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Tuesday, 06 de January de 2004

 

Toman huellas digitales a los viajeros

Continua la caza de   "terroristas" en USA

   

Detrás  de la "guerra antiterrorista" se mueve un gigantesco sistema de inteligencia y seguridad cuyo presupuesto asciende a US$ 120.000 millones.

   

(IAR-Noticias) 06En04

En una nueva escalada de su "guerra contraterrorista" EEUU ha comenzado a tomar las huellas digitales y fotografías de visitantes de la mayoría de los países del mundo que arriban al país.

El programa empezó a implementarse este lunes en presencia del secretario de Seguridad Interna del país, Tom Ridge, quien estuvo supervisando la puesta en marcha del nuevo régimen al lado de oficiales de inmigración en el aeropuerto Hartsfield de Atlanta.

Las principales fronteras aéreas y marítimas de EEUU -115 aeropuertos y 14 puertos- reciben a los visitantes con carteles en los que se anuncia el programa US-VISIT, decidido por el Congreso a propuesta del Departamento de Seguridad Nacional.

Las instrucciones se dan en varios idiomas y con despliegue gráfico para que el viajero vea claramente que debe colocar el dedo índice de la mano izquierda y el de la mano derecha -por este orden- sobre una pequeña caja en la que hay un lector óptico.

Con la huella electrónica tomada y en el mismo mostrador en el que se le controla el pasaporte, el visitante debe mirar hacia una pequeña cámara esférica que le mira, como un ojo, para hacer la fotografía

Las huellas dactilares electrónicas se contrastan con una base de datos en la que se combina información sobre historiales criminales y listas terroristas.

Según el responsable del Departamento de Seguridad Interior, se trata de "abrir las fronteras a los viajeros y cerrársela a los terroristas".

Que hay detrás de los controles "antiterroristas"

Un dato a tener en cuenta para entender porqué la administración Bush está realizando este espectacular operativo de inteligencia y de seguridad interna: los  400.000 millones de dólares del presupuesto militar estadounidense.

Los gastos militares de EEUU aprobados con anterioridad a la guerra de de conquista de Irak  insumen casi la totalidad de su déficit presupuestario estimado  por el Congreso en 480.000 millones de dólares.

De este total, el presupuesto de la  "guerra contra el terrorismo" asciende a 120.000 millones de dólares anuales.

El  gigantesco sistema de inteligencia para espiar a amigos y enemigos - puesto en marcha con la doctrina de "guerra preventiva" contra el "eje del mal"-  costó 35.000 millones de dólares en 2003: casi un 10% de su presupuesto militar que es superior a los combinados de los veinte países más militarizados del mundo.

Esta maquinaria de inteligencia incluye a la CIA (Central de Inteligencia Americana) cuyos gastos se estiman entre 3.000 y 4.000 millones al año;  la  NSA, (National Security Agency), que depende del Pentágono con un presupuesto de 5.000 millones de dólares al año y 25.000 agentes que se ocupan de las escuchas en el mundo entero.

Una gran cantidad de organismos  gravitan en torno a la "guerra antiterrorista". Entre ellos el Centro de Búsqueda de fondos terroristas en el extranjero (Foreing Terrorist Asset Tracking Center) creado después del 11-S; y el Centro Nacional de Reconocimiento (The National Reconnaissance Office) que se ocupa de los satélites espías, etc.

La guerra  de Afganistán ha costado en un año 17.000 millones de dólares, en tanto que que la  ocupación de Irak (considerando los 20.000 millones de dólares que insumieron las operaciones militares de conquista) hasta el momento le cuesta al Tesoro norteamericano  alrededor de 60.000 millones dólares.

El 11-S permitió elevar los presupuestos de defensa un 18% con la excusa de la "guerra antiterrorista" enmarcada en la nueva Doctrina de Seguridad estadounidense, y en el procedimiento de "guerra preventiva"  lanzado por Bush y los halcones tras la voladura de las Torres Gemelas.

