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Sunday, 11 de January de 2004

 

El costado secreto de los "alertas" en EEUU

Bush depende de la guerra "antiterrorista" para ser reelegido

   

Bush y el lobby militar de Washington relanzan una nueva "amenaza del terrorismo" para crear consenso al envío de más tropas militares a Irak.

   

(IAR-Noticias) 11En04 

La agenda política del presidente George W. Bush se concentra prioritariamente en dos temas principales: la ocupación militar de Irak y la campaña por la reelección presidencial en noviembre de este año.

Irak se ha convertido en una pesadilla para los intentos reeleccionistas del jefe político del Imperio americano, quien no quiere repetir la experiencia de su padre que perdió  la presidencia tras haber triunfado en la primera Guerra del Golfo en 1991.

Todos los especialistas coinciden en que el actual mandatario de EEUU  tiene su futuro político condicionado a lo que pase de aquí a noviembre con las tropas de ocupación norteamericanas en Irak.

El "empantanamiento" de las fuerzas estadounidenses en Irak, el alto costo económico y en vidas que genera la ocupación militar, son los principales argumentos de las campañas contra Bush dentro y fuera de los Estados Unidos.

El precandidato con mayores posibilidades de enfrentarlo, el demócrata  Howard Dean, basa su campaña en una crítica constante a la invasión de Estados Unidos contra Iraq, y sostiene que las políticas exterior e interna de la Administración Bush no han hecho al país más seguro ante eventuales ataques terroristas.

Además, Dean propone desarrollar una política de cooperación y no de confrontación a nivel internacional, lo cual -según él- le devolvería a su gobierno el respeto y la credibilidad del mundo.

Según la última encuesta de la consultora Gallup, Dean se mantiene al frente de los demócratas con el 24 por ciento de la intención de votos, seguido por el general (retirado) Wesley Clark, quien tiene a su favor el 20 por ciento.

Atrás quedaron los bombardeos "exitosos"  y la ocupación de Yugoslavia y Afganistán, ahora el objetivo de los halcones de la Casa Blanca está centrado en controlar el polvorín de la ocupación militar de Irak.

Tras la aventura de apoderamiento de Irak en sólo 22 días, la famosa "guerra relámpago" de Rumsfeld, las tropas norteamericanas han sido sometidas a un asedio constante por parte de la resistencia iraquí que ya les ha causado más de doscientos muertos y centenares de heridos entre sus soldados.

Encuestas y presupuesto militar

Los últimos sondeos marcan una decadencia pronunciada de la imagen presidencial de Bush, y nada indica que en los próximos meses esa tendencia se vaya a revertir.

La reciente captura de Saddam Hussein impulsó algunos puntos arriba a la figura del presidente norteamericano, pero la creciente escalada de ataques y de bajas que experimentaron luego las tropas norteamericanas convenció a la sociedad estadounidense que "todo sigue igual" con el ex líder iraquí  detrás de las  rejas.

La "gloria"  de la captura de su "archienemigo" se le esfumó en pocos días a Bush, y hoy las encuestas le marcan un virtual "empate técnico" con el principal candidato de los demócratas, Howard Dean, a las elecciones presidenciales que se realizarán dentro de 11 meses.

El presidente de EEUU enfrenta una oposición interna feroz por parte de sus adversarios electorales atrincherados en el Congreso y en los medios de comunicación.

Los ataques de sus enemigos internos giran sobre dos aspectos centrales: el gasto militar y el déficit presupuestario de Estados Unidos.

El costo de la ocupación militar y la reconstrucción de Irak  demanda US$ 1.000 millones semanales al Estado norteamericano, según lo declarado hace poco por el administrador civil norteamericano, Paul Bremer.

Esa cifra absorbe casi la totalidad del déficit presupuestario estimado en 480.000 millones dólares para el ejercicio del año 2004, según el Congreso de EEUU.

