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(IAR-Noticias)
07-Nov-05
Fue
asesinado en 1973. Sus hijos acusan a un militar chileno que
participó de un intento golpista contra Allende. Las imágenes que
filmó el reportero argentino en su agonía impactaron al mundo.
Por Fernando González -
Clarin
La memoria es frágil pero también persistente. Treinta y dos años
después del asesinato en Chile del camarógrafo argentino Leonardo Henrichsen, a
quien las crónicas periodísticas bautizaron como el hombre que filmó su
propia muerte, sus hijos iniciaron una demanda judicial contra un militar
chileno a quien acusan de ser el asesino.
Los hermanos Josephine Anne y Andrés Ricardo Henrichsen viajaron a Santiago de
Chile el 27 de octubre pasado. Ese día radicaron una demanda en el Segundo
Juzgado del Crimen, a cargo de la jueza Romy Rutherford, acusando al suboficial
retirado del Ejército chileno, Héctor Hernán Bustamante Gómez, de haber
efectuado un disparo mortal contra su padre el 29 de junio de 1973.
Esa mañana, Josephine tenía 8 años y Andrés sólo 2. El gobierno del presidente
socialista chileno, Salvador Allende, estaba por caer y Leonardo Henrichsen
hacía casi seis minutos que filmaba en la calle Agustinas los aprestos de
una asonada militar que se conocería como "El Tanquetazo", ya que se intentaba
perpetrarla a bordo de tanques.
Los próximos segundos serían fatales para el camarógrafo, pero también
impactarían al mundo entero. En una camioneta que acompañaba a esos tanques iba
el cabo Bustamante Gómez, quien al igual que sus camaradas advirtió como eran
filmados en plena aventura golpista. Alguien dio la orden entonces de dispararle
al intruso que filmaba y uno de los soldados empuñó más rápido que todos su
ametralladora para cumplir con el pedido.
"Nos disparen, ¿no ven que somos periodistas?", fue la anteúltima frase
que Henrichsen pronunció en su vida. Las últimas palabras las dijo en brazos de
su compañero, el periodista sueco Jan Sandquist, y cuando un gran chorro de
sangre se desparramaba por su espalda. "Jan, me muero", alcanzó a decir.
La bala le había atravesado la aorta.
Pero antes de morir, Henrichsen había seguido apretando el obturador de su
cámara francesa Eclair para continuar la filmación. El soldado chileno había
tenido que acercarse hasta el hombre herido de muerte para poder arrancarle la
cámara y llevársela con el testimonio del asesinato.
Las imágenes fueron reveladas secretamente en un laboratorio argentino y dadas a
conocer en Chile el 24 de julio, casi un mes después del crimen. No es difícil
entender por qué causaron tanto impacto y recorrieron el planeta.
Allí aparecen los soldados que encabezaron ese golpe fallido contra Allende,
apenas el preludio del período de terror y sangre que iba a comenzar el 11 de
septiembre de ese mismo año con el dictador Augusto Pinochet.
Luego se ve al autor del disparo apuntando su ametralladora contra la lente. Y
después esa sucesión de imágenes confusas que mezclan lentamente tomas del
horizonte, del piso y del cielo, prueba indudable de que la persona que
lleva la cámara va tambaleándose y termina cayendo.
Josephine Anne y Andrés Ricardo, como también Esteban (el tercer hermano, que
vive en Canadá), vieron esas imágenes cientos de veces. Como las vio Heather
Macfarlane, la esposa de Henrichsen. La familia tardó décadas en reponerse del
golpe y del miedo, pero finalmente pidió ayuda a una organización —la
Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo— para enfrentar
los altos costos de la demanda judicial.
Los abogados Irma Villagra y Fabiola Letelier están a cargo del trámite. Y las
pruebas surgieron de una investigación del periodista chileno Ernesto Carmona,
quien pudo acceder al expediente abierto por el Ejército de Chile y a las
declaraciones de los conscriptos en aquellas duras semanas de 1973.
Además de acusar al suboficial Bustamante Gómez, la familia Henrichsen también
pidió la declaración de Pablo Rodríguez Grez, un ex dirigente ultraderechista
chileno al que se acusa de ser uno de los gestores de aquel golpe fallido, y que
hoy es abogado justamente del dictador Pinochet.
En los próximos días, la Justicia chilena se pronunciaría sobre la
posibilidad de darle curso a la causa judicial, o podrá declarar el caso
prescripto. La familia Henrichsen espera esa decisión con una dosis de optimismo
que no han mellado las tres décadas transcurridas.
La fortaleza vuelve cuando recuerdan a aquel muchacho de 33 años, camarógrafo
de la televisión sueca y free lance de Telenoche. Ese hombre feliz que vivía
en el barrio bonaerense de Punta Chica y que esperaba terminar su trabajo en
Chile para empezar una beca internacional de perfeccionamiento que nunca pudo
llegar a disfrutar.
Los testimonios tambaleantes de su último trabajo se convirtieron en un
símbolo del periodismo. El final de su filmación es una imagen donde se
imponen las rayas en blanco y negro. Ya no hay sonido. Ya nadie filma. En ese
silencio se puede adivinar la muerte de Leonardo Henrichsen, el camarógrafo que
ejerció su oficio hasta entregar el último aliento.
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