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(IAR-Noticias) 03-Dic-05
Por Manuel
Freytas - manuelfreytas@iarnoticias.com
Bush
y Putin: almas gemelas
Para
la mayoría de los expertos, a la hora de buscar un "alma gemela" de Bush
en la cruzada "contraterrorista" internacional aparece en el escenario
Wladimir Putin, ex jefe de la KGB soviética, que hoy preside la Rusia
capitalista con mano de hierro y sueños de emperador.
Ambos
mandatarios han construido sus gestiones de gobierno, y superado sus etapas
críticas más duras, a partir de la "guerra contra el terrorismo".
Vladimir Putin, de 54 años,
presidente de Rusia desde el año 2001,consolidó su
liderazgo y su gestión presidencial a partir del combate contra el
"terrorismo checheno", y Bush proyectó su administración combatiendo al "eje
del mal" representado por Bin Laden y la red Al Qaeda, y contra
todo lo que se asociara al "terrorismo musulmán" por el planeta.
Curiosamente, en ambas ramas
terroristas, Al Qaeda y el fundamentalismo checheno, sus principales líderes,
coinciden en una misma génesis. Su fragua común fue la CIA y la guerra en
Afganistán de la época del Imperio Soviético. (Ver:
La conexión Bush-Al Qaeda-terrorismo checheno).
La masacre de
niños del Colegio de Beslam en Rusia, en septiembre de 2004, fue ejecutada cuando Bush lanzaba la
"guerra contraterrorista" como eje principal de su discurso de cara a la
competencia por su reelección presidencial en noviembre, y cuando
Putin se encontraba en problemas internos a causa de la
crisis petrolera y acusaciones de corrupción que pesaban sobre su gobierno.
Tras la masacre del colegio
de Beslam, Putin
anunció una guerra sin cuartel contra el "terror
internacional".
"Estamos tratando con una intervención directa del
terrorismo internacional contra Rusia, con una total,
cruel y todopoderosa guerra que una y otra vez se cobra
las vidas de nuestros compatriotas", dijo en un discurso
televisivo, donde compareció ante las cámaras vestido de negro.
Así como el 11-S en
EEUU fue la fragua para la "guerra contraterrorista" de Bush, la masacre de
Beslam (con el consecuente exterminio militar de sus ejecutores) consolidó
la imagen de Putin como "presidente de la guerra" ante la sociedad rusa, a quien
la matanza en la escuela la puso en un estado de psicosis, parecido al que vivían los
estadounidenses después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001
en Nueva York.
Como Bush, Putin tiene su
propio "Bin Laden", pero en versión chechena.
Se trata de Shamil Basayev,
guerrero "independentista" para el periodismo desinformado, agente infiltrado de
la CIA en los grupos islámicos, para los expertos. Bin Laden y Basayev
compartieron destinos y luchas en el eje Pakistán-Afganistán-Chechenia
infiltrado por la CIA.
Como Bin Laden, Basayev aparece
y desaparece, nunca pudo ser capturado, y sus cruzadas terroristas, con
centenares de muertos en su historial, siempre tienen a Putin como su
beneficiario político principal.
O sea que las cíclicas
apariciones de Basayev (como se verá más adelante) son para Putin lo que las
apariciones de Bin Laden representan para Bush: siempre llegan en momentos
políticos difíciles.
Tanto Putin como el jefe del
clan Bush, George, (padre de W), ex presidente de EEUU y director de la CIA, se "cruzaron" por Asia y por los Balcanes
cuando el hoy presidente ruso
era espía del KGB (ya dedicado a negociar espacios de poder con la
inteligencia americana) y el padre del hoy presidente Bush comandaba desde
la Casa Blanca los operativos
de la CIA en Afganistán.
Como Bush hijo, Vladimir Putin
concentró su administración en dos temas claves: la seguridad y los
servicios de inteligencia, a los que asignó, fuertes presupuestos del Estado.
En julio de 2004 Putin aprobó
la reforma de los servicios secretos que dota al FSB, el
heredero de la KGB, de más poderes y apunta a la creación de un
todopoderoso Ministerio de Seguridad Estatal en Rusia. La
reestructuración consolidó al FSB, bastión de Putin, en la cúspide de la
pirámide del poder ruso.
La prensa rusa señaló que la reestructuración de
los servicios de inteligencia devuelve el espionaje a los tiempos de la Guerra
Fría, y vaticinó un aumento de las actividades de los espías rusos en el
exterior y un reforzamiento de la presión en el interior.
