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(IAR-Noticias)
09-Sept-05
El libre mercado
desempeñó un papel crucial en la destrucción de Nueva Orleáns y la muerte de
millares de sus residentes. Advertidos por adelantado que un colosal huracán (de
fuerza 5) iba a abatirse sobre la ciudad y los alrededores, ¿qué hicieron los
funcionarios? Pusieron en juego el libre mercado.

Por Michael Parenti - ALAI
Anunciaron que todo el mundo debía evacuar la ciudad. Se esperaba que cada cual
ideara su propia salida del área de desastre por medios privados, así como lo
dicta el libre mercado, al igual que ocurre cuando el desastre asesta a los
países de libre-mercado del Tercer Mundo.
Es una cosa hermosa, este libre mercado, en el cual cada individuo persigue sus
propios intereses personales, de tal modo que efectúe un resultado óptimo para
la sociedad entera. Es así como la mano invisible obra sus maravillas.
Allí no habría ninguna evacuación "colectivista y regimentada", como ocurrió en
Cuba. Cuando un huracán de alcance especialmente grande golpeó esa isla el año
pasado, el gobierno de Castro, apoyado por los comités ciudadanos de vecinos y
los cuadros locales del Partido Comunista, evacuó a 1,3 millones de personas,
más del 10 por ciento de la población del país, sin la pérdida de una sola vida;
una hazaña alentadora que pasó prácticamente inadvertida en la prensa
estadounidense.
En el Día Uno del desastre causado por huracán Katrina, ya quedaba claro que
centenares, sino miles, de vidas americanas se habían perdido en Nueva Orleáns.
Mucha gente se había "negado" a evacuar, explicaron los reporteros de la prensa,
simplemente porque eran "tercos". No era sino hasta al Día Tres que los
comentaristas -relativamente pudientes- comenzaron a darse cuenta que decenas de
miles de personas no habían podido huir, porque no tenían a donde ir, ni medios
para desplazarse. Con poco dinero en efectivo a la mano, y carentes de vehículo
propio, no les quedó más que permanecer allí y confiar a la suerte. En fin de
cuentas, el libre mercado no funcionó tan bien para ellos.
Buena parte de esta gente era Afroamericana de bajo ingreso, junto con un número
menor de blancos pobres. Vale recordar que la mayoría de ellos tenía un empleo
antes de la visita mortal de Katrina. Eso es lo que hace la mayoría de la gente
pobre en este país: trabaja, generalmente muy duro en empleos muy mal pagados, a
veces en más de un empleo a la vez. Son pobres, no porque son perezosos, sino
porque les cuesta sobrevivir con salarios de miseria, a la vez que cargar con
altos precios, alquileres elevados e impuestos regresivos.
El libre mercado incidió también de otra forma. La agenda de Bush es achicar los
servicios estatales al mínimo y obligar a la gente a recurrir al sector privado
para atender sus necesidades. Entonces, recortó $71.2 millones del presupuesto
del Cuerpo de Ingenieros de Nueva Orleáns, una reducción del 44 por ciento. Y
tuvieron que archivarse los planes para fortificar los diques de Nueva Orleáns y
para mejorar el sistema del bombeo para el drenaje de agua.
Bush sobrevoló el área y dijo que nadie habría podido prever este desastre. Una
mentira más que sale de sus labios. Toda clase de gente había estado prediciendo
un desastre para Nueva Orleáns, señalando la necesidad de consolidar los diques
y las bombas, y fortificar las tierras costeñas.
En su campaña para aniquilar al sector público, los secuaces reaccionarios de
Bush también permitieron que los constructores drenen áreas extensas de pantano.
Una vez más esa vieja mano invisible del libre mercado se encargaría de cuidar
las cosas. Los constructores, persiguiendo su propia ganancia privada, aducirían
que se trata de respuestas en beneficio de todos.
