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(IAR-Noticias)
02-Abr-05
Por José Manuel Calvo -
El País
El aparato de espionaje de EE.UU. estuvo “absolutamente equivocado en casi todos
sus juicios sobre el arsenal de armas de destrucción masiva de Saddam Hussein
antes de la guerra”, según la comisión que ha investigado durante un año el
“gran fiasco de inteligencia” sobre el que se justificó en buena medida la
invasión de Irak.

El informe, que recomienda decenas de
cambios importantes para evitar errores similares en sus casi 600 páginas, hace
un esfuerzo para intentar salvar a la Casa Blanca de responsabilidad política y
pone toda la carga sobre la CIA y el resto de los organismos de inteligencia.
“Comparto la conclusión básica del
informe: la comunidad de inteligencia de EE.UU. necesita cambios fundamentales
para abordar los desafíos del siglo XXI”, dijo George W. Bush., que ha dado
indicaciones a su asesora de seguridad, Fran Townsend, “para que revise los
hallazgos de la comisión y garantice que se adopten medidas concretas”.
A pesar de que la conclusión
principal asesta un golpe devastador al argumento número uno de la guerra –la
urgencia de neutralizar las supuestas armas de destrucción–, la Casa Blanca se
beneficia de la generosidad con la que la comisión trata al presidente y, sobre
todo, al vicepresidente Dick Cheney, que en agosto de 2002 se lanzó a hacer
afirmaciones como ésta: “No hay duda de que Saddam Hussein tiene ahora armas de
destrucción masiva”. Ni Bush ni la CIA habían dicho antes nada semejante. El
informe fue positivamente recibido por el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld,
y el director de la CIA, Porter Goss.
En octubre de 2002, el Informe
Nacional de Inteligencia concluyó que Irak había reconstruido su programa de
armas nucleares y tenía armas químicas y biológicas. Tanto el juez retirado
Laurence Silberman, republicano, como el ex senador demócrata Charles Robb,
copresidentes de la comisión, aseguraron no haber encontrado pruebas de
manipulación política: “Examinamos todas y cada una de las posibilidades para
ver si algún miembro del gobierno pidió a algún analista que cambiara sus
conclusiones o si hubo alguna presión indebida. Y no encontramos absolutamente
nada”, según Robb.
El informe dice, literalmente: “Las
sesiones diarias de inteligencia que el presidente recibió antes de la guerra
eran erróneas: exageraron el argumento de que Irak estaba reconstruyendo su
programa de armas de destrucción masiva mediante afirmaciones hechas para llamar
la atención y el repetido uso de datos cuestionables”. Según la comisión, el
principal error del espionaje en Irak fue “su incapacidad para conseguir buena
información sobre los programas de armas, los graves fallos de análisis y el
fracaso a la hora de determinar cuáles de esos análisis se basaban en prejuicios
en lugar de en pruebas”.
Y añade: “En asuntos así, simplemente
no podemos permitirnos el lujo de tener fracasos de esta envergadura”. Los
servicios de inteligencia, por tanto, son el chivo expiatorio, como ocurrió con
las conclusiones de la comisión que investigó los antecedentes de los atentados
del 11-S.
“Nuestra comunidad de inteligencia
–concluye el informe elaborado por los nueve republicanos y demócratas nombrados
por el presidente– no ha sido lo suficientemente ágil e innovadora como para
proporcionar la información que el país necesita.”
En vista de que otras comisiones
coinciden, “no habría que esperar a otra comisión o a otro gobierno para imponer
un cambio general en la comunidad de inteligencia”. La comisión aporta 74
recomendaciones y asegura que la mayoría pueden adoptarse por decisión
ejecutiva, es decir, sin que el Congreso intervenga. Entre ellas se le sugiere a
Bush que no sea tímido a la hora de reforzar el poder de John Negroponte, nuevo
director de inteligencia nacional, que tiene que lidiar con los 15 organismos de
espionaje que han desarrollado una cultura de rivalidad y que están poco
acostumbrados a la cooperación.
Se pide también que el FBI forme un
solo departamento que agrupe los recursos que dedica ahora a antiterrorismo y
contraespionaje. El presidente, se añade, debe ser más exigente: “La comunidad
de inteligencia tiene que recibir presiones; no dará lo mejor de sí misma si los
políticos no insisten, aunque sea a costa de tensiones”.
Hay dos versiones del informe: la que
se ha mantenido secreta abunda en detalles que no se quieren dar a conocer sobre
capacidades y riesgos de países como Irán y Corea del Norte, pero también China
o Rusia. Lo que sí se dice en la parte no clasificada es que EE.UU. tiene un
conocimiento “perturbadoramente escaso” de las amenazas nucleares “de muchos de
los protagonistas más peligrosos de la escena internacional”.
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