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Thursday, 26 de May de 2005

Abu Musab al-Zarqawi

El "Bin Laden" de Bush en Irak

Como fue inventada la leyenda de Abu Musab al-Zarqawi por la CIA y las grandes cadenas norteamericanas, y qué rol cumple su imagen de "terrorista despiadado" en la estrategia de la Casa Blanca y del Pentágono en Irak.

(IAR-Noticias) 26-May-05 

Abu Musab al-ZarqawiPor Manuel Freytas - Especial para IAR-Noticias

Nace una "estrella" terrorista
Cuando el Pentágono y la Casa blanca quieren "revelar" alguna estrategia de los supuestos enemigos "terroristas" de EEUU en cualquier parte del Planeta utilizan a sus dos voceros principales: los diarios The Washington Post y The New York Times.

Durante los preparativos de la invasión de Irak  estos dos rotativos realizaron una amplia cobertura "informativa" sobre las "armas de destrucción masiva" en poder de Irak, y sobre la "peligrosidad regional y mundial" que significaba la presencia de Saddam Hussein al frente del gobierno iraquí.

Las maniobras de estos dos diarios en complemento con la CIA son archiconocidas: cuando la Agencia necesita armar alguna de sus clásicas "operaciones encubiertas" se convierten en difusores de los argumentos que las fundamentan y las justifican, utilizando el clásico método de la fuente oficial "anónima" .

Mediante sus "fuentes" The Washington Post o The New York Times difunden  un "adelanto" de lo que "va a  suceder": generalmente ataques terroristas o complots de de Al Qaeda que luego sirven a EE.UU. de justificación para atacar o invadir países o imponer sus objetivos militares y políticos a sus socios europeos en la ONU. (ver: Bin Laden, un soldado de la CIA).

En febrero de 2004,  Washington se valió de The New York Times y de The Washington Post para divulgar un documento según el cual un agente de Al Qaeda estaba planeando provocar una guerra civil en Irak.

El supuesto "agente de Al Qaeda" no era otro que el hoy legendario y despiadado "terrorista" Abu Musab al-Zarqawi (de cuya existencia real los expertos siguen dudando)  acusado por la CIA y el Pentágono estar implicado en los atentados más sangrientos que ocurrieron  y siguen ocurriendo en Irak.

Al-Zarqawi, cuya cabeza tiene el precio de US$25 millones, se ha convertido en un símbolo mediático del "terrorismo islámico" iraquí, al autoadjudicarse por internet  la autoría de decenas de atentados con bombas, secuestros y asesinatos, incluyendo el del británico Ken Bigley, y la famosa decapitación filmada en video del estadounidense Nick Berg, el año pasado.

Al igual que con Bin Laden en el plano internacional, al-Zarqawi fue "presentado en sociedad" después de sendos informes de la CIA sobre su "accionar criminal" que la prensa estadounidense, con el Times y el Post a la cabeza, difundió generosamente por todo el planeta.

Según la "revelación" de la CIA,  Al-Qaeda planeaba incitar el odio entre las diferentes facciones musulmanas en Irak como parte de su lucha contra las fuerzas estadounidenses que controlan Irak.

Portavoces militares en Bagdad, citados por The New York Times y The Washington Post, señalaban (en febrero de 2004)  que las  fuerzas de EEUU habían incautado un disco de computadora que contenía una carta esbozando el plan, escrito por Abu Musab Zarqawi, supuestamente vinculado  con Ansar al-Islam, un grupo extremista musulmán que opera en Irak.

La estrategia del grupo terrorista consistiría -según la versión-  en lanzar ataques contra la mayoría chiíta para provocar un contraataque contra los suníes, crear el caos y atrapar en la espiral destructiva a los norteamericanos. 

Aquí la CIA (en febrero de 2004) repetía su viejo caballito de batalla argumental, según el cual los dirigentes terroristas "olvidan" o "pierden" sus planes de ataque antes de ser ejecutados, los que luego son "encontrados" por sus agentes y divulgados ante la opinión pública por la agencias y diarios internacionales que toman la versión como "cierta" sin analizar ni una coma.

"Hay claramente un plan por parte de extranjeros para entrar en este país y desencadenar una guerra civil, alimentar la violencia sectaria e intentar poner en evidencia las fisuras de la sociedad", dijo la semana pasada el general de brigada Mark Kimmitt, el máximo portavoz militar estadounidense en Irak, en clara sintonía con la información publicada por The New York Times.

"Creemos que el documento es creíble y nos tomamos la amenaza en serio", subrayó.

Dan Senor, portavoz de Paul Bremer (entonces administrador civil de Irak) , señaló que la carta de 17 carillas -revelada por The New York Times - proponía ataques contra los lugares sagrados y líderes de la mayoría chiíta de Irak.

