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(IAR-Noticias)
22-Ag-05 Agencias
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Cindy Sheehan,protesta frente al
rancho de Bush. |
Aaron Glanz, un periodista que cubrió la invasión y ocupación de Irak,
detalla en un informe las acciones que crearon las condiciones para la muerte,
el 4 de abril de 2004, del soldado Casey Sheehan (hijo de Cindy), otros nueve
militares estadounidenses y 15 iraquíes.
"Bush no se reunirá con Cindy Sheehan
para explicar por qué su hijo Casey murió en Iraq. Yo puedo darle a ella la
información que tengo al respecto, señala el periodista de IPS.

Yo estaba en el barrio Ciudad Sadr, en Bagdad, el 4 de abril de 2004, el día en
que el especialista del ejército Casey Sheehan murió allí. Yo era un periodista
"empotrado" con las fuerzas de ocupación estadounidenses. Pero pude salir con
vida de allí.
Había viajado a Ciudad Sadr para cubrir el ataque de las fuerzas de Bush contra
el movimiento del clérigo chiita Muqtada al-Sadr. No importó que el clérigo
tuviera millones de seguidores ni que perteneciera a una familia de gran
relevancia política y tradición de resistencia a las tiranías.
El padre de Sadr murió a manos del régimen de Saddam Hussein por fomentar la
rebelión en 1999. Su tío, el gran ayatolá Mohammed Baqir al-Sadr, había sido
asesinado en 1980, cuando encabezaba una insurrección contra el régimen.
No importó que las fuerzas de Sadr alimentaran a los pobres, organizaran el
tráfico o se dedicaran a recoger la basura en un lugar que carecía de servicios
básicos. El problema, según Bush y su administrador en Iraq, el embajador L.
Paul Bremer, era que Sadr se oponía a la ocupación.
Por lo tanto, lo combatieron. Primero, clausuraron su periódico. Después,
arrestaron a su principal colaborador. Luego, Bremer anunció que un juez anónimo
acusaba a Sadr de asesinato.
"Él está efectivamente intentando afianzar su autoridad en lugar del legítimo
gobierno iraquí. No lo toleraremos", dijo Bremer.
Eso fue el colmo. Antes del 4 de abril de 2004, Muqtada al-Sadr, exhortaba a sus
seguidores a protestar pacíficamente contra la ocupación. Pero tras el ataque
estadounidense, los urgió a "aterrorizar al enemigo".
En las primeras 48 horas de combate, los seguidores de Sadr capturaron locales
policiales y gubernamentales en todo el país, incluida la oficina de la
gobernación de Basora, en el sur de Iraq.
Por lo menos murieron 75 iraquíes y 10 soldados estadounidenses, entre ellos
Casey Sheehan. En mi tarea como periodista, sólo vi las bajas iraquíes: a los
muertos estadounidenses los conducían a hospitales militares.
Junto con mi traductor, Waseem, atravesamos numerosas calles cerradas por
tanques estadounidenses hasta el hospital Al-Ubaidi, en Ciudad Sadr.
Entrevisté allí a Alí Hussein, de 15 años. Había recibido un balazo en el
vientre. Apenas podía levantar la cabeza, pero quería decirle unas pocas
palabras a un periodista de Occidente.
"Estaba en la puerta de mi casa y me dispararon", murmuró. "No tengo nada que
decirle a los estadounidenses. La cosa es solo entre ellos y Dios."
A pocos kilómetros de distancia, en la Universidad Mustansuriye, cientos de
estudiantes se concentraron en el centro del campus. "Los muertos quieren un
pueblo valiente, por lo que no seguiremos la ley de Bremer", cantaban.
"Actuaremos de acuerdo con la situación que afrontamos", dijo entonces Wassam
Mehdi Hussein, líder de la Unión Islámica de Estudiantes Iraquíes, en apoyo a la
declaración de "jihad" (guerra santa) lanzada por Sadr contra la ocupación.
"Usaremos cualquier medio, pacífico o violento", agregó Hussein.
Otro estudiante de Mustansuriye, Alí Mohammed, recordó que la violencia se
desató cuando los militares estadounidenses clausuraron el diario de Sadr y
arrestaron a su colaborador.
"No queremos combatir a los estadounidenses", me dijo Alí Mohammed. "Les estamos
muy agradecidos. Los queremos porque nos liberaron de Saddam Hussein. Pero, al
mismo tiempo, queremos que hagan algo por la humanidad."
"Muchos sufren hambre y se tienen que quedar sentados en casa porque no tienen
trabajo. Estas cosas empeoran la situación y entonces acudimos a los atentados.
Queremos respetarlos y queremos que nos respeten."
Un año después, no hay respeto. Ni siquiera para ciudadanos estadounidenses como
Cindy Sheehan, que merece saber la verdad sobre la muerte de su hijo en Iraq".
Aaron Glantz es colaborador de la agencia
IPS y publicó el libro "How America Lost Iraq" ("Cómo Estados Unidos perdió Iraq"),
de la casa editorial Tarcher/Penguin.
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