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(IAR-Noticias) 17Jun04
Por Manuel Freytas
El lobby
pro-israelí en el Pentágono
E n un artículo publicado en
IPS, en mayo de este año, el columnista Jim Lobe
señalaba que a la hora de investigar y determinar responsabilidades por las
torturas y maltratos de prisioneros iraquíes a manos de soldados
estadounidenses "todos los caminos conducen a Feith".
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Donald Rumsfeld:
jefe de los halcones pro-israelíes del Pentágono. |
Douglas J. Feith,
es
el tercer funcionario en jerarquía
del departamento de
Defensa estadounidense, detrás del
subsecretario
Paul Wolfowitz y del
secretario Donald Rumsfeld, con quienes conforma la
trilogía de poder del Pentágono.
Al igual que
Wolfowitz, Feith es un conservador pro israelí,
estrechamente ligado a una
organización extremista de alto vuelo en Washington, la Organización
Sionista de América (ZOA), la cual ataca incluso a judíos que no
tienen posiciones extremistas. El funcionario frecuentemente pronuncia discursos en las
conferencias de ZOA.
Feith representa
básicamente los intereses de la maquinaria bélica
israelí, a tal punto que en su website se
describía, hasta antes de su nombramiento, como representante de la industria
manufacturera de armamentos israelí, algo así como el complejo militar
industrial de Israel.
Subsecretario de Defensa y Asesor político en el Pentágono,
Feith fue galardonado
por varias organizaciones sionistas y por el Estado israelí, país en el
cual, y a pesar de ser
un funcionario estadounidense, es considerado como un
"activista pro-Israel" más.
Durante la
administración
Clinton, sin cargo oficial, Feith
preparó un plan estratégico para el Likud israelí en
colaboración con Richard Perle, en el cual se "recomendaba"
al gobierno de Israel que
abandonara el proceso de paz iniciado en Oslo,
que recolonizara los territorios y aplastara al gobierno
de Yasser Arafat con el poder militar.
El subsecretario,
junto a Wolfowitz,
Elliott Abrams (a cargo
de la política de Medio Oriente en el Consejo Nacional de Seguridad)
integran lo que James Petras denomina el segundo estrato
ideológico de funcionarios admiradores
de la derecha judía y militarista y dominados
por un fanático compromiso y lealtad ciega hacia el
Estado de Israel y su política expansiva en Medio Oriente.
Para entender el papel de los
"ideólogos sionistas" en la formación de la
política exterior de la administración Bush en Medio Oriente, es importante
enmarcar su desarrollo en el contexto de las relaciones EEUU-Israel y la poderosa influencia
del lobby pro israelí en Washington, socio de la
derecha fundamentalista norteamericana.
Patrick Seal
señala en el
semanario liberal estadounidense The Nation, "los amigos de Ariel Sharon
(entre los zelotes judíos pro israelíes) odian a los árabes y a los musulmanes.
Lo que deseaban era una mejoría en el ambiente militar y estratégico israelí. La
invasión estadounidense de Irak y su agresiva postura militar hacia la mayoría
de los regímenes árabes de Medio Oriente han hecho que el mundo conozca los
nombres de estos funcionarios sionistas."
Entre los llamados "zelotes pro
israelíes" más influyentes de Washington, se cuentan William Kristol y Robert
Kagan, de The National Standard; la familia Pipes y gran número de instituciones
israelíes que comparten los puntos de vista de los sionistas de derecha del
Pentágono y del Complejo Militar norteamericano, colaborando
estrechamente con ellos.
Según The Nation, los críticos estadounidenses del gobierno de Bush
coinciden en señalar que los acontecimientos del 11
de septiembre de 2001 brindaron a los zelotes sionistas de derecha una
oportunidad única de orientar hacia el interés de Israel la política estadounidense,
logrando que Washington aplicara la
doctrina de guerra preventiva a los enemigos del sionismo
israelí en la región.
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Esta foto de julio de 2003 muestra al
segundo jefe del Pentágono, Paul Wolfowitz, visitando a la prisión Abu Ghraib,
acompañado por la directora, general brigadier Jaecé Karpinski (a la izquierda).
(El Mundo) |
Integrante destacado del lobby judío que opera en
el Pentágono y en la Casa Blanca, Douglas Feith
reporta directamente al secretario de Defensa Donald Rumsfeld y
a su segundo, Paul Wolfowitz (considerado el verdadero cerebro del Pentágono)
y ha estado en el centro de
toda la política de ocupación diseñada por la administración Bush en Irak.Feith se ha destacado como defensor de los intereses y de la seguridad de
Israel, y se ha opuesto, por ejemplo, a la posibilidad de que Israel ceda
territorios a Palestina a cambio de paz.