Mientras las corporaciones y los bancos estadounidenses hacen jugosas ganancias con los contratos de la reconstrucción de Irak, el Estado norteamericano ya ha invertido más de US$ 35.000 millones en los costos operativos de la ocupación, cifra que en sesenta días más superará en dos veces el costo total que demandó la guerra relámpago de apoderamiento de ese país.

Francia, Rusia y Alemania se niegan a poner sus tropas bajo el comando político y militar norteamericano hasta que sus bancos y transnacionales no reciban "garantías" de mayor participación en el festín de la "reconstrucción de Irak", cuya tajada principal se llevan EEUU y su satélite británico.

Bush se niega a pagar el "precio" de ceder el control político, militar y económico de la "reconstrucción" de Irak a la ONU, o sea a sus inestables aliados europeos que le exigen mayor participación en el botín de guerra.

La dinámica de la resistencia iraquí, con su secuela ininterrumpida de bajas norteamericanas, torna casi imposible su ascenso en las encuestas electorales de aquí a noviembre, fecha de los comicios presidenciales.

Sus rivales del Capitolio, en tanto, ya le adelantaron que no le concederán un incremento del presupuesto militar, y esta opinión comienza a expandirse  entre las propias filas de los republicanos "blandos".

Tanto por el lado del frente "interno" como del "externo", Bush aparece como dentro de un cuadro de "atrapado y sin salida".

Bush y los halcones del Pentágono  permanecen "atascados" en la trampa de Irak, y su única salida de aquí a noviembre pasa por el envío de más tropas y equipos militares que contribuyan a mantener a raya a la resistencia iraquí.

Los generales del Pentágono y los comandantes de Irak -en sucesivos informes que elevaron a Donald Rumsfeld- le hicieron saber que para mantener la seguridad de Irak hacen falta por lo menos medio millón de hombres (en estos momentos las fuerzas militares en Irak suman 150.000 efectivos).

Para el envío de nuevas tropas Bush y su administración necesitan imperiosamente que el Congreso de EEUU les apruebe nuevas partidas de gastos militares, y sus adversarios demócratas que controlan las mayorías en las cámaras no piensan otorgárselas.

De los 155 batallones de combate del ejército estadounidense, 98 se encuentran desplegados en tareas activas fuera de los Estados Unidos, además  ya se ha convocado a 136.000 miembros de la Guardia Nacional y las reservas.

Los gastos militares de EEUU aprobados con anterioridad a la guerra de conquista de Irak  insumen casi la totalidad de su déficit presupuestario estimado  por el Congreso en 480.000 millones de dólares.

De este total, el presupuesto de la  "guerra contra el terrorismo" asciende a 120.000 millones de dólares anuales.

El  gigantesco sistema de inteligencia para espiar a amigos y enemigos - puesto en marcha con la doctrina de "guerra preventiva" contra el "eje del mal"-  costó 35.000 millones de dólares en 2003: casi un 10% de su presupuesto militar que es superior a los combinados de los veinte países más militarizados del mundo.

Esta maquinaria de inteligencia incluye a la CIA (Central de Inteligencia Americana) cuyos gastos se estiman entre 3.000 y 4.000 millones al año; la NSA, (National Security Agency), que depende del Pentágono con un presupuesto de 5.000 millones de dólares al año y 25.000 agentes que se ocupan de las escuchas en el mundo entero.

La guerra de Afganistán ha costado en un año 17.000 millones de dólares, en tanto que la ocupación de Irak (considerando los 20.000 millones de dólares que insumieron las operaciones militares de conquista) hasta el momento le cuesta al Tesoro norteamericano  alrededor de 60.000 millones de dólares, según lo informado por funcionarios de Washington.

El 11-S permitió elevar los presupuestos de defensa un 18% con la excusa de la "guerra antiterrorista" enmarcada en la nueva Doctrina de Seguridad estadounidense, y en el procedimiento de "guerra preventiva"  lanzado por Bush y los halcones tras la voladura de las Torres Gemelas.

