Todas estas corporaciones son
beneficiarias directas de las
operaciones de conquista
militar lanzadas
por el Pentágno, y, como ya se comprobó en Irak, tras la obra devastadora de los
tanques y misiles participan de los gigantescos negocios que les abre la
"reconstrucción"
de los países arrasados.
El lobby judío opera sobre los cuatro
sectores claves del poder estadounidense: Defensa, el Complejo Militar
Industrial, Wall Street y los medios de comunicación, vinculados a los
consorcios armamentistas, petroleros, financieros y tecnológicos a través
de infinitas redes y vasos comunicantes. (ver:
Irak y el capitalismo militar de EEUU).
Tal es el caso de los diarios The
Washigton Post, The New York Times y las principales agencias y cadenas radiales
y televisivas de Estados Unidos.
Todo este complejo entramado de intereses capitalistas con los consorcios
mediáticos está entrelazado por medio de fusiones, de accionistas y de
estructuras societarias anónimas, o por el simple hecho de compartir los mismos
directivos y accionistas.
El vínculo principal entre los
think-tanks del Pentágono y el
lobby, es el Instituto Judío de Asuntos de Seguridad
Nacional (JINSA, por sus siglas en inglés) de Washington, que apoya al
Likud, y que también
emplea a muchos especialistas
no-judíos en temas militares que realizan continuos
viajes a Israel.
Conducidos por Cheney y
Rumsfeld, muchos
de ellos participaron de la creación de la OSP
(Office of Special Plans), también conocida como la
"agencia invisible", desde la
cual se planificó la primera invasión
a Iraq del padre de Bush,
reinstalada en la Casa Blanca con la llegada de
W.
Tras el
ataque contra lasTorres Gemelas y el Pentágono vieron el camino despejado para
la nueva guerra de conquista de Irak
y la implementación de un proyecto más ambicioso: las guerras
preventivas como elemento decisivo de la política militar exterior
norteamericana posterior a la Guerra Fría.
Las cruzadas contra el "eje del mal"
Las teorías
conspirativas sobre Bin Laden y el "terrorismo amenazante" que sirvieron
para justificar la invasión a Afganistán tras el 11-S, y luego la invasión a
Irak, fueron elaboradas por el lobby judío en la OSP, en
vinculación directa con el equipo conducido por la asesora en Seguridad Nacional
de Bush, Condoleezza Rice, que compone junto con Cheney y Powell la
primera línea de influencia en la Casa Blanca.
Desde allí el lobby construyó
las principales teorías legitimadoras de la nueva invasión a Irak en base a
informes falsos
como lo fue, por ejemplo, la información provista a Bush sobre las armas
químicas de Saddam, y sus presuntas vinculaciones con la organización Al Qaeda
de Bin Laden.
Experiencia que le valió
el
mote de "fabrica de
mentiras" con que
se conoce a esta oficina invisible del lobby en el Pentágono.
Actualmente el lobby
con su jefe, Donald Rumsfeld,
incrementó su
presión sobre la Casa Blanca para que ordene acciones militares puntuales contra
Siria, básicamente bombardeos "selectivos" como los
realizados en Irak antes de la invasión.
(Ver: EEUU y una nueva escalada del "objetivo
Siria")
La desmembración de Siria e
Iraq en regiones determinadas, en base a criterios
étnicos o religiosos, es un objetivo prioritario para
Israel, y la primera etapa de este proceso pasa por la
destrucción del poderío militar de dichos estados y de los
grupos de resistencia islámicos que hoy
desestabilizan la ocupación militar de Irak.
El lobby impulsa abiertamente la
intervención militar en todo el mapa de Medio Oriente para eliminar "la
amenaza árabe a Israel", y sostiene que Israel y
Turquía son los únicos verdaderos Estados-naciones de la región y han estado
pronosticando la desintegración de algunos Estados árabes desde la primera
Guerra del Golfo.
