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Wednesday, 14 de January de 2004

 

El "progresismo" de la cumbre de Monterrey

¿Una rebelión en serio contra Estados Unidos?

   

En qué medida los que hablan con la izquierda y firman con la derecha pueden oponerse a la maquinaria del poder de Washington en la región.

   

(IAR-Noticias)13En04  Por Rodrigo Guevara

El telón de la Cumbre de las Américas se abrió el lunes sin acuerdos y con un escenario de oposición mayoritaria a la agenda de temas que intentaron imponer los delegados norteamericanos .

Las medidas anticorrupción y el Tratado de Libre Comercio (ALCA) complicaron y retrasaron  la firma de una declaración conjunta de los 34 países asistentes.

En ese contexto, marcado por un creciente clima de "rebeldía", la potencia del norte presionó fuertemente para introducir temas de su exclusivo interés como el de la seguridad, la lucha contra el terrorismo y la corrupción o la aprobación del ALCA.

La oposición a la "agenda de Bush" fue encabezada principalmente por los dos líderes más representativos del "progresismo" sudamericano: Lula de Brasil, y Kirchner de Argentina.

El otro "gran opositor" es Hugo Chávez", presidente de Venezuela, un aliado táctico de los "progresistas" cuyo pensamiento bolivariano lo sitúa más cerca de la Cuba de Fidel y de la Argentina de Perón, que del lado de la "ola rosada" de los gobiernos que hablan con la izquierda y firman con la derecha.

En las reuniones preparatorias la mayoría de los países participantes se opuso o mostró reparos hacia el ALCA, cuestionando las medidas de seguridad que quiere imponer EEUU en la región.

Ayer finalmente se bajó el telón de la cumbre y todo volvió a la "normalidad" entre Bush y el grupo de "progresistas" -liderados por Kirchner y Lula- que se oponían a incluir el tratamiento del ALCA en la agenda de la reunión.

Al  final -y como lo querían Bush y sus funcionarios- los 34 presidentes asistentes a la Cumbre de las Américas  firmaron la declaración  ratificando su compromiso de reanudar en "el plazo previsto", el 1 de enero de 2005,  las conversaciones orientadas a poner en marcha el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

Los "progresistas"

Tras la llegada de Bush a la Casa Blanca, después de un dudoso triunfo en las elecciones presidenciales de noviembre de 2000,  importantes cambios se han producido en Latinoamérica, especialmente en el mapa político sudamericano.

La aparición en el escenario latinoamericano de gobiernos de corte socialdemócrata, con su discurso centrado en la integración regional, y que se plantean -al menos en el discurso- proyectos de "lucha contra la pobreza y la corrupción", son signos "preocupantes" para Washington.

Luiz Inacio Lula da Silva, en Brasil, Néstor Kirchner, en Argentina, Lucio Gutiérrez en Ecuador,  y Nicanor Duarte, en Paraguay, han surgido de "elecciones populares", respaldados por fuertes corrientes de apoyo social, y que se presentan -en sus discursos- a contramano de las políticas impulsadas por Estados Unidos.

En realidad decir que se "oponen a EEUU" es una forma elegante de mirar la vida "color de rosa", ya que la mayoría de ellos (principalmente Lula y Kirchner) ya han firmado todas las medidas y los ajustes que el FMI y la Casa Blanca les solicitaron oportunamente.

Los presidentes "progresistas" del cono sur latinoamericano, más que un peligro real para EEUU, son un invento de la paranoia de los funcionarios "anticastristas" de la Casa Blanca que continúan viendo "marxistas y comunistas" hasta en la habitación de sus hijos.

Los dinosaurios "anticomunistas" de la talla de Otto Reich y Cia, influyentes notables en las decisiones políticas de la Casa Blanca, se asustan hasta del chapulín colorado.

No aprendieron nada de los banqueros y de los grandes "charman" de Wall Street o del Council Of Américas quienes elogian a Kirchner y a Lula como estadistas eficientes del capitalismo "pragmático y racional".

Todavía están en lucha contra el "trapo rojo" de la Guerra Fría y son capaces de confundir a Lula o a Kirchner con Vladimir Ilich Lenin o con el mismísimo Che Guevara.

Esta tara genética los convierte en daltónicos irreversibles.

Confunden el "rojo" de las antiguas revoluciones con el "rosado" de los gobiernos progresistas que, si los miraran objetivamente y en perspectiva, deberían amarlos y cuidarlos como si fueran suyos.

Como buenos rinocerontes prehistóricos, todavía no entendieron a Maquiavelo: un buen Imperio que se precie de tal, debe inventarse una "oposición" para controlar a los revolucionarios.

No lo dijo Maquiavelo, pero no importa, Otto Reich y los funcionarios "gusanos" de Washington no entienden que el "progresismo" es el "neoliberalismo" por otras vías.

Su modalidad operativa es siempre la misma:
ganan las
elecciones con un discurso de "izquierda", y luego gobiernan con la "derecha", aplican los programas del FMI, hablan todo el día de la pobreza y establecen un "alineamiento" compulsivo y sin fisuras con las estrategias regionales de Washington.

Cuando llegan al gobierno "congelan" salarios, aplican el "déficit cero", reducen (ajustan) gastos del Estado orientados a pagar los intereses de la deuda externa, privatizan empresas públicas, ejecutan y legislan atendiendo a los intereses de los bancos y empresas transnacionales, y dan la vida por un encuentro con Bush en la Casa Blanca.

Están a la izquierda del Imperio y a la derecha de cualquier revolución en serio que se les cruce por el camino.

Cuando se sienten acorralados, cuando están en peligro sus negocios políticos y sus proyectos de poder,  les surge la "bestia capitalista" y mandan las "fuerzas del orden" o el "código penal" contra los mismos que los votaron ilusionados. 