Según la oficina de Moscú de la organización de
derechos humanos Human Rights Watch, este plan parecía "un intento de
reinstalar la KGB", disuelta por Boris Yeltsin.
Con
George W. Bush en la presidencia de EEUU, la alianza "contraterrorista" Bush-Putin
continuó desarrollándose, aunque las relaciones se "enfriaron" en los
tramos preparatorios de la invasión a Irak, país con el cual el gobierno ruso
mantenía fuertes relaciones comerciales.
No obstante, y tras fuertes
controversias públicas para la tribuna, Putin negoció la "prescindencia"
de su país en el asunto de la invasión y conquista de Irak, a cambio de la
participación de sus trasnacionales en el botín de guerra.
Pero un capítulo también
"casual" de la historia dejó en claro el lazo "contraterrorista" que
une a los presidentes de la primera y segunda potencia nuclear del mundo.
En
octubre de 2002 y durante tres días, 50 combatientes suicidas del
secesionismo checheno mantuvieron secuestrados a 800 rehenes dentro del
teatro Dubrovka de Moscú.
En esa oportunidad, los servicios
secretos rusos señalaron que el grupo, más allá de su jefe operativo respondía
al liderazgo de
Shamil Basayev, un jefe islámico vinculado a Bin Laden y Al Qaeda.
"Curiosamente" el mismo jefe checheno apareció como el principal inspirador de
la toma de rehenes en el colegio ruso, cuyo desenlace causó una matanza superior
a la realizada en el teatro moscovita.
El secuestro
en el teatro de Moscú se produjo en un contexto internacional conmocionado por una escalada de
atentados en países musulmanes -Indonesia y Filipinas- que arrojaron más de
200 muertos y centenares de heridos.
Los sucesos
fueron simultáneos a una nueva "reaparición" de Bin Laden amenazando con
atentados en Europa y EE.UU..
La CIA -por
boca de su jefe de entonces,
George Tenet- retroalimentó el pánico exhibiendo informes donde
demostraba que "Al Qaeda está viva".
Llamativamente
esa ola de psicosis terrorista coincidió, dentro de un orden secuencial,
con las operaciones diplomáticas y políticas de EE.UU. orientadas a conseguir
apoyo internacional para una invasión a Irak.
El 11 de
octubre de 2002 el Congreso de los EE.UU. autorizó a Bush el uso de la
fuerza militar para invadir a Irak sin necesidad de contar con el apoyo
diplomático de la ONU.
Trece
días
después, 24 de octubre, se produjo la toma de rehenes en el teatro
moscovita por un grupo de fundamentalistas chechenos.
El sábado 26 de octubre de 2002, las fuerzas especiales rusas tomaron el control del
teatro tras lanzar una operación de asalto utilizando gas
paralizante y armamento de alta tecnología.
Desparramados sobre las butacas del teatro quedaron más de 130 cadáveres, entre
ellos los de los guerrilleros, hombres y mujeres, con dos kilos de trotyl
atados a su cintura, similar a lo sucedido en el colegio ruso, salvo que la
mayoría de víctimas esta vez eran niños.
Ese incidente, además de apuntalar los argumentos de Bush para invadir el país
"terrorista" conducido por Saddam Hussein, sirvió a Vladimir Putin, para
flexibilizar su discurso "anti-invasión" de Irak y colocarse en una situación de
prescindencia en la ONU.
No bien ocurrida la masacre en el teatro, y con las fuerzas especiales habiendo
provocado la matanza con un asalto como en el colegio ruso de Beslam, el presidente
de Rusia y ex jefe de la KGB, salió a visitar hospitales mientras repetía ante
la prensa que "el terrorismo es el único enemigo".
Luego
del asesinato de
niños en el colegio ruso, Putin anunció el cierre de las fronteras y la
consolidación de la lucha militar contra los rebeldes chechenos.
Tras el ataque terrorista de Beslam,
el
representante de Italia (el principal aliado europeo de EE.UU. después de Gran
Bretaña) en la Unión Europea
pidió al
bloque de 25 miembros que discutiesen el desarrollo de una política común
contra el terrorismo en la cumbre de líderes de la UE que se
celebró en noviembre de 2004.
