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(IAR-Noticias) 16-Feb-05
Según el diario The New York Times, el
Pentágono está investigando contratos adicionales
de la Fuerza Aérea de Estados Unidos (USAF) con la empresa Boeing,
como parte de una investigación por
utilización de influencias en los negocios de la aviación militar.
Los
tres grandes consorcios armamentistas (Lockheed Martin, Boeing, y Northrop
Grumman) monopolizan numerosas fuentes de contratación
federal, desde seguridad aeroportuaria hasta vigilancia doméstica, en
nombre de lo que hoy la Casa Blanca nombra GWOT (Global War on Terrorism),
guerra global contra el terrorismo. (Ver:
Las armamentistas y el negocio
de la guerra
).
Las tres grandes
corporaciones obtuvieron jugosos contratos y ganancias del proyecto
espacial de Bush para colonizar la Luna y enviar una misión tripulada a
Marte, que son la punta de lanza de una nueva carrera armamentista en el
espacio.
En el año fiscal 2002, los
tres más grandes fabricantes de armas recibieron un total mayor a los 42.000
millones de dólares en contratos del Pentágono, de los que Lockheed Martin
obtuvo 17.000 millones, Boeing 16.000 millones y Northrop Grumman
8.000 millones.
Según el diario The New York Times, la investigación
en relación a Boeing gira en torno a ocho
transacciones por tres mil millones de dólares, en las cuales tomó parte
Darleen A. Druyun, una ex funcionaria de la USAF que guarda prisión por
favorecer los contratos con la Boeing.
Darleen Druyun
supervisó y dirigió
el programa de adquisiciones de armas de la Fuerza Aérea y luego atravesó la
puerta giratoria para convertirse en subgerente general del departamento de
sistemas de misiles de Boeing.
La ex funcionaria admitió que estando
a cargo de las adquisiciones de la fuerza aérea, dio luz
verde a negocios con esa compañía, a cambio de un provechoso puesto de trabajo
en el gigante de la aviación cuando pasara a retiro en la institución armada.
A los ocho contratos bajo
la lupa actual de los investigadores, se agregan
otros siete que estudian el inspector general del Pentágono, la Oficina
General de Contabilidad (del Congreso) y otras agencias federales, la mayoría
relacionados con el caso Druyun.
Las irregularidades fueron detectadas por la Agencia
de Administración de Contratos de la Defensa, brazo fiscalizador del Pentágono.
Pero los nuevos contratos sospechados
no involucran solamente a la corporación
Boeing.
Dos de ellos fueron realizados con la empresa
Lockeed Martin: uno por 561 millones de dólares para modernizar las
naves de transporte C-5, y el otro por 42 millones de dólares para el programa
de los F-16.
Con Lockeed Martin
fueron firmadas transacciones por 400 millones de dólares para un sistema
de sensores de un satélite polar, 244 millones de dólares en el arrendamiento de
aeronaves C-40, y más de mil millones de dólares en los mantenimientos a la
aviación de reabastecimiento en el aire.
Otro contrato fue suscripto por
62 millones de dólares del programa del C-22, considerada la nave de
transporte de última generación a emplear por la USAF.
A raíz del
caso Druyun, Project on Government Oversight (POGO,
Proyecto de Supervisión Gubernamental), un grupo con sede en Washington que
vigila el gasto militar, solicitó al Congreso de Estados Unidos que redacte y
ponga en vigencia leyes mediante las cuales se
prohíba que quienes ocupan altos cargos y elaboran normas y
procedimientos puedan ser contratados por empresas proveedoras del Estado
que se beneficien de las políticas formuladas por esos funcionarios.
Según el grupo investigador
independiente, los informes sobre estos casos están concitando el interés del
Congreso estadounidense. El senador del Partido Republicano en el
poder, John McCain, presidirá las audiencias, a mediados de
julio, en las cuales se efectuará la primera revisión de la práctica de
la puerta giratoria en casi una década.
El informe de POGO alertó sobre la presencia de legisladores de ambas
cámaras en esa prácticas. Al menos dos tercios de ex congresistas que hacen o
hicieron "lobby" para alguno de los 20 mayores proveedores del Estado, y han integrado comisiones que aprobaron asignación presupuestaria, programas o
fondos para las empresas por las cuales luego fueron contratados.
”Es hora de que el Congreso ponga el pie en la puerta giratoria para detener los
conflictos de interés”, señaló Scott Amey, asesora general de POGO.
Desde el pasado año el Pentágono se ha visto inmerso en varios escándalos por
la utilización de influencias en la concesión de
contratos, sobre todo con las grandes corporaciones de armas y
de servicios.
Uno de los más resonantes escándalos fue protagonizado
por la empresa petrolera Halliburton, beneficiada con
millonarios negocios por la administración ocupante de Irak.
La corporación que tuvo al vicepresidente
Richard Cheney como su máximo ejecutivo, infló los
precios del combustible que le vendió a las fuerzas del Pentágono en el país
árabe, irregularidad que fue descubierta
a partir de una auditoría del Departamento de Defensa.
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