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LATINOAMERICA  

Wednesday, 30 de March de 2005

Plan expansionista imperial

Agenda secreta de los intereses corporativos globales

El Tratado de Libre Comercio para Norteamérica (TLCANPLUS) forma parte del proyecto de expansión de EEUU en América Latina. Tal situación le permitirá a Washington amplificar y diversificar sus conquistas de mercados de materias primas estratégicas, y consolidar su dominio regional mediante tratados y actas de "cooperación" mercantil-militar potenciados en el marco de la "guerra estratégica global contra el terrorismo".

(IAR-Noticias)  31-Mar-05         /Por Isidro Herrera Hernández*

Las ambiciones geopolíticas de Washington se han visto robustecidas gracias a la firma de numerosos tratados y protocolos sobre cooperación estratégica con México y otras naciones hemisféricas.

En este sentido, el Tratado de Libre Comercio para Norteamérica (TLCANPLUS) forma parte del proyecto de expansión de los Estados Unidos en América Latina. Tal situación le permitirá al gobierno norteamericano amplificar y diversificar sus conquistas de mercados de materias primas estratégicas.

Todo ello fortalece la doctrina de seguridad estadounidense y la proyección de venideras intervenciones militares en la zona. Asimismo, la directriz geopolítica esbozada para el hemisferio incluye el sometimiento de México frente a la "guerra contra el terrorismo" promovida por Washington. Punto menos, la malla geopolítica tendida sobre esta región mediante tratados y actas de “cooperación” mercantil-militar fortificará el dominio sobre los recursos energéticos regionales.

En los últimos años se han endurecido los propósitos expansionistas de Washington en Latinoamérica. Semejante escenario geoestratégico, largamente ambicionado gracias a sus ingentes recursos petroleros, constituye una zona de inestabilidad y choque entre las potencias emergentes euroasiáticas (China, India, Rusia, Alemania y Francia) y los Estados Unidos quienes, en su ascendente política de expansión ideológica-militar, han constituido la Comunidad Económica de Norteamérica (mejor conocida como TLCANPLUS) con tal de mantener el control territorial de la desestabilizada región.

En su afán por transformar al Hemisferio en una base de operaciones para contener el avance euroasiático, Washington ha tratado de consolidar su hegemonía sobre los aparatos de inteligencia y seguridad regionales, pues en su mayor parte la asistencia en la materia que recibe México proviene de la Casa Blanca.

Como acertadamente nos dice el analista Alejandro Álvarez Béjar , “una de las medidas adoptadas después del 11 de septiembre fue la instrumentación de un ambicioso “Plan Antiterrorista entre Estados Unidos, México y Canadá”, dirigido básicamente a limitar e impedir la circulación de miembros de “grupos extremistas”. (México en el siglo XXI, ¿hacia una comunidad de Norteamérica?)

Esta “cooperación” tiene objetivos geopolíticos, relacionados con la dominación total del continente Americano, y específicamente con el control de sus aparatos de inteligencia y seguridad. En realidad, tal “asistencia” constituye la agenda secreta de Washington para descarrilar cualquier proyecto multinacional opuesto a sus intereses.

La íntima “cooperación” en el campo mercantil-militar entre México y Washington se inicia en 1993, cuando el gobierno mexicano y el Banco Mundial rubrican el proyecto denominado Corredor Biológico Mesoamericano, cuya instrumentación redundará en la privatización de la segunda reserva biogenética a nivel planetario.

Para ilustrar semejante designio, el distinguido investigador Álvarez Béjar comenta que “actualmente ya operan en el área desde supuestas Organizaciones no Gubernamentales "ambientalistas", hasta universidades estadounidenses y multinacionales dedicadas a patentar los códigos genéticos de la flora y fauna.”

Como parte de la misma estrategia geopolítica de alcance global, más tarde los gobiernos de los Estados Unidos, México y Canadá consumaron una reunión oficial para ratificar el Plan Energético de América con vistas a la creación de un mercado común de hidrocarburos, como antesala al amplio acuerdo sobre Integración Eléctrica para América Central (SIEPAC), financiado por la trasnacional Endesa.

Ambos proyectos incluyen la construcción de un oleoducto para transportar el energético desde Venezuela y Colombia hasta Texas, pasando antes por Centroamérica, Veracruz y el norte de México.

Tras la firma en 1993 del Corredor Biológico Mesoamericano, los gobiernos de los Estados Unidos, México y Canadá firman el denominado Plan Sur, mediante el cual México se compromete a sellar su frontera sur e impedir el tránsito de indocumentados. Finalmente, Washington anuncia la puesta en marcha del proyecto Nuevos Horizontes, el cual tiene como objetivo la militarización de Centroamérica. 

Para consolidar la alianza estratégica entre México y los Estados Unidos, el presidente norteamericano George Bush visitó Monterrey en el 2002, con el propósito de ratificar una serie de acuerdos sobre intercambios en materia energética y de seguridad entre ambas naciones.