Noviembre,
fue el mes en que George Bush consiguió su reelección para un segundo período en la Casa
Blanca esgrimiendo como plataforma electoral la "guerra contra el terrorismo".
La "vida"
parece ser una acumulación de
"casualidades" y de atentados terroristas (de Bin Laden y de
Basayev) donde Bush y Putin parecen llevar el protagonismo (y la
ganancia) mayor.
El
"Bin Laden" de Putin
Hasta antes de la masacre
en el colegio de Beslán su nombre era casi desconocido para el "gran
público", y sólo un grupo de expertos y de periodistas especializados
conocían parte de sus andanzas por el mundo subterráneo del CIA-terrorismo.
Tras la matanza en Beslán
las cadenas internacionales empezaron a recrear su imagen, pálida y cetrina, al
estilo Bin Laden, barbudo y en traje de combate, lo que lo emparenta aún
más con el líder de la legendaria red Al Qaeda.
Pero los parecidos entre
Osama y el checheno Shamil Basayev superan las coincidencias físicas,
sus carreras "profesionales", sus orígenes ideológicos, su aptitud de
"soldados del terrorismo" (como veremos más
adelante) se forjaron en una fragua
común: los campos de entrenamiento de la CIA en Afganistán y Pakistán.
De alguna manera, y si se
trazaran paralelismos, hoy Shamil Basayev, después de un largo camino por las
intrincadas redes de conexión de la CIA con el terrorismo islámico, juega, para Putin, el mismo rol que jugó Bin Laden para Bush después de los atentados
del 11-S en Nueva York.
Así como la masacre
autoadjudicada por Bin Laden le dio a Bush el argumento para invadir
Afganistán, la matanza en el colegio reivindicada por Basayev le permitió a Putin cumplir su objetivo: reforzar su aparato de inteligencia y seguridad y
lanzar una nueva guerra contra el "terrorismo checheno".
A Bush, al Pentágono, a
los contratistas del Complejo Militar Industrial, a los financistas de Wall
Street, Bin Laden y su "omnipresencia terrorista" les brindó la justificación
para dos guerras de conquista de mercados en manos del "eje del mal".
A Putin, al complejo
militar ruso, a las petroleras, a la oligarquía financiera y armamentista,
Shamil Basayev y su sombra terrorista macabra les sirve para centralizar el
poder de Moscú en la Federación Rusa y lanzar "guerras preventivas" y de
conquista de mercados "amenazados" por el fundamentalismo "terrorista".
Para Bush tanto como para
Putin, la lógica "contraterrorista" se sustenta en una lógica
capitalista de mercado.
Detrás de cada cruzada bélica "antiterrorista" de Bush, están los
fabricantes de armas que extraen su ganancia capitalista del casi medio
billón de dólares anuales del presupuesto militar y de seguridad
estadounidense. Están las petroleras y gasíferas que explotan y regulan
los mercados multimillonarios del petróleo y la energía. Están los megabancos y
megagrupos de inversión de Wall Street (Citigroup, Goldman Sachs y
J.P.Morgan-Chase) que
embolsan fabulosas
sumas "financiando" las "reconstrucciones" de los países arrasados por
los misiles y las bombas "inteligentes".
Putin, un producto reciclado
del ex KGB soviético, intenta seguir el mismo camino. Emergente de las cenizas
del Kremlin y de la Guerra Fría, el hoy "presidente de la guerra" de
Rusia se proyecta hacia la consolidación de un Imperio ruso forjado a partir de
la vieja sociedad capitalista de las armas, el petróleo y las finanzas.
Según un informe de Le Monde
Diplomatic titulado: Los orígenes del "fenómeno Putin",
cuando Putin llegó al poder, el “equipo de San Petersburgo” (ciudad natal
del presidente) y los “representantes de los servicios especiales” (a los que
perteneció Putin), tomaron el control de los mecanismos económicos a
través de la superempresa de gas Gazprom, y de las compañías nacionales de
ferrocarriles y de electricidad.
Pero también, y gracias a la rama de
las telecomunicaciones: “Los hombres de San Petersburgo reemplazaron a todos los
antiguos dirigentes por personas ajenas a las empresas. Los grandes grupos
privados: los oligarcas rebeldes fueron separados, no a causa de su
responsabilidad en el saqueo de la economía, sino del tono demasiado crítico
con que sus canales de televisión se referían al presidente", señala Le Monde
Diplomatique.
