Por
María Laura Avignolo
- Clarín
Los peores fantasmas de la guerra civil libanesa se despertaron en la madrugada
de ayer en Beirut. Una poderosa bomba (que milagrosamente no mató a nadie) en un
barrio cristiano de Beirut, devolvió a los libaneses el terror a la violencia
sectaria que dio origen a la palabra 'libanización' en los 80.
El atentado forzó al presidente prosirio Emile Lahoud a convocar a un diálogo
con la oposición, que le exige su renuncia, y los políticos pro sirios, que lo
defienden. También a cancelar su viaje a la cumbre árabe en Argelia.
El líder opositor druso Walid Jumblatt advirtió ayer que "habrá más asesinatos
políticos y bombas" si Lahoud y los jefes de seguridad —que ellos vinculan con
el asesinato del ex primer ministro Rafik Hariri— no renuncian.
El sheik Hassan Nasrallah, líder de Hezbollah, de la resistencia islámica en el
Líbano, y nuevo árbitro de la crisis, consideró a "Israel como el beneficiario"
pero apoyó al presidente libanés Lahoud en su llamado al diálogo.
La oposición acusa a Lahoud de querer cancelar las elecciones legislativas del
próximo mes y retrasar el retiro sirio con esa excusa. Los sirios forzaron al
Parlamento libanés a extender el mandato de Lahoud por 3 años más en septiembre
del año pasado.
Un edificio de departamentos de ocho pisos en el barrio de Jdeide es el símbolo
del miedo en Líbano. Quedó destruido después de que una bomba colocada entre un
auto y una boutique, presumiblemente con más de 70 kilos de TNT, estalló a las
12 y 45 de la madrugada del sábado, en una esquina anónima del este de Beirut.
La onda expansiva destrozó los vidrios e hizo estallar los marcos de la ventana
a una cuadra a la redonda. Nueve heridos fueron trasladados al hospital y uno de
ellos está grave.
Un día después del cumplimiento de la primera fase del retiro sirio del Líbano
tras 30 años de ocupación, el bombazo fue leído como un mensaje para
desestabilizar el país e intentar resucitar la guerra civil.
Elie Naum, el empresario textil cristiano maronita, que tiene a toda su familia
en Chile y es dueño de la boutique que voló con la bomba, compara el atentado
con los primeros incidentes que desataron la guerra civil en 1975 en Beirut.
Jean, su hermano y vecino, fue quien le avisó que su negocio había volado pero
no se atrevió a bajar a verlo en plena madrugada. "Estaba mirando el film El
Padrino cuando todo estalló. Esto ha sido un mensaje para todos los libaneses.
Pero se han equivocado. Esperamos 30 años para vivir este momento. Ya sabemos
los libaneses cuál fue el error. No vamos a seguir viviendo bajo su zapato"
asegura, en clara referencia a los sirios que se van.
Beirut, desierta, se militarizó en horas. Centenares de soldados del ejército
libanés en tanquetas y jeeps tomaron posiciones mientras los militares
aseguraban que no permitirían "provocaciones ni amenazas".
Nadie sabe con certeza de dónde proviene la campaña de miedo. El temor es que
haya más víctimas inocentes. Cafés, hoteles, edificios o simples esquinas pueden
ser el próximo objetivo.