Según el columnista Jim Lobe
este funcionario neoconservador ha sido un extravertido enemigo del diálogo de
paz entre palestinos e israelíes iniciado en Oslo en 1993, e incluso del proceso
de Camp David, que condujo en los años 70 a la paz entre Egipto e Israel y en el
que participó el entonces primer ministro derechista israelí Menajem Beguin.
Su ex socio, L.Marc Zell, en el
estudio jurídico, es
portavoz del movimiento de colonos judíos en Cisjordania.
Feith ingresó en el gobierno en 1981 como experto en Medio Oriente del
Consejo de Seguridad Nacional, durante la presidencia de Ronald Reagan. Fue
despedido abruptamente al año siguiente. Pero Richard Perle, entonces secretario de
Defensa Adjunto para Seguridad Internacional, lo contrató como su segundo.
En 1986, Feith dejó ese cargo para fundar el bufete Feith & Zell. Tres años más
tarde, el gobierno turco lo contrató para representarlo en Washington. En ese
carácter, participó en la consolidación de vínculos militares entre Turquía e
Israel.
La revista Commentary publicó en 1997 un extenso artículo suyo titulado
”Una
estrategia para Israel”, en la que proponía dejar sin efecto los acuerdos de paz
de Oslo y reocupar las áreas de Cisjordania y Gaza ya transferidas a la
Autoridad Nacional Palestina.
Douglas Feith y Richard Perle
(ex funcionario y miembro destacado del lobby judío del Pentágono ) fueron autores en 1996 de un
documento sionista para Benjamin Netanyahu, el más extremista del Partido Likud, titulado
Una clara ruptura: nueva estrategia para asegurar el reino,
que demandaba el derrocamiento de Saddam Hussein y su reemplazo por un monarca
hashemita.
Después
-según el documento- había que derrocar o desestabilizar a los regímenes de Siria,
Líbano, Arabia Saudita e Irán para que Israel estuviera seguro en una especie de
"gran esfera de prosperidad conjunta EEUU-Israel".
Douglas Feith no goza (al
igual que los otros integrantes del lobby judío) de la simpatía de los llamados
oficiales "profesionales" del Pentágono. En su nuevo
libro ”Plan de ataque”, el periodista Bob Woodward cuenta que el general Tommy
Franks, comandante de la invasión a Iraq el año pasado, llamó a Feith ”el tipo
más estúpido sobre la faz de la Tierra”.
La
Oficina de Planes Especiales
La hoy disuelta
Oficina de Planes Especiales, creada por Feith y Wolfowitz, apeló a
informes
frecuentemente aportados por el iraquí favorito de los neoconservadores, Ahmed
Chalabi (agente de la CIA y ex
favorito del Pentágono para gobernar Irak) , para preparar alarmistas informes de inteligencia que reforzaron los
argumentos a favor de la invasión a Iraq.
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Condoleezza Rice: la halcona negra del lobby,
participó de la OPE y escribió la doctrina de la
guerra preventiva aplicada contra Irak.
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Chalabi fue uno de los
que más información aportó a la Oficina sobre las supuestas armas de destrucción masiva
iraquíes, que utilizó la administración Bush para justificar la guerra en
Irak, y muchos llegaron a considerarlo como el seguro sucesor de Saddam
Hussein tras las ocupación militar de EEUU en ese país.
Esos datos luego llegaban a la Casa Blanca a través de Rumsfeld o del
vicepresidente Dick Cheney, polea de trasmisión del
lobby en el entorno presidencial, sin pasar por organismos
establecidos
como la Agencia Central de Inteligencia (CIA) o el resto de
las agencias de la comunidad de inteligencia
estadounidense.
Fue con esos informes a la vista que el presidente George W. Bush aseguró que el
régimen del hoy depuesto presidente iraquí Saddam Hussein poseía un programa
de armas nucleares, biológicas y químicas, y que tenía
sólidas vinculaciones con la red
terrorista Al Qaeda, de Osama bin Laden.
Según los
indicios disponibles, estos informes políticos "extraoficiales", organizados
por Wolfowitz, Feith y Rumsfeld en la Oficina de Planes Especiales (OPE),
fueron la fuente de la evidencia fabricada que se empleó para "justificar" la
invasión y ocupación de Irak.
Douglas Feith, subsecretario
de Defensa, y Paul Wolfowitz formaron la OPE, en la cual
sobresalió Abram Shulsky (un sionsita
extremista protegido por Feith) un experto partidario de ataques militares contra los regímenes árabes en Medio
Oriente.
La OPE fue concebida como un brazo de la
política de Wolfowitz y Feith, que buscaba promover las estrategias de los grupos
más radicales del régimen de Sharon forjando estrechos vínculos con una
operación paralela y ad hoc de inteligencia en el régimen israelí, según
un informe del periódico británico The Guardian.