Coincidentemente, en Washington, el entonces secretario de Estado, Colin Powell, dijo que la carta demostraba que Al Qaeda estaba "bajo presión" pero no se había rendido.

Los funcionarios de Washington, las autoridades militares de la ocupación, y el aparato de la prensa internacional coincidieron en un mismo objetivo: informar al mundo que Irak estaba al borde de la "guerra civil" promovida por el "terrorismo extranjero".

Claramente, y mediante una clásica operación mediática, en febrero de 2004, Washington "plantó" en Irak a su equivalente de Bin Laden: Abu Musab al-Zarqawi, cuya leyenda y supuesto accionar "terrorista" aparece todos los días en los titulares "informativos" sobre el proceso iraquí.

Como sucede en el plano internacional, la presencia de al-Zarqawi y su despiadado grupo "terrorista" islámico sirve a EEUU para justificar operaciones militares de represalia, bombardeos "preventivos" y ataques a civiles (como en Faluya y Nayaf), y razzias indiscriminadas contra sospechosos de colaborar con la guerrilla.

La "función" estratégica de al-Zarqawi

Las grandes cadenas informativas muestran todos los días secuestros, decapitaciones, escuadrones de la muerte, y estallidos de coches bombas en Irak, como obra de una resistencia musulmana "fanática, demente y asesina", cuyo comandante principal es Abu Musab al-Zarqawi.

Entre otras cosas, la presencia permanente del "terrorismo islámico" de al-Zarqawi sirve para que George W. Bush  califique a los integrantes de la resistencia iraquí  como los hombres "más crueles de la Tierra".

"La guerra por la liberación de Irak es un combate contra los hombres más crueles y despiadados de la tierra", dijo durante una  alocución radial semanal en noviembre del año pasado.

Desde la "aparición" y la "asociación" de al-Zarqawi con la red Al Qaeda, los mensajes de Bush se orientaron a presentar a Irak como un campo de operaciones del "terrorismo internacional" en el que se manifiesta con toda crudeza la "barbarie criminal del fundamentalismo islámico".

Durante la última campaña electoral este discurso estuvo orientado  a afianzar votos en el sector mayoritario de los electores estadounidenses, que prioriza la guerra contraterrorista a cualquier otro tema en discusión electoral

Claramente los votos que trazaron la diferencia con Kerry y afianzaron su reelección en noviembre pasado fueron conseguidos en este terreno.

Desde la aparición de al-Zarqawi en el escenario iraquí, diferentes fuentes, tanto árabes como occidentales, comenzaron a situar esas operaciones en el marco de una maniobra de inteligencia orientada a "sacar de escena" la ocupación militar de EEUU e instalar la "guerra contraterrorista" de Bush en el escenario mediático internacional.

La "guerra contraterrorista" de Bush contra al-Zarqawi intenta desplazar de la escena mediática  no solamente a las fuerzas militares de ocupación militar norteamericanas sino también a todo su emergente: el caos social, la desocupación, la emergencia sanitaria, y el hambre, la corrupción, la droga, y la prostitución extendidas como una lacra por todo el territorio.

Según la cadena BBC "las imágenes de rehenes aterrorizados, atados a los pies de hombres armados y enmascarados, en un anárquico país extranjero, tienen la cobertura garantizada en todos los noticieros y en las primeras planas de todos los periódicos y sitios web".

Coincidentes con la estrategia de la Casa Blanca, las grandes cadenas informativas comenzaron a destinar más espacio a las imágenes y videos de los secuestrados o "ejecutados" que a las coberturas de las masacres norteamericanas o los ataques y atentados de la guerrilla iraquí.

De esta manera, y gracias a la complicidad de los medios y los periodistas internacionales, Irak dejó de ser un país  invadido y ocupado militarmente para convertirse en  un país "inseguro" a causa del "terrorismo" que secuestra y mata indiscriminadamente todos los días a ciudadanos comunes

Gracias al "efecto" mediático al-Zarqawi los combatientes que resisten en su país al invasor norteamericano se convirtieron en "insurgentes" o en "terroristas" que "amenazan la seguridad" de todos los iraquíes por igual.

Una extensión del caos y de la violencia con los secuestros de extranjeros como protagonistas principales, permiten a la administración Bush salirse de la mira mediática de la ocupación militar, y colocar en su lugar al "terrorismo musulmán" (piloteado por al-Zarqawi)  dirigido contra los ciudadanos extranjeros o estadounidenses.

Detrás de ese escenario, y camuflado como "terrorismo islámico", se mueve un "ejército fantasma" de fuerzas especiales y de agentes secretos de la ocupación.

Los expertos coinciden en que, bajo el ala de la "guerra contraterrorista" de Bush,  en Irak se ha creado  un mercado floreciente de la industria del secuestro en cuya ejecución se mueven tanto la CIA, las diversas redes de la comunidad de inteligencia estadounidense, el M-16 británico y el Mossad israelí quienes se encuentran detrás de todas la operaciones.