Sin embargo, los pantanos servían como absorbente y barrera naturales entre
Nueva Orleáns y las tormentas que llegan desde mar adentro. Desde hace ya
algunos años, los pantanos han estado desapareciendo a un ritmo espantoso de la
costa del golfo. Pero nada de esto les causó preocupación a los reaccionarios en
la Casa Blanca.
En cuanto a la operación de rescate, los defensores del libre mercado suelen
decir que la ayuda a los más desafortunados entre nosotros se debe dejar en
manos de la caridad privada. Era una prédica preferida del presidente Ronald
Reagan decir que "la caridad privada lo puede resolver". Y de hecho durante los
primeros días, esa parecía ser la política para el desastre causado por el
huracán Katrina.
El gobierno federal se hizo humo, pero la Cruz Roja entró en acción. Su mensaje:
"No envíen alimentos ni mantas; envíen dinero". Mientras tanto, Pat Robertson y
la Christian Broadcasting Network, -haciendo una breve pausa en su obra divina
de impulsar el nombramiento de John Roberts a la Corte Suprema- hizo un llamado
para donaciones y anunció la "Operación Bendición", que consistía en un envío
altamente publicitado pero totalmente inadecuado de conservas y biblias.
Para el Día Tres, incluso los medios miopes comenzaron a darse cuenta del enorme
fracaso de de la operación de rescate. La gente se estaba muriendo porque la
ayuda no había llegado. Las autoridades parecían más preocupadas en prevenir el
saqueo que en el rescate de la gente. Era la propiedad antes que la gente, así
como los defensores del libre mercado siempre lo han querido.
No obstante, surgieron preguntas que el libre mercado no parecía capaz de
contestar: ¿Quién estaba a cargo de la operación del rescate? ¿Por qué tan pocos
helicópteros y a penas un puñado de guardacostas? ¿Por qué los helicópteros
demoraron cinco horas en sacar a seis personas de un hospital? ¿Cuándo se
pondría en plena acción la operación de rescate? ¿Dónde estaban los feds
(policía federal)? ¿Los troopers del estado? ¿La Guardia Nacional? ¿Dónde
estaban los autobúses y los camiones? ¿Las carpas e higiénicos portables? ¿Las
provisiones médicas y el agua?
¿Dónde estaba la Seguridad Interior? ¿Qué ha hecho la Seguridad Interior con los
$33,8 mil millones asignados a ella en el año fiscal 2005? Incluso el propio
noticiero de la tarde de ABC-TV (del 1 de septiembre 2005) citó a funcionarios
locales que dijeron que "la respuesta del gobierno federal ha sido una vergüenza
nacional".
En un momento de ironía sabrosa (y quizás pícara), llegaron ofertas de ayuda
exterior por parte de Francia, Alemania y varias otras naciones. Rusia ofreció
enviar dos aviones cargados alimentos y de otros materiales para las víctimas.
Como era previsible, todas estas ofertas fueron velozmente rechazadas por la
Casa Blanca. América, la Hermosa y Poderosa, América el Salvador Supremo y Líder
Mundial, América el Proveedor de la Prosperidad Global no podía aceptar la ayuda
exterior de otros. Eso sería una inversión de roles humillante e insultante.
¿Será que los franceses buscaban otro puñete en la nariz?
Es más, aceptar la ayuda exterior hubiese significado admitir la verdad: que los
bushistas reaccionarios no tenían ni el deseo ni la decencia de proteger a los
ciudadanos comunes, cuando menos a aquellos en situación de necesidad extrema.
Quien sabe si la gente comenzaría a pensar que George W. Bush realmente no era
más que un agente a tiempo completo de la América corporativa.
- Michael Parenti es autor de: "Superpatriotism (City Lights)" y "The
Assassination of Julius Caesar" (New Press), entre otros libros. En el otoñó
lanzará "The Culture Struggle" (Seven Stories Press). www.michaelparenti.org.
Fuente: ZNet (http://www.zmag.org). Traducción del inglés: ALAI
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