Según el informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD de 1998, lo invertido anualmente en gastos militares por EEUU  bastaría para eliminar el hambre en el mundo, ofrecer educación fundamental y cuidados sanitarios a todos los que lo necesitan, además de cuidar la salubridad de las aguas, mejorar las letrinas y educar a todas las mujeres para una maternidad responsable.

Este es el punto crucial que atenaza a la administración Bush.

El monstruo bélico que desató tras el 11-S se le volvió en contra. Las guerras de conquista de los halcones se "comen el dinero de los contribuyentes" y constituyen el talón de Aquiles de Bush que sus rivales electorales  explotan para derrotarlo en noviembre de este año.

El presupuesto militar estadounidense (más de mil millones de dólares por día) es el caballito de batalla y el principal eje argumental que exhiben los demócratas contra Bush ante la sociedad norteamericana.

Dentro de este contexto hay que interpretar estos gigantescos operativos de seguridad orientados a "justificar" esa cifra sideral invertida en la maquinaria militar y de inteligencia.

El fantasma del "terrorismo", la escalada permanente de los "alerta", los nuevos visados y el fichaje de pasajeros le sirve a la administración republicana para mantener a la sociedad estadounidense en un estado de "conmoción" creciente.

Lo que buscan Bush y el lobby militar de Washington es crear las bases de consenso social y político para la aprobación de nuevas partidas militares por parte del Congreso de EEUU.

Bush y su grupo permanecen "atascados" en la trampa de Irak, y su única salida de aquí a noviembre pasa por el envío de más tropas y equipos militares que contribuyan a mantener a raya a la resistencia iraquí. 

Expresando al sector que quiere más tropas The New York Times (20/8) decía: "El gobierno de Bush debe comprometer más recursos, y si es necesario más soldados en Irak".

Lo mismo le exigen los generales del Pentágono y los comandantes de Irak quienes -en sucesivos informes que elevaron a Donald Rumsfeld- le hicieron saber que para mantener la seguridad de Irak hacen falta por lo menos medio millón de hombres (en estos momentos las fuerzas militares en Irak suman 150.000 efectivos).

Para el envío de nuevas tropas Bush y su administración necesitan imperiosamente que el Congreso de EEUU les apruebe nuevas partidas de gastos militares, y sus adversarios demócratas que controlan las mayorías en las cámaras no piensan otorgárselas.

De los 155 batallones de combate del ejército estadounidense, 98 se encuentran desplegados en tareas activas fuera de los Estados Unidos, además  ya se ha convocado a 136.000 miembros de la Guardia Nacional y las reservas.

Con estos números en la mano, el conocido historiador Paul Kennedy afirma que el actual despliegue militar norteamericano en el mundo es "imposible de sostener en el largo plazo" por la crisis económica que engendra.

El ex director General de la UNESCO Federico Mayor Zaragoza insiste en decir que la economía americana es una "economía de guerra" que necesita de conflictos armados fuera de sus fronteras para evitar el colapso.

Paradojalmente lo que necesitan instalar hoy  los ideólogos del Pentágono no es una "guerra externa" sino una "guerra total contra el "terrorismo" en el marco de sus fronteras internas.

En otras palabras, precisan de otro acontecimiento que "sockee" nuevamente al pueblo y al poder estadounidense como lo hizo la voladura de las Torres Gemelas en septiembre del  2001.

Los atentados del 11-S -además de generar la aprobación del preesupuesto militar más grande de la historia- llevaron a la aprobación de contratos con la Loocked Martin por 225.000 millones de dólares por la compra de cazas de última generación a entregar en seis años. Este contrato  llevaba meses esperando la situación "propicia" que brindaron los atentados.

En el  cuadro presente solo un estado de "conmoción terrorista" podría doblegar la voluntad de los parlamentarios demócratas y obligarlos a votar un nuevo incremento del presupuesto militar y la autorización de más envíos de tropas a Irak.

A esto precisamente apunta la estrategia de Bush y los halcones.


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