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(IAR-Noticias)
28-Dic-05

Según el diario The Washington Post, en los últimos
meses Bush convocó en su despacho a los directores de
las publicaciones más críticas a su gestión para convencerles
de que no publicasen noticias relacionadas con las denuncias
de centros clandestinos de detención de la CIA invocando la
"seguridad nacional" de EEUU .
La confirmación de la
existencia de esas reuniones se convirtió en la noticia
más leída en la edición electrónica del diario The Washington
Post, donde paradójicamente el periodista Howard Kurtz
señalaba que hacía público algo que sus propios jefes no
querían contar.
El Post fue uno de los
periódicos cuyos editores fueron convocados al despacho de
Bush en la Casa Blanca.
En su edición del lunes, el
diario recuerda que el pasado 2 de noviembre haciendo caso
omiso al pedido del propio presidente reveló la
existencia de cárceles secretas en Europa del Este, cuya
difusión marcó la agenda de la secretaria de Estado
Condoleezza Rice que recibió pedidos de explicaciones de
todos los gobiernos europeos.
El director ejecutivo del
Washington Post, Leonard Downie, se negó a confirmar el
encuentro presidencial ante su propio empleado, el
periodista Howard Kurtz, pero éste asegura tener otras fuentes
que habían sido informadas sobre esas reuniones.
Según éstas fuentes del
periodista, los directores de medios de comunicación habían
aceptado guardar secreto sobre las presiones recibidas.
"Cuando los altos
funcionarios del gobierno alegaron que los detalles de la
historia a publicar producirían daños a la seguridad nacional
aceptamos reunirnos con ellos, a petición suya, en más de una
ocasión", admitió el director Leonard Downie
Según el periodista Howard Kurtz que el lunes hizo pública la
información, durante esas reuniones Bush se rodeó de altos
mandos de la inteligencia para que defendieran la importancia
de "guardar el secreto".
Entre esos jefes se encontraban el director de la CIA
Porter Gross y el director de la Agencia de Inteligencia
Nacional John Negroponte.
Según Howard, con ese
ejercicio de persuasión la Casa Blanca ganó tiempo para
trasladar a los prisioneros, cerrar las cárceles y evitar
que se publicase el nombre de los países que las albergaban.
Bill Keller, director
ejecutivo del diario The New York Times, que junto con su
delegado en Washington, Philip Taubman, y el propio director
general del diario, Arthur Sulzberger, también acudieron a la
cita en el Despacho Oval con Bush y la plana mayor de
inteligencia.
The New York Times mantuvo
en secreto la existencia de las controvertidas escuchas
telefónicas ilegales, hasta que decidió sospechosamente
publicarlas.
Según el semanario Newsweek, el diario conocía el caso
desde hace más de un año, e incluso consideró su
publicación en vísperas de las elecciones que dieron la
victoria a Bush frente a John Kerry en noviembre del año
pasado.
El influyente diario neoyorquino publicó la información del
espionaje clandestino en vísperas de la votación que habría
hecho permanentes muchas de las previsiones contempladas en la
polémica ley "antiterrorista" conocida como "Ley Patriota".
En
una votación sobre el filo del receso de fin de año, el Senado de EEUU extendió
por sólo cinco semanas la vigencia a la "Ley Patriota", promulgada tras
los atentados del 11-S, causándole otra derrota estrepitosa a la
administración Bush que confiaba en conseguir por lo menos 6 meses de prórroga
hasta emprender una nueva negociación.
La prórroga de cláusulas clave de la
ley antiterrorista que expiraban el 31 de diciembre fue decidida la semana
pasada en la
última sesión del Senado antes de su receso de fin de año.
Aprobada
en un principio tras los atentados del 11 de septiembre del 2001, el Acta
Patriótica ampliaba la autoridad del Gobierno federal para organizar
búsquedas secretas, obtener grabaciones privadas, interceptar llamadas
telefónicas y aplicar otras medidas para encontrar a personas sospechosas de ser
"terroristas".
Bush reprochó a The New York Times por haberle
entregado "información clave" al enemigo poniendo en riesgo la "seguridad
nacional" de EEUU.
Como se verá, la guerra por el poder entre los
republicanos y los demócratas acompañados de los sectores del establishment que
quieren terminar con Bush (entre los que se encuentran el Washington Post
y el New York Times) lleva a que se quiebre los pactos preexistentes entre la
prensa norteamericana y la Casa Blanca.
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