Su "biblia"
funcional se condensa en un documento del año1996 titulado "Un cambio nítido:
una nueva estrategia para asegurar el territorio nacional," escrito por
el
grupo JINSA para aconsejar al entonces primer ministro entrante israelí
Benjamin Netanyahu.
Este documento abreva en las raíces de la "teoría de los bolos" del
Oriente Medio, según la cual un golpe dirigido contra Irak podría derribar
varios regímenes árabes del Medio Oriente.
La misma teoría la repiten ahora poniendo en el centro a Siria y a las
organizaciones radicalizadas
árabes que combaten a la ocupación militar de EE.UU.
en Irak.
El
Estado de Israel
Escribiendo sobre
la financiación del Estado de Israel (fuente motriz del
lobby judío del Pentágono) James Petras dijo que "los
contribuyentes norteamericanos han venido sufragando la maquinaria militar
israelí durante 35 años a razón de 3 billones de dólares por año concedidos en
concepto de ayuda directa (más de 100 billones en total, y la cuenta sigue).
Aunque los
judíos constituyen una minoría en cada uno de esos sectores
-continua Petras- , disfrutaan de un poder e influencia desproporcionados
porque están organizados, son activos y concentran toda su labor en una única
cuestión: la política de los Estados Unidos en el Oriente Medio, y, de forma
específica, en garantizar el apoyo militar, político y financiero masivo,
incondicional e ininterrumpido de los Estados Unidos a Israel.
Judíos pro israelíes se
hallan representados de forma desproporcionada en el mundo financiero, político,
profesional, académico, inmobiliario, en el sector de los seguros y en los
medios de comunicación de masas. Maniobrando desde sus
puestos estratégicos en la estructura del poder, son capaces de influir en la
política y censurar la circulación de cualquier voz disidente en los medios de
comunicación y en el sistema político",
agrega el pensador norteamericano.
El mayor vínculo entre los think-tanks conservadores y el lobby de Israel es el
Instituto Judío de Asuntos de Seguridad Nacional (JINSA, por sus siglas en
inglés) de Washington, que apoya al Likud, y que
involucra a muchos expertos no-judíos de Defensa, quienes hacen
constantes viajes a Israel en carácter de consultivos de
los halcones de los gobiernos sionistas como el de Sharon.
Los vínculos mediáticos derechistas
Michael Lind, autor
de "Made in Texas: George W Bush and the Southern Takeover of American Politics",
dice que "los
intelectuales del lobby cuentan con el apoyo de varios
imperios mediáticos
derechistas, con raíces -por extraño que parezca- en la Comunidad Británica de
Naciones y en Corea del Sur.
Rupert Murdoch difunde propaganda a través de su canal Fox Television. Su
revista, dirigida por William Kristol, el antiguo jefe de equipo de Dan Quayle
(vicepresidente, 1989-93), actúa como portavoz de los intelectuales de Defensa
como Perle, Wolfowitz, Feith y Woolsey, así como del gobierno de Sharon.
The
National Interest (del que fui editor ejecutivo, 1991-94) -prosigue
Lind -es
financiada ahora por Conrad Black, propietario del Jerusalem Post y del imperio
Hollinger en Gran Bretaña y Canadá. Lo
más extraño de todo es la red mediática centrada en el Washington Times - de
propiedad del mesías surcoreano (y ex convicto), el reverendo Sun Myung Moon-
que es propietario de la agencia noticiosa UPI. UPI es dirigida ahora por John
O'Sullivan, el escritor de discursos de Margaret Thatcher que solía
trabajar como editor para Conrad Black en Canadá.
A través de canales
semejantes, el estilo sensacionalista del periodismo británico de derecha, así
como su sustancia eurofóbica, han contaminado el movimiento conservador de EE.UU.
Los ángulos neoconservadores del Pentágono fueron unidos en los años 90 por el
Proyecto para un Nuevo Siglo Estadounidense (PNAC), dirigido por Kristol
desde las oficinas del Weekly Standard, agrega el
autor de "Made in Texas".