Las reuniones para firmar los protocolos se intensificaron días más tarde, cuando el secretario de gobernación Santiago Creel se entrevistó en repetidas ocasiones con el anterior director de seguridad interna de los Estados Unidos, Tom Ridge, para quien “los ataques del 11 de septiembre representan una gran oportunidad para que México y los Estados Unidos construyan la frontera moderna y eficiente del Siglo 21.”

 Como podemos apreciar, la doctrina geopolítica anglosajona ha transformado al Hemisferio occidental en una zona de inestabilidad y choque, acomodada a sus intereses expansionistas.

Por tal razón, la región se ha convertido en un núcleo de atracción para los jugosos negocios globales de inteligencia, pues el enfoque trilateral de seguridad fronteriza entre los Estados Unidos, México y Canadá ha sido un campo fructífero para el complejo de seguridad anglosajón, tremendamente interesado en obtener dividendos geopolíticos gracias a la modernización de los aparatos de inteligencia de las tres naciones.

El propósito de tal “agenda secreta” es consolidar el avance hegemónico anglosajón mediante la penetración de las corporaciones privadas de inteligencia en Latinoamérica.

Al ser instrumentado el itinerario geopolítico de la seguridad estadounidense se pretende controlar los sistemas de inteligencia y militares de aquella región, y fortalecer el papel desempeñado por la industria privada de seguridad, al incentivar sus ventas en el exterior.

Paralelamente, la firma de numerosos protocolos y actas sobre ayuda, asistencia y cooperación estratégica le permite a Washington ampliar y conservar la conquista de mercados de inteligencia, y robustecer sus aspiraciones geoeconómicas.

En contraparte, desde el 2000 China y Rusia incrementaron sus nexos geoestratégicos con la firma de numerosos tratados militares entre ambas naciones y con los demás países de Asia Central, Europa y América Latina.

A este tenor, la política de defensa estratégica chino-rusa extendió sus fronteras desde Azerbaiyán hasta Indonesia, India, Argentina, Brasil y Venezuela. Por tal motivo, el avance hegemónico de Washington en Latinoamérica se estrella contra los intereses estratégicos de Rusia y China, cuyas notables inversiones en Sudamérica parecen contrarrestar el poderío anglosajón.

En tal sentido, destacan los acuerdos de cooperación estratégica a largo plazo firmados por Rusia y China con Venezuela, Brasil y Argentina en el 2004, donde se incluye una política de apertura hacia la tecnología militar de punta rusa y china, incluyendo la venta de aeronaves y embarcaciones.

Según expresó el Viceministro de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, Serguei Kislyak, durante la III Reunión del Mecanismo Político de Consultas entre Venezuela y Rusia: “en Venezuela vemos un amigo, un camarada para desarrollar nuestras relaciones de aquí a muchos años; Venezuela es para Rusia un socio clave en el Continente y muy importante en el ámbito de la ONU y otros organismos multilaterales donde se define el futuro de la humanidad.” (Prensa MRE 21/03/05)

Recordemos que a escasas semanas del discutido triunfo neoconservador en la Casa Blanca, Venezuela y Brasil anunciaban el nacimiento de una “alianza estratégica” para la integración energética sudamericana. Mientras tanto, China y Bolivia incrementaban la agenda de cooperación militar, mediante el intercambio de puntos de vista sobre “asuntos de interés común como la colaboración internacional y antiterrorista y la construcción de la defensa nacional.”

Cualquier inexperto en asuntos internacionales olvidaría que la política exterior estadounidense descansa en el engrandecimiento de su industria armamentista representada por sus cinco gigantes corporativos, íntimamente ligados al complejo militar británico, y en feroz competencia contra chinos y rusos. 

Así las cosas, la estrategia militar manejada por el bloque euroasiático meses antes del 11 de septiembre del 2001 despertó las previsiones geopolíticas de Washington, cuyas usinas belicistas preparan ahora la ofensiva definitiva sobre los pletóricos yacimientos energéticos desde el estrecho de Malaca hasta el Golfo de Maracaibo.

No olvidemos la interesante hipótesis de Michel Klare, para quien: “los EEUU dependerán, cada vez más, del petróleo de los "vecindarios peligrosos" como el Golfo Pérsico, el Mar Caspio, Colombia, Venezuela y África. Incluso, los EEUU buscarán proteger su acceso a estas áreas estacionando tropas allá o, de otra manera, usando la fuerza militar. El resultado, me temo, es una inacabable serie de guerras por el petróleo. (http://www.crisisenergetica.org/article.php? story=20041015182612621)

Realmente, el expansionismo estadounidense en Latinoamérica –del cual forma parte el TLCANPLUS- robustece los designios geopolíticos de Washington a largo plazo, es decir, la conquista del espacio hemisférico, el control de sus principales rutas estratégicas y de los servicios de inteligencia regionales.

Así, esta fachada libertaria y democrática se transforma en el camuflaje de los intereses corporativos globales.

Isidro Herrera Hernández*
Investigador del Centro de Estudios Estratégicos y Geopolíticos (CEEG)
ceeg_mexico@yahoo.com.mx

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