Drogas, armas, prostitución, dinero negro, los clásicos condimentos de infiltración de la CIA en el mundo islámico, estarían jugando un papel fundamental para la constitución de nuevos grupos operativos que, disfrazados de organizaciones fundamentalistas dedicadas al "secuestro terrorista", sirven a los objetivos de la CIA y el Mossad en Irak.

Organizaciones y dirigentes islámicos de todo el mundo negaron tajantemente la conexión de esos grupos con la resistencia militar iraquí y condenaron sus procedimientos, deslizando sospechas y acusaciones sobre la participación de la embajada norteamericana y del gobierno iraquí en la mayoría de los secuestros, incluidos los que plantean demandas económicas, cuyas cifras nunca trascienden.

Consecuentemente, las víctimas de los rebeldes "terroristas" (aparte de los empresarios transnacionales y militares norteamericanos) : policías, soldados y civiles iraquíes que colaboran con las fuerzas ocupantes estadounidenses, no son diferenciados del resto de la población, ni aclarada la función que cumplen en el esquema de ocupación militar.

Despojado de su significante operacional (la lucha por la liberación de Irak), los combatientes de la resistencia pasan a ser "terroristas" que secuestran o matan indiscriminadamente por "odio religioso o fundamentalista", hipótesis que se comprueba con el accionar y los "comunicados" del grupo de al-Zarqawi .

En principio -y según coinciden los expertos- la presencia "terrorista" de al-Zarqawi, da sustento operativo a tres objetivos principales:

A) Mostrar la barbarie y el peligro del "terrorismo islámico", religioso e irracional, que acecha por igual a extranjeros e iraquíes.
B) Descalificar el carácter militar y organizado de la resistencia iraquí, presentándola  como producto del accionar anárquico de grupos fundamentalistas llenos de odio irracional, y sin otro objetivo que la muerte y la destrucción.
B) Fomentar el divisionismo y el enfrentamiento entre chiíes, kurdos  y sunies, que ponga en primer plano el peligro de una "guerra civil" y saque de escena a la ocupación militar y sus emergentes: el hambre, las enfermedades, la desocupación y el colapso económico de Irak.

En la vieja lógica maquiavélica, Bush y la Casa Blanca necesitan dividir para reinar, esto es, "libanizar" Irak y crear bolsones de enfrentamiento entre los diversos grupos étnicos, religiosos y políticos que se disputan el poder  tras la caída del régimen de Saddam.

Lo que se propone la inteligencia militar estadounidense en Irak, y de hecho lo está haciendo, es la división de chiítas, kurdos y grupos nacionalistas pro-Saddam con la intención de enfrentarlos en una lucha de "todos contra todos", esto es, producir en Irak un proceso de "afganización" armada que le permita a las fuerzas norteamericanas salirse de la mira de fuego ha que están sometidas las 24 horas del día.

La "aparición" de la red Al Qaeda comandada por al-Zarqawi, el llamado "terrorismo extranjero" es la carta que siempre tiene en la manga la CIA para justificar actos terroristas que son financiados y organizados por sus propios agentes infiltrados en las complejas redes de la organizaciones islámicas que actúan en Irak.

En este punto, los especialistas estiman que, en por lo menos el 40% de los atentados con explosivos en Irak, se encuentra la "mano negra" de la CIA, como es el caso de los ataques contra las mezquitas, las organizaciones internacionales como la ONU o la Cruz Roja, las embajadas árabes, y últimamente la sede de los partidos kurdos donde dos cargas explosivas produjeron centenares de víctimas.

Mirados en perspectiva estratégica, estos ataques están orientados a crear sospechas y deseos de venganza entre las diversas fracciones políticas y religiosas que componen el mosaico iraquí.

La delimitación entre las acciones terroristas de la CIA (con el objetivo de crear la sospecha y el divisionismo) y las operaciones de la guerrilla "antinorteamericana" es clara: las acciones de la resistencia se orientan predominantemente contra blancos estadounidenses o "colaboradores" civiles y policiales iraquíes.

La resistencia iraquí no cosecha ningún "beneficio" atacando sedes de organizaciones internacionales, partidos kurdos o mezquitas chiítas. Aquí el beneficiario principal de esos atentados es EE.UU., quien se vale de ello para crear la figura del "caos" y de la "guerra civil" que los operadores de la CIA están vendiendo por medio de la prensa internacional.

Con la imagen "terrorista y despiadada" de al-Zarqawi la Casa Blanca y el Pentágono (como lo hacen en el plano internacional con el fantasma siempre "acechante" de Bin Laden) intentan crear consenso interno y externo, que posibilite una mayor colaboración e implicación de la ONU y de los países europeos en Irak.

