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(IAR-Noticias)
05-Dic-05
Después del referendo de agosto
de 2004, cuando fue derrotada por el gobierno de Hugo Chavez, en una disputa
legitimada incluso por instancias como la Fundación James Carter y la
Organización de Estados Americanos (OEA), por intermedio de su Secretario
General, César Gaviria, quedó en suspenso que actitud asumiría la derecha de ese
país frente a la afirmación de la legalidad y apoyo popular del gobierno de
Venezuela.
Por Emir Sader -
Alainet
Una posibilidad era la participación en un sistema institucional consolidado,
reformado y apoyado por la mayoría de los venezolanos, inclusive por los que
votaron contra el gobierno, pero al hacerlo afirmaron su confianza en la nueva
Constitución. Tenían que enfrentar el creciente apoyo conquistado por el
gobierno, pero por lo menos dispondrían de un marco definido de leyes e
instancias jurídicas.
Otra alternativa era apostar nuevamente a la aventura del golpe militar, como
había tratado de hacer los años anteriores, hasta desembocar en el golpe de
abril de 2002, cuando, con la participación protagónica de los grandes medios de
comunicación y del gobierno de los EUA, llegó incluso a detener al presidente
Hugo Chávez, hasta que un formidable movimiento popular, inédito en América
Latina, consiguió reponer el mandatario en la presidencia, revirtiendo el golpe
militar. A pesar del fracaso, es el método más coincidente con la actuación del
gobierno Bush, cuyos asesores no se cansan, absurdamente, de proclamar que el
problema mayor para la democracia en el continente no estaría en Colombia y su
conflagración interna, sino en la Venezuela bolivariana. Como parte de su
“guerra infinita”, Venezuela paso a ser uno de los focos de la acción
estadounidense, que tiene en los partidos opositores, su punta de lanza
Cuando los venezolanos se alistan para votar, renovando sus instancias
partidarias, la desmoralizada oposición, ante del fracaso que las encuestas
señalan -más de un 70% de apoyo al gobierno-, decidió, con toda la cobertura del
gobierno Bush y de los grandes medios de comunicación internacionales que
responden a esa orientación, boicotear las elecciones, alegando falta de
condiciones de transparencia. Incluso el presidente de uno de esos partidos y
otros altos dirigentes discrepan de esa decisión y seguirán participando en el
proceso electoral, pero lo que interesa a esos grupos minoritarios y golpistas,
es crear un clima que pueda favorecer una intervención militar de los EE.UU.;
objetivo de esas acciones desestabilizadoras que, al no contar con apoyo
interno, apelan a sus tradicionales apoyos externos.
Una gran acción de apoyo al gobierno legitimo y popular de Venezuela es
absolutamente indispensable, para evitar una maniobra golpista más, que se viene
a sumar al golpe militar y a la huelga empresarial de 2002, que fueron superadas
por el gobierno de Hugo Chávez, gracias al apoyo popular, así como a la
solidaridad internacional. El gobierno brasileño debe inmediatamente
pronunciarse contra esa nueva maniobra del gobierno Bush y de sus aliados
internos y externos, en el momento en que Venezuela se adhiere al MERCOSUR y
suscribe importantes acuerdos con Brasil, con Argentina, con Cuba, entre otros
países del continente, acelerando el proceso de integración regional. Esa
contraofensiva derechista no es ajena a lo que hace la derecha brasileña, como
parte de la acción desesperada del gobierno Bush, aislado por el rechazo
continental a su política agresiva y guerrerista. Hace parte de ella y, como
tal, debe ser rechazada contundentemente por el pueblo brasileños, por sus
organizaciones políticas, sociales y culturales, así como por su intelectualidad
crítica.
(Traducción ALAI)
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