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(IAR-Noticias) 03Jul04 Por
Rodrigo Guevara
En
su último informe Project on Government Oversight (POGO, Proyecto de
Supervisión Gubernamental), un grupo con sede en Washington que vigila el gasto
militar, señaló que, entre enero de 1997 y mayo de de 2004, sólo 20 grandes
proveedores recibieron más del 40 por ciento de los 244.000 millones de
dólares en contratos del gobierno federal estadounidense.
Entre los consorcios que se
benefician en primer lugar de esta práctica tolerada se cuentan Lockheed
Martin, que emplea a 57 ex altos funcionarios estatales; la gigante
aeroespacial Boeing, con 33; Northrop Grumman, contratista de la
Fuerza Aérea, con 20; Raytheon, con 23, y General Dynamics con 19.
Según el informe,
titulado La política de la Contratación,”la puerta giratoria se ha vuelto un
elemento tan aceptado de la contratación federal en los últimos años que resulta
difícil determinar dónde termina el Estado y dónde comienza el sector
privado".
En
los últimos años se acentuaron los casos
de altos militares y
funcionarios de la administración estadounidense que luego de
abandonar sus cargos pasan a desempeñarse como ejecutivos o lobbistas de los grandes proveedores privados, sobre todo en el ramo de
las empresas armamentistas del área de Defensa.
Según un artículo del
investigador estadounidense William D. Hartung
en el año fiscal 2002, los
tres más grandes fabricantes de armas recibieron un total mayor a los 42.000
millones de dólares en contratos del Pentágono, de los que Lockheed Martin
obtuvo 17.000 millones, Boeing 16.000 millones y Northrop Grumman
8.000 millones. (Ver:Bush
y el negocio de la "guerra contra el terrorismo").
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Pentágono
estadounidense |
Los tres grandes consorcios
armamentistas obtuvieron jugosos contratos y ganancias del proyecto
espacial de Bush para colonizar la Luna y enviar una misión tripulada a
Marte, que son la punta de lanza de una nueva carrera armamentista en
el espacio.
William D. Hartung
sostiene que los
tres grandes consorcios armamentistas (Lockheed Martin, Boeing, y Northrop
Grumman) tienen conexiones con otras numerosas fuentes de contratación
federal para todo, desde seguridad aeroportuaria hasta vigilancia doméstica, en
nombre de lo que hoy la Casa Blanca nombra GWOT (Global War on Terrorism),
guerra global contra el terrorismo.
El presupuesto total de
20.000 millones de dólares que Lockheed Martin recibe anualmente es más
de lo que se gasta en un año promedio en el más vasto proyecto de bienestar
social federal, el programa de asistencia temporal a familias necesitadas (Temporary
Assistance for Needy Families), destinado a familias que viven por debajo de la
línea de la pobreza.
Según POGO el actual
sistema de contratación pública permite a actuales y ex funcionarios públicos
utilizar su posición para obtener beneficios económicos mediante poderosos
proveedores privados, y posibilita que arreglen el sistema a
su favor.
Asimismo, POGO reveló 291
casos en que 244 funcionarios estatales de alto nivel se trasladaron al sector
privado para desempeñarse como lobbistas, miembros de directorios o ejecutivos
de los contratistas.
Al menos un tercio de los ex altos funcionarios públicos que desempeñan cargos ejecutivos en empresas proveedoras del gobierno ocuparon altos cargos
que les permitían influir en las compras del Estado, y las normas de
responsabilidad pública no resultan suficientes para controlarlos, señala el
informe.
”En general, las leyes de
puerta giratoria no se aplican a los más altos planificadores políticos, que son
los que tienen mayor poder en la elaboración de programas y políticas que
benefician a los contratistas”, afirma el documento.
POGO puso como ejemplo a
Richard Perle, quien fuera secretario adjunto de Defensa bajo el gobierno de
Ronald Reagan (1981-1989) y miembro entre 1987 y 2004 de la Junta de Políticas
de Defensa, la que presidió de 2001 a 2003.