Además, los jefes de las mayores
empresas fueron promovidos a la dirección de la nueva central patronal rusa: la
Unión de industriales y empresarios de Rusia. Las relaciones entre los hombres
de negocios y los altos responsables del Kremlin están más institucionalizadas,
pero conservan un aspecto clientelista. El presidente dirige todo: “La época de
los oligarcas se acaba y comienza el periodo de los recursos administrativos"
Guerra y negocios:
el viejo axioma que hizo grande a los Estados Unidos de Bush, también vale para
la Rusia capitalista emergente de Vladimir Putin.
Y el checheno
Shamil Basayev, además de
los atentados contra los aviones y la matanza en el
teatro moscovita, en septiembre de 2004 le hizo un "regalo"
extra a los objetivos imperiales del presidente de Rusia.
El viernes
17 de septiembre de 2004, Shamil Basayev
reivindicó la toma de rehenes en el colegio de la ciudad rusa de Beslán,
en la que murieron más de 360 personas, la mitad de ellos niños, y amenazó con
llevar a cabo más ataques por cualquier medio que considere apropiado.
Basayev, señalado por la TV oficial como "el hombre más buscado de Rusia",
lamentó el desenlace sangriento en Beslán, y responsabilizó de ello al Kremlin.
Dejó además claro que no habrá tregua en los ataques rebeldes en el futuro
en su campaña por una Chechenia independiente.
El "comunicado", con el mismo tono amenazante de los que suele lanzar "Bin Laden"
por la TV árabe, apareció en una supuesta web de los rebeldes,
www.kavkazcenter.com, un día después que el presidente ruso rechazara
mantener conversaciones con los separatistas chechenos.
Como hace Bush con cada "aparición" de Bin Laden, Vladimir Putin
aprovechó la presencia aterradora de Basayev, recreada masivamente en
las
pantallas de TV, para ratificar su compromiso de combatir al terrorismo
internacional, "allí donde se encuentre".
Los parecidos con Bush y Bin
Laden, son pura coincidencia.
El "Presidente de la guerra"
Nacido el 7 de octubre de 1952
en Leningrado (San Petersburgo desde el 1 de octubre de 1991), el joven Putin se
licenció en Derecho en la Universidad de Leningrado, donde fue alumno del que
sería alcalde de la ciudad, Anatoli Sobchak.
El hoy presidente de Rusia
comenzó su vida profesional en la Dirección de la inteligencia exterior del
Comité de Seguridad del Estado (KGB), en la antigua URSS, donde alcanzó el rango
de teniente general.
Tras la caída de la Unión Soviética,
Putin se radicó en Moscú donde ocupó en los siguientes años cargos
cercanos al presidente Boris Yeltsin.
En pocos meses fue nombrado
Vicedirector del Servicio Administrativo y Técnico del Presidente de la
Federación Rusa, puesto que ocupó durante 1996 y 1997; jefe de la Dirección
General de Inspecciones del Presidente y Vicejefe del Gabinete de la Presidencia
en 1997 y 1998. En ese mismo año ascendió a Primer Vicejefe de la Presidencia.
En julio de 1998 fue nombrado
Director del Servicio Federal de Seguridad (SFS), la más importante de las
cuatro ramas en que se dividió el KGB y heredera de las funciones de policía
política. A partir de marzo de 1999 Putin compartió este cargo con el de
Secretario del Consejo de Seguridad.
El 9 de agosto de 1999 Boris Yeltsin
nombró a Putin primer ministro en sustitución de Serguéi Stephasin, que
había accedido al cargo hacía sólo tres meses.
Putin fue el tercer primer ministro
consecutivo de la Federación Rusa que perteneció a los servicios secretos,
después de Yevgueni Primakov, jefe del servicio de espionaje exterior.
Antes de asumir el poder en Rusia,
Vladimir Putin era considerado un incondicional del entonces presidente Boris
Yeltsin, y su lealtad hacia él era absoluta.
Cuando asumió la presidencia, en
2001, era uno de los nueve personajes del Kremlin que integraban la
llamada "Familia", en referencia al círculo cercano a Yeltsin, que incluía a la
mujer del presidente y a su hija, al jefe de la administración presidencial
Alexander Voloshin, al ex periodista Valentin Yumashev, al portavoz del Kremlin
Dmitri Yakushkin, a Anatoli Chubais, y a los financieros Boris Berezovsky y
Roman Ambramovich.
