El
telón de la Cumbre de las
Américas se abrió el lunes sin acuerdos y con un escenario de oposición
mayoritaria a la agenda de temas que intentaron imponer los delegados
norteamericanos .
Las medidas anticorrupción y
el Tratado de Libre Comercio (ALCA) complicaron y retrasaron la firma de una
declaración conjunta de los 34 países asistentes.
En ese
contexto, marcado por un creciente clima de "rebeldía", la potencia del
norte presionó fuertemente para introducir temas de su exclusivo
interés como el de la seguridad, la lucha contra el terrorismo y la
corrupción o la aprobación del ALCA.
La oposición a la
"agenda de Bush"
fue encabezada principalmente por los dos
líderes más representativos del "progresismo" sudamericano: Lula de Brasil, y Kirchner de Argentina.
El otro "gran
opositor" es Hugo Chávez",
presidente de Venezuela, un aliado táctico de los "progresistas" cuyo
pensamiento bolivariano lo sitúa más cerca de la Cuba de
Fidel
y de la Argentina de Perón, que del lado de la "ola rosada" de los
gobiernos que hablan con la izquierda y firman con la derecha.
En las reuniones
preparatorias la mayoría de los países participantes se opuso o mostró
reparos hacia el ALCA, cuestionando las medidas de seguridad que quiere imponer EEUU
en la región.
Ayer finalmente se bajó el
telón de la cumbre y todo volvió a la "normalidad" entre Bush y el grupo de
"progresistas" -liderados por Kirchner y Lula- que se oponían a incluir el
tratamiento del ALCA en la agenda de la reunión.
Al final -y como lo
querían Bush y sus funcionarios- los 34 presidentes asistentes a la Cumbre
de las Américas firmaron la declaración ratificando su compromiso de reanudar
en "el plazo previsto", el 1 de enero de 2005, las conversaciones orientadas a
poner en marcha el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Los
"progresistas"
Tras la llegada de Bush a la Casa Blanca,
después de un dudoso triunfo en las
elecciones presidenciales de noviembre de 2000, importantes
cambios se han producido en Latinoamérica, especialmente en el mapa político sudamericano.
La aparición
en el escenario
latinoamericano de gobiernos de corte socialdemócrata, con su discurso
centrado en la integración regional, y que se plantean -al menos en el
discurso- proyectos de "lucha contra la pobreza y la corrupción", son signos "preocupantes" para
Washington.
Luiz Inacio Lula da
Silva, en Brasil, Néstor Kirchner, en Argentina, Lucio Gutiérrez en Ecuador, y Nicanor Duarte, en Paraguay,
han surgido de "elecciones populares",
respaldados por
fuertes corrientes de apoyo social,
y que se presentan -en sus
discursos- a contramano de las políticas impulsadas por
Estados Unidos.
En realidad decir que se
"oponen a EEUU"
es una forma elegante de mirar la vida "color de rosa", ya que la mayoría de
ellos (principalmente Lula y Kirchner) ya han firmado todas las medidas y los
ajustes que el FMI y la Casa Blanca les solicitaron oportunamente.
Los presidentes
"progresistas" del cono sur latinoamericano, más que un peligro real para EEUU,
son un invento de la
paranoia de los funcionarios
"anticastristas"
de la Casa Blanca que continúan viendo "marxistas y comunistas" hasta en la
habitación de sus hijos.
Los dinosaurios
"anticomunistas"
de la talla de Otto
Reich
y Cia, influyentes notables en las decisiones políticas de la Casa
Blanca,
se asustan hasta del chapulín colorado.
No aprendieron nada de los
banqueros y de los grandes "charman" de Wall Street o del Council Of Américas
quienes elogian a Kirchner y a Lula como estadistas eficientes del capitalismo
"pragmático y racional".
Todavía están en
lucha contra
el "trapo rojo" de la Guerra Fría y son capaces de confundir a Lula o a
Kirchner con Vladimir Ilich Lenin o
con el mismísimo
Che Guevara.