Kirchner, por ejemplo, ya tiene "jurisprudencia" acreditada:
Fue uno de los primeros que mandó a reprimir a los piqueteros cuando era gobernador de Santa Cruz, y en sus enfrentamientos actuales con las organizaciones de desocupados no disimula su intención de criminalizar los conflictos sociales.

En la medida que avance el proceso, los Lula, los Kirchner, y los que asomen, mostrarán -como sucedió en la cumbre de Monterrey- sus verdaderas intenciones políticas ocultas detrás de su discurso de "justicia social".

La foto de despedida de la cumbre, con Bush rodeado por alguno de de los presidentes "que lo critican" (principalmente Kirchner) riéndose y en actitud de júbilo, es un acto patético que revela por sí mismo el grado de subordinación de estos mandatarios a la administración de Washington.

Y un dato interesante para tener en cuenta, aunque más no sea como "anecdotario":
N
i Chávez ni Fidel son recibidos en el Jardín de las Rosas en Washington, ni tampoco figuran como interlocutores válidos en la clásica "agenda bilateral" del presidente W. Bush.

Las resultantes de las gestiones "progresistas", estadísticamente, han dejado las mismas secuelas que dejan sus enemigos "neoliberales": más hambre, más desocupación, y más población marginada en las periferias.

Y una profunda y angustiante "sensación de fracaso" entre los sectores medios, que son los primeros en promocionarlos como "alternativa" ante las masas desposeídas que son las primeras en sufrir los rigores de los ajustes "progresistas".

De los 220 millones de hambrientos y pobres que tiene Latinoamérica, hay un apreciable porcentaje que viene de las "novedosas" gestiones  "progresistas" instaladas como alternativa al "neoliberalismo" salvaje de viejo cuño conservador, del cual sólo difieren en el discurso político.

Según un informe de la CEPAL de agosto de 2003, en el año 2002, el número de latinoamericanos que vive en la pobreza alcanzó los 220 millones de personas, de los cuales 95 millones son indigentes, lo que representa el 43,4 % y el 18,8% de la población respectivamente.

En un capítulo especial dedicado al tema del hambre realizado en colaboración con el Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA), la CEPAL estima que el 11% de la población está subnutrida.

Casi un 9% de la población infantil menor de 5 años sufre desnutrición aguda (bajo peso) y un 19,4%, desnutrición crónica (baja talla respecto a la edad). Esta última reviste especial gravedad por la irreversibilidad de sus efectos negativos.

Los números, las estadísticas, la evolución comparativa de cada "gestión de gobierno" con ese genocidio progresivo, que no se detiene ni con gobiernos "neoliberales" ni con gobiernos "progresistas", se encuentran al alcance de cualquiera que se proponga estudiarlos en el país que lo desee.

El caso de Alfonsín y la Alianza de De La Rúa, en la Argentina, o el caso del ex "marxista" Cardozo en Brasil, son ilustrativos y resultan un anticipo de lo que sucederá con el gobierno de Kirchner, de Lula, de Lucio Gutiérrez en Ecuador, y de los próximos "progresistas" que asomen por Bolivia o el Uruguay.

Los programas económicos que aplicaron Menem en la Argentina, Cardozo en Brasil, Fujimori y ahora Toledo en Perú, son los mismos -sin el agregado de ninguna coma- que ahora aplican Lula en Brasil o Kirchner en la Argentina.

A la luz de la experiencia real, hay sobradas dudas para formularse con respecto a la autenticidad de las posiciones anti-Estados Unidos planteadas en el marco de la Cumbre de las Américas, en Monterrey, por los presidentes "progresistas" que lideran el avispero.

Más allá de sus planteos "antiagenda de Bush", todos esos mandatarios (incluidos Lula y Kirchner) están aplicando en sus respectivos países el "modelo neoliberal"  y el programa del FMI que rechazan formalmente en el discurso y luego ejecutan en la práctica.

La cuestión central -al menos para algunos analistas sesudoss y melosos- radica en saber hasta que punto esos presidentes, acostumbrados al "doble discurso" político, están en capacidad ( y en voluntad) de enfrentarse en serio al poder económico, militar y político del Imperio norteamericano en la región.

Para los que vemos al "rey desnudo" entre tanto jolgorio esperanzador, lo que viene en Latinoamérica después de esta fiesta de la socialdemocracia educada de los "progresistas", va a tener un color parecido al del Apocalipsis.

Y para el que dude de esta apreciación, que mire el mapa del hambre que campea por los alrededores de las grandes metrópolis.

Naciones Unidas alertó  en el Día Mundial de la Alimentación que los programas alimentarios "están prácticamente estancados" en los países en desarrollo, donde ya no hay comida para 799 millones de personas y las bocas que alimentar se multiplican a razón de 1,5 millones por año.

"El hambre ha dejado de ser el patrimonio de los parias y la desnutrición toca en las puertas del primer mundo", subraya Manuel Sánchez Montero, responsable de organización de Acción Contra el Hambre (ACH).

Los expertos llaman a este fenómeno "el hambre silenciosa" y pronostican que en dos décadas copará cinturones de Asia y América Latina -donde el 70% de la población reside ya en ciudades- y sumergirá en el caos al norte de África, cuyas metrópolis pasarán de albergar de 310 a 710 millones de personas.

¿Lo solucionaremos con los Lula, los Kirchner y con  el progresismo acechante por el cono sur??

Perón tenía un dicho certero:
"para conocer a un rengo, hay que verlo caminar".

Es la lamentable lógica que guía la acción de los que necesitan "ver para creer".

Y cuando logran  "ver" el Departamento de Estado, los encuestólogos  y los medios de comunicación ya le tienen preparada "otra esperanza" para ser elegida rigurosamente por el "voto popular".


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