El
ideólogo de los halcones pro-israelíes que actuaron en la
oficina paralela es sin dudas el historiador de Princeton,
Bernard Lewis. Este
pensador sionista, no solo ha proporcionado una
justificación histórica para la "guerra contra el terrorismo" de Washington, sino
que se ha proyectado como el principal
doctrinario de la recolonización del mundo
árabe por medio de la guerra contra Irak.
Al sostener que los pueblos de
Oriente Medio (es decir, los árabes y los persas) han fracasado en alcanzar la
modernidad y han caído en "una espiral de odio y rabia", Lewis
justifica a las políticas imperiales estadounidenses y proporciona un imperativo
moral a las doctrinas de los "ataques preventivos"
lanzados por el Pentágono.
Entre los integrantes destacados de la OPE figuran Abram Shusky;
Richard Perle, del Consejo de Política de Defensa, y Elliot Abrams (defensor del
genocidio en Guatemala en el decenio de 1980), director senior de asuntos de
Medio Oriente en el Consejo Nacional de Seguridad.
Según testimonio de una fuente interna del Pentágono
-citada por el diario La Jornada< de México- para la teniente coronel
Karen Kwiatkowski, quien trabajó en la oficina del subsecretario de la Defensa
para Asuntos de Política, en la División del Cercano Oriente y el Sur de Asia y
en la de Planes Especiales, "era evidente que los profesionales del servicio
civil y los militares en activo no participaban en áreas claves de interés para
Feith, Wolfowitz y Rumsfeld, es decir, Israel, Irak y Arabia Saudita".
La
teniente coronel Kwiatkowski especifica que "en lo relativo a Israel e Irak,
todo el trabajo primario era conducido por los "designados políticos"; en el
caso de Israel era un funcionario de escritorio proveniente del Instituto
Washington sobre Política en Medio Oriente y, en el de Irak, Abram Shusky".
Igualmente importante es la descripción que hace la ex funcionaria del Pentágono
de la existencia de "camarillas interdependientes".
Señala que miembros de una
variedad de organizaciones neoconservadoras y pro israelíes (el Proyecto por un
Nuevo Siglo Estadounidense, el Centro para la Política de Seguridad y el
Instituto Estadounidense de Empresa) que colaboran en diversas dependencias del
régimen de Bush sólo interactúan con ellos mismos.
Puntualiza además que las principales
decisiones son resultado del "pensamiento de grupo" y de la aceptación acrítica
de los puntos de vista prevalecientes, que son "extremadamente estrechos y
aislados". Su jefe la obligó a renunciar después que ella le dijo que "algunos
tipos (de las camarillas y las redes) en el Pentágono podrían sentarse al lado
de Hussein en el tribunal de crímenes de guerra por sus políticas destructivas y
de ocupación".
Lo que queda muy claro, según todos los testimonios, es
que la OPE y sus directores Feith y Wolfowitz fueron
específicamente responsables de la evidencia fabricada sobre las "armas de
destrucción masiva" que sirvió de justificación, junto con
la doctrina de guerra preventiva elaborada por los estrategas del
lobby, para
la invasión y ocupación de Irak por las tropas militares estadounidenses.
La conexión
Irak-torturas
Según el
columnista Jim Lobe
Feith fue (siguiendo órdenes de Rumsfeld y de
Wolfowitz) el encargado de la planificación de la posguerra en Iraq,
y en ese carácter rechazó toda previsión de resistencias en el país árabe, como
prevenían, tras meses de trabajo, iraquíes exiliados y expertos en Medio Oriente
del Departamento de Estado y de la CIA.
Además
-según Lobe- impidió que expertoos del Departamento de Estado
conducido por Colin Powell (un viejo rival del lobby) participaran de
cualquier modo en la Autoridad Provisional de la Coalición, principal órgano
civil de la ocupación estadounidense en Iraq.
Uno de los objetivos
centrales de Feith
fue la recomendación (junto con
Chalabi y el Consejo de Gobierno iraquí) de
grandes contratos para la reconstrucción del país
invadido con la participación de
las empresas del lobby, como Hallyburton por ejemplo, en diferentes áreas del
negocios de la "reconstrucción".
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Amhed Chalabi:
operador del lobby en Irak, cayó en desgracia cuando
amenazaron revelar sus vinculaciones con Feith. |
Chalabi
(favorito de la trilogía Rumsnfeld-
Wolfowitz-Feith)
fue
involucrado en el escándalo de las torturas a presos iraquíes por su
vinculación con altos funcionarios del Pentágono y ex jefes de inteligencia
relacionados con la empresa de seguridad Titan, una de las
imputadas en las vejaciones a detenidos en la prisión de Abud Ghraib en
Bagdad.
