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(IAR-Noticias)
07-Jun-05
Bolivia
Por Wálter
Chávez -
La Insigna
Desde el lunes 23 de mayo, miles de
campesinos, trabajadores mineros, maestros rurales y vecinos de la ciudad
de El Alto desencadenaron una serie de movilizaciones para exigir al
presidente Carlos Mesa la nacionalización de los hidrocarburos.
Esta movilización popular tensiona nuevamente el escenario político
boliviano que se debate en una profunda crisis desde octubre de 2003,
cuando fue derrocado el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada que pretendía
exportar el gas natural boliviano a México y EEUU. Desde entonces y hasta
hoy, los movimientos sociales bolivianos empezaron una serie de medidas de
presión para lograr que el nuevo presidente, Carlos Mesa, y el Congreso
aprueben una nueva ley de hidrocarburos de corte nacionalista.
Un poco de historia
Desde la fundación de la República (1825) hasta hoy, Bolivia se ha
articulado con el mercado exterior, básicamente como país exportador de
materias primas. Según el economista Carlos Villegas, "este proceso
primario exportador -con precios fijados de acuerdo a las fluctuaciones
del mercado mundial- construyó un circuito perverso en términos de no
dejar bases sólidas para la generación de empleo y de ingresos para la
mayoría de la población y, en consecuencia, para la reducción de la
pobreza". Así fueron surgiendo y agotándose los ciclos de explotación de
la goma, la plata y el estaño, hasta llegar al auge del gas, "la última
riqueza natural de Bolivia, su última oportunidad", como consideran hoy
los analistas.
Hasta 1997, Bolivia contaba con reservas hidrocarburíferas suficientes
para abastecer su mercado interno y para exportar en pequeñas cantidades.
Yacimientos Petrolíferos Fiscales de Bolivia (YPFB) -fundada en 1936- era
la entidad encargada de explotar y comercializar este recurso. Un buen
porcentaje de las ganancias de este ente público era entregado al Estado
central para financiar, principalmente, el gasto corriente de los diversos
gobiernos. Se calcula que sólo entre 1985 y 1996 (año de la privatización
del sector), YPFB entregó al Tesoro General de la República un total de
3.812 millones de dólares (1). El sector hidrocarburífero era pues la
"caja chica" del Estado, pero a costa de rezagarse tecnológicamente y de
dedicarse a actividades plenamente extractivas, sin invertir en nuevas
exploraciones. Esta situación fue muy bien aprovechada por el primer
gobierno del neoliberal Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1997), quien
desató una fuerte campaña para demostrar la inviabilidad de la empresa
pública y la necesidad de entregar el sector a manos privadas. En
realidad, no se trató sólo de los hidrocarburos, ya que Sánchez de Lozada
privatizó casi todas las empresas públicas importantes: los ferrocarriles,
los servicios de luz y agua, la telefonía, la línea aérea de bandera y,
por supuesto, los hidrocarburos.
Para ello fue necesaria una serie de reformas jurídicas e impositivas,
de modo de hacer "atractivas" a las empresas nacionales ante la inversión
extranjera, por lo que se promulgó un conjunto de leyes que flexibilizaron
todo el aparato jurídico nacional (la Constitución no admite que empresas
privadas detenten la propiedad de los recursos naturales del país). La Ley
de Capitalización -que fue la ley privatizadora específica- y la Ley de
Hidrocarburos, entre otras, fueron clave. El contexto favorable a la
inversión extranjera ya había comenzado con la Ley de Inversiones,
promulgada por el gobierno de Jaime Paz (1989-1993) que establecía una
homologación tributaria para las empresas nacionales y extranjeras, el
libre flujo de capitales y libertad para enviar remesas fuera del país.
A partir de 1996, una media docena de empresas transnacionales arriban
a Bolivia y otras que ya estaban operando consolidan sus posiciones. Las
más importantes son BG (British Gas) Bolivia; Chaco S.A. (constituida por
la empresa holandesa Amoco Neetherlands Petroleum Company); Pluspetrol
(empresa argentina que opera desde 1990); Total Exploration Production
Bolivie (Total EPB; subsidiaria de la francesa Total Fina ELF); Petrobras
(Brasil); Pecom Energía S.A. (Argentina); Repsol YPF (española, con tres
subsidiarias: Andina S.A., Maxus Bolivia y Repsol Gas); Shell y Transredes
(consorcio constituido por Petrobras, Shell y Enron para el transporte de
gas a Brasil). Entre 1996 y 2002, estas empresas invirtieron en el sector
hidrocarburífero una suma total de 2.500 millones de dólares (2).