Shamil Basayev, como lo hizo Bin Laden
para Bush, cumplió un papel clave en la proyección del liderazgo
político y militar de Putin a fines de la década de los 90.
En 1999, y siendo primer
ministro del gobierno de Yeltsin, cuando lanzó su candidatura a la presidencia
de Rusia, sólo contaba con el 5% de intención de voto.
En septiembre de 1999, una oleada de atentados
producida por el grupo terrorista de Shamil Basayev causó casi 300 muertos en varias
ciudades rusas.
Por varios canales
confidenciales y en algunos medios se deslizó la versión de que en esas
operaciones terroristas intervinieron con los terroristas ex agentes del KGB que
respondían a las órdenes de Putin.
El Gobierno de Yeltsin, con
Putin de primer ministro, declaró la guerra al "terrorismo checheno" y anunció una recompensa de
un millón de
dólares por la captura de Basáyev vivo o muerto, convirtiéndolo en el
enemigo número 1 de Rusia.
Como "contraprestación", y luego de perder una pierna durante el asalto de las tropas rusas a Grozni, Shamil
Basáyev ofreció 2,5 millones de dólares a quien asesinara a Putin, gran
responsable, según el checheno, de las decenas de miles de muertes de civiles y
del destrozo general del país caucásico.
En febrero de 2000 (ocupando
la presidencia interina de Rusia por la dimisión de Yeltsin) Putin declaró
la "guerra total contra el terrorismo" y lanzó las tropas rusas a
la conquista militar de Chechenia y se apoderó de su capital, Grozny.
En ese contexto de psicosis
terrorista "anti-chechena" inducido desde el Estado ruso, Vladimir
Putin ganó, en marzo de 2000, las elecciones presidenciales con el 53% de los votos, ya
convertido en el nuevo "líder fuerte" de Rusia.
Una de la primeras
iniciativas de Putin fue la presentación de la nueva Doctrina de
Defensa que autoriza la intervención del Ejército en conflictos armados
dentro de la Federación, y en el ámbito exterior confiere a Rusia el
derecho a usar el arma nuclear sin ataque previo
En
octubre de 2002 y durante tres días, 50 combatientes suicidas del
secesionismo checheno mantuvieron secuestrados a 800 rehenes dentro del teatro Dubrovka de Moscú.
En esa oportunidad, los servicios
secretos rusos señalaron que el grupo, más allá de su jefe operativo respondía
al liderazgo de
Shamil Basayev, quien luego se adjudicó el secuestro que finalizó con una
matanza de 130 personas.
A
partir de ese hecho, Putin volvió a lanzar expediciones militares contra los
enclaves chechenos e impulsó fuertes incrementos en el presupuesto y reformas a
los servicios de Seguridad e inteligencia con una mayor centralización del
control en sus manos.
En julio
de 2004 aprobó
la reforma de los servicios secretos que dota al FSB, el
heredero del KGB, de más poderes y apunta a la creación de un
todopoderoso Ministerio de Seguridad Estatal en Rusia. La
reestructuración consolida al FSB, bastión de Putin, en la cúspide de la
pirámide del poder ruso.
La prensa rusa señaló que la reestructuración de
los servicios de inteligencia devuelve el protagonismo del
espionaje a los tiempos de la Guerra
Fría, y vaticinó un aumento de las actividades de los espías rusos en el
exterior y un reforzamiento de la presión en el interior.
Tras la
masacre de niños en el colegio de Beslan, en septiembre de 2004, el presidente de Rusia, Vladimir
Putin, al igual que Bush después del 11-S, lanzó su propia guerra contra el
"terrorismo internacional".
El viernes 14 de octubre pasado, un
día después del asalto de guerrilleros islámicos en la ciudad de Nalchik, capital
de la república rusa de Kabardino-Balkaria, que se saldó con más de150 muertos, según
los datos oficiales, el presidente ruso Vladímir Putin, prometió "mano dura"
contra los "terroristas" que amenacen la seguridad e integridad de Rusia.
Mientras el
presidente advertía a los rebeldes que "no esperen ningún tipo piedad" en
el futuro, un viejo conocido suyo, Shamil Basayev, salía a reivindicar el ataque
a Nalchik y de paso advertir que
"Estamos planeando ataques al estilo de Beslan en el futuro".
Nuevamente, los parecidos con Bush y
Bin Laden son pura coincidencia.
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