torshin.
Los mandos del Interior en Ingushetia, según él, evitaron tomar medidas
enérgicas con el fin de descubrir a los grupos armados ilegales en el territorio
de esta república y poner cese a sus actividades. Como resultado, se formó en
Ingushetia el comando terrorista que más tarde perpetró el atentado en Beslán.
Hacia la tarde del 1 de septiembre, ya se sabía que los terroristas habían
tomado 1.128 rehenes, pero los cargos oficiales siguieron afirmando a la prensa,
hasta el día siguiente, que eran 354, denunció el jefe de la comisión
parlamentaria. Entre los cuerpos de seguridad había descoordinación, y los
cordones policiales no consiguieron retener a los vecinos de Beslán que se
habían precipitado hacia el colegio para salvar a sus hijos, lo cual provocó un
caos generalizado.
Se contempla que en su informe definitivo la Comisión Torshin enfocará el papel
desempeñado por las autoridades federales en la tragedia de Beslán.
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