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(IAR-Noticias)
30-Nov-05
Ramos dijo que la AD no tiene garantías
electorales.
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Más que una crisis,
la salida hoy de Acción Democrática (AD) del juego electoral anunció una
recomposición del sistema político en Venezuela que hace vislumbrar el fin de la
oposición tradicional de derecha.
Por Miguel Lozano - Prensa
Latina
Henry Ramos, secretario general de AD, que alguna vez fuera un partido con tres
millones de votos y en los últimos comicios apenas alcanzó 300 mil, justificó la
decisión con la inexistencia de condiciones para las elecciones del próximo 4 de
diciembre.
Más que justificación, la declaración pareció un pretexto sobre todo luego que
el día anterior el Consejo Nacional Electoral (CNE) anunció la suspensión de la
utilización de las máquinas capta huellas, diseñadas para evitar el voto
múltiple.
Tanto AD como otros partidos opositores argumentaron que con ese sistema se
podría conocer la selección de los electores y violar así el secreto garantizado
por la Constitución.
La decisión, que deja a AD como el gran perdedor, siguió a denuncias del
Vicepresidente del país, José Vicente Rangel y el Presidente del Parlamento,
Nicolás Maduro, sobre presiones de la Embajada de Estados Unidos a favor del
abstencionismo.
En realidad el partido socialcristiano COPEI, la otra de las grandes
organizaciones políticas tradicionales venezolanas, estaba en la práctica fuera
del juego, debido a su pérdida de fuerza en los últimos años.
Sin embargo, la salida de AD apunta a una estrategia atribuida a Estados Unidos
de conformar una nueva oposición para enfrentar el liderazgo del Presidente Hugo
Chávez, ante el descrédito de las corrientes opositoras de derecha.
Si AD es el gran perdedor y la fuerza sacrificada en esta estrategia, el partido
Primero Justicia y Súmate -grupo que pretende un perfil de organización social-
parecen ser los ganadores como relevos de la oposición a Chávez.
Tanto Primero Justicia como Súmate, con estrechas relaciones con el Gobierno
estadounidense, se convierten así en líderes de una oposición conformada por
figuras jóvenes que no aparecen conectados directamente con los errores
políticos del pasado.
La estrategia, sin embargo, tiene una falla importante, pues todavía está por
ver si esos líderes, con el lastre de su dependencia de Washington, son capaces
de estructurar un proyecto alternativo a los programas sociales de Chávez.
La salida de la carrera electoral de AD y grupos minoritarios como Proyecto
Venezuela, Un Solo Pueblo y Movimiento Republicano, ratifica por otro lado el
triunfo de las fuerzas que apoyan a Chávez, que ya era ampliamente pronosticado.
Según los sondeos el llamado Bloque del Cambio, liderado por el Movimiento V
República (MVR), deberá obtener más de dos tercios de los 167 asientos de la
Asamblea Nacional.
El Bloque del Cambio cuenta con el amplio respaldo que tienen los programas
sociales de Chávez, además de una alianza de partidos que respalda su proyección
de cambios de corte socialista.
Frente a ello la vieja derecha encabezada por AD y COPEI fue incapaz de
presentar liderazgo ni alternativa capaz de unir a los opositores y marcó su
desaparición, cuyo epitafio parece haber quedado impreso hoy con el anuncio de
abstención.
La reconstrucción del sistema político venezolano es también resultado del
intento de deslegitimar la próxima Asamblea Nacional con la supuesta ausencia de
condiciones para votar el próximo 4 de diciembre.
La pretendida inexistencia de autoridades democráticas en Venezuela constituirán
la base de la próxima política de Estados Unidos en el enfrentamiento de siete
años con el Gobierno de Chávez, quien ha ganado nueve elecciones consecutivas.
La imposibilidad de triunfar en las décimas elecciones constituye, en esencia,
la causa del abandono de la lucha por el voto de la derecha tradicional y el
sacrificio de un partido como AD que constituyó una fuerza política importante
en Venezuela.
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