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(IAR-Noticias)
20-Dic-05

La administración Bush quedó
notificada este domingo desde Bolivia con dos noticias, una mala y otra casi
buena. La amarga le dice que la ficha favorita de Washington, el ultraderechista
Jorge “Tuto” Quiroga, fue aplastado en las elecciones. La casi buena le dice que
el vencedor en las urnas y futuro presidente de nueve millones de bolivianos, el
líder indígena Evo Morales, quiere y puede convertirse en un nuevo Lula, en un
nuevo Kirchner.
Quiroga, el títere, ya ha aceptado la
derrota.
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Econoticias Bolivia
L os
primeros resultados de la votación, --que dan cuenta que Evo,
el líder cocalero y jefe del Movimiento al Socialismo (MAS),
logró el 51 por ciento de los votos y que Tuto, el ex
presidente de la República y conductor de la agrupación
fascistoide de Podemos, alcanzó apenas el 31 por ciento--, no
sorprendieron sin embargo demasiado a Washington, que ya desde
la pasada semana cambió de estrategia y viró hacia el primero,
abandonando al segundo. La nueva orientación de Bush, impuesta
por las circunstancias y el voto, es liquidar la insurgencia
popular de los andinos a través de un gobierno populista que
controle y ponga en cintura a los sindicatos más rebeldes y ya
no mediante la ultraderecha y los militares. Al menos
temporalmente (Ver: EEUU ya juega con la opción Evo
presidente, en www.econoticiasbolivia.com).
La contundencia del repudio popular a los políticos y partidos
ligados a Estados Unidos, a las transnacionales y al
neoliberalismo, reflejadas masivamente en las urnas, le
confirma a Washington que ya no tendrá un títere a la cabeza
del gobierno boliviano, tal como había ocurrido desde el
último cuarto de siglo con Gonzalo Sánchez de Lozada, Carlos
Mesa, Hugo Banzer, Jaime Paz y el propio Quiroga, todos ellos
obsecuentes y sumidos con el Imperio y muy duros con el
pueblo.
Pero como premio consuelo, en vez de la acostumbrada
marioneta, emerge el líder indígena, el cocalero Evo Morales,
que está dispuesto a seguir el ejemplo de los Lula y los
Kirchner, que muestran a plenitud su antiimperialismo pagando
la deuda externa al Fondo Monetario Internacional (FMI) con el
hambre de sus pueblos, manteniendo en pie las políticas que
fomentan la pobreza y destruyen la economía popular.
En la línea del hermano mayor
La sede principal del MAS en
La Paz se convirtió en una fiesta total.
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El líder cocalero es, a despecho de
la leyenda negra que le tejen los halcones de Washington y los sectores más
reaccionarios y fascistas dentro y fuera de Bolivia, un dirigente campesino que
ha moderado mucho su lenguaje y sus propuestas y que ahora está muy lejos de ser
un revolucionario, como dice interesadamente la romántica visión propalada por
los organismos internacionales no gubernamentales y la izquierda continental que
rodea a Lula, Chávez, Kirchner y Fidel.
El propio Morales ya advertido que gobernará al estilo Lula, el obrero que
gobierna Brasil defendiendo al gran capital, al que llama constantemente su
hermano mayor, lo que significa que lo hará con gran virulencia verbal contra
Estados Unidos, pero sin tocar los grandes intereses y negocios de las
transnacionales y el Imperio.
Evo es, en lo esencial, un representante de la izquierda democrática, capaz de
dividir a los sindicatos y organizaciones más combativas y revolucionarias, tal
como lo hizo en el pasado. Su estilo de gobierno no será ajeno al de los
presidentes y gobiernos que lanzan ardientes proclamas antiimperialistas, pero
que gobiernan con las recetas de Washington, con las mismas políticas contrarias
al pueblo definidas por los organismos internacionales.
Y esto lo sabe la administración Bush, notificada en las últimas semanas por el
propio Evo y su estado mayor, que ya han reconocido que gobernarán con las
mismas políticas y leyes neoliberales que rigen en Bolivia desde 1985,
respetando la propiedad privada, la inversión extranjera y los multimillonarios
negocios de las petroleras (ver: Indigenismo sumiso, ultraderecha y revolución,
en www.econoticiasbolivia.com).
El timo de la nacionalización
En todo caso, la política gubernamental que se impondrá en Bolivia es poner el
guiñador para la izquierda, pero para marchar hacia la derecha. Y el caso más
emblemático de esta nueva política es la “nacionalización” de los hidrocarburos
que harán Evo y el MAS. Según anunció oficialmente el primer senador electo del
MAS y miembro de la cúpula masista, Antonio Peredo, el gobierno del cocalero
pondrá en plena vigencia la ley de hidrocarburos 3058 y firmará nuevos contratos
con las petroleras que controlan las reservas de gas y petróleo de Bolivia,
valuadas en más de cien mil millones de dólares. Esta acción, que reportará
anualmente más de 100 millones de ingresos al Estado, es presentada como una
nacionalización “responsable”.
