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(IAR-Noticias)
13-Dic-05
El oficialismo triunfó en el Congreso. Pero hay dudas sobre la segunda
vuelta.
Por Marcelo Cantelmi - Clarín
Las
elecciones en Chile parecieron dibujar un país dividido en piezas de un inmenso
rompecabezas, pero que no encajan entre ellas. Aunque es difícil sostener que no
hay astucia en todo este cuadro.
Los electores le dieron la victoria por puntos a la socialista Michelle Bachelet
pero mantuvieron en carrera a las dos variantes de la derecha. Los chilenos, y
no solo ellos, fueron anoche a la cama sin poder adivinar qué sucederá en el
ballottage del 15 de enero.
Pero al mismo tiempo que armaban ese limbo, premiaron al saliente Ricardo Lagos
con una victoria aplastante en el Congreso que ahora domina el oficialismo
socialista. Toda una barrera, convengamos, en caso de que por alguna vuelta del
destino la Moneda pase al centroderecha.
Las comparaciones con el agónico enfrentamiento entre Lagos y el conservador
Joaquín Lavín en los comicios de 1999 apenas sirven como un espejo para suponer
cómo será la arquitectura de ese futuro inminente.
En aquella elección los dos candidatos empataron en primera vuelta con una
levísima ventaja para Lagos, que luego lo derrotó en el ballottage con los votos
del comunismo. Pero aquello ocurrió en un país roto, desencantado, con recesión
y la mitad de la población en la pobreza.
Este comicio, en cambio, se produce con un cuadro inverso. Chile crece, el
sector pobre se redujo al 18% y la desocupación es apenas del 8%. Es otra
mirada, posiblemente otras demandas.
Sebastián Piñera es, sin dudas, el otro ganador de esta elección junto con
Bachelet. Se erigió en un presidenciable neto en tiempo récord, arrebatando
desde el centro el electorado democratacristiano.
Y lo hizo por dos lados. Denunciando la crisis de distribución del ingreso que
afecta entre otros, a muchos jóvenes recién recibidos, y que apuestan a un
crecimiento individual dentro del sistema. Piñera, que amasó su fortuna cuando
aún no tenía 30 años, es una atracción persistente para ese sector que no tiene
memoria de la dictadura militar.
Por el otro lado, este economista liberal y moderado, erigió un discurso de
fuertes tintes populistas prometiendo un millón de empleos y la resolución
definitiva de todos los problemas sociales. En un país que está comprendiendo el
crecimiento y que comienza a diferenciarse del resto del subcontinente, lo de
Piñera tiene el encanto del dibujo colorido de la nueva etapa. Pero si gana, no
tendrá Congreso.
La otra pieza que se jugó aquí es nuevamente Lavín. Este hombre de la derecha
conservadora, ultrarreligioso y que aún no reniega totalmente de su alianza con
Augusto Pinochet, recibió casi un tercio de los votos. Es una señal inquietante
en un país que hace apenas 17 años acabó con una de las peores dictaduras
militares de la historia. Es difícil suponer que la unión entre Lavín y Piñera
dé el número redondo que ellos aspiran.
Bachelet cometió una serie de errores que ayer tomaron la forma contundente de
facturas. Arrancó su campaña con un apoyo que llegaba al 57% que se tradujo en
que la elección fue tomada como un paseo. Y en ese ritmo se separó de Lagos sin
notar que el presidente se va con un respaldo único de 71 por ciento.
Por esa senda, Bachelet se desplomó en octubre y noviembre. Fue el propio Lagos
el que le tiró el salvavidas al insistir públicamente que los logros de su
gobierno tenían una continuidad clara en la médica socialista.
Es posible que cuando Bachelet tomó ese guante ya era tarde, al menos lo
suficiente para impedir el derrame de votantes de la democracia cristiana, el
costado centroderechista de la Concertación. Pero sus posibilidades no son
pocas. Todo depende de cómo maneje su campaña. Tiene que captar el casi 6% del
izquierdista Tomas Hirsch —así como Lagos lo hizo con el comunismo—, que le dará
una ventaja neta, pero al hacerlo tiene que evitar la fuga de sus electores
moderados. Es un juego en el filo de la navaja. Lo más probable es que llegue a
la presidencia. Si lo logra, ya tiene el legado asegurado del dominio de ambas
Cámaras. Eso ya da la pauta de la pelea que se viene.
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