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(IAR-Noticias)
17-Dic-05
La representación diplomática de Estados Unidos en La Paz anunció
oficialmente su predisposición para trabajar y colaborar con el líder cocalero
Evo Morales, que está a un paso de convertirse en el primer presidente indígena
de Bolivia.
Econoticias Bolivia
Vamos a trabajar y colaborar con el que ustedes elijan”, dijo el director
de Asuntos Antinarcóticos de EEUU en Bolivia, William Francisco, cuando fue
consultado sobre la posición de Washington ante la posibilidad cada vez más
cierta de que Evo asuma la presidencia, tras las elecciones de este domingo en
las que vencería ampliamente el jefe del reformista Movimiento al Socialismo
(MAS).
La declaración del alto funcionario de la influyente Embajada de Estados Unidos
pareció marcar un cambio de rumbo en la orientación de Washington hacia el líder
cocalero, al que hasta hace poco lo vinculaban directamente con el narcotráfico
y lo consideraban como un verdadero peligro para la estabilidad de toda la
región si es que lograba concentrar más poder.
El anuncio de que Estados Unidos trabajaría con el cada vez más moderado líder
indígena es mucho más revelador de lo que parece en términos diplomáticos,
habida cuenta de la permanente injerencia norteamericana en los asuntos internos
de Bolivia. Washington, que nunca ahorró comentarios y adjetivos para decir qué
se debe hacer o que no en el centro de Sudamérica, trata a Bolivia como si fuera
su colonia, definiendo sus grandes políticas, especialmente en los temas
vinculados a la economía, la coca y a elección de sus autoridades.
El pragmatismo del gran capital
Pero, ante la evidencia de que este
domingo Morales virtualmente arrasaría con los candidatos favoritos de la
administración Bush (como son el ultraderechista ex presidente Jorge “Tuto”
Quiroga y el millonario empresario de derecha Samuel Doria Medina) y la
imposibilidad real de la derecha para revertir la previsible derrota electoral,
a pesar de los millonarios y desesperados esfuerzos de la oligarquía, las
transnacionales y de su propia Embajada, habrían obligado a Washington a
desechar la alternativa “A” (Tuto Quiroga) y adoptar ahora la opción “B” (Evo),
pese a todos sus peligros y ambiguedades.
Para la administración Bush, llevar a la Presidencia de Bolivia a Tuto Quiroga
equivalía a defender los intereses imperialistas a través de la bala y la
metralla, mientras que la elección presidencial del líder indígena significa
preservar estos mismos intereses mediante el control y la estatización de los
sindicatos y organizaciones populares y revolucionarias, que son el enemigo
principal para Washington y que luchan abiertamente por expulsar a las
petroleras y acabar con el neoliberalismo y la dominación capitalista.
La sumisión indígena
Para ganar este aval, el MAS, Evo Morales y el candidato a vicepresidente,
Álvaro García Linera, habían intensificado en las últimas semanas su viraje
hacia la derecha, renegado públicamente del socialismo y prometido respetar la
propiedad privada y las inversiones extranjeras, impidiendo las expropiaciones
de los recursos naturales y la tierra, tal como demandan las organizaciones más
radicales que se alistan para derrocar al nuevo presidente, si es que éste no
nacionaliza los hidrocarburos, reparte tierra a los campesinos y da fin con el
neoliberalismo.
En una abierta derechización, el programa del MAS contempla otorgar
compensaciones en dinero y especie para que las petroleras extranjeras, que
saquean Bolivia y se han apoderado de más de cien mil millones de dólares en
reservas de gas y petróleo, cambien sus inconstitucionales e ilegales contratos
por otros que se ajusten a la nueva ley de hidrocarburos, cuestionada en su
momento por Morales por ser muy favorable a las transnacionales.
En lo económico, el MAS y Evo postulan un “capitalismo andino y amazónico” para
construir una “sociedad justa y equitativa”, como dice machaconamente en un spot
televisivo García Linera, el guerrillero converso que se había levantado en
armas a principios de la década de los 90, curiosamente, en contra del
capitalismo que hundía en la miseria a los indígenas, que son la mayoría de la
población.
Las promesas del MAS son mantener el libre comercio, la libre importación, la
libre contratación, pilares que sustentan el modelo neoliberal que, desde 1985,
hace gemir de hambre a un tercio de la población, mantiene en la pobreza al otro
tercio de los bolivianos y concentra la riqueza en las trasnacionales y
minúsculas élites que controlan las tierras, minas, bosques y yacimientos
hidrocarburíferos. Razones suficientes para que Washington avale la opción “B”,
que también ya cuenta con la adhesión de círculos empresariales y militares de
alta graduación.
