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(IAR-Noticias)
15-Jun-05
Por Marcelo Raimon
- Proceso / apro
Las
críticas a la ocupación de Irak y al creciente militarismo
ya no son en Estados Unidos exclusividad de los grupos de
derechos civiles y organizaciones de izquierda, sino que
están creciendo, incluso, entre sectores de la derecha,
como sugirió días atrás la presentación del libro de un
egresado de la escuela de West Point --conservador, veterano de la guerra de Vietnam
y exsoldado profesional-- en el centro de estudios Cato,
una las principales “fábricas” del pensamiento libertario
estadunidense.
Ante un auditorio repleto, Andrew Bacevich, el autor de
The new American militarism - How Americans are seduced by
war, dejó en claro desde el principio: “yo no soy un
pacifista, tampoco un antinorteamericano ni mucho menos un
comunista”, y tranquilizó a sus oyentes; pero luego de esa
confesión llegaron las críticas devastadoras.
Según el experto, los estadunidenses están “infatuados con
el poder militar desde el fin de la Guerra Fría” y los
gobiernos de turno se alejaron hace tiempo del “concepto
del uso de la fuerza como último recurso”.
“Si mañana abrimos el diario y nos enteramos de que anoche
las fuerzas estadunidenses atacaron Irán nadie se sentirá
sorprendido, porque ese es el reflejo esperado” de parte
del gobierno, señaló Bacevich, quien es también profesor
en la Universidad de Boston; pero parece fuera de lugar
vestido de traje y corbata y no de rigurosa fajina
militar.
Bacevich apuntó hacia la Casa Blanca desde la derecha y
disparó con munición gruesa pero no sin cierta admiración.
El presidente George W. Bush, dijo, concretó una maniobra
“perniciosa” aunque también “brillante” cuando declaró,
tras los atentados del 11 de setiembre del 2001 contra el
Pentágono y las torres gemelas de Nueva York: “Estamos en
una guerra global (contra el terrorismo) que no sabemos
cuándo va a terminar.”
Esa afirmación, señaló el experto, es la que le brindó a
Bush la carta blanca para sus movidas militares. “Sin
disminuir en absoluto los horrores y la importancia del 11
de setiembre –dijo Bacevich--, fue un error anunciar la
guerra global contra el terrorismo” de la manera en que lo
hizo Bush, poniendo en marcha el músculo militar de
Estados Unidos y no a través de la cooperación entre los
servicios de policía e inteligencia internacionales,
dejando a las fuerzas armadas como una herramienta para
utilizar en pequeñas dosis a través de operaciones
especiales.
Al fin y al cabo formado a la antigua, Bacevich –quien
dirige el Centro para las Relaciones Internacionales de la
Universidad de Boston y enseñó también en la Johns Hopkins
University y en West Point-- propone un viejo remedio para
los nuevos problemas: “El fundamentalismo islámico es una
amenaza ideológica y debe ser enfrentada como lo fue el
comunismo durante la Guerra Fría: contenerlo y esperar a
que caiga por sus propias contradicciones.”
El exsoldado está realizando una gira por todo el país –al
estilo estadunidense-- para presentar su libro, el cual
está levantando una seria polémica en Estados Unidos. Su
presentación en Washington, el 27 de mayo, fue uno de los
momentos culminantes del trayecto y en el Cato Institute
fue recibido con los brazos abiertos.
“Yo estoy conmovido por el emergente consenso entre la
derecha política” contra la forma en que el gobierno de
Bush está llevando adelante la lucha contra los grupos
terroristas internacionales y la ocupación de Irak, señaló
Christopher Preble, el director del centro de estudios
internacionales del Cato Institute. Este consenso, explicó
Preble a la agencia Apro, alcanza “incluso a muchos
de los que apoyaron la decisión de intervenir en Irak,
pero que ahora se están cansando de los costos y los
riesgos de una ocupación prolongada”.
El experto del Instituto Cato enumeró que “la venerable
revista conservadora National Review ya publicó
varias columnas en este sentido, mientras que la
American Conservative Magazine viene siendo un
opositor consistente de la intervención en Irak”. Por otro
lado, siguió, “la neoconservadora Weekly Standard y
la liberal New Republic adoptaron posiciones
similares respecto de la política exterior (de la Casa
Blanca), sugiriendo una nueva convergencia entre esos dos
sectores, mientras que los libertarios, los conservadores
tradicionales y los liberales antibélicos están formando
un nuevo consenso en oposición a la doctrina Bush”.
En efecto, el presidente fue un blanco favorito durante la
presentación del libro de Bacevich. El autor reconoció que
tanto Bush como el vicepresidente Dick Cheney deben ser
considerados responsables por los errores y los costos de
sus maniobras en la lucha contra el terrorismo.