Esta
tara genética los
convierte en daltónicos irreversibles.
Confunden el
"rojo"
de las antiguas revoluciones con el
"rosado"
de los gobiernos progresistas que, si los miraran objetivamente y en perspectiva,
deberían amarlos y cuidarlos como si fueran suyos.
Como buenos rinocerontes
prehistóricos, todavía no entendieron a Maquiavelo: un buen Imperio que se
precie de tal, debe inventarse una "oposición" para controlar a los
revolucionarios.
No lo dijo Maquiavelo, pero no
importa, Otto Reich y los funcionarios "gusanos" de Washington no entienden que
el "progresismo" es el "neoliberalismo" por otras vías.
Su
modalidad
operativa es
siempre la misma:
ganan las
elecciones con un discurso de
"izquierda", y luego gobiernan con la "derecha", aplican los programas del FMI,
hablan todo el día de la pobreza
y establecen un "alineamiento"
compulsivo y sin fisuras con las estrategias regionales de Washington.
Cuando llegan
al gobierno
"congelan"
salarios, aplican el "déficit cero", reducen (ajustan) gastos del Estado
orientados a pagar los intereses de la deuda externa, privatizan empresas
públicas, ejecutan y legislan atendiendo a los intereses de los bancos y
empresas transnacionales, y dan la vida por un encuentro con Bush en la
Casa Blanca.
Están a la izquierda del
Imperio y a la derecha de cualquier revolución en serio que se les cruce por el
camino.
Cuando se sienten acorralados,
cuando están en peligro sus negocios políticos y sus proyectos de poder, les surge la "bestia
capitalista" y mandan las "fuerzas del orden" o el "código
penal" contra los mismos que los
votaron ilusionados.
Kirchner, por ejemplo, ya
tiene "jurisprudencia" acreditada:
Fue uno de los primeros que mandó a reprimir a los piqueteros cuando era
gobernador de Santa Cruz, y en sus enfrentamientos actuales con las
organizaciones de desocupados no disimula su intención de criminalizar
los conflictos sociales.
En la medida que avance el proceso, los Lula, los
Kirchner,
y los que asomen, mostrarán -como sucedió en la cumbre de Monterrey- sus verdaderas intenciones
políticas ocultas detrás de su discurso de "justicia social".
La foto de despedida de la
cumbre, con Bush rodeado por alguno de de los presidentes "que lo critican"
(principalmente Kirchner) riéndose y en actitud de júbilo, es un acto patético
que revela por sí mismo el grado de subordinación de estos mandatarios a la
administración de Washington.
Y un dato interesante para tener en
cuenta, aunque más no sea como "anecdotario":
Ni
Chávez ni Fidel son recibidos en el Jardín de las Rosas en Washington, ni
tampoco figuran como interlocutores válidos
en la clásica "agenda
bilateral" del presidente W.
Bush.
Las
resultantes de las gestiones "progresistas", estadísticamente, han dejado las
mismas secuelas que dejan sus enemigos
"neoliberales":
más hambre, más desocupación, y más población marginada en las periferias.
Y una profunda y angustiante
"sensación de fracaso" entre los sectores medios, que son los primeros en
promocionarlos como "alternativa" ante las masas desposeídas que son las
primeras en sufrir los rigores de los ajustes "progresistas".
De los
220 millones de hambrientos
y pobres que tiene
Latinoamérica, hay un apreciable porcentaje que viene de las "novedosas"
gestiones "progresistas" instaladas como alternativa al
"neoliberalismo" salvaje de viejo cuño conservador, del cual sólo difieren en el
discurso político.
Según un informe de la CEPAL de agosto de 2003,
en el año 2002,
el número de latinoamericanos que vive en la pobreza alcanzó los 220 millones de
personas, de los cuales 95 millones son indigentes, lo que representa el
43,4 % y el 18,8% de la población respectivamente.
