|
(IAR-Noticias)
20-Dic-05
Los
republicanos dominaron la Casa Blanca y las dos cámaras del Congreso en 2005,
pero una maldición cayó sobre ellos bajo la forma de una serie de
investigaciones, acusaciones y torpezas políticas.
Por Donna Cassata -
Associated Press
El jefe de gabinete
del vicepresidente fue involucrado en la denuncia pública de una agente
clandestina de la CIA, un caso de larga data que ha puesto en entredicho la
suerte de otros altos funcionarios.
El titular del bloque republicano de
la Cámara de Representantes renunció al ser acusado en Texas de maniobras
fraudulentas en una campaña electoral.
El titular del bloque republicano del
Senado está siendo investigado por sus transacciones en la Bolsa.
Y por supuesto, hay una guerra en
Irak.
Por encima de los dramas judiciales y
las maniobras en el Legislativo, planea la sombra de un conflicto que ha
superado el hito de 2.000 estadounidenses muertos, absorbido miles de millones
de dólares, reducido drásticamente la popularidad del presidente George W. Bush
y exacerbado las divisiones partidistas.
Con todo, Bush comprometió su apoyo
sin reservas a la guerra que la mayoría rechaza. "La mayoría de los
estadounidenses quieren dos cosas en Irak", dijo el presidente.
"Quieren que nuestras fuerzas ganen y
quieren que vuelvan a casa lo antes posible. Esos son mis objetivos también. No
aceptaré nada sino la victoria total".
Bush y el liderato republicano en el
Congreso inician un 2006 en el que prima una sensación de malestar en la nación
que amenaza sus planes legislativos y acaso su supervivencia política.
"Mis colegas empiezan a sentirse
nerviosos", dijo recientemente el senador republicano John McCain. "Hablamos
mucho sobre las cifras desfavorables del presidente en las encuestas. ¿Ha visto
el nivel de popularidad del Congreso últimamente?"
Los republicanos controlan la cámara
baja desde 1995, el Senado durante la mayor parte de ese período y la Casa
Blanca desde 2001, y sus penas alientan a los demócratas que piensan en las
elecciones legislativas de noviembre próximo.
La configuración del mapa electoral y
el argumento, repetido con frecuencia, de que los demócratas carecen de un
programa claro, reducen las posibilidades de que los republicanos pierdan la
mayoría en las cámaras.
Pero la oposición parece haber salido
de su letargo en cuanto a Irak y sintonizado con una opinión pública
descontenta, a medida que se derrumban los fundamentos de la guerra y la
insurgencia cobra decenas de vidas cada semana. La cifra de bajas
estadounidenses ya supera los 2.100.
Bush logró un breve repunte de su
popularidad con la confirmación de John Roberts como titular de la Corte
Suprema, y recibió elogios de la base conservadora republicana al postular a
Samuel Alito como reemplazante de la jueza Sandra Day O'Connor, próxima a
jubilarse.
Con todo, los demócratas ven una
oportunidad creada por las heridas autoinfligidas de los republicanos, sumadas a
sus problemas exógenos.
La lenta reacción a la devastación
provocada por el huracán Katrina generó la imagen de un gobierno mal preparado
para enfrentar una crisis. Los esfuerzos del presidente y el Congreso por
mantener con vida a una mujer en Florida que se hallaba en estado vegetativo
turbaron a los estadounidenses que rechazan la intromisión del gobierno en su
intimidad.
El aumento de los precios de
combustibles y las acusaciones de favoritismo, primero con el ex director de
Emergencias Michael Brown y dispuestos con la fallida postulación a la Corte
Suprema de la abogada presidencial Harriet Miers, fueron golpes al prestigio del
presidente.
Para noviembre apenas el 37% aprobaba
la labor de Bush, según una encuesta AP-Ipsos, el nivel más bajo de toda su
presidencia según este sondeo.
Un año antes, Bush había ganado su
reelección con más de 62 millones de votos y hablaba de usar su capital político
para impulsar un programa legislativo ambicioso que incluía la reforma total del
sistema jubilatorio.
A fines de 2005, se hablaba poco de jubilaciones y mucho sobre procesos
judiciales.
Entre los males legales que aquejan a
los republicanos se destacan los siguientes:
_I. Lewis "Scooter" Libby, ex jefe de
gabinete del vicepresidente Dick Cheney, está acusado de mentir a agentes del
FBI acerca de cómo conoció la identidad de la agente clandestina de la CIA
Valerie Plame. La identidad de Plame fue divulgada por el periodista Robert
Novak en julio de 2003 después que su esposo, Joseph Wilson, acusó al gobierno
de Bush de tergiversar informes de inteligencia para justificar la invasión de
Irak. La investigación continúa.
_El ex presidente del bloque
republicano de la Cámara de Representantes, el texano Tom DeLay, está acusado de
asociación ilícita y lavado de dinero en un caso relacionado con la recaudación
y gasto de fondos en la campaña electoral legislativa en Texas del 2002. Bajo el
puño de hierro de DeLay, el bloque marchaba al paso que dictaba la Casa Blanca y
con escasos disensos. Desde que DeLay renunció a la presidencia en septiembre,
tras ser acusado, los republicanos no han demostrado la misma unidad.
_La procuraduría federal y la
Comisión de Valores y Cambio, que fiscaliza el mercado financiero, están
investigando a Bill Frist, presidente del bloque republicano del Senado, por la
venta de sus acciones en una gran empresa de servicios de salud creada por su
padre y su hermano. Frist completó la venta dos semanas antes de que un mal
pronóstico de ganancias provocara una caída del 16% en el precio de las
acciones.
|