Special Weapons Observation
Reconnaissance Detection Systems (o
SWORDS). Así se conoce al nuevo soldado
cibernético que el Pentágono enviará esta primavera a Irak para luchar contra
los insurgentes y reducir el número de bajas entre sus soldados, mientras en
Washington se preguntan si los iraquíes podrán hacerse cargo de la seguridad del
país. Se trata de un robot como los que desde hace cinco años utilizan la
policía y los militares para desactivar bombas a distancia, pero con capacidad
para observar, reconocer y detectar al enemigo, al que después neutraliza con
una poderosa ametralladora.
Es la ciencia ficción hecha realidad.
Aunque aún no se llega al extremo de las películas de Terminator, en las que las
fuerzas rebeldes de carne y hueso se enfrentan a sofisticadas máquinas de matar
autónomas. En los tres episodios del filme de acción que protagoniza Arnold
Schwarzenegger, el humano gana. En la vida real, en el mundo de hoy, la
Administración que preside George W. Bush quiere imponerse a los insurgentes en
el campo de batalla iraquí para frenar la escalada de bajas entre sus soldados y
marines.
La Operación militar Iraqi Freedom ha
costado la vida de 1.448 estadounidenses, sobre un total de 1.619 muertes entre
las conocidas como tropas de la coalición, según datos oficiales del 7 de
febrero. A esta cifra hay que sumar los 10.770 heridos entre las fuerzas
norteamericanas desde que comenzó la campaña militar contra el régimen de Sadam
Husein, en marzo de 2003. A estas bajas se les podrían sumar también las 156
muertes estadounidenses en la Operación Enduring Freedom, lanzada en Afganistán
contra el régimen talibán y la red terrorista Al Qaeda tras los atentados
suicidas del 11-S contra las Torres Gemelas y el Pentágono.
En ambos frentes, la mayor parte de
las bajas se están registrando en el proceso de transición política, con la
campaña militar concluida desde hace casi dos años en el caso de Irak. La
respuesta de las guerrillas, sobre todo en el caso iraquí, es especialmente
intensa y sangrienta contra unas tropas que consideran de ocupación. Por eso, el
Pentágono quiere enviar en abril al frente de batalla iraquí 18 robots armados
SWORDS para proteger a sus tropas.
Foster-Miller, con sede en Waltham (Massachusetts),
es la empresa estadounidense que desarrolla esta nueva máquina de guerra.
William Ribich, presidente ejecutivo, explica que su compañía “tiene un firme
compromiso para proveer a las tropas estadounidenses el mejor material posible y
con rapidez”. El grupo fabricante del robot guerrero cuenta en la actualidad con
un equipo formado por 350 ingenieros y científicos, especializados en robótica,
en el desarrollo de nuevos materiales de alta tecnología e instrumental médico.
Entre la nutrida lista de clientes de
Foster-Miller se encuentran General Electric, Boeing, Daimler Chrysler, Lockheed
Martin o Westinghouse, además de los departamentos de Defensa, Energía y
Transportes, la NASA, la policía de Nueva York (NYPD), las Fuerzas Armadas (Army),
Aérea (Air Force) y Naval (Navy). La compañía fue adquirida en agosto pasado por
el grupo anglo-estadounidense QinetiQ, de la que el ex presidente George Bush es
consejero a través del holding Carlyle.
Foster-Miller es una de las
pequeñas compañías que tienen acceso al colosal presupuesto militar de
Estados Unidos, que este año superará los 400.000 millones de dólares. Es más,
el proyecto de presupuesto para 2006 presentado por la Casa Blanca el 7 de
febrero prevé el gasto de 1.700 millones de dólares hasta 2011 en vehículos sin
tripulante que pueden realizar “trabajos peligrosos sin poner en riesgo la vida
de los soldados”.
Lockheed Martin y General Dinamics
son las otras compañías que están desarrollando vehículos similares al SWORDS
para sacar tajada al incremento del gasto militar, del que se beneficiarán
especialmente las compañías especializadas en el desarrollo de armamento.
Además, el Departamento de Defensa está apoyando otros proyectos para poder
desplegar robots en zonas de combate, lanzados desde un avión.
Pero el robot de Foster-Miller se
convertirá en primavera en el primer dispositivo electrónico armado por control
remoto que entre en acción en misiones de combate. El SWORDS, de un metro de
altura, fue ya la estrella en la 24ª conferencia Ciencia Militar, celebrada a
finales de noviembre en Orlando (Florida). La revista Time, en su edición del
pasado 29 de noviembre, calificó al robot armado como una de las invenciones más
increíbles de 2004. “Insurgentes iraquíes, ya podéis preocuparos”, afirmaba el
artículo de la prestigiosa revista. Y es que, como dicen los militares de la
brigada Stryker, que ya lo han utilizado en Kuwait antes de mandarlo al campo de
batalla, “no es algo con lo que uno pueda jugar”.
“Es un guerrero rápido y preciso”,
señalan los expertos del Departamento de Defensa estadounidense. El SWORDS es
una versión guerrera del robot Talon que fabrica Foster-Miller, y que es
utilizado ya por los artificieros de la Armada estadounidense en Irak y
Afganistán, donde tienen desplegados más de un centenar de unidades. Los Talon
son usados por el Pentágono desde 2000, cuando cumplieron su misión con éxito en
Bosnia. Los robots fueron de gran utilidad también en los trabajos de rescate en
la zona cero, el vacío de escombros que dejaron las Torres Gemelas tras el 11-S
y en las acciones militares en Afganistán.