Y una guerra civil promovida por el accionar terrorista de al-Zarqawi, sin ninguna duda, es la receta ideal para salir de la mira de ataque y convertirse en "mediadores militares" entre las fracciones en pugna.


Perfil "terrorista"

En vísperas de la invasión militar a Irak, en febrero de 2003, el entonces Secretario de Estado de EEUU, Colin Powell, le dijo a Naciones Unidas que al-Zarqawi era un "asociado con Bin Laden" que se refugió en Irak.

Informes de la CIA señalaban  que él "estaba en Bagdad" y -según Powell- esa era una indicación clara de que Saddam Hussein estaba aliado con  al-Qaeda, lo que sirvió como uno de los argumentos justificatorios  para el ataque militar contra Irak.

Analistas y expertos, dentro y fuera de EEUU, cuestionaron la veracidad de esa teoría, basándose en la rivalidad histórica existente entre Zarqawi y Bin Laden.

Ambos ganaron fama combatiendo contra la Unión Soviética en Afganistán -dirigiendo a los combatientes extranjeross en la "yihad"-  durante la década de los 80, y luego, ya desaparecida la URSS,  fueron reclutados por la CIA.

Algunos expertos sostienen que Abu Musab al-Zarqawi fue muerto durante los bombardeos a Afganistán en el 2001, igual que Bin Laden, y que su leyenda es solo producto de una construcción de la CIA.

De acuerdo a la historia oficial, después de la derrota de los soviéticos, al-Zarqawi supuestamente retornó a Jordania, donde pasó siete años en la cárcel acusado de conspirar para derrocar la monarquía e instaurar un califato islámico. Poco después de su liberación, supuestamente huyó del país.

Jordania lo juzgó en ausencia y lo sentenció a muerte por presuntamente planear ataques contra turistas estadounidenses e israelíes,y luego  fue sentenciado a muerte en ausencia en un tribunal jordano por planear ataques contra blancos estadounidenses e israelíes en el reino.

En España también se investiga la hipótesis de que haya estado "detrás de los atentados del 11 de marzo de 2004", que cobraron la vida de 191 personas, y que reinvindicado por un supuesto comando de Al Qaeda

Los informes de la CIA señalan  que huyó de Afganistán hacia Irak en 2001 tras perder una pierna durante un ataque con misiles de EEUU a su base en Afganistán.

La inteligencia estadounidense argumenta que escogió Irak obedeciendo órdenes de la conducción de al-Qaeda  y que en Irak estableció vínculos con Ansar al-Islam -un grupo de islamistas kurdos del norte del país.

Su leyenda de "terrorista islámico despiadado" reapareció cuando el oficial estadounidense Laurence Foley fue asesinado en Aman en octubre de 2002, y las autoridades jordanas dijeron que Zarqawi había planeado y financiado el ataque.

Siguiendo con la leyenda, en 2003 fue identificado como el ideólogo de una serie de ataques "terroristas"  -desde Casablanca en Marruecos hasta Estambul en Turquía.

También se le atribuyó el  asesinato del clérigo chiita, Ayatolá al-Hakim, en la ciudad santa de Nayaf, fue uno de los atentados más sangrientos en Irak el año pasado -más de 50 fieles perdieron la vida.

Una operación de la CIA con la  interceptada "carta Zarqawi" divulgada por Washington en febrero de 2004 parecía respaldar la acusación y la existencia del "terrorista" jordano.

A través de la carta -totalmente funcional a la estrategia de EEUU en Irak-  el autor parecía compartir sus planes de instigar un conflicto de "guerra civil"  en Irak para minar la presencia estadounidense en ese país.  Además, alegaba haber realizado ya 25 ataques exitosos contra el enemigo.

Pretextando la presencia de Zarqawi y sus "combatientes extranjeros", el comando militar estadounidense en Irak realizó decenas de bombardeos selectivos, o "quirúrgicos", sobre varias ciudades iraquíes, matando a centenares de civiles.

Posteriormente el "terrorista" de Al Qaeda sirvió de excusa principal para el ataque militar a Faluya, y hoy se sigue justificando operaciones militares represivas de todo tipo con el argumento de su detención.

Las autoridades iraquíes y estadounidenses dicen buscarlo "vivo o muerto" y aseguran que estuvieron a punto de atraparlo en febrero cerca de Ramadi.

En Bagdad, el portavoz del ejército estadounidense, teniente coronel Steve Boylan, aseguró que no tiene ninguna información sobre el estado de salud del extremista jordano.

Sin embargo, reiteró que "sigue siendo nuestro objetivo número uno, capturado o ultimado, y hasta que eso no suceda, la cacería continuará".

Desde que el jordano adquirió un papel protagónico en la resistencia iraquí, se han difundido varios rumores sobre su salud que no han sido verificados por fuentes independientes.

 

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