Con estos números en la mano, el conocido historiador Paul Kennedy afirma que el actual despliegue militar norteamericano en el mundo es "imposible de sostener en el largo plazo" por la crisis económica que engendra.

El monstruo bélico que desató Bush tras el 11-S se le volvió en contra.

Las guerras de conquista emprendidas por los halcones hoy se "comen el dinero de los contribuyentes" y constituyen el talón de Aquiles del presidente, que  sus adversarios utilizan como argumento para tratar de derrotarlo en noviembre de este año.

El presupuesto militar estadounidense (más de mil millones de dólares por día) es el caballito de batalla y el principal eje argumental que exhiben los demócratas contra Bush ante la sociedad norteamericana.

La nueva cruzada contra el "eje del mal"

El este contexto, y como  "globo de ensayo" de la administración republicana para detectar la disposición internacional para una nueva cruzada contra el "eje del mal", una oleada de "alertas antiterroristas"  se extendió desde Washington a todas las capitales europeas, dos semanas antes de las fiestas de fin de año.

El fantasma del "terrorismo", la escalada permanente de los "alerta", los nuevos visados y el fichaje de pasajeros le sirven  al gobierno de Bush para justificar la cifra sideral invertida en la maquinaria militar y de inteligencia, y a la vez para mantener a la sociedad estadounidense en un estado de "conmoción" y olvidada de los muertos norteamericanos en Irak.

Para muchos especialistas es la única salida posible que tienen Bush y los halcones para remontar en las encuestas la reelección presidencial en noviembre.

El Gobierno británico, socio de EEUU en la "guerra antiterrorista", dio sus propias explicaciones de los "alerta" extendidos en su territorio: "fuentes de inteligencia han advertido de planes terroristas , señaló el ministro británico de Transportes, Alistair Darling.

La reiteración de estas emergencias sin que "nada pase", llevó a que sectores de la propia prensa británica se interroguen abiertamente sobre la credibilidad de los datos de los servicios secretos y si los mismos justifican las medidas extremas de seguridad que se han implementado.

La anulación de vuelos, los estrictos controles a los pasajeros, tanto a la salida como a su llegada al aeropuerto de Washington, agregado a la presencia de agentes armados en algunos aviones, han planteado un gran debate en Gran Bretaña y en Europa sobre la veracidad de las amenazas y las medidas de seguridad dispuestas.

El propio gobierno francés ha criticado la "falta de precisión en las informaciones" que llevaron a suspender seis vuelos de Air France a Los Angeles y a detener otro en Gandor (Terranova) durante tres horas.

De acuerdo a las experiencias vividas tras los acontecimientos del 11-S,  lo único que puede impulsar a Bush y a Blair al tope de las encuestas es una revitalización de la "guerra contra el terrorismo"

El destino de Bush como el de Blair, su imagen pública y electoral, dependen hoy como nunca del "peligro terrorista" que justifique sus cruzadas bélicas y les acredite consenso social y político a sus desgastadas administraciones.

Esto es, que Al Qaeda  deje de ser una "amenaza" y se convierta en "realidad" por medio de atentados selectivos contra blancos de Estados Unidos y Europa.

Un nuevo 11-S, quizá en EEUU, quizá en Europa, es una salida más que lógica para Bush, Blair, y el complejo entramado del capitalismo trasnacional  que extrae su tasa de ganancia de las guerras de conquista.

Eso le serviría a Bush y el lobby militar de Washington para crear nuevas bases de consenso social y político para la aprobación de nuevas partidas militares destinadas a Irak, por parte del Congreso de EEUU.

Todo indica que  los halcones del Pentágono, así como sus socios del complejo militar británico, quieren desenterrar la mística de la guerra contra el "eje del mal" para salvar a sus respectivos líderes de la guillotina de la opinión pública sobre la guerra de Irak.

Y para conseguir nuevamente consenso político y social a sus planes de invasión  tienen que "mostrar al terrorismo en acción".


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