Durante la
administración Clinton los tecnócratas del lobby escribieron
y publicaron una serie de "cartas
abiertas", a través de las cuales
recomendaban a EE.UU. que invadiera y ocupara Irak y que
apoyara las campañas militares de Israel contra los
palestinos y sus organizaciones de resistencia.
Operación invasión
Refiriéndose al
lobby Heinz
Dieterich
escribió que "durante
el
gobierno de Bill Clinton, la camarilla presionó al Presidente, para que
"removiera al régimen de Sadam Hussein del poder", si fuese necesario por la
fuerza, y que hiciera una política "más aseverativa" en Medio Oriente. En un
reporte preelectoral del 2000, revelaron una premonición tan extraordinaria como
sospechosa: afirmaron que esos cambios se darían lentamente, salvo que "hubiese
un evento catastrófico y catalizador, como un nuevo Pearl Harbour".
Clinton no les hizo caso, pero el fraude electoral de Bush los puso en el poder
y los atentados del 11 de septiembre les dieron su evento "catastrófico y
catalizador", su "nuevo Pearl Harbour", con el cual iniciaron lo que suelen
llamar entre sí, "La Cuarta Guerra Mundial".
Después de
Afganistán
-prosigue
Dieterich-,
el
método de la invasión militar fue utilizado nuevamente en Irak, en marzo del
2003, para poner a Ahmed Chalaby, ex banquero criminal, refugiado en Estados
Unidos, en el poder en Irak. En Georgia, de central importancia geoestratégica
petrolera en la zona, Washington organizó una insurrección popular en noviembre
del 2003 contra el corrupto estalinista Edward Shevanadze, para sustituirlo en
enero del 2004 con un triunfo electoral del 86 por ciento, del abogado Mikhail
Saakashvili, educado en Estados Unidos.
A estos éxitos,
la camarilla agrega los siguientes "triunfos":
la
renuncia de Libia a sus proyectos de armas de destrucción masiva y la invitación
a las petroleras estadounidenses, en diciembre del 2003, junto con sus
negociaciones con Israel para reanudar las relaciones diplomáticas y su oferta
de presionar a Irán, para que desista del desarrollo de armas nucleares. La
nueva constitución de Afganistán y el compromiso de la OTAN, de priorizar su
intervención en el país en el 2004",
concluye
Dieterich.
La era Bush
El grupo de funcionarios del lobby se apoderó de la administración Bush hijo por
medio del vicepresidente Dick Cheney, una especie de tutor político de W.,
cuándo éste estaba a cargo
de la transición presidencial (el período entre la elección en noviembre y el
acceso al poder en enero).
Cheney, asesorado en las sombras por su socio y amigo el ex
presidente George Bush, padre de W., se valió de esa
circunstancia para colocar en la
primera línea de administración republicana a los más
reputados intelectuales y tecnócratas del lobby judío.
Desde ese espacio
clave empezaron a construir las nuevas coordenadas de la política exterior del
Imperio y diseñaron la nueva estrategia colonizadora del Estado norteamericano:
las guerras preventivas contra el "eje del mal",
plasmadas en el papel por la halcona negra Condoleezza Rice.
(Ver:
La halcona negra del Imperio)
El jefe de los "blandos", o
las "palomas", de la Casa Blanca, el
Secretario de Estado Colin Powell
-otro funcionario de la más íntima confiiianza de la familia Bush- fue rodeado
por la red derechista "dura" de Cheney,
integrada en sus primeras líneas por Wolfowitz, Perle,
Feith, Bolton y Libby.
Sobre Powell y sus "palomas"
descansa la política exterior de la Casa
Blanca
que los halcones del lobby boicotean permanentemente,
acusando al ex general
negro de "pro-europeo
y claudicante al Consejo de Seguridad de la ONU".
En esa "interna" oscilante,
cuyos personajes centrales son Rumsfeld y Powell, se alimenta toda la política
exterior de Estados
Unidos y sus intervenciones militares por el mundo.