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(IAR-Noticias) 16Feb04 Por
Manuel Freytas
Cuando el Pentágono quiere
"revelar" alguna estrategia de los supuestos enemigos "terroristas" de EE.UU.
utiliza a sus dos voceros principales: los diarios The Washington Post y The New
York Times.
Durante los preparativos de
la invasión de Irak estos dos rotativos realizaron una amplia cobertura
"informativa" sobre las "armas de destrucción masiva" en poder de Irak, y sobre
la "peligrosidad regional y mundial" que significaba la presencia de Saddam
Hussein al frente del gobierno iraquí.
Las maniobras de estos dos
diarios en complemento con la CIA son archiconocidas: cuando la Agencia necesita
armar alguna de sus clásicas "operaciones encubiertas" se convierten en
difusores de los argumentos que las fundamentan y las justifican.
Esto es, mediante sus
"fuentes" The Washington Post o The New York Times difunden un "adelanto"
de lo que "va a suceder": generalmente ataques terroristas de Al Qaeda
que luego sirven a EE.UU. de justificación para atacar o invadir países o imponer
sus objetivos militares y políticos a los países europeos en la ONU. (ver:
Bin Laden, un soldado de la CIA).
El lunes
9 Washington se
valió del The New York Times para divulgar un documento según el cual
un agente de Al Qaeda
está planeando provocar una guerra civil en Irak.
La estrategia del grupo terrorista consistiría -según la versión- en
lanzar ataques contra la mayoría chiíta para provocar un contraataque contra los suníes, crear el caos
y atrapar en la espiral destructiva a los norteamericanos.
Según la "revelación" Al-Qaeda
planea incitar el odio entre las diferentes facciones musulmanas en Irak
como parte de su lucha contra las fuerzas estadounidenses que controlan Irak.
Portavoces militares
en Bagdad, en tanto, dijeron
la semana pasada que las fuerzas de EE.UU. habían incautado un disco de computadora que
contenía una carta esbozando el plan, escrita por Abu Musab Zarqawi,
supuestamente vinculado con Ansar al-Islam, un grupo extremista musulmán
que opera en Irak, y al que Washington adjudicó el reciente atentado contra los
dos partidos kurdos que dejó más de un centenar de muertos.
Aquí la CIA repite su viejo
caballito de batalla argumental, según el cual los dirigentes terroristas
"olvidan" o "pierden" sus planes de ataque antes de ser ejecutados, los que
luego son "encontrados" por sus agentes y divulgados ante la opinión pública por
la agencias y diarios internacionales que toman la versión como "cierta"
sin analizar ni una coma.
"Hay claramente un plan
por parte de extranjeros para entrar en este país y desencadenar una guerra
civil, alimentar la violencia sectaria e intentar poner en evidencia las fisuras
de la sociedad", dijo la semana pasada el general de brigada Mark Kimmitt, el máximo portavoz
militar estadounidense en Irak, en clara sintonía con la información
publicada por The New York Times.
"Creemos que el documento
es creíble y nos tomamos la amenaza en serio", subrayó.
Dan Senor, portavoz del
gobernador estadounidense en Irak, Paul Bremer, señaló que la carta de 17
carillas -revelada por New York Times - proponía ataques contra los lugares sagrados y líderes de la mayoría
chiíta de Irak, que árabes suníes y kurdos temen podrían condicionar a un futuro
gobierno civil iraquí.
Coincidentemente, en
Washington, el secretario de Estado, Colin Powell, dijo que la carta demostraba
que Al Qaeda estaba "bajo presión" pero no se había rendido.
Los
funcionarios de Washington, las autoridades militares de la ocupación, y el
aparato de la prensa internacional
coincidieron en un mismo objetivo:
informar al mundo que Irak estaba al borde de la
"guerra civil"
promovida por el "terrorismo extranjero".
Operación "guerra civil"
¿Y
porqué la teoría de la guerra civil? Bush y los halcones, acorralados en Irak y
presionados por el canibalismo
electoral de los demócratas,
necesitan romper el frente de
la resistencia iraquí que,
hasta ahora,
viene operando en forma monolítica contra las fuerzas militares de ocupación.
Bush y
los suyos, con la reelección cada vez más
lejana a causa de las
continuas oleadas de ataques y muertos en Irak, precisan distraer
la atención para neutralizar
la arremetida de sus adversarios demócratas, particularmente de Kerry, quienes
centran sus ataques a Bush en dos temas principales: la no aparición de las
"armas de Saddam"
(que sirvieran de justificativo para la invasión) y el costo financiero y en
muertos que produce la ocupación militar de Irak.
En la vieja lógica
maquiavélica, precisan dividir para reinar, esto es, "libanizar"
Irak y crear bolsones de enfrentamiento entre los diversos grupos
étnicos, religiosos y políticos que se disputan el poder
tras la caída
del régimen de Saddam.
Lo que
se propone la inteligencia militar en Irak, y de hecho lo está haciendo, es la
división de chiítas, kurdos y grupos nacionalistas pro-Saddam con la intención
de enfrentarlos en una lucha de
"todos contra
todos", esto es, producir en
Irak un proceso de "afganización"
armada que le permita a las fuerzas norteamericanas salirse de la mira de fuego
ha que están sometidas las 24 horas del día.
La
"aparición" de Al Qaeda
y del llamado "terrorismo extranjero" es la carta que siempre tiene en la manga
la CIA para justificar actos
terroristas que son
financiados y organizados por sus propios agentes infiltrados en las complejas
redes de la organizaciones islámicas.
En este punto, los
especialistas estiman que, en por lo menos el 40% de los atentados con
explosivos en Irak, se encuentra la "mano negra" de la CIA, como es el caso de
los ataques contra las mezquitas, las organizaciones internacionales como la ONU
o la Cruz
Roja,
las embajadas árabes, y últimamente la sede de los partidos kurdos donde dos
cargas explosivas produjeron centenares de víctimas.
Mirados
en perspectiva estratégica, estos ataques están orientados a crear
sospechas y deseos de venganza
entre las diversas fracciones políticas y religiosas que componen el mosaico
iraquí.
En
cuanto al beneficiario
principal de esos atentados,
la cuestión es sencilla: la resistencia iraquí está en lucha contra el
invasor norteamericano,
no contra la ONU, otros países árabes, los kurdos o los chiítas.
La
delimitación entre las
acciones terroristas de la CIA
(con el objetivo de crear la sospecha y el divisionismo) y las operaciones de la
guerrilla "antinorteamericana" es clara: las acciones de la resistencia se
orientan predominantemente contra blancos estadounidenses o "colaboradores"
civiles y policiales iraquíes.
La
resistencia iraquí no cosecha
ningún "beneficio" atacando
sedes de organizaciones internacionales, partidos kurdos o mezquitas chiítas.
Aquí el beneficiario principal de esos atentados es EE.UU.,
quien se vale de ello para crear la figura del
"caos"
y de la "guerra civil"
que los operadores de la CIA están vendiendo por medio de la prensa
internacional.
De esta
manera, y como lo hacen con el fantasma siempre
"acechante"
de Bin Laden, intentan crear consenso
interno y externo, que posibilite una mayor colaboración e implicación de la ONU
y de los países europeos en Irak.
Bush y
los halcones precisan salir del
atolladero electoral y político
en que se encuentran metidos.
Irak, está
demostrado, es una trampa de la que deben escapar si quieren renovar el mandato
en noviembre.
Y una guerra civil,
sin ninguna duda, es la receta ideal para salir de la mira de ataque y
convertirse en "mediadores militares" entre las fracciones en pugna.
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