Con apoyo militar y de la derecha
Ayer, durante una disertación de Morales ante las Fuerzas Armadas, la cúpula
militar le dio su virtual apoyo si vence en las elecciones del domingo, lo que
ya nadie, excepto los perdedores, parece discutir. Las palabras del jefe de
Estado Mayor del Ejército, general Marco Antonio Vásquez, no dejan lugar a
dudas: "Tenga usted señor diputado Evo Morales (la seguridad de) que siendo
usted gobierno la institución también va a obedecer sus órdenes y cumplirá al
pie de la letra lo que diga".
Días atrás, en un tácito apoyo a Morales, el comandante general de las Fuerzas
Armadas, Marco Antonio Justiniano, demandó a todas las fuerzas políticas a
respetar la primera mayoría en las elecciones del 18 de diciembre y ungir al
vencedor como nuevo presidente de Bolivia.
De este modo, la cúpula militar, dominada por la mayoritaria tendencia “institucionalista”,
está lista para cumplir con las armas las órdenes presidenciales de respetar la
propiedad privada, las leyes y la inversión extranjera, tal como ocurrió con los
últimos gobiernos neoliberales.
En este escenario, la decisión del millonario empresario del cemento, Samuel
Doria Medina, de la derechista Unidad Nacional (UN) para favorecer con su voto
en el Congreso al candidato que gane las elecciones con cinco puntos
porcentuales de ventaja, contribuye a viabilizar la presidencia de Morales.
Según la Constitución Política del Estado, el Congreso elige al presidente de
entre los dos candidatos más votados, si es que ninguno obtiene la mitad más uno
de los votos. Las encuestas y sondeos más confiables ubican a Morales con cerca
del 40% de apoyo electoral y a Quiroga con un poco más del 25%.
Los temores de Washington
En este escenario, no es casual la decisión de Washington de convivir con Evo y
el MAS. Sin embargo, en el análisis de Econoticias, hay al menos cinco áreas
conflictivas en esta relación y que obligarán a la administración Bush a ejercer
una constante y férrea presión y vigilancia para que Morales cumpla desde la
Presidencia los compromisos que adquirió con los organismos internacionales, las
compañías nacionales y extranjeras y los gobiernos de Lula y Kichner. Los temas
más conflictivos son:
Coca. Es y será uno de los principales focos de tensión y conflicto en la
relación EEUU – Evo, a pesar de la intención del líder indígena para legalizar y
preservar los cultivos de coca en escala limitada (3.200 hectáreas y un cato por
familia en El Chapare), política que ya fue tolerada y parcialmente avalada por
Washington, aunque de mala gana, durante el gobierno del ex presidente Carlos
Mesa.
Confianza. Washington también tiene
escasa confianza ante la sinuosa trayectoria de Evo y el MAS con relación a las
luchas populares y a su doble discurso. La extraordinaria facilidad con la que
Evo cambia de libreto y asume posiciones “radicales”, especialmente cuando la
protesta y el ascenso de la lucha de las masas parece incontenible, molesta a la
Embajada, que no olvida que en las jornadas de mayo y junio, las direcciones
campesinas y cocaleras del MAS se sumaron a la rebelión popular y amenazaron con
expulsar a las transnacionales. Hay temor de que las bases rebasen a sus
direcciones tradicionales.
Debilidad. Otro factor que inquieta
en extremo a la administración Bush, complementario al anterior, es que Evo y el
MAS en el gobierno sucumban fácilmente a la presión popular y contribuyan, por
omisión y/o acciones incontroladas de campesinos y cocaleros, a la lucha
antiimperialista de los sectores más radicales de la Central Obrera Boliviana,
de la Federación de Mineros y Campesinos y de la Federación de Juntas Vecinales
de El Alto.
Temor. El mayor temor de Washington
es que el nuevo gobierno no sea capaz de garantizar la propiedad privada ni las
inversiones extranjeras, y que no se atreva a usar la fuerza militar y policial
en la escala necesaria para controlar a los revoltosos.
La resistencia de Evo para dar
inmunidad a las tropas norteamericanas que vayan a operar en Bolivia también
molesta mucho al Pentágono y al Departamento de Estado.
Chávez y Fidel. Los estrechos contactos de Evo y el MAS con los gobiernos de
Hugo Chávez y Fidel Castro son otro foco conflictivo.
De todos modos, Washington toma sus previsiones y, simultáneamente a optar por
la opción “B”, ha procedido a estrechar su control sobre el Ejército boliviano y
a desarmar a regimientos y militares que simpatizan con las demandas populares
de la nacionalización de los recursos naturales
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