La radicalización del movimiento social
En 1997 se produce una serie de descubrimientos de reservas de gas
natural que redibujan el mapa energético de la región y sitúan a Bolivia
como una potencia gasífera en Sudamérica. De los 151,9 trillones de pies
cúbicos (TCF) que existen en la región, el 36% es boliviano (3); el 24,2%
argentino; el 13,2% venezolano; el 8,5% peruano y el 17,8% de Trinidad y
Tobago.
Las luchas de los movimientos sociales, precisamente, exigen que el
estado boliviano tome el control de esa enorme riqueza gasífera. Y hasta
la fecha se dieron pasos importantes en esa dirección. El 18 de julio de
2004 se llevó adelante un referéndum en el que más del 70% de bolivianos
se pronunciaron a favor de la recuperación de la propiedad de los
hidrocarburos. Sin embargo, en la elaboración de la nueva Ley de
Hidrocarburos, que fue aprobada finalmente en mayo de 2005, los partidos
tradicionales (MNR, MIR, ADN) que administraron el país en la época de la
imposición del modelo neoliberal, y que hoy son mayoría en el Congreso,
impusieron una norma que si bien sube los impuestos y regalías hasta
llegar al 50%, no recupera en lo sustancial la propiedad de los
hidrocarburos.
Esta situación generó una inmediata reacción de los movimientos
sociales que ahora se movilizan por una consigna más radical: la
nacionalización a secas.
Debilidades y fortalezas del movimiento social
Según el analista Álvaro García Linera, estudioso de los movimientos
indígenas, "nunca como hoy hubo una disponibilidad social tan importante
para que lograr que los sectores subalternos impongan a las élites y al
Estado cambios trascendentales en la estructura del poder, y por su puesto
en el tema de los recursos naturales. Pero hay que reconocer también la
extrema debilidad de los liderazgos que conducen y orientan al movimiento
social".
Es decir, el movimiento social boliviano se ha potenciado enormemente
desde el año 2000, pero carece de liderazgos coherentes y sólidos que sean
capaces de darle una orientación política seria. La nacionalización de los
recursos hidrocarburíferos es todavía una consigna, sin un proyecto
técnico que muestre su viabilidad. Precisamente esta situación da lugar a
una intensa campaña de desprestigio montada por los partidos tradicionales
-ligados al neoliberalismo- y los medios de comunicación conservadores
-incluido el grupo español Prisa, propietario de una red de televisión y
dos diarios importantes.
Los movimientos sociales hoy movilizados que exigen la nacionalización
de los hidrocarburos y una inmediata Asamblea Constituyente son los
siguientes: el Movimiento al Socialismo (MAS) -éste es también el
principal partido de Bolivia, fundado en 1997 por campesinos cocaleros del
valle de Cochabamba-, l a Central Obrera Boliviana (COB), La Central
Sindical de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), el Consejo
Nacional de Ayllus y Marqas (CONAMAQ), las centrales sindicales de pueblos
indígenas del oriente de Bolivia, el Movimiento de los Sin Tierra, la
Asamblea del Pueblo Guaraní, la Federación de Juntas Vecinales de El Alto
(FEJUVE), la Coordinadora de Defensa del Agua de Cochabamba y cientos de
sindicatos campesinos de toda Bolivia.
Notas
1 Pablo Ramos, "Los recursos hidrocarburíferos en la economía
boliviana", en Revista de Sociología, No 22, Universidad Mayor de
San Andrés, La Paz, 2001.
2 Carlos Villegas, Privatización de la industria petrolera en
Bolivia. Trayectoria y efectos tributarios, Ed. Cides-UMSA-Plural,
La paz, 2004.
3 Los pozos de gas boliviano son de secano; es decir se pueden
explotar inmediatamente, al contrario de los pozos de otrdso países
como Venezuela donde el gas se debe explotar junto al petróleo. Por
ello el gas natural boliviano es altamente codiciado por las
empresas transnacionales.
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