El principal lobbista de
Chalabi, y su más firme impulsor en el Pentágono, es el ex director de la CIA,
James Woolsey (otro destacado
integrante del lobby judío) quien revistó como director de Titan, una de la
principales empresas contratantes de “ejércitos privados” con el Pentágono, y
que está involucrada en la tortura de prisioneros en la cárcel de Bagdad.
La presunta contratación de Titán por parte del Pentágono habría sido impulsada por
Woolsey y el subsecretario de Defensa para Inteligencia, Stephen Cambone,
ligados a Feith y al círculo círculo íntimo del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.
El subsecretario de
Inteligencia, Stephen Cambone, señalado por el semanario
The New Yorker como el implementador del programa de tortura en Irak,
accedió a ese cargo proyectado desde la oficina de Douglas Feith.
El protegido del lobby, Amhed Chalabi,
operó como
"bisagra" política de los intereses de Titan en Irak, y su carrera como candidato a primer
ministro de Irak terminó el día que sectores de inteligencia vinculados al
Partido Demócrata estadounidense amenazaron en Washington con revelar información
sobre las andanzas de Chalabi y sus vínculos con Feith.
El ex socio de Douglas Feith
en el bufete de abogados Feith & Zell, L. Marc Zell,
instaló una oficina en Bagdad con un sobrino de Chalabi para ayudar a
empresas interesadas en contratos para la reconstrucción de Iraq.
Según Jim Lobe, entre las compañías que aprovecharon esos contratos figuran varias con empleados
o asesores que han integrado la Junta de Políticas de Defensa del Pentágono,
cuyos miembros son elegidos por Feit.
Cambone facilitó la transferencia del general Geoffrey Miller, comandante
de la prisión de Guantánamo -donde permanecen detenidos supuestos miembros de
Al Qaeda y Talibán sin juicio ni acceso a abogado- a la prisión iraquí
de Abu Ghraib, para extraer a los prisioneros más datos sobre la creciente
insurgencia en Iraq.
Tanto Cambone como Miller, que llevó de Guantánamo a Iraq tácticas de
interrogación prohibidas por la Convencion de Ginebra,
están bajo la mira de las
investigaciones del Congreso estadounidense sobre el escándalo de las torturas a
prisioneros en Abu Ghraib, registradas en fotografías
difundidas planetariamente por las cadenas informativas
internacionales..
Newsweek, The New York Times y Los Angeles Times
señalaron oportunamente que altos funcionarios del
Pentágono autorizaron una reinterpretación de las convenciones de Ginebra
para permitir métodos más duros de interrogación de prisioneros de guerra
en las aéreas bajo dominio militar estadounidense.
Jim Lobe señala que la "reinterpretación"
fue resistida por Powell y por el cuerpo de
fiscales del ejército, conocido por sus siglas en inglés JAG. Ese cuerpo
argumentaba que técnicas como la privación del sueño no sólo producirían datos
de inteligencia dudosos, sino que servirían como precedente a usar en contra de
soldados estadounidenses que caigan eventualmente en manos enemigas.
Según el semanario
Newsweek, las nuevas técnicas fueron aprobadas
en abril de 2003, aunque el funcionario inmediato por encima de
Feith, el subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz, declaró
ante una comisión del Senado estadounidense que "no estaba al tanto" de esa
decisión.
Scott Horton, ex miembro del JAG y presidente de la Comisión de Derechos Humanos
Internacionales de la Asociación de Abogados de Nueva York, declaró a Los
Angeles Times que oficiales del JAG le manifestaron su preocupación porque
habían sido ”excluidos del proceso", y
que abogados civiles, no militares,
estaban "reescribiendo las normas”.
Según Horton, los oficiales del JAG
señalaron a Feith y al consejero general
del Pentágono, William Haynes, como los principales impulsores de la
flexibilización de las normas de las torturas en Irak.
John Warner, de la Comisión de Servicios Armados del Senado,
aseguró que ese cuerpo pedirá el testimonio de Feith en las próximas semanas,
y que averiguará las razones que
motivaron al secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, a
señalar a la oficina de Feith como "la Gestapo".
Todo
ello arroja evidencias y da la razón a los que sostienen que, de aquí a las
elecciones de noviembre, Douglas Feith y los principales funcionarios del
lobby pro-israelí
del Pentágono, deberán dar cuenta de sus actos en el marco de la canibalesca
campaña electoral norteamericana.
Notas relacionadas:
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Porque Bush y el Pentágono le retiraron el apoyo a Chalabi
El lobby judío del Pentágono
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