Según Bacevich, Bush sufre de “inhabilidad de pensar en
términos realistas”, por lo cual recurre a la fuerza
militar cuando se le presenta un problema. El experto
pidió, además, que se “revisen” las decisiones tomadas
durante la invasión y la ocupación de Irak por los
principales líderes militares, desde John Abizaid a
Ricardo Sanchez.
En su libro, Bacevich dice, sin embargo, que la “obsesión”
estadunidense por el liberalismo involucra tanto a
republicanos como demócratas. “Hoy, como nunca antes, los
estadunidenses están cautivados por el poder militar
–escribió. La supremacía militar global que Estados Unidos
disfruta actualmente, y que se mueve hacia la
perpetuación, se hizo central a nuestra identidad
nacional.”
El enorme peso de la maquinaria de guerra de Estados
Unidos llevó a muchos estadunidenses, afirma el autor, a
pensar que “nos hemos convertido en maestros de todos los
asuntos militares”, lo que provocó que “los líderes
políticos” del país “hayan ya demostrado su intención de
aprovechar esa maestría para rediseñar el mundo de acuerdo
a los intereses y valores de Estados Unidos”.
Hoy por hoy no hay ningún político estadunidense, aunque
sea mínimas oportunidades de llegar a la Casa Blanca, que
reniegue de esta convicción, aseguró Bacevich, según el
cual el nuevo militarismo de Estados Unidos “se desarrolló
durante un largo tiempo, en particular, después, o a
pesar, de la guerra de Vietnam”.
Bacevich dijo que, a su juicio, “el militarismo es un
proyecto bipartidario” en Estados Unidos. Un cambio de
esta tendencia, agregó, “no va a llegar eligiendo a otra
persona como presidente” del país.
La afirmación del autor encontró eco en la campaña
electoral del año pasado, cuando el candidato demócrata,
el senador John Kerry, no dudó en destacar su pasado de
medallas en Vietnam, sobre la campaña contra la guerra que
lanzó cuando regresó del sudeste asiático. De hecho,
Bacevich dice que el militarismo es prácticamente el único
elemento “unificador” que queda entre los estadunidenses.
“Nunca fuimos pacifistas”, aclaró el exsoldado, pero lo
nuevo es que ahora los estadunidenses buscan de manera
obsesiva “una supremacía militar perpetua, a pesar de la
situación global y de las características de las amenazas”
que, tras el final de la Guerra Fría, no obligan de manera
dramática al país a entrar en semejante carrera, indicó.
Para Bacevich, este proceso comenzó tras la derrota en
Vietnam, como una forma de, precisamente, cerrar esa
herida. Esto puede sonar “irónico”, apuntó Pueble por su
parte, pero “los militares estadunidenses buscaron
entonces reafirmar la importancia del combate, para
asegurarse un lugar para ellos mismos”. Temerosos de
perder el control del planeamiento de las guerras, como
ocurrió en Vietnam, entonces apuntaron, inteligentemente,
a “restaurar las relaciones con los civiles” y a lograr
que el manejo de las fuerzas militares quede en manos de
soldados profesionales.
A juzgar por los resultados, las fuerzas armadas lograron
su objetivo. Por un lado se abolió la conscripción
obligatoria, haciendo protagonistas a los militares de
carrera. Y, por el otro, se logró rehabilitar la imagen de
los soldados. Durante la presentación del libro se hizo
una comparación inquietante entre la imagen de los
militares estadunidenses como baby killers en
Vietnam y la práctica impunidad de los responsables de las
torturas en la cárcel iraquí de Abu Ghraib.
En este sentido, Bacevich señala otra consecuencia del
nuevo militarismo, las “expectativas grandiosas” que los
estadunidenses, y sus gobernantes, depositan en los
soldados. El autor afirma que la “nueva estética”
característica de las formas modernas de la guerra
–unidades compactas de soldados súper entrenados y
voluntarios altamente motivados-- “contribuyó a un
apreciable empujón hacia arriba del estatus de los
militares”. Los soldados pasaron a ser vistos como la viva
manifestación de este militarismo, dice Bacevich.
La presentación de este exsoldado en el más destacado
centro de estudios libertario –es decir que aquellos que
abogan por el libre mercado a ultranza y la limitación de
los poderes estatales-- de Washington es parte de una
creciente tendencia. Algunos expertos del Instituto Cato
forman parte de la Coalition for a Realistic Foreign
Policy, a la que también pertenece Bacevich y decenas de
profesores conservadores y liberales de todo el país. Este
centro viene gestando esta oposición desde la derecha y
hasta alertó sobre la “preocupante tendencia imperial” del
gobierno del presidente Bush.
Uno de los artículos en la portada del website de la
Coalition advierte, por ejemplo, sobre las peligrosas
consecuencias de un ataque militar estadunidense sobre
Irán, que algunos analistas, citados en la nota, especulan
podría ocurrir este mismo mes de junio.
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