En un capítulo
especial dedicado al tema del hambre realizado en colaboración con el Programa
Mundial de Alimentos de la ONU (PMA), la CEPAL estima que el
11% de la población está subnutrida.
Casi un 9% de la
población infantil menor de 5 años sufre desnutrición aguda (bajo peso) y un
19,4%, desnutrición crónica (baja talla respecto a la edad). Esta última reviste
especial gravedad por la irreversibilidad de sus efectos negativos.
Los números, las estadísticas, la
evolución comparativa de cada "gestión de gobierno" con ese
genocidio progresivo,
que no se detiene ni con gobiernos "neoliberales" ni con gobiernos
"progresistas", se encuentran al alcance de cualquiera que se proponga
estudiarlos en el país que lo desee.
El caso de Alfonsín y la Alianza de De
La Rúa, en la Argentina, o el caso del ex "marxista" Cardozo en Brasil, son
ilustrativos y resultan un anticipo
de lo que sucederá con el gobierno de Kirchner, de Lula, de Lucio
Gutiérrez
en Ecuador, y de los próximos "progresistas" que asomen por Bolivia o
el
Uruguay.
Los programas
económicos que aplicaron Menem en la Argentina, Cardozo en Brasil, Fujimori y
ahora Toledo en Perú, son los mismos -sin el agregado de ninguna coma- que ahora
aplican Lula en Brasil o Kirchner en la Argentina.
A la luz
de la experiencia real, hay sobradas dudas para
formularse con respecto a la autenticidad de las posiciones anti-Estados Unidos
planteadas en el marco de la Cumbre de
las Américas, en Monterrey, por los presidentes "progresistas" que lideran el
avispero.
Más allá de sus planteos "antiagenda
de Bush", todos esos mandatarios (incluidos Lula y Kirchner) están
aplicando en sus respectivos países el "modelo neoliberal" y el
programa del FMI que rechazan formalmente en el discurso y
luego ejecutan en la práctica.
La cuestión central
-al menos para algunos analistas sesudoss y melosos- radica en saber hasta que punto esos presidentes, acostumbrados al
"doble discurso"
político, están en capacidad ( y en voluntad) de enfrentarse en serio al poder
económico, militar y político del Imperio norteamericano en la región.
Para los que vemos al "rey
desnudo" entre tanto jolgorio esperanzador, lo que viene en Latinoamérica
después de esta fiesta de la socialdemocracia educada de los "progresistas", va a
tener un color parecido al del Apocalipsis.
Y para el que dude de esta
apreciación, que mire el mapa del hambre que campea por los
alrededores de las grandes metrópolis.
Naciones Unidas alertó en el
Día Mundial de la Alimentación que los programas alimentarios "están
prácticamente estancados" en los países en desarrollo, donde ya no hay comida
para 799 millones de personas y las bocas que alimentar se multiplican a razón
de 1,5 millones por año.
"El
hambre ha dejado de ser el patrimonio de los parias y la desnutrición toca en
las puertas del primer mundo", subraya Manuel Sánchez Montero, responsable
de organización de Acción Contra el Hambre (ACH).
Los expertos llaman a este
fenómeno "el hambre silenciosa" y pronostican que en dos décadas copará
cinturones de Asia y América Latina -donde el 70% de la población reside ya en
ciudades- y sumergirá en el caos al norte de África, cuyas metrópolis
pasarán de albergar de 310 a 710 millones de personas.
¿Lo solucionaremos con los
Lula, los Kirchner y con el progresismo acechante por el cono sur??
Perón tenía un dicho
certero:
"para conocer a un rengo, hay que verlo caminar".
Es la lamentable
lógica
que guía la acción
de los que necesitan "ver para creer".
Y cuando
logran "ver" el Departamento de
Estado,
los encuestólogos y los medios de comunicación ya le tienen preparada
"otra esperanza"
para ser
elegida rigurosamente por el "voto popular".