Los primeros Talon llegaron a Irak en
marzo de 2003, donde han participado en más de 20.000 misiones. Lo que hace
diferente al nuevo modelo es que va armado con fusiles y rifles automáticos
–M249, M240 o Barrett del calibre 50–, dispone de cuatro cámaras de precisión,
visión nocturna, sensores térmicos y lentes para observar desde la distancia. Su
autonomía es de cuatro horas, durante las que puede desplazarse a una velocidad
de 6,5 kilómetros por hora, subir escaleras, superar obstáculos o permanecer
oculto en completo silencio hasta que abre fuego contra el enemigo.
Para poder funcionar, la máquina
sigue necesitando de un operador humano, que es el que se encarga de analizar
las imágenes y la información que le llega del frente –a 1,5 kilómetros de
distancia– antes de poner el dedo en el gatillo y abrir fuego con su poderosa
ametralladora. Además se han hecho pruebas con misiles de 66 milímetros –puede
llevar hasta cuatro– y dos lanzagranadas (Milkor Mk-1S). Los expertos dicen que
podría ser equipado incluso con armamento antitanques o el nuevo sistema de
misiles DREAD.
Los militares que han hecho pruebas
con el robot aseguran que su disparo es más certero que el de un soldado,
“porque el arma está montada sobre una plataforma más estable”, a lo que se le
añade la ayuda precisa de la electrónica. Hasta tal punto es preciso que
mientras un soldado puede hacer un tiro certero a un balón de baloncesto a 300
metros, el robot lo hace con una moneda, como explica el sargento Santiago
Tordillos.
Sus creadores van más allá y explican
que el SWORDS es un soldado que no se cansa, no se asusta, no necesita comer ni
vestirse ni ser entrenado y que, con sus precisos sensores y cámaras, es capaz
de rastrear el terreno sin ningún riesgo para los militares que van con el fusil
echado al hombro. Y el tiempo tampoco parece ser un impedimento mayor. El coste
de cada una de las unidades que irán a Irak esta primavera se estima en 230.000
dólares, aunque su vicepresidente Arnis Mangolds dijo durante la convención
celebrada en Florida que la intención de la compañía es rebajar el precio del
modelo básico hasta los 180.000 dólares cuando entre en producción.
Además, la versatilidad de estos
robots armados les permite adaptarse con facilidad a la misión original de
desactivar explosivos. En cualquier caso, ocupan poco espacio en sus cajas a la
espera de volver al combate.
La brigada Stryker, que participó en
la puesta a punto de los robots, recibirá las primeras unidades en las próximas
semanas. “Los soldados con los que he hablado quieren tenerlos ya”, comenta
Tordillos.
David Crane, experto en cuestiones
militares, asegura que la tecnología es “viable” para lo que denomina “ambiente
de combate urbano”, y explica que se trata “de una evolución natural” de los
medios que hasta ahora utilizaba Defensa y las agencias de seguridad en sus
misiones robotizadas Talon y Ferret. “No se trata de una nueva invención, lo que
hemos hecho es poner juntos los sistemas existentes”, explica Tordillos. La
compañía Foster-Miller ya está trabajando en una nueva versión más sencilla de
manejar, que dotaría al operador de una consola de mandos similar a la de un
videojuego y de unas gafas de realidad virtual que permitirá mejorar la
precisión.
No es un secreto para nadie que la
Armada y la Administración presidida por George W. Bush tienen un problema
frente a la opinión pública estadounidense ante las constantes bajas en el
frente iraquí. El SWORDS es la respuesta además a lo que Crane califica como una
“guerra contra los medios de comunicación”. “Al robot no pueden matarlo”,
señala. Y en este clima, el nuevo robot de Foster-Miller salta al campo de
batalla. La compañía ha dedicado seis meses y dos millones de dólares al
desarrollo de esta nueva versión del Talon, sometiéndolo a todo tipo de pruebas
para evitar fallos de funcionamiento durante la campaña.
Los expertos en defensa se hacen
la siguiente pregunta: ¿por qué poner en riesgo la vida de un soldado cuando
en su lugar puedes poner un robot? La respuesta de William Ribich es rotunda en
ese sentido. “Cada uno de estos robots permite proteger a un soldado”, afirma, a
la vez que deja claro que los
SWORDS “no son máquinas autónomas
asesinas como las que aparecen en las películas de ficción”, a pesar de que
puede realizar hasta 350 disparos por minuto sin necesidad de ser recargado.
Además se ha dotado a los robots de
un dispositivo para evitar que las fuerzas enemigas puedan piratear o interferir
la señal de radio que les comunica directamente con el operador que los maneja y
toma las decisiones antes de poner el dedo en el gatillo.
La lógica que sigue este nuevo
proyecto es la misma de los aviones de reconocimiento y combate sin tripulante,
conocidos en la jerga militar como UAV o UCAV. “Mientras nuestra infantería siga
inmersa en la batalla urbana y continúen las operaciones militares en Irak
contra los insurgentes, la necesidad de los robots SWORDS es mayor que nunca”,
remacha David Crane.
¿Pero llegará el día en el que los
robots armados sustituyan al hombre en el campo de batalla? La respuesta del
sargento Tordillos es contundente: “No, nunca se eliminará al soldado de las
misiones sobre el terreno. Habrá una mezcla, pero el soldado siempre estará
ahí”.