Hasta el momento de su renuncia
Richard Perle fue un destacado integrante del llamado lobby israelí del
Pentágono sostenido desde la
trilogía de
poder del Pentágono conformada por el secretario de Defensa Donald Rumsfeld,
el subsecretario
Paul
Wolfowitz , y
Douglas J. Feith,
el tercer funcionario en jerarquía del área. (Ver
El lobby
judío del Pentágono).
Según el informe de POGO, Perle renunció a la presidencia de la Junta en marzo
de 2003, en medio de una controversia por conflictos de interés entre su cargo
público y su trabajo como consultor de la firma de telecomunicaciones Global
Crossing Ltd., que posteriormente quebró.
En el verano de 2003, Perle apoyó la adquisición de 100 aviones cisterna de
Boeing, que finalmente se concretó por 27.000 millones de dólares. El año
anterior, Boeing había prometido invertir 20 millones de dólares en la empresa
de capitales de riesgo de Perle, Trireme Partners, señala el informe.
Hartung,
quien
es investigador del
Instituto de Política Mundial en la Universidad New School de Nueva York,
señala que en el año 2001 Boeing patrocinó la comida anual del
Instituto Judío de Asuntos de Seguridad Nacional, reducto neoconservador
con el que tuvo vínculos cercanos el subsecretario de Defensa, Douglas Feith,
antes de ingresar al gobierno republicano de Bush.
Los invitados de honor
fueron los secretarios de tres ramas militares: Roche, de la fuerza aérea; el
secretario de Marina, Gordon England (antes en la empresa General Dynamics),
y el secretario del Ejército, Thomas White (antes en Enron). El anfitrión de la
noche fue el jefe de la oficina de Boeing en Washington: Rudy de Leon.
Roche no tuvo pelos en la
lengua para decir que parte del punto era arrojarle algo de dinero a Boeing para
que se mantuviera saludable. Lo que ustedes y yo veríamos como "rescate" la
gente del Pentágono le llamaba "mantener la base industrial para la defensa".
Richard Perle, entonces
miembro de la Junta de Políticas de Defensa y amigo personal de Rumsfeld,
escribió un artículo en favor del trato para el Wall Street Journal, pero
sólo después de que Boeing invirtiera 20 millones en Trireme, empresa de
inversiones de Perle.
Otro ejemplo citado en el
informe de POGO es el de Darleen Druyun, quien supervisó y dirigió
el programa de adquisiciones de armas de la Fuerza Aérea y luego atravesó la
puerta giratoria para convertirse en subgerente general del departamento de
sistemas de misiles de Boeing.
POGO solicitó al Congreso de EEUU que legisle leyes mediante las cuales se
prohíba que quienes ocupan altos cargos y elaboran normas y
procedimientos puedan ser contratados por empresas proveedoras del Estado
que se beneficiaron de las políticas formuladas por esos funcionarios.
Según el grupo investigador
independiente, los informes sobre estos casos están concitando el interés del
Congreso estadounidense. El senador del Partido Republicano en el
poder, John McCain, presidirá las audiencias, a mediados de
julio, en la s cuales se efectuará la primera revisión de la práctica de
la puerta giratoria en casi una década.
El informe de POGO alertó sobre la presencia de legisladores de ambas
cámaras en esa prácticas. Al menos dos tercios de ex congresistas que hacen o
hicieron "lobby" para alguno de los 20 mayores proveedores del Estado, y han integrado comisiones que aprobaron asignación presupuestaria, programas o
fondos para las empresas por las cuales luego fueron contratados.
”Es hora de que el Congreso ponga el pie en la puerta giratoria para detener los
conflictos de interés”, señaló Scott Amey, asesora general de POGO.
”Las brechas legales deben cerrarse, las leyes de ética deben simplificarse, y
todo el proceso debe abrirse al escrutinio público”, señaló la investigadora.
Informe de POGO, en inglés
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