Sin embargo, pocos quieren recordar que la ley 3058, elaborada por los
parlamentarios neoliberales que cogobernaron con el ex presidente neoliberal
Sánchez de Lozada, fue la que precipitó la caída de su sucesor, el ex presidente
Carlos Mesa, cuando las organizaciones sociales y populares, incluidos los
cocaleros y el MAS, se opusieron a su aprobación en mayo y junio del 2005,
porque esta norma posibilitaba, a cambio de un poco más de impuestos, legalizar
los inconstitucionales e ilegales contratos de loas petroleras (tal como
dictaminó el Tribunal Constitucional, la máxima autoridad judicial del país).
Así, desairando el pedido popular de rescatar los cien mil millones de dólares
en reservas que están en manos de las transnacionales, Evo y el MAS están listos
para negociar y legalizar los contratos petroleros al amparo de la nueva ley pro
petrolera, indemnizando a las transnacionales por las pérdidas y/o daños
económicos que tengan al adecuarse a la nueva ley, que aumenta ligeramente los
tributos y las obligaciones de las petroleras. Toda una capitulación que muestra
de cuerpo entero al primer presidente indígena que gobierna en América Latina.
Ante estas promesas, Repsol, Petrobras, Total, British Petroleum, Enron, Shell,
Panamerican Energy, Pluspetrol, Vintage y otras ya anunciaron su disposición
para negociar con el nuevo gobierno (ver: “Evo ofrece nuevas ventajas a las
petroleras” en www.econoticiasbolivia.com). En cambio, las organizaciones de
masas, como la Central Obrera Boliviana, la Federación de Mineros y la
Federación de Juntas Vecinales de El Alto, que dirigieron las insurrecciones
populares del 2003 y del 2005, conminaron a Morales para que nacionalice los
hidrocarburos y expulse a las transnacionales.
La vía capitalista
En el campo económico, Evo y el MAS proclaman el fin del neoliberalismo, dicen
que los votos le han dado un jaque mate al libre mercado. Pero éste es sólo otro
discurso más, porque mantendrán en pie la libre contratación --que somete a los
obreros al gran capital y que resta fuerza a los sindicatos--, y el libre
comercio y la libre importación, que destruyen la economía campesina, que hunden
en la miseria a los campesinos pobres y que aniquila las fuerzas productivas de
la industria y la artesanía.
El ideario masista contempla una mayor intervención del Estado, pero sin
menoscabar la inversión e iniciativa privada. El objetivo declarado es hacer una
administración gubernamental que consolide el “capitalismo andino y amazónico”
por los siguientes 50 o 100 años, prometiendo una “sociedad justa y equitativa”
(ver: La verdadera cara del MAS de Evo Morales, en www.econoticiasbolivia.com).
Otra promesa de Morales es mantener la “estabilidad económica”, controlando el
déficit fiscal, reduciendo los gastos públicos e incrementando los ingresos, que
viene sobre todo de los impuestos al consumo que paga la gente. Música grata
para los organismos internacionales y para el FMI, que está listo para trabajar
con los bolivianos, como lo hace con Lula y Kirchner.
En el tema de la coca, tampoco se prevé cambios significativos en la actual
política. Evo y el MAS plantean mantener una producción y legalización limitadas
de coca en El Chapare (3.200 hectáreas y un cato por familia), tal como rige
actualmente, con la anuencia de la administración Bush.
Electoralismo
En los hechos, Evo y el MAS agitaron demagógicamente la nacionalización de los
hidrocarburos, el fin del neoliberalismo y de la exclusión social y racial tan
sólo como banderas electorales, para captar el voto ciudadano, para llegar al
gobierno, y trazar desde allí las mismas políticas antinacionales y
antipopulares de siempre, preservando en lo esencial los millonarios intereses
de las petroleras, latifundistas, banqueros, empresas mineras, agroindustriales
y todos aquellos que saquean impunemente Bolivia desde su fundación hace casi
dos siglos.
La intención de Evo y el MAS es desactivar la lucha popular desde los propios
sindicatos, coptando a las direcciones, combatiendo a los rebeldes y
revolucionarios, neutralizando la rebelión de los más pobres, agitando la
bandera antiimperialista para dividir a las organizaciones sociales más
combativas y revolucionarias.
En este propósito, Evo y el MAS cuentan a su favor con la mayor votación de la
historia democrática de Bolivia, con la adhesión de los Lula, Kirchner, Chávez y
Fidel, con el apoyo activo de las direcciones sindicales y bases de cocaleros,
de los mineros agrupados en cooperativas, de amplias capas de campesinos pobres,
de las clases medias que tienen muchas esperanzas en ellos. Suficiente, por
ahora, para detener a la COB, a la Federación de mineros asalariados, a gran
parte de las juntas vecinales de El Alto, que han convocado a desconfiar de
Morales, que tienen en alto la bandera de la nacionalización y el fin del
neoliberalismo, y que esperan que se disipe el fervor electoral para que Evo y
el MAS muestren su verdadera cara, y ahí se reactive con fuerza otra vez la
rebelión de los pobres contra el imperialismo y las transnacionales (ver: La COB
disputará el poder al nuevo presidente, en www.econoticiasbolivia.com).
Washington está conciente de ello y, por ahora, parece listo para trabajar y
colaborar con Evo y el MAS, esperando que el nuevo Lula de los Andes tenga éxito
y larga vida. Si fracasa, el Norte está listo para recurrir a sus fichas de
siempre.
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